Mensajero De Esperanza
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Apocalipsis 22:12 12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
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f. Implica creer que Dios me esconde en lo secreto de su presencia: “En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre.” (v.20). Ninguna conspiración, ninguna lengua mentirosa puede tocar a un hijo que está escondido en Cristo.
g. Implica inspirar a otros a no rendirse:
David termina no pensando en él, sino en nosotros:“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmos 31:24).
Un viejo himno dice: “Proclamo hoy que soy cristiano, jamás su nombre negaré. Proclamo hoy que soy cristiano; con Jesucristo doquiera iré...” Hoy el mundo y el enemigo necesitan escuchar tu declaración. No murmures tu confianza. ¡Proclámala! Con poder vive este día declarando: En Ti he confiado, oh Jehová.
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 31 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Todos los salmos que hemos visto son de David, pero este tiene un título especial: "Declaración de confianza". Y una declaración no se hace en voz baja ni con dudas. Se hace en público, frente a un juez, frente al enemigo, con la plena seguridad de que lo que se dice es verdad.
Este salmo fue escrito por David en uno de sus peores momentos: perseguido, calumniado, enfermo, agotado y atrapado. Es un salmo para el final del conflicto de los siglos, cuando el enemigo nos ataca ferozmente.
1. ¿Dónde corres cuando todo se derrumba? “En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme... Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.” (Salmos 31:1-5). Satanás disfruta viendo a los hijos de Dios atrapados en la red.
Preguntémonos con sinceridad: ¿Qué haces cuando tus planes se vienen abajo? ¿Cuándo pierdes lo que tanto te costó? ¿Cuándo tu matrimonio se destruye? ¿Cuándo todos te abandonan? ¿Te vuelves un hipócrita más para sobrevivir, o te mantienes del lado de Dios? David corrió a su Roca. Y desde esa Roca hizo su declaración. Jesús mismo usó estas palabras en la cruz: "En tu mano encomiendo mi espíritu" (Lucas 23:46). ¡Qué mejor refugio!
2. Una confianza que reconoce su necesidad. David no era un superhéroe. En medio del huracán, reconoce su condición: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor... Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.” (Salmos 31:9-10). La verdadera declaración de confianza no niega el dolor ni esconde el pecado. Dice: "Estoy angustiado, estoy triste, he pecado, pero aun así, confío en Ti".
¿Te has sentido alguna vez como un vaso roto? David lo sintió: “He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado” (Salmos 31:12). Un vaso quebrado ya no sirve, se tira, se olvida. Así nos hace sentir el enemigo en la crisis: inútiles, olvidados incluso por Dios, como si nuestro nombre se hubiera borrado de su corazón.
Pero esa es la mentira más grande del enemigo. Dios nunca olvida a un vaso quebrado; Él es el Alfarero. Él no tira los pedazos, los recoge, los restaura y les da un nuevo propósito. SI te sientes como un vaso quebrado ese no es tu final, es el lugar donde comienza tu restauración. Dios no desecha a nadie por sus defectos. Hay esperanza para todos. Él ve en cada vaso quebrado y aparentemente inútil, las posibilidades de restauración. Su amor es más fuerte que nuestra debilidad.
3. ¿Qué implica una declaración de confianza en Dios?
a. Implica creer que mi vida está en sus manos, no en las del enemigo: “En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos.” (v.15). Mis tiempos de alegría y de tristeza, de salud y de enfermedad, están en su mano. No en la mano de la circunstancia.
b. Implica creer en su amor y misericordia, no en mi mérito: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.” (v.16). No le pido que me salve porque soy bueno, sino porque Él es misericordioso
c. Implica tener la convicción de que Dios nunca avergonzará a sus hijos: “No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado.” (v.17). Satanás señala, acusa y avergüenza. Dios perdona, limpia y cubre.
d. Implica dejar el juicio en manos de Dios: “Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio.” (v.18). No tengo que defenderme. Dios es mi mejor abogado y el Juez justo.
e. Implica alabar en público la bondad de Dios: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen!” (v.19). La confianza que se calla, se muere. La confianza que testifica, crece.
No es un don de algunos, es el deber de todo el que ha sido sanado, levantado y ceñido de alegría: “El evangelio de Cristo es expansivo y agresivo. Se lo describe como la sal de la tierra, como la levadura transformadora, como la luz que alumbra en lugar oscuro. Es imposible que alguien retenga el amor y el favor de Dios, y disfrute de comunión con él, y no sienta responsabilidad por las almas por las cuales Cristo murió, quienes se encuentran en el error y las tinieblas y perecen en sus pecados”. Cada Día con Dios, pág., 211.
Un reto simple para hoy. Testifiquemos hoy con UNA persona. No necesitamos un sermón. Usa la fórmula de David en 3 frases:
• Dónde estaba:"Yo también estuve en el pozo, sin paz..."
• Qué hizo Dios:"Clamé y Él me sanó / me levantó..."
• Qué hago ahora: "Hoy tengo paz y quiero que tú también la tengas. ¿Puedo orar por ti?"
No compliquemos el evangelismo. Un corazón agradecido es el mejor sermón. Hoy el púlpito más grande no está en la iglesia, está en tu mano. David decía: "no estaré callado". Hoy eso también significa: no dejaré mis redes en silencio. Si el enemigo usa las redes para deprimir, para vender vanidad, ¿por qué no usarlas nosotros para levantar y dar esperanza?
3 formas simples de testificar hoy en tus redes:
1. Testifica con tu ESTADO DE WHATSAPP / HISTORIA. No subas solo frases. Sube tu testimonio de 15 segundos: "Hoy Dios cambió mi lamento en baile (Sal 30:11). Ayer estaba angustiado, clamé y me dio paz. Él puede hacerlo contigo también."
2. Testifica con lo que COMPARTES. Antes de compartir un meme, pregúntate: ¿Esto da gloria o distrae de la gloria? Una imagen con un versículo tuyo vale más que 100 reenvíos. Comparte el versículo de hoy del Salmo 30 con tu propia letra.
