Mensajero De Esperanza
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Apocalipsis 22:12 12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
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En otras palabras: "Señor, yo ya vi los dos caminos. El del impío termina derribado, sin poder levantarse. Yo quiero el otro. Extiende, sigue extendiendo sobre mí esa misericordia que llega hasta los cielos. Que el orgullo no me saque de debajo de tus alas."
Todos empezamos como el hombre del verso 1, sin temor. Pero basta una mirada a la misericordia para que todo cambie. Como dijo Elena White:
"Los hombres y las mujeres no serían por más tiempo esclavos del pecado si tan sólo se volvieran de las atracciones seductoras y engañosas de Satanás y miraran a Jesús por un tiempo suficiente como para ver y entender su amor. Se formarían nuevos hábitos, y las fuertes propensiones hacia el mal serían tenidas a raya. Nuestro Líder es un vencedor y nos guía a una victoria segura." Ser Semejante a Jesús, p. 329.
¿En dónde estás viviendo hoy? ¿En la cama del impío, meditando maldad? ¿O bajo la sombra de sus alas, saciado del torrente de sus delicias?
Hoy Dios te dice: Conmigo está el manantial de la vida. Ven y bebe.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 36 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
En el Salmo 36 David nos pone frente a dos mundos. Dos corazones. No hay término medio. De un lado, el hombre que vive sin Dios. Del otro, el Dios que vive para salvar al hombre. La diferencia no es la educación, no es la cultura, es quién habita en el corazón.
I. El retrato más triste: El corazón sin temor de Dios
"La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien. Medita maldad sobre su cama; está en camino no bueno, el mal no aborrece." (Salmos 36:1-4).
David no está describiendo a un asesino. Está describiendo a un religioso vacío. A alguien que conoció a Dios y lo sacó de su vista.
Cinco características del corazón sin temor de Dios:
1. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Lo quitó de su vista. Ya no le importa lo que Dios piense. Dios no es su auditorio.
2. Se autoengaña."Se lisonjea en sus propios ojos". Se dice: "No es tan malo", "Dios entiende", "Nadie se va a dar cuenta". Cree que su maldad no será hallada.
3. Dejó de ser cuerdo. "Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien". El pecado te hace necio. Pierdes el juicio. Sabes que te hace daño y sigues.
4.Vive en fraude."Las palabras de su boca son iniquidad y fraude". Habla mentira. Promete y no cumple. Ya no habla verdad.
5.Duerme con la maldad. "Medita maldad sobre su cama". Lo más triste. Aun en la cama, donde debería descansar, está planeando el mal del día siguiente. "El mal no aborrece". Ya no le da asco el pecado. Lo abraza.
¿Y por qué llega el hombre hasta aquí? Por una sola razón: No cree en la misericordia de Dios. Cree que Dios es duro, que no perdona, que lo va a castigar, entonces se aleja. El que no conoce la misericordia, termina amando la maldad.
II. El giro de 180 grados: "Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios, abismo grande. Oh Jehová, al hombre y al animal conservas." (Salmos 35:5-9). De repente, David deja de hablar del impío. Es como si dijera: "Ya me cansé de ver el abismo del hombre, ahora voy a ver la inmensidad de mi Dios".
¡Qué contraste! El corazón del impío es un hoyo pequeño, oscuro y maloliente. La misericordia de Dios llega hasta los cielos. El impío es infiel y fraudulento. La fidelidad de Dios alcanza hasta las nubes, nadie la puede medir. El impío tuerce la justicia. La justicia de Dios es como los montes de Dios, firme, inamovible, eterna.
David descubre que mientras el pecado del hombre es profundo, la misericordia de Dios es más alta. Y entonces escribe uno de los textos más hermosos de toda la Biblia:
"¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz." (Salmos 36:7-9).
El que conoce la misericordia no huye de Dios, ¡corre hacia Él! Se ampara bajo sus alas como polluelo bajo su madre. Dios no solo te perdona, te sacia. No te da gotas, te da un torrente de delicias. No te da una lámpara, te da el manantial mismo de la vida. Y cuando entras en su luz, por fin ves la luz. Entiendes todo. Esa es la diferencia: El impío busca delicias en su cama meditando maldad. El hijo de Dios es saciado con delicias en la casa de su Padre.
III. La oración final: Señor, que tu misericordia no me deje: "Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón. No venga pie de soberbia contra mí, y mano de impíos no me mueva. Allí cayeron los hacedores de iniquidad; fueron derribados, y no podrán levantarse." (Salmos 36:10-12).
Y cierra no pidiendo muerte, sino pidiendo alabanza: "Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día." (Salmos 35:27-28).
Un líder herido termina de dos maneras: amargado hablando de su dolor todo el día, o sanado hablando de la justicia de Dios todo el día. David escogío lo segundo.
