fa
Feedback

فریب کلاهبرداران را نخورید! تل‌متریو این کانال‌ها را شناسایی و برچسب‌گذاری می‌کند 👉 برای مشاهده برچسب، اشتراک تهیه کنید

Mensajero De Esperanza

Mensajero De Esperanza

رفتن به کانال در Telegram

Apocalipsis 22:12 12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

نمایش بیشتر
Buy Ad
657
مشترکین
اطلاعاتی وجود ندارد24 ساعت
-47 روز
-1430 روز
آرشیو پست ها
Bosquejos Lecciones ES - IV Trimestre 2026pptx.pdf106.01 MB

Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, p. 597. Dios no te pide penitencia, te pide confesión. No te pide que pagues, te pide que vuelvas. Todo está centrado en lo que Él es, no en lo que tú eres: "por amor de tu nombre". Equivocarnos es parte de nuestra vida cotidiana. Todos hemos tomado malas decisiones y todos hemos visto Jerusalén en escombros en algún área de nuestra vida: familia, finanzas, salud, ministerio. 1. Reconoce el error y su consecuencia, sin excusas. 2. Aprende de él y clama por misericordia, no por justicia. 3. Confiésalo de forma sencilla y apártate. Dios no abandona a su pueblo en los escombros. Tiene su tiempo para actuar. Pero mientras tanto, te invita a refugiarte en su amor y misericordia. Cuando todo se derrumba por tu culpa, aún te queda una verdad inamovible: sigues siendo pueblo suyo, oveja de su prado. Y desde los escombros, puedes volver a cantar sus alabanzas. Porque el perdón no depende de tu nombre, sino del suyo. Dios te bendiga. Ptr. Martin Olvera García.

SALMOS 79 #rpsp "Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre." Salmos 79:9. El Salmo 78 nos enseñó cómo evitar el fracaso. El Salmo 79 nos enseña qué hacer cuando ya fracasamos. Este salmo fue escrito después de una catástrofe nacional. Jerusalén en ruinas, el templo profanado, cadáveres sin sepultura. No fue un terremoto. Fue el resultado de malas decisiones acumuladas. El pueblo no quiso escuchar a Dios, y el pecado siempre cobra factura. Y en medio de los escombros, el salmista Asaf hace algo que solo puede hacer un hombre de fe: no pone la mirada en las ruinas, sino en el Nombre de Dios. Tres veces repite la misma idea en un solo versículo: "Ayúdanos... por la gloria de tu nombre; líbranos... perdona nuestros pecados por amor de tu nombre." Salmos 79:9. No dice: ayúdanos porque somos buenos. No dice: líbranos porque lo merecemos. Dice: hazlo por amor a ti mismo, por amor a tu Nombre. Cuando no tenemos nada que presentar, todavía nos queda el carácter de Dios. Y termina con una declaración de fe increíble que solo alguien que conoce la misericordia puede hacer en medio del desastre: "Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas." Salmos 79:13. En otras palabras: "Estamos en escombros, pero seguimos siendo tu pueblo, seguimos siendo tus ovejas. Y volveremos a alabar." Un hombre exitoso fue entrevistado una vez. La periodista le preguntó: ¿Cuál es el secreto de su éxito? Él respondió: "Buenas decisiones". ¿Y cuál es el secreto para tomar buenas decisiones? Él sonrió y dijo: "Malas decisiones". Aprender a lidiar con el fracaso, aprender de nuestros errores, es el camino más seguro hacia el éxito. El Salmo 79 nos enseña cómo convertir un desastre en un altar. 1. Reconoce que tus errores tienen consecuencias: "Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; han profanado tu santo templo; redujeron a Jerusalén a escombros. Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias de la tierra." Salmos 79:1-2. Asaf no minimiza. No dice "fue un pequeño error". Dice: mira lo que pasó, el templo profanado, la ciudad destruida, sangre derramada. El primer paso para levantarse no es justificarte, es reconocer: "Yo tomé esta mala decisión y estas son sus consecuencias". Muchos quieren el perdón sin reconocer el daño. Dios no obra así. La fe bíblica no niega la realidad, la enfrenta con Dios. 2. Aprende de tus errores y pide misericordia, no justicia: "No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos." Salmos 79:8. Asaf entiende que hay una cadena de iniquidades, de padres a hijos. Pero no pide justicia, pide misericordia. Si Dios nos diera justicia, ninguno quedaría en pie. Si nos da misericordia, todos tenemos esperanza. "Estamos muy abatidos". Dios no espera que vengas fuerte. Te espera abatido. No tienes que componerte para venir a Dios, vienes a Dios para que Él te componga. 3. Confiesa tus pecados: "Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre." Salmos 79:9. Ayúdanos, líbranos, perdónanos. En ese orden. Primero necesitas ayuda, luego liberación, y la base de todo es el perdón. El Espíritu de Profecía lo dice con una belleza incomparable: "Las condiciones para obtener la misericordia de Dios son sencillas, justas y razonables. El Señor no requiere que hagamos alguna cosa penosa para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. No es necesario que hagamos largos y fatigosos peregrinajes, o dolorosas penitencias, para encomendar nuestras almas al Dios de los cielos o para expiar nuestra transgresión; sino que el que confiesa su pecado y se aparta de él alcanzará misericordia. Esta es una preciosa promesa dada al hombre caído para animarlo a confiar en el Dios de amor y buscar la vida eterna en su reino."