3. Testifica con un COMENTARIO. No discutas. Bendice. Cuando veas a alguien triste en Facebook, no le des "like". Escríbele: "Estoy orando por ti. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. Sal 30:5"
Tu celular puede ser también tu territorio misionero. No necesitas ser influencer, necesitas ser TESTIGO.
¿Con quién vas a testificar hoy?
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 30 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
No necesitas ser influencer, necesitas ser TESTIGO
Este salmo lleva un título hermoso y curioso: “Cántico para la dedicación de la Casa. Salmo de David”. (Salmos 30:1). Algunos piensan que fue para la dedicación de su palacio de cedro, otros que David lo escribió proféticamente para la dedicación del Templo que construiría su hijo Salomón. En cualquier caso, hay una cosa clara: David está dedicando algo, y no puede dedicar nada sin antes dar testimonio.
Este no es un salmo teológico, es un testimonio personal. Es el grito de un hombre que estuvo al borde de la muerte y Dios lo levantó.
1. Un testimonio personal que se vuelve canto: “Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová, Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.” (Salmos 30:1-3).
Si ponemos atención en los verbos: Me has exaltado, me sanaste, hiciste subir, me diste vida. Dios no es una teoría para David, es su sanador, su resucitador.
David había tocado fondo. Él mismo dice: me sentía en el Seol, en la sepultura. No es exageración poética, es la descripción de la depresión más profunda, de la enfermedad más grave, del pozo de la desesperación. Pero desde ahí, clamó.
Y cuando Dios te saca del pozo, no puedes quedarte callado. La gratitud se vuelve contagiosa: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad.” (v.4).
Los "santos" no son perfectos, son los que han sido llamados y justificados por Dios. David les dice: ¡Si a mí me sacó del Seol, también puede con ustedes! ¡Abran la boca!
2. La Teología que sostiene el testimonio. En medio de su alabanza, David nos deja una de las perlas más grandes de toda la Biblia: “Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” (Salmos 30:5).
La palabra hebrea para "momento" es (réga), que significa literalmente "un abrir y cerrar de ojos, un parpadeo".
¡Qué imagen! La disciplina de Dios dura un parpadeo, pero su favor dura toda una vida. El llanto puede ser el invitado de una noche, pero la alegría es la que viene a quedarse a vivir en la mañana. Quizás hoy te encuentres en la noche, llorando. Este versículo es para tí: la mañana ya viene.
3. Del cilicio a la fiesta: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová, Dios mío, te alabaré para siempre.” (Salmos 30:11-12).
La palabra para "baile" es (majol,) que era una danza festiva, con panderetas, la danza de la victoria. Dios no solo te consuela, te cambia la música. Te quita el cilicio, la ropa de luto, y te pone traje de fiesta.
David termina como empezó: alabando. Pero ahora toma una decisión eterna: “...Y no estaré callado. Te alabaré para siempre.” La gratitud verdadera no es de un momento, es para siempre.
Todo lo que somos y todo lo que tenemos debe ser dedicado a Dios, pero antes, recordemos de dónde nos sacó.
¿Qué significan setenta, ochenta o más años de sufrimiento en esta tierra, con sus noches de llanto, comparados con la alegría de una eternidad donde Dios mismo ha cambiado nuestro lamento en fiesta?
Hoy, toma la determinación de David: No te quedes callado. Cuente lo que Dios hizo contigo. Alguien necesita escuchar que la mañana ya viene. No testificamos porque somos elocuentes, testificamos porque estamos agradecidos.
David no dijo: "me callaré hasta que sea predicador". Dijo: "Y no estaré callado" (Salmos 30:12). Un corazón que fue sacado del Seol no puede guardar silencio. Elena de White lo dijo claro: "Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero."El Deseado de Todas las Gentes, p. 195.
SALMO 29 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Cuando la voz de Dios suena su pueblo tiene paz
Este salmo es una tormenta convertida en adoración. David, quizá contemplando una tempestad que avanzaba desde el Mediterráneo sobre los cedros del Líbano, no se asusta, adora. Y nos invita a hacer lo mismo: “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder... Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.” (Salmos 29:1-2).
El centro del salmo es una frase que se repite siete veces, número de perfección, como si fuera el trueno retumbando en el cielo: "LA VOZ DE JEHOVÁ"
Las siete voces del poder de Dios.
1. “Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas (Salmos 29:3).
2. “Voz de Jehová con potencia…” (Salmos 29:4)
3. “Voz de Jehová con gloria.”(Salmos 29:4).
4. “Voz de Jehová que quebranta los cedros…”(Salmos 29:5)
5. “Voz de Jehová que derrama llamas de fuego…” (Salmos 29:7).
6. “Voz de Jehová que hace temblar el desierto…” (Salmos 29:8).
7. “Voz de Jehová que desgaja las encinas, Y desnuda los bosques…” (Salmos 29:9).
Todo esto para llegar a una conclusión soberana: “Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre.” (v.10). El diluvio no se le escapó de las manos, Él presidía. Tu tormenta tampoco. Por eso mantén tus ojos en Jesús no en las olas.
Los extraordinario: Ese Dios quiere darte paz. Aquí está lo más hermoso del salmo. El contraste es intencional. Ese Dios Omnipotente, cuyo trueno quebranta cedros, es el mismo que susurra paz a su pueblo.
David no termina con miedo, termina con paz: “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.”(v.11). Y termina con la paradoja más bella de la Biblia: El Dios que tiene voz de trueno, da paz a su pueblo. El versículo 11 es el propósito de todo el poder:
"Jehová dará poder (oz) a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz (shalom)." En hebreo, "oz" no es solo fuerza muscular, es poder para vencer, para permanecer firme en la misión. Y "shalom" no es solo ausencia de guerra, es plenitud, bienestar total.
El poder que quebranta cedros es el mismo poder que te sostiene hoy. El Dios que truena sobre las aguas es el que quiere llenar tu corazón de paz para cumplir la misión.
Solo hay que pedirlo. Jesús prometió: “¡Cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11:13).
Elena White recalca: “La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio... Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos.” Mensajes Selectos, t.1, p.147.