Para reflexionar hoy
¿Estás tratando de defenderte solo? Deja el caso en manos del Abogado que nunca pierde.
¿Te devolvieron mal por bien? Tú hiciste lo correcto. Dios vio tu cilicio y tu ayuno por ellos. Él no lo olvida.
¿Tu enemigo te ataca "sin causa"? Entonces tu causa es justa. Y si tu causa es justa, Dios mismo se levantará a pelear por ti.
Deja de hablar todo el día de quien te hirió. Esa historia no te sana, te amarga. Empieza a hablar todo el día de quien te defiende. Esa historia te levanta, te vindica y te devuelve el canto.
Un líder herido tiene dos caminos:
1. Hablar de su enemigo todo el día y terminar amargado.
2. Hablar de la justicia de Dios todo el día y terminar adorando. David eligió el segundo. ¿Cuál eliges tú hoy?
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 35 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
El Salmo 35 es incomodo de leer. A primera vista parece venganza pura. Pero no lo es. Es el clamor de un hombre de carne y hueso, con pasiones como las nuestras, que decide no tomar la justicia en su mano y le entrega el caso completo a Dios. David podía vengarse. Tenía ejército, tenía derecho a defenderse. Saúl lo perseguía sin causa, lo calumniaba, le había devuelto mal por bien. Pero David no levanta la espada contra el ungido de Dios. Levanta su oración. Y eso es lo que hace un líder valiente: no se defiende, deja que Dios lo defienda.
1. Un amigo que pelea por ti: "Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores..." (Salmos 35:1-8).
No es que David le esté dando órdenes a Dios. Es fascinante que Dios nos permita hablarle así. Como le dijo Elena White: "Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo" Camino a Cristo, p. 93.
David usa lenguaje de guerrero porque se siente en guerra. Y le pide a Dios que sea su abogado: "Disputa". Que sea su soldado: "Pelea". Que sea su escolta: "Levántate en mi ayuda".
"Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida... Sean como el tamo delante del viento, y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel de Jehová los persiga."
En el Salmo 34 vimos: "El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende". Hoy David pide la otra cara de la misma moneda: Si el ángel acampa para defenderme, que ese mismo ángel se levante para perseguir al que me quiere destruir sin causa.
No es odio, es justicia. "Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo". David no pide castigo por capricho, pide que la trampa que ellos pusieron, los atrape a ellos.
2. Un corazón que quiere volver a cantar: "Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja…?" (Salmos 35:9-12). David está cansado de huir. No quiere venganza, quiere paz. Quiere volver a alegrarse. "Todos mis huesos dirán" - no solo su boca, todo su ser quiere alabar, pero la injusticia no lo deja.
Este es el dolor más profundo del líder: “Que te levanten testigos falsos, que te pregunten de lo que no sabes, que te devuelvan mal por bien para afligir tu alma”. (Salmos 35:11-12).
Si hoy te están pagando mal por bien, David te entiende. Pero no te detengas en la herida, proclama: ¿Quién como tú, Jehová?
3. La prueba de que no es venganza: David lloró por ellos: "Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba." (Salmos 35:13-16). Aquí se cae la idea de que David era vengativo.
David no se está justificando, está mostrando su corazón. Cuando ellos estuvieron mal, él ayunó por ellos. Los trató como hermanos.
"Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban sin descanso." (Salmos 35:15-16).
Eso es lo que duele: la ingratitud. Que se alegren cuando caes. Que se junten para despedazarte. David dice con honestidad: "Yo no lo entendía". Qué difícil es actuar con mansedumbre cuando te calumnian, te menosprecian, se burlan de ti con sarcasmo. Por eso este salmo es tan humano y tan necesario.
4. El clamor final. Que Dios vea y defienda mi justa causa: "Señor, ¿hasta cuándo verás esto?... No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos..." (Salmos 35:17-28).
Esa frase es la clave de todo el Salmo: "Los que sin causa son mis enemigos". David no dice "todos mis enemigos". Dice los que me aborrecen sin motivo. Él solo pide que Dios defienda su justa causa.
Este es el cierre extraordinario. Dios no promete que el justo no tendrá aflicciones. Dice: "Muchas son". El evangelio no es ausencia de problemas, es presencia de Dios en los problemas. Pero la promesa es más grande que la aflicción: "De todas ellas le librará". Sus ojos están sobre ti, sus oídos atentos a tu clamor, y Él está cercano cuando tu corazón está quebrantado.
Y termina con el evangelio completo: "Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían". (Salmos 34:22)
David fortaleció su convicción de que Dios tenía un plan para él. Ese hombre de la cueva llegó a ser rey, un hombre conforme al corazón de Dios. Y sus 400 afligidos llegaron a ser "los valientes de David", porque creyeron que Dios los libraría de todas sus angustias.