Que abre mares, que saca agua de peñas, que manda pan del cielo. Tú también tienes tu Éxodo. ¿Cómo te sacó Dios de Egipto? ¿Cómo te dio agua en tu desierto? ¿Cómo te alimentó cuando no tenías nada? Esa es la historia que tus hijos necesitan oír. No solo la de Israel hace 3500 años, sino la tuya hace 3 años. 4. No oculptes la rebeldía humana, pro resalta siempre la misericordia de Dios: "Con todo esto, pecaron aún, y no dieron crédito a sus maravillas. Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; entonces se volvían solícitos en busca suya, y se acordaban de que Dios era su refugio... Pero le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían." Salmos 78:32-36.Este es el momento más honesto del salmo. A pesar de todo lo que Dios hizo, Israel se rebeló. En la época de los jueces, anduvieron en el camino de las naciones. Buscaban a Dios solo cuando les convenía, de labios para afuera. Una fe de emergencia, no de obediencia. Aquí Asaf nos enseña a no idealizar la historia. No les dijo a sus hijos: "Israel fue perfecto". Les dijo: "Israel falló, fue infiel, mintió con su boca". ¿Por qué? Para que la nueva generación no repita el mismo error. El verso 8 lo aclara: "Que no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde". Si solo cuentas victorias, tus hijos creerán que ser cristiano es nunca fallar. Si les cuentas tus caídas y cómo Dios te levantó, aprenderán que ser cristiano es levantarse con Dios. 5. El cierre nuestro Dios no es un juez que destruye, es un pastor que pastorea. "Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne... Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos." Salmos 78:38-39,72. ¡Qué final! Después de 71 versículos de rebeldía, olvido y mentira, Dios no aparece con un látigo, aparece con un cayado de pastor. "Se acordó de que eran carne". Esa es la frase más tierna. Dios sabe que somos frágiles, polvo, débiles. Por eso perdona. El salmo no termina con el pueblo cuidando a Dios. Termina con Dios cuidando al pueblo. Dios eligió a David para que los cuidara con un corazón sincero y con manos sabias. David fue solo una muestra, un anticipo de Jesús, que es nuestro verdadero Pastor. Nosotros somos el pueblo de Dios y tenemos una tarea. No se trata de que nuestros hijos se sepan toda la Biblia de memoria. Se trata de que aprendan a confiar en Dios de verdad. ¿Cómo? 1. Con una didáctica sencilla que cuente las maravillas, no que aburra. 2. Con enseñanza progresiva que busque confianza, memoria y obediencia. 3. Contando la historia de cómo Dios ha actuado en tu vida. 4. Siendo honestos sobre el pecado, pero exaltando siempre la misericordia. 5. Recordando que al final, no somos nosotros los que pastoreamos a Dios, es Él quien nos pastorea con integridad de corazón y pericia de manos. Que la siguiente generación pueda experimentarnla misericordia de Dios. Dios te bendiga Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 78 #rpsp Como transmitir la fe a las nuevas generaciones "Para que lo sepa la generación venidera... a fin de que pongan en Dios su confianza." Salmos 78:6-7. Es el segundo salmo más largo de toda la Biblia, 72 versículos. Asaf deja de ser músico para volverse maestro, historiador y padre. Ya no canta su angustia como en el 77, ahora enseña. Es un salmo didáctico.¿Cuál es su propósito? Que la fe no muera con nosotros. No podemos obligar a nadie a creer, ni siquiera a nuestros hijos. Pero sí tenemos la responsabilidad divina de enseñar y de modelar, para que la próxima generación decida poner su confianza en Dios y obedecer. Si el Salmo 77 era cómo salir de la angustia personal, el Salmo 78 es cómo evitar que tus hijos repitan tus fracasos. El centro de todo el salmo no es la rebeldía de Israel, sino la misericordia de DIos: "Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne... Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos." Salmos 78:38,39,72. Ese es el mensaje que debemos transmitir. No un Dios enojón, sino un Pastor misericordioso que pastorea a pesar de nuestras fallas. 1. Necesitamos una dida´ctica que conecte, no que abrurra: "Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo." Salmos 78:1-4. Asaf dice: "Abriré mi boca en proverbios". La palabra hebrea es mashal, parábola, comparación. Siglos después Jesús usará ese mismo método: "Todo esto habló Jesús por parábolas... para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Abriré en parábolas mi boca" Mateo 13:34-35, citando este salmo. Jesús no aburría. Contaba historias. El salmista nos dice: si quieres que tus hijos escuchen, no les des un sermón, cuéntales las alabanzas, la potencia, las maravillas. Que la enseñanza sea tan sencilla que un niño la entienda y tan profunda que un anciano la admire. Y nota: "No las encubriremos a sus hijos". El pecado de muchos padres es el silencio. No hablamos de Dios en casa. Asaf dice: prohibido encubrir. 2. La enseñanza debe ser progresiva y con un propósito claro: "Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos." Salmos 78:5-7. Aquí hay 4 generaciones: nosotros, nuestros hijos, los hijos que nacerán, y los que se levantarán. Es una cadena. Si tú rompes un eslabón, la cadena se corta. ¿Y cuál es el objetivo? No es que sepan datos. El texto dice tres cosas en orden lógico: a) Que pongan en Dios su confianza - Fe. b) Que no se olviden de las obras de Dios - Memoria. c) Que guarden sus mandamientos - Obediencia. Primero el corazón confía, luego la mente recuerda, luego la vida obedece. Así se enseña. No al revés. No imponemos obediencia sin antes generar confianza. 3. Enseñales la historia providencial de Dios, no solo teoría: "Delante de sus padres hizo maravillas... Dividió el mar y los hizo pasar; detuvo las aguas como en un montón. Les guio de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto, y les dio a beber como de grandes abismos... E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; les envió comida hasta saciarles." Salmos 78:12-25. Asaf hace un repaso histórico: Éxodo, Mar Rojo, columna de nube y fuego, agua de la roca, maná. Les está diciendo a los jóvenes: nuestro Dios no es una idea, es un Dios que actúa en la historia.