Hoy, deja que la voz de Dios que tiene poder para destruir tormentas, tenga poder para darte paz. Por eso el salmo empieza con "dad gloria" y termina con "bendecirá con paz". La adoración que comienza en el cielo, termina en el corazón del creyente.
Ptr. Martín Olvera García.
Dios te bendiga.
SALMO 28 #rpsp #ReavivadosPorSu Palabra
Preocuparse es inútil, pero orar es poderoso
Vivimos en un tiempo de ansiedad. Es inevitable tener problemas, pero la mayoría de las cosas que nos preocupan nunca suceden, y si suceden, muchas no las podemos cambiar. Nos preocupamos de más y oramos de menos. El apóstol Pablo nos da el antídoto: "No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.” (Filipenses 4:6, NTV).
Precisamente eso hace David en el Salmo 28. David, descrito como "un hombre conforme al corazón de Dios", nos muestra el camino de la ansiedad a la confianza.
1. El clamor: “A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí... Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.” (Salmos 28:1-2).
David no comienza con una queja, comienza con un clamor dirigido. No clama al vacío, clama a su Roca. En medio de la traición de gente impía que "habla paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón" (v.3), David entiende que solo hay un refugio seguro.
Lo hermoso de la oración es que no necesitamos tener las palabras perfectas, solo un corazón sincero. David clama, alza sus manos hacia el templo, y renueva sus fuerzas. La oración no cambia inmediatamente la circunstancia, pero cambia nuestra actitud frente a la circunstancia.
2. La alabanza la seguridad de que Dios ya escucho: “Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.” (Salmos 28:6-7).
¿Qué pasó entre el versículo 2 y el 6? David oró. Y la fe le dio la convicción de que Dios ya había respondido.
Es interesante cómo termina. David deja de pensar en sí mismo y piensa en el pueblo: "Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre." (v.9). Un corazón que ha sido fortalecido por Dios, ahora quiere interceder y pastorear a otros.
David expresa con gratitud lo que Dios significa para él. Notemos la progresión personal: “Bendito”, “me escuchó”, “mi fortaleza”, “mi escudo”, “mi ayudador”. Como bien se dice, "el agradecimiento es la memoria del corazón".
Elena de White lo confirma: “Son pocos los que aprecian o aprovechan debidamente el precioso privilegio de la oración. Debemos ir a Jesús y explicarle todas nuestras necesidades... A nadie, fuera de Jesús, debiéramos hacer nuestro confidente. Podemos comunicarle con seguridad todo lo que está en nuestro corazón.” Joyas de los Testimonios, t.2, p.60.
No busques respuestas y refugio en el lugar equivocado. Ni en las redes, ni en los amigos, ni en tu propia fuerza. Hoy te invito a hacer lo mismo que David:
1. Clama.Ve a tu Roca.
2. Confía. Tu fortaleza y tu escudo ya te escuchó.
3. Canta. Deja que el gozo vuelva a tu corazón.
Que hoy puedas decir con convicción, no por emoción, sino por fe: “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón.”
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 27 #rpsp #ReavivadosPorSu Palabra
Cómo vencer una crisis interna
Este Salmo no fue escrito en un campo de batalla, fue escrito en el campo de batalla interior de David. Por fuera tenía enemigos, pero por dentro tenía temores. Muchos de nosotros sabemos lo que es eso: conflictos que no se ven, pero que nos consumen.
Este Salmo nos enseña cómo David ganó esa batalla interna, y lo hizo teniendo dos conversaciones: una consigo mismo y otra con Dios.
1. La conversación consigo mismo: "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?" Salmos 27:1. David no empieza orando, empieza predicándose a sí mismo. Antes de hablarle a Dios de sus problemas, le habla a su alma de su Dios. Es introspección con fe. Luz para cuando no veo el camino. Salvación para cuando no puedo solo. Fortaleza para cuando me siento débil. Si Dios es todo eso, ¿de quién temeré?
Y con esa convicción declara: "Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado." Salmos 27:3. David cambia el enfoque. No niega que el ejército está allí, pero decide que su corazón no temerá. Y nos muestra cuál es su ancla en la tormenta, su única prioridad:
"Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo." Salmos 27:4. En medio de la crisis, no pide que le quiten los enemigos, pide estar más cerca de Dios. Porque sabe que "él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal... sobre una roca me pondrá en alto." v.5. Cuando estamos escondidos en Él, estamos seguros.
2. La conversación con Dios: "Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová." Salmos 27:7-8. "Tu rostro buscaré" no busca solo un lugar, busca a una persona. Después de hablarse a sí mismo, ahora habla con Dios. Esta es la oración del que ya recordó quién es Dios.
Y en esa búsqueda sincera, derrama su mayor temor y su mayor seguridad: "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá." Salmos 27:10
Todos podemos ser abandonados por alguien. David lo sabía. Pero hay un amor que no falla. El de Dios siempre recoge. Por eso ora: "Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud" v.11. Antes de tomar cualquier decisión en la crisis, pide dirección.
Elena White expresó: "Si tan solo escuchásemos su palabra, seríamos más fuertes y más útiles... Si hoy tomásemos tiempo para ir a Jesús y contarle nuestras necesidades, no quedaríamos chasqueados; él estaría a nuestra diestra para ayudarnos." A Fin de Conocerle, p. 258.
3. La conclusión del que espera: "Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová." Salmos 27:13-14. David termina como empezó, hablándose a sí mismo, pero ahora con esperanza firme:
Si no creyera, ya hubiera desmayado. Lo que lo sostiene no es que ya ve la victoria, es que cree que verá la bondad de Dios. Todavía no ve la respuesta, pero ve al Dios de la respuesta. Y se da a sí mismo el consejo que hoy necesitamos: Aguarda. Esfuérzate. Aliéntese tu corazón. Espéra en Jehová.
Dios permite que el salmo tenga dos partes para que comprendamos que está bien tener días de luz y días de clamor. La vida cristiana no es siempre el verso 1, a veces es el verso 9. Pero el que aprendió a decir "una cosa buscaré" en el verso 4, puede decir "espera a Jehová" en el verso 14.