Asaf deja de mirarse el ombligo y empieza a mirar la historia de Dios: El Éxodo, el Mar Rojo, la columna de fuego. Del verso 13 al 20, el salmo se vuelve una explosión de memoria: "Tus relámpagos alumbraron el mundo... En el mar fue tu camino... Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón." Cuando traes a tu memoria lo que Dios ya hizo, tu fe presente se fortalece. Elena G. de White lo dijo de forma magistral: "No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada." Notas Biográficas, p. 216. Asaf nos dejó la receta para salir de la angustia: Clama: No te quedes callado. Busca a Dios de día y de noche, aunque tu alma rehúse consuelo. Reconoce: "Enfermedad mía es esta". No es que Dios falló, soy yo que estoy angustiado. Pregunta. Lleva tus dudas crudas al templo. Dios aguanta tus por qués. Decide. "Sí, haré yo memoria". Obliga a tu mente a recordar las obras de Dios en tu vida. Hay cosas que no puedes cambiar. Pero hay algo que sí puedes hacer: encontrar fortaleza y aliento en la presencia de Dios, acordándote de que el Dios que abrió el Mar Rojo, es el mismo que puede abrir una salida en tu noche más oscura. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 77 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra "Al Señor busqué en el día de mi angustia..." (Salmos 77:2). Asaf hijo de Berequías, de la tribu de Leví, de la familia de Gersón. No era un levita cualquiera. David lo escogió como director de alabanza, responsable de las melodías delante del Arca. 1 Crónicas 25:1-6 dice que él, Hemán y Jedutún profetizaban con arpas, salterios y címbalos. Además, 2 Crónicas 29:30 lo llama vidente. Y eso es lo que hace poderoso este salmo. Asaf no era un principiante. Era un adorador maduro, un músico ungido, un profeta. Y aun así, se quebró. Esto nos enseña que la angustia no respeta personas. Aun los más fieles tienen noches donde no pueden dormir, donde el alma rehúsa el consuelo. Si el Salmo 73 es la duda del día - "¿por qué prosperan los malos?" - el Salmo 77 es la angustia de la noche. Este salmo nos enseña paso a paso cómo salir de la angustia: "Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. Al Señor busqué en el día de mi angustia; alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; mi alma rehusaba consuelo." (Salmos 77:1-2)Asaf no buscó un consejo, no buscó distraerse. Buscó a Dios. Y lo buscó con voz audible. Clamé. Es muy honesto al expresar: "Mi alma rehusaba consuelo". Hay momentos donde ni un abrazo, ni una palabra, ni una canción te consuela. Solo Dios. La noche fue larga. "Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso". En hebreo la idea es que sus manos estaban extendidas y no se cansaban, como Moisés en el monte. Orar aunque no sientas nada. Esa es la primera medicina. "Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah. No me dejabas pegar los ojos; estaba yo quebrantado, y no hablaba." (Salmos 77:3-4). La palabra "me conmovía" es muy profunda. En hebreo es ehemyá. Es turbación, es sentir que todo se mueve adentro. Recuerdo a Dios y me conmueve, me da nostalgia, tristeza, emoción. Asaf describe clínicamente una crisis de ansiedad: insomnio - "No me dejabas pegar los ojos", mutismo - "estaba quebrantado y no hablaba", desmayo espiritual.Pero aquí da un giro crucial en el verso 10, que es la bisagra del salmo: "Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo." (Salmos 77:10). Asaf se diagnostica: Esto que siento es mi enfermedad. No es que Dios haya cambiado. Soy yo el que está enfermo de angustia. Y cuando entiendo que estoy enfermo, dejo de acusar a Dios y empiezo a buscar la cura en Dios. "Me acordaba de mis cánticos de noche; meditaba en mi corazón, y mi espíritu inquiría: ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah." (Salmos 77:6-9). Este es el momento más honesto. Asaf va al santuario aunque no tenga ganas de cantar. "Me acordaba de mis cánticos de noche". Cantar de noche, cuando no hay ganas, es un acto de fe. Y allí suelta 6 preguntas que todos hemos hecho en la noche oscura: 1. ¿Me desechó para siempre? 2. ¿Ya no me va a ser propicio? 3. ¿Se acabó su misericordia? 4. ¿Se acabó su promesa? 5. ¿Se le olvidó ser misericordioso? 6. ¿Encerró con ira su piedad? Dios no se enoja con tus preguntas. Job, Jeremías, David, Asaf... todos preguntaron. El problema no es preguntar. El problema es quedarte en la pregunta. Asaf no se quedó allí. "Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos." (Salmos 77:11-12). Aquí está el cambio de verbo más importante de todo el salmo. Todo el principio es "me acordaba, me quejaba, meditaba, inquiría" todo hacia adentro. De repente dice: "Sí,haré yo…” Es una decisión voluntaria. No es sentimiento. Es determinación. No puedo cambiar mi circunstancia, pero sí puedo decidir qué voy a traer a mi memoria.

A los que como Ezequías, entran al templo y dicen "Señor, no podemos". Este juicio de Dios trajo descanso. No solo a Judá, sino "a todos los afligidos de la tierra" que escucharon que hay un Dios que detiene a los tiranos. 4. La respuesta: Prometer y pagar al temible: "Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios; todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al Temible." (Salmos 76:11). Un salmo que empezó con temor, termina con gratitud. Cuando estás afligido, prometes. Cuando Dios te libra, cumples. El llamado es a no ser ingrato. Si Dios te libró de esa enfermedad, de esa deuda, de ese enemigo que te amenazaba, trae tu ofrenda. No solo de dinero, sino de obediencia, de vida, de testimonio. Él es Temible para tus enemigos, pero es Salvador, proveedor para ti que eres manso. Qué reconfortante es saber que no estoy solo. El mismo Dios que en una noche acabó con 185,000 asirios, es el Dios que hoy ampara mi ciudad, mi casa y mi familia. Yo no tengo que pelear con mis fuerzas. Yo solo tengo que orar, y ver la mano maravillosa de Dios interviniendo. El enemigo puede ser cruel, grande y orgulloso. Pero basta una reprensión del Dios de Jacob, para que el carro y el caballo queden entorpecidos. Él sigue siendo el Dios temible que salva a los mansos de la tierra. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 76 #rpsp "Dios es conocido en Judá; en Israel es grande su nombre. En Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sion." (Salmos 76:1-2). Este Salmo es una acción de gracias por una victoria imposible. Es el canto de un pueblo que no tuvo que pelear, porque Dios peleó por ellos. La Septuaginta lo atribuye directamente a la invasión asiria. Y aunque no tuviéramos ese dato, el contexto es claro: es un salmo de liberación extraordinaria. 1. El contexto: Un enemigo que nadie podía detener. Los asirios fueron el imperio más cruel de la antigüedad. Su método era el terror. El mismo Senaquerib se jactaba así cuando destruía una ciudad: "Destruí, devasté y quemé la ciudad desde sus cimas hasta sus cimientos. Cavé canales y la inundé de una manera más destructiva que una tempestad. En los días venideros, ni los dioses de esa ciudad podrán ser recordados." Israel del Norte ya había caído bajo ellos. Judá estaba de rodillas. Las ciudades fortificadas habían sido tomadas. Ezequías intentó lo humano: negoció, pagó tributo con el oro del templo. Pero nada detuvo al orgulloso. Senaquerib mandó al Rabsaces a las puertas de Jerusalén a burlarse de Dios y del pueblo. La situación era desesperada. ¿Qué hizo Ezequías? Hizo lo único que podía hacer. Entró al templo, extendió la carta del enemigo delante de Jehová y oró. 2 Reyes 19:14-19. Y Dios respondió: "Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo." (2 Reyes 19:32-34) 2. La intervención de Dios quebró las armas sin que el pueblo levantará la mano: "Allí quebró las saetas del arco, el escudo, la espada y las armas de guerra. Selah." (Salmos 76:3). "Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza. Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; no hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes. A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron entorpecidos." (Salmos 76:4-6) La ironía divina. Jerusalén significa "Ciudad de Paz" - Salem. Y Dios hizo de Salem su cuartel. Desde Sion, su habitación, Dios quebró las armas. El pueblo no disparó una flecha. No levantó un escudo. Dios lo hizo todo. Esos "fuertes de corazón", esos soldados que eran la élite del mundo, que se jactaban de su crueldad, "durmieron su sueño". Es una forma poética y terrible de decir que murieron dormidos. 2 Reyes 19:35 nos da el dato histórico que explica la poesía del Salmo: "Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos." Un solo ángel. Una sola noche. 185,000 soldados muertos. El ejército más temido de la tierra quedó paralizado. "No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes". Lo que para Jerusalén fue una noche de oración, para Asiria fue una noche de juicio. Esto se hizo una noticia viral en el mundo antiguo. Todos supieron que en Judá hay un Dios que pelea por su pueblo. 3. El propósito un Dios temible que se levanta para salvar a sus mansos: "Tú, temible eres tú; ¿y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira? Desde los cielos hiciste oír juicio; la tierra tuvo temor y quedó suspensa. Cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar, para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah." (Salmos 76:7-9). Aquí está el corazón del salmo. El salmista no dice que Dios es solo amor. Dice que es Temible Nora נוֹרָא. La palabra hebrea significa que produce asombro reverente, que hace temblar. ¿Por qué se levanta este Dios temible? El verso 9 lo explica con una frase preciosa: "Para salvar a todos los mansos de la tierra". No salva a los fuertes, a los orgullosos, a los que negocian. Salva a los mansos, a los anavim, a los afligidos que no tienen más que su oración.

1. Anuncia y canta alabanzas al Dios de Jacob. Vive para exaltar a Dios. 2. Espera que Dios quebrante el poderío del pecador y exalte el poder del justo. A Dios sea la gloria siempre. "Pero el poder del justo será exaltado. En el hebreo original no dice "poder", dice cuerno. Es el versículo más poderoso de todo el Salmo: "Y todos los cuernos de los impíos cortaré; serán levantados en alto los cuernos del justo." ¿Qué es QEREN? En la Biblia nunca es solo un adorno, es un símbolo. Arma: el animal pelea y gana con sus cuernos. Deuteronomio 33:17. Fuerza y autoridad por eso a los reyes se les representa con cuernos. Daniel 7:24. Dignidad y victoria: cuando Job está derrotado dice "He arrojado mi cuerno en el polvo" Job 16:15. Perder el cuerno es perder la honra. Salvación: Lucas 1:69 "Y nos levantó un poderoso Salvador [un cuerno de salvación]". Cristo es nuestro cuerno. Cuando el orgulloso levanta su cuerno con arrogancia, Dios se lo corta. Salmos 75:4-5,10 "No alcéis vuestro cuerno con arrogancia... cortaré todo cuerno de los impíos" Por eso la imagen es completa: Mientras sigas sembrando orgullo, Dios mismo te cortará el cuerno y seguirás cosechando pérdidas. Pero si te humillas y honras a Dios, Él mismo te devolverá la fuerza, la dignidad, la autoridad y la victoria que el pecado te robó. El orgulloso cierra su corazón y se queda sin cuerno. El justo que da gracias verso 1 Dios le levanta el cuerno para que todos lo vean. No es tu jefe el que te va a exaltar. No es del oriente ni del occidente de donde viene tu ascenso. Es Dios el Juez. Si sigues con cerviz erguida, Él cortará tu cuerno. Pero si hoy te humillas, Él levantará en alto tu cuerno. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 75 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Mientras sigas sembrando orgullo, seguirás cosechando pérdidas. El pecado del orgullo es el pecado original del universo. Fue el pecado que transformó a Lucifer en Satanás. El primer pecado que se cometió no fue un asesinato ni un robo, fue un acto de soberbia. Satanás se negó a reconocer a Dios como su Señor. Se llenó de arrogancia y vanidad, tuvo un alto concepto de sí mismo y pensó que no había nadie mejor que él. Ese mismo virus entró en el corazón humano. Los dones y talentos que Dios nos dio tienen un propósito santo: ayudarnos a vivir mejor y servir a los demás. Pero el salmista nos muestra que, desafortunadamente, el ser humano se autodestruye cuando hace del “YO” el centro de su vida. 1. El justo vive para honrar a Dios, no para honrarse a sí mismo: "Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente." Salmos 75:1-2. Los hijos de Dios no vivimos quejándonos, vivimos agradeciendo. No ponemos nuestro nombre al frente, ponemos el Nombre de Dios cerca. ¿Por qué? Porque sabemos que Él es nuestro Creador y nuestro Juez justo. Él es quien juzga rectamente y a su tiempo. No nosotros.Cuando Dios es el centro, no hay ansiedad por defenderte. Tú agradeces y cuentas sus maravillas, y dejas que Él sea el Juez. 2. El orgulloso se arruina a sí mismo y arruina a otros: "Se arruinaban la tierra y cuantos en ella habitan; Yo sostengo sus columnas. Selah. Dije a los insensatos: No os infatuéis; Y a los impíos: No os enorgullezcáis; No hagáis alarde de vuestro poder; No habléis con cerviz erguida." Salmos 75:3-5. El orgulloso es aquel que tiene un concepto más alto de sí mismo del que debe tener. Confía en todo lo que hace y cree que no hay nadie mejor que él. Esa actitud siempre conduce a la ruina. El salmo dice: "Se arruinaban la tierra y sus moradores..." El orgullo no es un pecado privado. El soberbio se daña a sí mismo y daña a su familia, a su iglesia, a su trabajo. Por eso generalmente termina solo. El Espíritu de Profecía lo dice con claridad: "Cuando quiera que se entreguen al orgullo y la ambición, su vida se mancilla; porque el orgulloso, no sintiendo necesidad alguna, cierra su corazón a las bendiciones infinitas del cielo." Profetas y Reyes, pág. 4. El orgulloso no siente necesidad de Dios, y por eso cierra la puerta a la bendición. Dios nos prohibe dos cosas: a) "No hagáis alarde de vuestro poder" El poder no se aparenta, se ejerce. Es una herramienta otorgada por Dios para servir con humildad, diligencia y esfuerzo. ¿A quién no le gusta el poder? Ser el "jefe" o estar en la punta de la pirámide no nos convierte en poderosos, nos compromete a servir y servir eficazmente. El que alardea de su poder, demuestra que no lo tiene. b) "No habléis con cerviz erguida" La cerviz erguida es la del caballo que no quiere el freno, la del hombre que no quiere corrección. Creernos más de lo que somos nos impide avanzar, aprender y realizarnos al cien por ciento. El orgulloso no escucha consejo. 3. Dios es el juez que humilla al soberbio y exalta al justo: "Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece. Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, Lleno de mistura; y él derrama del mismo; Hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra. Pero yo siempre anunciaré Y cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, Pero el poder del justo será exaltado." Salmos 75:6-10. Aquí está el consuelo del salmo: El enaltecimiento no viene del jefe, ni de la palanca de oriente u occidente, ni del desierto. Viene de Dios. Mas Dios es el Juez. Él es el que humilla y Él es el que enaltece. No te exaltes tú. Deja que Dios lo haga a su tiempo. El cáliz en la mano de Jehová es para los impíos, los orgullosos. Tendrán que beber hasta el fondo las consecuencias de su soberbia. Pero el justo hace dos cosas:

Precioso salmo que nos invita a confiar plena y totalmente en Dios, no solol cuando todo está bien, sino precisamente cuando todo se ha derrumbado. Termina apelando al pacto: Mira al pacto, Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia”. “Mira el pacto” v.20. Le recuerda a Dios y apela a sus promesas. Porque el pacto de Dios es más fuerte que nuestra ruina. El consejo inspirado lo resume con una de las promesas más bellas de la Biblia: “El alma que se ha entregado a Cristo es más preciosa a sus ojos que el mundo entero. El Salvador habría pasado por la agonía del Calvario para que uno solo pudiera salvarse en su reino. Nunca abandona a un alma por la cual murió. A menos que sus seguidores escojan abandonarle, él los sostendrá siempre.” El Deseado de Todas las Gentes, pág. 446. “Nunca abandona a un alma por la cual murió”. Si hoy te sientes como Asaf, viendo tu templo en ruinas, preguntándole a Dios por qué ha escondido su mano, recuerda: Su mano no está escondida para abandonarte. Su mano te sostiene. Y esa mano traspasada por los clavos, nunca te dejará ir. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 74 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Todos experimentamos momentos en los que nos sentimos abandonados, desamparados y vulnerables. Son los momentos de dolor agudo, de sufrimiento inexplicable, de desesperación profunda. Es ahí cuando desde lo más hondo del alma le preguntamos a Dios: ¿Por qué me está pasando esto? ¿Por qué a mí? Este salmo es la oración de un corazón destrozado. Es la expresión de la triste experiencia de ver destruido el templo y la ciudad de Jerusalén. Probablemente escrito por Asaf después de la destrucción babilónica del año 586 a.C., aquí el salmista no teoriza, llora. Manifiesta el dolor y la desesperación de un pueblo que, en medio de circunstancias devastadoras, llega a pensar que Dios lo ha abandonado. Y es que la angustia y el dolor tienen ese efecto: nos hacen sentir que Dios se ha alejado. El salmo comienza con un grito que todos hemos sentido alguna vez: “¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?” Salmos 74:1. Observa el lenguaje. No dice “los judíos”, dice “las ovejas de tu prado”. Es un reclamo de pertenencia. Solo quien es oveja puede reclamarle al Pastor. Es un hijo que le reclama a su padre porque sabe que es su hijo. Y el dolor se hace más profundo en los versículos 9 al 11: “No vemos ya nuestras señales; no hay más profeta, ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo. ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre? ¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?” Hay tres niveles en este lamento: 1. Silencio profético: “No vemos ya nuestras señales”. Se acabaron las señales. No hay respuesta. El cielo parece cerrado. No sabemos hasta cuándo durará esta prueba. 2. Silencio divino: “¿Por qué retraes tu mano?”. La mano de Dios en la Biblia es la mano que actúa, que salva, que sostiene. La diestra es símbolo de poder y victoria. Ahora el salmista siente que esa mano poderosa está inactiva, escondida en el pecho, como quien no quiere actuar. 3. La burla del enemigo: No solo hay dolor, hay vergüenza. El enemigo no solo destruye, blasfema. Y eso duele más: que el nombre de Dios sea burlado por causa de nuestra calamidad. ¿No es esa nuestra experiencia a veces? Oramos y no vemos señales. Buscamos y no hay respuesta. Sentimos que Dios ha retraído su mano. Pero este salmo no se queda en el lamento. En el verso 12 ocurre el giro más importante de todo el salmo, donde la fe se impone sobre el sentimiento: “Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra.” Salmos 74:12. Esa conjunción “Pero” lo cambia todo. Aunque no vea señales, pero Dios es mi Rey. Aunque sienta su mano escondida, pero Él sigue obrando salvación. Fíjate que dice “es”, en presente. No dice “fue”. Aunque el templo esté en ruinas, el trono sigue intacto. Dios sigue siendo Rey. Y para sostener esa fe, el salmista hace lo que todo creyente debe hacer en la crisis: hace memoria histórica. Versos 13 al 17. Recuerda cómo Dios dividió el mar, quebrantó al Leviatán, hizo brotar fuentes, estableció el día y la noche. Su argumento es poderoso: El Dios que tuvo poder para crear el cosmos y para redimir a Israel en el Éxodo, ¿no tendrá poder para redimirme ahora en esta ruina? El que obró salvación “en medio de la tierra” en el pasado, puede obrar salvación en medio de mi tierra hoy. Dios nunca abandona a su pueblo. Siempre está actuando, aunque sea de formas que no alcanzamos a comprender en el momento. Como dijo el apóstol Pablo: “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” Romanos 8:28. No todas las cosas son buenas, pero todas obran para bien en las manos del Rey. Por eso el salmista, aunque no tiene respuesta a sus “¿por qué?” ni a sus “¿hasta cuándo?”, decide confiar. No tiene explicación, pero tiene a Dios. Y eso basta. Como bien dijo Miguel Mosquera: “Es mejor tener a Dios sin las respuestas, que tener las respuestas y no tener a Dios.”