Tu espera no es en vano, porque tu fortaleza no es tu fe, es el Señor de tu fe.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 26 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
"Examíname, Señor"
Este Salmo es una joya. David lo escribe cuando ha sido acusado falsamente. Alguien lo señala, y él no se defiende ante los hombres, le pide a Dios que sea su Juez.
A nadie nos gusta ser evaluados. Ni en el trabajo, ni en la escuela, ni mucho menos en el consultorio médico. Tememos la evaluación porque tememos un resultado negativo. Sin embargo, sin evaluación no hay crecimiento. La evaluación nos dice dónde estamos para poder mejorar. En la vida espiritual es igual.
Y lo sorprendente del Salmo 26 es que David, en lugar de huir de la evaluación, la pide: "Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón." Salmos 26:1-2
David usa tres palabras que no son sinónimos, son tres niveles de examen:
1. Escudríñame. Chaqar como quien busca un tesoro oculto, con lupa. Mira profundo.
2. Pruébame. Nasah como se prueba el oro en fuego. Métame al horno si es necesario.
3. Examina. Bachan examina mis riñones y mi corazón. En la mente hebrea, los riñones eran el centro de las emociones más íntimas.
David no está diciendo "soy perfecto". Está diciendo "soy sincero". Su integridad no es perfección, es coherencia. Camina sin doblez. Y la base de esa valentía es: "Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y ando en tu verdad" (Salmops 26:3). No confía en su integridad, confía en la misericordia de Dios que tiene delante.
Solo alguien que camina en sinceridad puede orar así. No porque sea perfecto, sino porque no tiene nada que esconder delante de Dios.
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos hoy a decirle: "Señor, examíname"?
David nos da la clave para poder vivir con manos limpias mientras esperamos el examen de Dios: cuidar con quién caminamos.
"No me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté... Mas yo andaré en mi integridad; redímeme, y ten misericordia de mí." Salmos 26:4-5,11.
David no es antisocial, es selectivo. Sabe que la integridad no se mantiene por casualidad. Hay conversaciones, mesas y caminos que manchan las manos y enfrían el corazón. Para poder andar alrededor del altar de Dios con acción de gracias, verso 6-7, hay que aprender a apartarse de lo que contamina.
No es orgullo, es protección. Él ama la casa de Dios: "Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria" Salmos 26:8. Quien ama la presencia de Dios, cuida sus compañías.
Y el salmo cierra con una hermosa seguridad en medio del examen: "Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová." Salmos 26:12
Esta es la bendición de dejarse evaluar por Dios: cuando Él nos prueba, no es para destruirnos, es para purificarnos.
"Por la prueba, el Señor examina la fortaleza de sus hijos... En el horno de la aflicción nos purifica de toda escoria. Nos envía pruebas, no para causar dolor innecesario, sino para llevarnos a contemplarle... para enseñarnos que si no nos rebelamos, sino ponemos nuestra confianza en él, veremos su salvación". Dios nos Cuida, p. 182.
En las manos del médico divino, cualquier diagnóstico se convierte en bendición, porque su propósito no es condenarnos, sino sanarnos. Dios no te examina para reprobarte, te examina para restaurarte. El mismo David que dijo "examíname" en el Salmo 26, dijo en el Salmo 139:23 "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón... y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno."
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 25 #rpsp
De rodillas se llega más alto
Este es un Salmo penitencial de David. No es un canto de victoria desde el trono, es una oración de rodillas desde el quebranto. David no está pidiendo una corona más grande; está pidiendo dirección, perdón y protección. La oración es eso: elevar la vida hacia Dios. Como bien dice Elena de White: "La oración no baja a Dios hasta nosotros, antes bien nos eleva a Él". El Camino a Cristo, p. 90. Y Jeremías nos invita: "Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos" Lamentaciones 3:41.
Las rodillas son la articulación más grande y fuerte de nuestro cuerpo. Nos dan estabilidad para estar de pie, caminar y correr. Y espiritualmente, es de rodillas como encontramos la fuerza para mantenernos firmes en la adversidad. De rodillas nos conectamos al cielo para poder estar de pie en la tierra.
David inicia con una entrega total: "A ti, oh Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos." Salmos 25:1-2
1. Confiar es entregarse a su dirección: "Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día." Salmos 25:4-5
Confiar no es decir "yo sé a dónde voy". Es decir "Señor, no sé, muéstrame tú". Note tres verbos progresivos: Muéstrame, quiero ver el camino, enséñame quiero aprender a caminarlo. Encamíname quiero que me lleves de la mano por él. Esa es la confianza que Dios espera: una dependencia diaria.
2. Confiar es creer en su perdón: "De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová." Salmos 25:7. El enemigo no quiere que dudemos de que pecamos, quiere que dudemos de que Dios perdona. La culpa nos detiene, nos aprisiona y nos esclaviza. Nos hace vivir mirando el retrovisor.
Pero David nos enseña a orar por misericordia: "Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino... Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande." Salmos 25:8,11
Dios no perdona porque nuestro pecado sea pequeño, lo perdona porque su nombre es grande. Su bondad es más grande que nuestro pasado.
3. Confiar es vivir bajo su promesa: "¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto." Salmos 25:12-14
El que teme a Dios no vive con miedo a Dios, vive con respeto y amor reverente. Y a ese hombre y a esa mujer, Dios le hace tres promesas: le enseñará el camino, le dará bienestar interior y su comunión será íntima. Dios no guía de lejos a gritos, guía de cerca, al oído, a los que le temen.
"Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red." Salmos 25:15
4. Confiar es reconocer que solos no podemos: El salmo cierra como empezó, de rodillas y confiando: “Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado." Salmos 25:20-21
David no dice "mi integridad me guardará". Dice "integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado". Mi mejor defensa no es mi fuerza, es mi confianza en Él.
No te quedes mirando tus pecados de ayer ni la red que está delante. Levanta tu alma hoy al Señor. Ponte de rodillas para poder estar de pie mañana.
¿Estoy confiando realmente en Dios o solo estoy preocupado? ¿Estoy convencido de que su amor y su misericordia son más grandes que mi pecado?
“Redime, oh Dios, a Israel. De todas sus angustias”.
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMOS 24 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
David escribió este salmo cuando el Arca del Pacto era llevada a Jerusalén. Era un día de fiesta, de procesión y de adoración. 1 Crónicas 15 nos dice que había música, alegría y gratitud. En ese contexto, David nos deja tres grandes verdades.
1. Dios es el dueño de todo: "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, y sobre los ríos la afirmó." Salmos 24:1-2. El salmo inicia con una afirmación absoluta: todo le pertenece a Dios. No somos dueños, somos administradores. Como dice Génesis 1:1, "En el principio creó Dios los cielos y la tierra".
Si la tierra entera es suya y Él la sostiene sobre los mares, ¿cómo no va a sostener tu vida, tu familia y tu ministerio? Reconocer que Él es el Dueño nos da seguridad y nos quita la ansiedad.
2. ¿Quién puede estar delante de Él? "¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?" Salmos 24:3. Ante un Dios tan grande y santo, surge la pregunta inevitable: ¿Quién puede acercarse? David mismo responde, no para desanimarnos, sino para mostrarnos el camino: "El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño." Salmos 24:4
Limpio de manos: no son manos que nunca se ensucian. Piense en las manos de un mecánico, de un agricultor, de un albañil, de una cocinera, de un médico o de un maestro. Se ensucian trabajando honradamente. Limpio de manos es aquel cuyo trabajo es honesto, porque su corazón ha sido limpiado por Dios.
Puro de corazón: Es el que ha aceptado la invitación divina: "Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos." Proverbios 23:26. Cuando el corazón está limpio, las manos, aunque se manchen de tierra, hacen una obra que glorifica a Dios.
La promesa es hermosa: "El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah". Salmos 24:5-6. Dios no busca gente perfecta, busca gente que lo busque.
3. Que entre el rey de gloria: "Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla." Salmos 24:7-8
David deja de hablar del pueblo que sube y ahora habla del Rey que entra. Las puertas de Jerusalén eran pequeñas y bajas por seguridad. Para que el Rey entre, las puertas deben agrandarse, levantar la cabeza.
Ese Rey es Jesús. Él extendió sus manos en la cruz para darnos perdón, murió y resucitó. Peleó nuestra batalla y la ganó. Apocalipsis lo describe como "REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES". Apocalipsis 19:16. Hoy, por la obra del Espíritu Santo, ese Rey poderoso quiere entrar en nuestro corazón y darnos una vida limpia, conforme a su voluntad.
El profeta lo vio de esta manera: "Al ascender hacia la Santa Ciudad, los ángeles que escoltaban a Jesús clamaron: Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. Los ángeles que se encuentran en la ciudad exclamaron: '¿Quién es este Rey de gloria?'... Y la procesión celestial entró en la ciudad de Dios". Historia de la Redención, p. 248.
El Salmo 23 dice: "Jehová es mi pastor". El Salmo 24 dice: "Jehová es el Rey de gloria". Primero necesitamos al Pastor que nos guíe y nos cargue en el valle. Luego necesitamos al Rey que entre y tome posesión de nuestro corazón. David no terminó el Salmo 23 en el valle, terminó en la casa de Jehová. El salmo 24 nos dice quién entra a esa casa: El Rey.
Hoy la pregunta no es si las puertas de Jerusalén se abrirán, la pregunta es: ¿Le abrirás tú la puerta de tu corazón al Rey de gloria?
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 23 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Este salmo fue escrito por David, no cuando era rey en un palacio, sino recordando cuando era pastor en los campos de Belén. Nadie podía hablar del pastor como él. Es el salmo del pastor, escrito por un pastor que se hizo oveja de otro pastor.
Dios es bueno y siempre busca lo mejor para sus hijos. Él conoce nuestras necesidades y nuestros más profundos sentimientos. Cuando la depresión, la enfermedad, las dificultades, la misma muerte y los ataques de Satanás parecen querer destruirnos, allí está presente el Buen Pastor para librarnos y bendecirnos en abundancia.
"Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días." (Salmos 23)
"Aunque ande en el valle de la sombra de la muerte..." Esa palabra es clave: "Aunque..." No importa el peligro que tengamos que enfrentar. La expresión "sombra de muerte" aparece varias veces en la Biblia. En Salmos la encontramos tres veces, los profetas la mencionan cuatro veces, y el paciente Job la mencionó diez veces. No es un valle imaginario, es real. Todos pasaremos por ahí. Pero la convicción del salmista es inquebrantable: "No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo."
¿Por qué no temer? Porque no estamos solos. Confiar en el amor incondicional de Dios nos ayuda a enfrentar cualquier crisis: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor." (1 Juan 4:18)
El temor se va cuando recordamos quién va con nosotros. Elena White expresó: "Jesús es el buen Pastor. Sus seguidores son las ovejas de su prado. El pastor siempre está con su rebaño para defenderlo, para protegerlo del ataque de los lobos, para salir tras las ovejas perdidas y traerlas de vuelta al redil, para conducir a sus ovejas por prados verdes y llevarlas junto a aguas vivas." Exaltad a Jesús, p. 209.
En medio de esta lectura, sería bueno hacernos tres preguntas personales:
1. ¿Es realmente Dios MI pastor? No el pastor de mi familia, de mi iglesia, de otros... ¿Es el mío?
2. ¿Estoy dependiendo totalmente del Señor y permitiendo que Él guíe mi vida? ¿O solo lo busco cuando me pierdo?
3. ¿En este nuevo día tengo la convicción de que el Señor está conmigo? No importa el valle que esté cruzando.
Y cuando esa experiencia es real, nuestra queja se convierte en alabanza: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
"Cuando apreciemos más profundamente la misericordia y la longanimidad de Dios, lo alabaremos más en lugar de quejarnos. Hablaremos de la amante vigilancia del Señor, de la tierna compasión del buen Pastor. El idioma del corazón no será la murmuración y la queja egoísta. La alabanza, como una corriente clara y que fluye, brotará de los verdaderos creyentes en Dios. Dirán: 'El bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días'." Hijos e Hijas de Dios, p. 200.