SALMOS 72 #rpsp El salmo está compuesto por cinco estrofas que describen las características de un verdadero y buen gobernante. Con frecuencia el poder corrompe. Cuando los gobernantes quieren llegar al poder, su discurso promete justicia, misericordia, bondad y atención a los pobres. Lamentablemente, muchas veces no pasa de ser un discurso. Como decía Maquiavelo: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”. El rey bueno, el que Dios quiere, no debía aparentar, debía ser. 1. Un Rey que se distingue por actuar con justicia: “¡Concédele, oh Dios, al rey juzgar como tú, y concédele al hijo del rey tu justicia! ¡Concédele juzgar a tu pueblo con justicia, y con buen juicio a los afligidos de tu pueblo! ¡Que los montes brinden paz al pueblo, y las colinas ofrezcan justicia! Así el rey juzgará a los afligidos del pueblo…” (Salmos 72:1-4 RVC).Seis veces aparece en este salmo la idea de juzgar con justicia. Un buen gobernante no busca su propio beneficio, sino que juzga como Dios juzgaría, defendiendo sobre todo a los más vulnerables. 2. Un Rey que promueve una paz permanente: “Tu pueblo te temerá de generación en generación mientras el sol y la luna existan. Que sea el rey como la lluvia que cae sobre la hierba, y como el rocío que empapa la tierra. Que haya en sus días justicia y mucha paz, hasta que la luna deje de existir.” (Salmos 72:4-7 RVC).Su justicia no es pasajera ni violenta. Es refrescante y vivificante como la lluvia sobre tierra seca. Su gobierno trae una paz que no se acaba. 3. Un Rey con influencia universal: “Que su dominio se extienda de mar a mar, desde el gran río hasta los límites de la tierra. Que ante él se rindan los habitantes del desierto, y que sus enemigos muerdan el polvo. Que los reyes de Tarsis y de las costas le paguen tributo... Que todos los reyes se inclinen en su presencia, y que todas las naciones le sirvan.” (Salmos 72:8-11). Ningún rey humano logró esto. Salomón tuvo un reino grande, pero limitado. Esta profecía solo se cumple en Cristo, cuyo reino no tiene fronteras. 4. Un Rey que actúa con misericordia: “Que salve el rey al pobre que le pida ayuda, y al afligido que no tenga quien le socorra. Que se compadezca del pobre y del menesteroso, y que les salve la vida a los pobres. Que los salve del engaño y de la violencia, y que la sangre de ellos sea a sus ojos muy valiosa.” (Salmos 72:12-14 RVC).Aquí está el corazón del Rey. Para él, la vida del pobre y del olvidado es preciosa y valiosa. No los usa, los rescata. 5. Un Rey cuyo reino es próspero y bendito:“¡Que viva el rey! ¡Que reciba el oro de Sabá!...¡Que sea tan productivo como el monte Líbano, y que en la ciudad haya tanta gente como hierba hay en el campo! ¡Que su nombre sea siempre recordado! ¡Que su nombre permanezca mientras el sol exista! ¡Que todas las naciones sean bendecidas por él, y que lo llamen bienaventurado!” (Salmos 72:15-18). Un reinado justo trae abundancia, vida y bendición que alcanza a todas las naciones. Todas estas expectativas que ningún rey humano pudo cumplir a la perfección, se cumplieron plenamente en Jesús, el Hijo de David. Él es el Rey justo, pacífico, universal, misericordioso y eterno que tanto necesitamos. Y un día estaremos adorándole para siempre, como termina el salmo:“¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel! ¡Sólo el Señor hace maravillas! ¡Bendito sea por siempre su glorioso nombre! ¡Que toda la tierra sea llena de su gloria! ¡Amén y Amén!” (Salmos 72:18-19 RVC). Como hijos y herederos del Rey de reyes y Señor de señores, las cualidades de nuestro Señor Jesucristo deben ser parte de nosotros. Estamos llamados a actuar con justicia y misericordia, no de forma ocasional, sino como un estilo de vida permanente. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García. Acá el salmo 72

“Contar todas sus obras” es mucho más que hablar de Dios; es testificar. Implica dejar de quejarnos de lo que nos falta para empezar a proclamar lo que Él ya ha hecho. Es recordar y contar que Él nos sostuvo cuando nuestros pies casi resbalaron, que nos tomó de la mano derecha cuando estábamos amargados, que ha sido la Roca de nuestro corazón cuando todo desfallecía. No es un discurso aprendido, es un testimonio vivo. Cada creyente se convierte en un narrador de la gracia: en casa, en el trabajo, con el vecino. Esa es nuestra misión. Dios no nos salvó para vivir callados. Nos salvó para que otros, al escuchar lo que Él hizo en nosotros, también quieran acercarse. Acercarnos a Dios es el bien para nosotros; contar sus obras es el bien para otros. La verdadera felicidad no está en tener lo que otros tienen, sino en tener a Dios. Vivamos para exaltar a Dios y ayudar a otros a quitar su mirada de las cosas terrenales para ponerla en Él. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 73 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra La envidia es una de las emociones más destructivas del corazón humano. Todos la hemos sentido en algún momento. La Real Academia Española la define como: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Emulación, deseo de algo que no se posee”. Es dolorosa porque la mirada del envidioso nunca está en lo que tiene, sino en lo que otros tienen: sus triunfos, sus logros, sus habilidades. El Salmo 73 es el testimonio honesto de Asaf, un hombre que cayó en esa trampa y nos enseña cómo salir de ella. Es un salmo de estructura circular: comienza con la conclusión final para después mostrarnos todo el proceso que lo llevó a ella: “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón.” (Salmos 73:1). Esa es su conclusión. Pero para llegar ahí, tuvo que pasar por un desierto interior. 1. La envidia nos hace resbalar y tomar malas decisiones: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.” (Salmos 73:2-3). Satanás mismo cayó por envidia al querer ser como Dios. La envidia es la raíz de divisiones, familias destruidas y amistades rotas. Cuando dejamos de mirar a Dios para mirar al impío, nuestros pies comienzan a resbalar. Nos aleja del camino de Dios. 2. La envidia nos obliga a mirar la vida de otros con una lupa distorsionada: “Porque no tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero. No pasan trabajos como los otros mortales... Por tanto, la soberbia los corona... Logran con creces los antojos del corazón.” (Salmos 73:4-12). Asaf describe lo que todos hemos pensado alguna vez: “a los malos les va bien, viven sin problemas, sin preocupaciones”. La envidia exagera la prosperidad del otro y nos hace creer que su vida es perfecta, ignorando que su aparente paz no tiene un fundamento eterno. 3. La envidia nos impide valorar lo que sí tenemos en Dios: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas.” (Salmos 73:13-14). Este es el pensamiento más peligroso: “¿De qué sirve ser fiel?”. La envidia nos llena de pensamientos negativos y de autocompasión, nos hace creer que nuestra fidelidad a Dios no vale la pena, y nos impide ver todas las bendiciones que ya tenemos. 4. La envidia amarga el alma y nos embrutece: “Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti.” (Salmos 73:21-22). La envidia no solo duele, amarga. Nos vuelve irracionales, nos hace actuar como animales, sin entendimiento. Pero aun en esa condición, Asaf hace un descubrimiento maravilloso: “Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha.” (Salmos 73:23). ¡Aun cuando yo me alejé con mi envidia, Dios nunca me soltó! La Cura para la Envidia: Volver a poner la mirada en Dios. Asaf entró al santuario y allí entendió todo. Su perspectiva cambió cuando dejó de mirar al hombre y volvió a mirar a Dios: “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Salmos 73:24-26). La cura no es tener más, es desear a Dios por encima de todo. Cuando Él es nuestra porción, nada nos falta. Asaf concluye con dos destinos contrastantes: “Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.” (Salmos 73:27). Ese es el fin de la envidia: destrucción. “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras.” (Salmos 73:28). Esa es la decisión que sana el corazón.