El Salmo 23 no promete que no habrá valles, promete que no los cruzaremos solos. Y promete un final: morar en la casa de Jehová por largos días, por la eternidad.
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
¡Todo se cumplió al pie de la letra! Siglos antes de que la crucifixión existiera como método de ejecución romano, David ya describía sus horrores. El Salmo 22 conmueve porque nos muestra el precio. Nos revela lo que el Mesías estuvo dispuesto a enfrentar por amor para llevar adelante el maravilloso plan de salvación. David, refugiado en Dios, vio la cruz con la precisión de un testigo presencial.
El Salmo no termina en la cruz, termina en adoración. Empieza con "¿por qué me has desamparado?" y termina con "Los que teméis a Jehová, alabadle..." (Salmos 22:23). Solo quien está refugiado puede ver el final glorioso mientras aún está en la noche.
Por eso, el salmo no termina en la cruz, termina en alabanza. Del lamento pasa a la adoración: "Los que teméis a Jehová, alabadle..." (Salmos 22:23).
Se nos aconseja: "Sería bueno que dedicásemos una hora de meditación cada día para repasar la vida de Cristo desde el pesebre hasta el Calvario. Debemos considerarla punto por punto, y dejar que la imaginación capte vívidamente cada escena, especialmente las finales de su vida terrenal. Al contemplar así sus enseñanzas y sus sufrimientos, y el sacrificio infinito que hizo para la salvación de la familia humana, podemos fortalecer nuestra fe, vivificar nuestro amor, compenetrarnos más profundamente del espíritu que sostuvo a nuestro Salvador”. Exaltad a Jesús, p. 234.
Siguiendo ese consejo nos encontraremos en la condición de David, "viéndolo antes", hoy también podemos vivir refugiados y seguros. Si la primera venida se cumplió al pie de la letra, la segunda también se cumplirá. Cristo viene otra vez, no ya como siervo sufriente, sino como Rey victorioso. Esa certeza nos sostiene en la angustia. No estamos desamparados. Viendo por fe su regreso, vivimos hoy con esperanza, con gozo y con la seguridad de que muy pronto nos llevará con Él. .
Dios te bendiga.
Ptr.Martin Olvera García.
SALMO 22 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
David, el dulce cantor de Israel, fue mucho más que un poeta. Pedro, mil años después, lo revela como lo que realmente era: profeta. "Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción." (Hechos 2:30-31)
Esa frase en el libro de los Hechos es la clave: "Viéndolo antes..." David escribió este salmo en medio de una crisis personal profunda, pero el Espíritu Santo lo tomó y le permitió asomarse por la ventana del tiempo para describir, con exactitud quirúrgica, la agonía del Mesías mil años antes de que ocurriera. Por eso el Salmo 22 es por excelencia un Salmo Mesiánico.
1. El Grito del Abandono: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?" (Salmos 22:1)
David siente que el cielo está en silencio. Es el clamor de todo creyente en angustia. Pero esas mismas palabras se convierten en profecía cuando Jesús, en la hora más oscura de la historia, las hace suyas en el Calvario: "Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46). En ese instante, Jesús no estaba recitando un salmo. Lo estaba viviendo. Cargando nuestro pecado, experimentó la separación del Padre que nosotros merecíamos.
2. La esperanza de los siglos: "En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados." (Salmos 22:4-5). Si los padres fueron librados por confiar, ¿cuánto más nosotros al confiar en el Mesías?
Él fue la esperanza de todas las generaciones. De Abel se nos dice: "Abel trajo los primogénitos de su rebaño, y de los mejores, como Dios lo había ordenado; y con humilde reverencia presentó su ofrenda con plena fe en el Mesías venidero." Historia de la Redención, p. 56.
Todos miraron hacia adelante, hacia la cruz descrita en este salmo.
3. El retrato detallado del crucificado. Aquí la profecía se vuelve asombrosamente detallada. David describe lo que ningún ojo humano había visto aún: "Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo... Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía... Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado... He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar... Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes." (Salmos 22:6-18).
Comparemos con el cumplimiento:
• La burla:"Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza... Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios." (Mateo 27:39,43)
• La sed:"Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed." (Juan 19:28).
• Los huesos y las manos horadadas:"Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos..." "Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo." (Juan 19:36)
• El sorteo de las ropas: "Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes." (Mateo 27:35)
SALMOS 21 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
"El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza!" (Salmos 21:1)
El rey David es el autor de este Salmo. Si el Salmo 20 es la oración antes de la batalla. "Jehová te oiga en el día de conflicto", el Salmo 21 es el canto de gratitud al regresar de la batalla. El Salmo 20 es la rodilla doblada pidiendo victoria; el Salmo 21 es el corazón agradecido celebrando la victoria. Uno clama, el otro corona.
1. El gozo de un corazon que fue escuchado: "¡Cómo se goza!..." David no disimula su gozo. El gozo no es una emoción superficial, es el fruto inevitable de la comunión con Dios.
"Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios." (Salmos 21:2). Dios no siempre nos da lo que pedimos en el momento que lo pedimos, pero siempre responde. A veces concede, a veces niega por amor, y a veces nos hace esperar para darnos algo mejor. David entendió que Dios escucha cada petición susurrada con fe.
2. El gozo de una gracia que sorprende: "Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza." (Salmos 21:3). Dios nunca llega tarde y nunca da poco. Siempre nos sale al encuentro con más de lo que esperamos: "Vida te demandó, y se la diste; largura de días eternamente y para siempre." (Salmos 21:4)
David pidió vida para un día de batalla, y Dios le dio vida eterna. Pidió una victoria temporal, y Dios le puso una corona de oro fino. Así es nuestro Dios: nosotros pedimos para hoy, Él nos responde pensando en la eternidad. Su gracia siempre excede nuestra petición. El gozo de David no estaba en la corona que llevaba, sino en el Dios que se la puso.
3. El gozo de una confianza inquebrantable. El guerrero victorioso no se atribuye la victoria. Reconoce quién peleó por él:"El rey confía en Jehová, y en la misericordia del Altísimo; no será conmovido... Alcanzará tu mano a todos tus enemigos." (Salmos 21:7-8)
David regresa del campo de batalla, pero su confianza no está en su espada ni en su ejército. Está en la misericordia del Altísimo. Por eso, no será derrocado. El hombre que confía en Dios puede ser sacudido, pero nunca derribado. No hay nada más triste que la victoria de un hombre desagradecido que se olvida de quién le dio el triunfo.
4. El gozo que termina en alabanza. David empezó alabando y termina alabando. Ese es el círculo del creyente: "Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu poderío." (Salmos 21:13)
La victoria no se gana en el campo de batalla, se gana de rodillas. Y cuando se obtiene, lo único digno es devolverla en alabanza a su verdadero autor. David no canta su victoria, canta la victoria de Dios.
Dios se adelanta a tu necesidad. No tienes que convencer a Dios de bendecirte. Él ya salió a tu encuentro con bendiciones de bien. Tu oración no hace que Dios se mueva, descubre que Dios ya se estaba moviendo hacia ti.
Pide vida, y Él te dará eternidad. Nunca le pidas poco a Dios. David pidió un día más de vida y Dios le dio para siempre. Nosotros pedimos que nos saque de un problema y Dios quiere darnos un carácter para el cielo.
La verdadera estabilidad no está en no ser sacudido, sino en no ser derribado. Dios promete que no caerás. Porque tu confianza no está en ti, sino en su misericordia. Alaba y agradece a Dios en todo tiempo.
"Nada tiende más a fomentar la salud del cuerpo y del alma que un espíritu de agradecimiento y alabanza. Resistir a la melancolía, los pensamientos y sentimientos de descontento, es un deber tan positivo como el de orar”. El Ministerio de Curación, p. 194.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
"Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos" La intercesión del pueblo produce certeza en David quien expresa: “Ahora conozco” la palabra "conozco" es experimental, no teórica.
En la antigüedad, la esperanza de victoria de una nación se medía por la cantidad de carros y caballos de guerra que poseía. Allí estaba su seguridad. Hoy, nosotros confiamos en nuestra cuenta bancaria, en nuestros títulos, en nuestros contactos. Pero David nos recuerda el secreto del remanente victorioso: “Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”. (Salmos 20:7-8).
"Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos." (Salmos 20:9). El Salmo termina donde empezó: con un clamor. El verdadero Rey que salva no es David, es Jehová. Apunta al Mesías, al Ungido final: Jesús. Él es quien definitivamente nos oye y nos salva en el día de conflicto final.
La victoria sobre el conflicto no se gana en el campo de batalla, se gana en el Santuario celestial donde Jesús intercede por nosotros (Hebreos 8:1-2). Cristo Jesús es el Ungido definitivo. Él enfrentó su "día de conflicto" en Getsemaní. El pueblo no oró por Él, pero Él oró por nosotros.
Si hoy enfrentas un conflicto que parece un gigante imposible de vencer, recuerda: no importa cuán grande o poderoso sea el enemigo. Contigo está el Dios que oye en el día de conflicto. Él te sostiene desde su santuario.
“Conceda Jehová todas tus peticiones…”
Dioste bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMOS 20 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Es una oración del pueblo por su rey antes de la batalla. Israel está a punto de salir a la guerra. El rey está en el atrio del santuario ofreciendo holocaustos. El pueblo y los sacerdotes interceden por él. Es el compañero del Salmo 21, que es la acción de gracias después de la victoria. El Salmo 20 es oración antes de la batalla, Salmo 21 es alabanza después.
Todos anhelamos la victoria. Queremos salir triunfantes del conflicto, ya sea en el amor, en una empresa, en el desarrollo profesional o en la vida cristiana. Todo el mundo quiere triunfar. Pero no basta con desearlo. El triunfo no es casualidad, es el resultado de preparación y esfuerzo. Dios no siempre nos evita el conflicto, pero sí está listo para pelear junto a nosotros, para defendernos y adiestrarnos en la batalla. Él no nos deja solos. Solo hay que buscarlo y activar un recurso extraordinario que está al alcance de todos: La oración es la clave de la preparación para salir vencedores.
El pueblo intercede por el rey: “Jehová te oiga en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto. Selah. Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Nosotros nos alegraremos en tu salvación, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; conceda Jehová todas tus peticiones.” Salmos 20:1-5. "Te oiga, te defienda, te envíe".
"Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda." Día de conflicto: Lit. (yom tsarah) día de angustia, de estrechez. No es un mal día, es el día de la crisis. El nombre del Dios de Jacob te defienda: No es cualquier nombre. Jacob fue el hombre en conflicto toda su vida, y Dios lo defendió. El mismo Dios que defendió al Jacob tramposo y transformado, te defenderá a ti. El "nombre" en hebreo es carácter, reputación y poder. "Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga." La ayuda no viene del cuartel militar, viene del Santuario. La verdadera estrategia se define en la presencia de Dios. Sion era el centro de adoración y gobierno.
"Haga memoria de todas tus ofrendas... Te dé conforme al deseo de tu corazón" Dios no olvida la fidelidad pasada en tiempo de paz. Las ofrendas y holocaustos del rey antes de la batalla son evidencia de su comunión. Dios honra a quien le honra primero. "Conforme al deseo de tu corazón": Cuando el corazón está alineado con Dios, sus deseos se vuelven peticiones que Dios puede conceder.
Orar es la clave de la victoria. Orar antes de iniciar cualquier proyecto. Orar antes de enfrentar cualquier desafío. Orar antes de tomar cualquier decisión. Orar y formar grupos de oración intercesora nos hará testigos de milagros únicos.
Elena White escribió este importante consejo: “Tomen tiempo para comenzar su trabajo con oración cada mañana. No piensen que esa es una pérdida de tiempo; son momentos que vivirán durante las edades eternas. De este modo se tendrá éxito y se obtendrán victorias espirituales. La maquinaria responderá al toque de la mano del Maestro. Verdaderamente, vale la pena solicitar la bendición de Dios, y el trabajo no puede ser bien hecho a menos que se comience bien.” Testimonios para la Iglesia, tomo 7, p. 185.