SERMÓN IMPACTO ESPERANZA 2026 MES.pdf

SALMOS 71 #rpsp Este salmo no menciona a su autor, aunque la mayoría se lo atribuyen a David por varias semejanzas que hay con otros salmos que él escribió. Es una preciosa oración para iniciar cada día. 1. Inicia el día refugiándose en Dios: “En ti, oh Jehová, me he refugiado; No sea yo avergonzado jamás. Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina tu oído y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porq ue tú eres mi roca y mi fortaleza.” (Salmos 71:1-3). “En ti, oh Jehová, me he refugiado…” Comenzar el día con esa seguridad de que confiamos en Dios y solamente en él. 2. Inicia el día no deseando andar en camino de pecadores: “Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento. Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza.” (Salmos 71:4-6). 3. Inicia el día con la decisión de testificar de Dios: “Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabe, no me desampares…” (Salmos 71:7-9). 4. Inicia el día suplicando que la presencia y la protección de Dios sea permanente: “Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro…” (Salmos 71:11-12). 5. Inicia el día con la decisión de esperar, alabar y testificar del amor y la dirección de Dios siempre: “Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más. Mi boca publicará tu justicia Y tus hechos de salvación todo el día, Aunque no sé su número. Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola. Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir…” (Salmos 71:13-19). 6. Inicia el día con la certidumbre plena de que todo lo que acontezca será para nuestro bien y que si sufrimos aquí reinaremos allí: “Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú? Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme… Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, Y mi alma, la cual redimiste.” (Salmos 71:14-24). La convicción de que algún día estaremos ante la maravillosa presencia de Dios para siempre, es un bálsamo para enfrentar las dificultades, desafíos de la vida cotidiana. El consejo inspirado nos dice: “Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: “Tómame, ¡oh Señor! Como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti”. Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicaré su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez mas semejante a la de Cristo.” El Camino a Cristo, pág.,69. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 70 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra "Oh Dios, acude a librarme; apresúrate, oh Dios, a socorrerme." Salmos 70:1 El Salmo 70 es el mismo clamor de Salmos 40:13-17, pero en un momento diferente. Y eso ya es una lección. La vida de David fue así: apenas salía de un problema y ya estaba entrando en otro. Si el Salmo 40 fue escrito en gratitud después de ser liberado, el Salmo 70 es el grito urgente cuando el peligro vuelve. La misma oración sirve para dos estaciones diferentes, porque el creyente nunca deja de necesitar a Dios. Este Salmo es breve solo 5 versículos, pero es una oración de emergencia. Es el "¡911 del alma!" 1. La oración urgente del afligido: "Oh Dios, acude a librarme; apresúrate, oh Dios, a socorrerme... Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida... Los que dicen: ¡Ah! ¡Ah!". Salmos 70:1-3. David no está haciendo una oración bonita. Está en peligro de muerte. Hay tres marcas de su angustia: La urgencia: Repite dos veces "Apresúrate". En hebreo es jushá. No es "cuando puedas, Señor". Es "¡Ahora, Señor!" La humillación: Sus enemigos lo buscan para matarlo, le desean el mal y se burlan. Ese "¡Ah! ¡Ah!" es la burla sarcástica de quien ya te ve derrotado. La impotencia: Los siente tan cerca, a punto de agarrarlo, que su única defensa es gritar: "¡Sean vueltos atrás!" ¿Te has sentido así? Cuando el problema ya te alcanzó, cuando la burla duele más que el golpe, cuando no tienes tiempo para un sermón largo, solo para un grito: "¡Dios, apresúrate!" Dios no se ofende con las oraciones cortas y urgentes. Las escucha. 2. En medio del peligro, recuerda tu propósito: "Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios." Salmos 70:4. De pronto, en medio de su pánico, David cambia de enfoque. Deja de mirar a los impíos que lo acosan y mira a los justos. ¡Qué contraste! David está afligido, pero no deja de tener clara la razón de su existencia. Como José en Egipto, que en medio de la cárcel no olvidó que estaba allí para preservar vida y glorificar a Dios, David sabe que el propósito del creyente, aun en la peor circunstancia, es engrandecer a Dios. No dice "digan a veces" o "cuando todo esté bien". Dice "Y digan SIEMPRE". En todo momento y bajo cualquier circunstancia, nuestro llamado es poner en alto el nombre de nuestro Dios. Encontramos este consejo especial: "Es el propósito de Dios manifestar por su pueblo los principios de su reino. Para que en su vida y carácter ellos revelen estos principios, desea él separarlos de las costumbres, hábitos y prácticas del mundo. Trata de atraerlos a sí, a fin de poder hacerles conocer su voluntad." Testimonios Selectos, Tomo 4, p. 272. Tu prueba es una plataforma para engrandecer a Dios. Que otros vean que, aun con agua hasta el cuello, tú sigues diciendo: "¡Engrandecido sea Dios!" 3. La clave: Afligido, pero confiado: "Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas." Salmos 70:5. El Salmo termina como empezó, pero con una confesión de fe. David no niega su realidad: "Estoy afligido y menesteroso". Ser creyente no es negar el dolor. Pero tampoco se queda allí. En la misma frase declara: "Ayuda mía y mi libertador eres tú". Estoy afligido, pero Tú eres mi ayuda. Estoy en peligro, pero Tú eres mi libertador. Esta es la oración que puedes hacer hoy si el tiempo se te acaba, si la angustia te persigue, si sientes la burla del enemigo. No necesitas palabras elocuentes. Solo di con David: "Oh Dios, apresúrate a socorrerme. Yo estoy afligido, pero Tú eres mi ayuda. ¡No te detengas!" Dios te bendiga abundantemente. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 69 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra "Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma." Salmos 69:1 No hay un Salmo citado más veces en el Nuevo Testamento que el Salmo 69. Si el Salmo 45 nos presenta a Cristo como Rey sobre lirios, el Salmo 69 nos lo presenta sobre los mismos lirios, pero como el Inocente que sufre. Es un Salmo profundamente mesiánico. David escribe de su dolor, pero el Espíritu Santo está describiendo a Jesús en la cruz. 1. Jesús se hundió para que tú no te hundas: “Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie... Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido... Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa... ¿He de pagar lo que no robé?". Salmos 69:2-4. Este Salmo es el retrato de Cristo tomando nuestro lugar:¿Te has sentido así? Con el agua hasta el cuello. Hundiéndote. Cansado de orar. Con la garganta ronca de tanto clamar. Inocente pero acusado. Así se sintió Jesús. Y todo lo que dice aquí se cumplió literalmente en Él: • Su celo: "Me consumió el celo de tu casa" v.9. Juan 2:17 lo cita cuando Jesús limpia el templo. • Su rechazo:"Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre" v.8. Sus propios hermanos no creían en Él. • Sus insultos: "Los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí" v.9. Romanos 15:3 dice que esto lo sufrió Cristo por nosotros. • Su soledad en la cruz: "Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo... Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre." v.20-21. Mateo 27:34, 48. La última sed de Jesús. Él escogió ser avergonzado, para que tú no seas avergonzado. Llevó nuestras cargas, aceptó el rechazo, el escarnio le quebrantó el corazón, para que en lugar de tristeza tengas gozo, en lugar de desesperación tengas esperanza. El plan de salvación no fue improvisado. Fue trazado en la eternidad. Jesús sabía que tendría que pagar lo que no robó. 2. De la angustia a la esperanza. Busca a Dios y viviras: "Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros." v.32-33. El Salmo hace un giro dramático. Del lamento pasa a la alabanza. Porque el sufrimiento de Cristo no terminó en la cruz, terminó en salvación para nosotros. Esta es la invitación de hoy. No sigas luchando con tus fuerzas, porque te hundirás más. El agua te seguirá subiendo hasta el cuello si intentas salir solo del cieno del pecado, de la angustia y la depresión.Lo único que necesitas es hacer lo que Cristo ya hizo por ti: Entrégale todas tus cargas. Elena White describe lo que pasa en la vida de aquel que se refugia en Cristo: "Cuando por el arrepentimiento y la fe aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, el Señor perdona nuestros pecados y nos libra de la penalidad prescrita para la transgresión de la ley. El pecador aparece delante de Dios como una persona justa; goza del favor del cielo, y por el Espíritu tiene comunión con el Padre y con el Hijo." Mensajes Selectos, Tomo 3, p. 217._ Él te comprende totalmente, porque Él estuvo allí, con el agua hasta el cuello por ti, por nosotros. Por eso hoy puedes acercarte confiadamente: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." Hebreos 4:16. Si hoy estás hundido, recuerda que Jesús se hundió primero para rescatarte. No te quedes en el lodo. "Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón." Con convicción, refúgiate hoy en su gracia. Ptr. Martin Olvera García.