Desear ganar es importante, pero prepararse para ganar es fundamental. Y la preparación comienza de rodillas. ¿En quién confías?
¿En qué o en quién confían las personas en tiempo de angustia? ¿Dónde ponemos nuestra esperanza cuando el conflicto parece demasiado grande?
“Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie.” Salmos 20:6-8.
El oro enriquece el bolsillo, pero la Palabra enriquece el alma.
3. Nuestra respuesta: Un corazon limpio delante de Dios: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmos 19:12-14). Después de contemplar la grandeza de Dios y la perfección de su Ley, David no se siente orgulloso, se siente pequeño. Y hace una oración tan especial.
Comprende que hay dos tipos de pecados que lo pueden destruir:
1. Los errores ocultos: Aquellos que ni yo mismo veo, mis cegueras, mis defectos de carácter.
2. Las soberbias: Los pecados que cometo sabiendo que están mal, cuando mi orgullo se enseñorea de mí. Entonces pide lo que todos necesitamos: limpieza interior. “Los pensamientos deben ser puros y las meditaciones del corazón deben ser limpias, si se quiere que las palabras de la boca sean aceptables para el cielo y útiles para vuestros asociados.” The Review and Herald, 12 de junio de 1888.
Es la oración para todos los días. Que Dios controle mi boca lo que digo y mi corazón lo que pienso. Y nos recuerda quién es Él: mi Roca que me sostiene como Creador, y mi Redentor que me salva como Salvador. “Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 19 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Este es uno de los Salmos más perfectos de David en estructura y teología. Es citado por Pablo en Romanos 10:18 y por los mismos judíos lo consideran una de las joyas del salterio. David demuestra que Dios no se ha quedado callado. Habla todos los días de dos maneras: a través del mundo que creó y a través de su Palabra. Quien aprende a contemplar a Dios en la creación y a escucharlo en su Palabra, no puede seguir siendo el mismo. Su vida es transformada. Elena White expresó:“La naturaleza ha de ser nuestro gran libro de texto después de la Biblia.” Testimonios para la Iglesia, 6:185.
1. El primer libro: La grandeza de Dios en la creación: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; y éste, como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el término de ellos; y nada hay que se esconda de su calor.” Salmos 19:1-6.
El verbo "cuentan" en hebreo es (mesaprim), es un participio continuo: los cielos están contando, contando y contando, sin parar, la gloria de Dios. No es un evento del pasado, es una predicación permanente.
La creación es un predicador silencioso pero universal. Los cielos no hablan español ni hebreo, y sin embargo todo el mundo los entiende. Cada amanecer es un sermón, cada noche estrellada es una invitación a adorar. David nos lleva del cielo inmenso, al día y la noche, y termina con el sol. Lo describe como un esposo radiante que sale de su recámara y como un gigante que corre su carrera con gozo. Nada se esconde de su calor.
Si Dios hizo un universo tan vasto, tan ordenado y tan hermoso, ¿habrá algo imposible para Él en tu vida? Al contemplar su creación, nuestra fe crece y recordamos que el Dios que sostiene el sol, puede sostenernos a nosotros.
Y aquí David hace una transición. Dice que nada se esconde del calor del sol, y de inmediato nos habla de otra cosa de la que nadie se puede esconder: la Ley de Dios. Así como el sol llega hasta el último rincón de la tierra, así la Palabra de Dios llega hasta el último rincón de la vida.
2. El segundo libro: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” Salmos 19:7-11.
Si la creación nos revela el poder de Dios, su Palabra nos revela su carácter y su voluntad para transformarnos.
David usa seis sinónimos de la Palabra y seis efectos transformadores:
1. La Ley es perfecta y convierte el alma. Nos da un nuevo nacimiento.
2. El Testimonio es fiel y hace sabio al sencillo. Nos da sabiduría donde había ignorancia.
3. Los mandamientos son rectos y alegran el corazón. Nos dan gozo donde había tristeza.
4. El precepto es puro y alumbra los ojos. Nos da claridad donde había confusión.
5. El temor de Jehová es limpio y permanece para siempre. Nos da estabilidad.
6. Los juicios son verdad y son todos justos. Nos dan seguridad.
La Ley convierte el alma entera, luego hace sabio al sencillo en su mente, luego alegra el corazón en sus emociones, luego alumbra los ojos en su visión. La creación nos hace mirar hacia arriba y decir: ¡Qué grande es Dios! Pero la Biblia nos hace mirar hacia adentro y decir: ¡Qué grande puede ser su obra en mí! Por eso David dice que la Palabra es más deseable que el oro y más dulce que la miel.
David testifica de cómo Dios le dio victoria total sobre sus enemigos, lo hizo cabeza de naciones, y lo libró de contiendas. Pero el Salmo no termina en el orgullo del rey. Termina en adoración misionera y mesiánica: "Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, y cantaré a tu nombre." (Salmos18:49). David, rey de Israel, quiere que los gentiles conozcan a su Dios. Es un Salmo evangelístico. Y el último versículo apunta a Cristo: "Grandes triunfos da a su rey, y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia, para siempre"(Salmos 18:50). Ungido es (Mashiaj) Mesías. La promesa no termina en David, termina en su Descendencia para siempre: Jesucristo. Pablo cita este Salmo en Romanos 15:9 para probar que Cristo vino a salvar también a los gentiles.
La gratitud de David se vuelve testificación. No se queda callado. "Te confesaré entre las naciones, cantaré a tu nombre". El agradecido no puede callar. Testifica de lo que Dios hizo. Elena white expresó: "Nada tiende más a fomentar la salud del cuerpo y del alma que un espíritu de agradecimiento y alabanza". El Ministerio de Curación, p.194.
El Salmo 18 nos enseña que el secreto de un corazón fuerte no es no tener enemigos, sino saber en quién refugiarse, a quién clamar y a quién agradecer.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