Para reflexionar hoy:
¿Estoy buscando al Señor o solo hablando de mis temores?
¿Doblo mis rodillas ante Él antes de tomar decisiones?
¿Vivo lleno de temores o estoy confiando en la seguridad de Su campamento alrededor de mí?
¿Estoy comprometido en enseñar a otros el temor de Dios con mi vida y mi boca?
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 34 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Cuando el valiente también tiene miedo
El salmo de hoy es simplemente extraordinario. David no lo escribió en el palacio, lo hizo en la cueva de Adulam, rodeado de 400 hombres endeudados, afligidos y amargados de espíritu, que después serían sus guerreros esforzados y valientes.
David alaba a Dios y, al mismo tiempo, los entrena para confiar en Él. Porque a lo largo de la vida todos enfrentamos retos que parecen imposibles de superar: una crisis financiera, la pérdida de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad, un divorcio.
En este salmo encontramos el manual de supervivencia del valiente.
1. La decisión del valiente. Alabar en todo tiempo: "Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre." (Salmos 34:1-3).
Con determinación, David declara: Nada ni nadie me impedirá alabar. No dice "bendeciré cuando todo esté bien", dice "en todo tiempo". La alabanza no es una reacción a las circunstancias, es una decisión del corazón. David, el líder, no alaba solo invita a sus soldados: "Engrandeced a Jehová conmigo". El pastor valiente no llora solo su angustia, enseña a su gente a alabar en medio de ella.
2. El secreto del valiente. Cambiar el temor por la oración: "Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias." (Salmos 34:4-6). El temor puede convertirse en nuestro peor enemigo. Y David es honesto: "Me libró de todos mis temores". Aun los más valientes llegan a tener miedo. La diferencia no es no tener temor, es qué haces con tu temor.
David nos deja el camino: “Busqué, miré, clamé”. Tres verbos de un corazón quebrantado. Si hoy hay temor y angustia en tu vida, recuerda: Dios no te pide que seas de acero, te pide que clames. El pobre clamó y Jehová lo oyó. Un clamor sincero hace más que mil estrategias.
3. La protección del valiente. "El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende." (Salmos 34:7-10). ¡Qué versículo para un guerrero! David, que está rodeado de enemigos, dice que él está rodeado por Dios. Tres palabras poderosas: "Acampa, Alrededor, Defiende".
No es una visita rápida, es un campamento permanente. No es de un lado, es alrededor, 360 grados. Y no solo observa, defiende. Dios libra a David de todos sus temores humanos, para dejarle un solo temor: el temor de Dios. Cuando temes a Dios, ya no tienes que temer a nada más.
4. La escuela del valiente. Enseñar el temor de Jehová: "Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela." (Salmos 34:11-14). Aquí David se vuelve pastor. Ya no es guerrero, es maestro. Sus 400 hombres no solo necesitan espadas, necesitan principios.
Usa el mejor método: pregunta y respuesta: “Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela.” (Salmos 34:12-14).
"¿Quién desea vida?" Todos queremos vida. Bueno, la vida larga y buena no se consigue peleando, se consigue temiendo a Jehová. ¿Y cómo se ve el temor de Dios en la práctica?
• En la boca: Guarda tu lengua del mal.
• En la conducta: Apártate del mal y haz el bien.
• En las relaciones: Busca la paz y síguela.
5. La promesa final para el valiente: De todas te librará: "Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos... Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová." (Salmos 34:15-22).
Esta es la culminación de la alabanza: una entrega total. La alabanza que ofrecemos a Dios debe ser siempre de corazón sincero, por amor y gratitud, manifestando nuestro deseo de vivir solo para honrarle a Él. No esperamos en un hombre, esperamos en Jehová. Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Por eso nuestro corazón se alegra, porque hemos confiado en su Santo Nombre. Y nuestra oración final es: "Sea tu misericordia sobre nosotros, según esperamos en ti".
Que nuestra vida entera sea un Salmo 33 cantado con integridad.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 33 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
El Salmo 33 es un himno de alabanza al Señor. Él es Creador, Soberano y Fiel, y manifiesta que está en control, gobernando con sabiduría, justicia y amor. Aunque el Salmo no menciona autor, podemos inferir que es de David y es la continuación natural del Salmo 32. El Salmo 32 termina diciendo: "Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado" (Sal. 32:1). Y el Salmo 33 inicia diciendo: "Alegraos, oh justos". Solo el que ha sido perdonado, el que se ha apartado del mal, puede experimentar esta alegría verdadera.
Jesús nos recordó que la verdadera alabanza tiene que ver con el corazón, no solo con expresiones físicas: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí" (Mateo 15:8). Para alabar sinceramente a Dios y expresar gratitud con alegría, primero debemos estar bien con Dios.
1. La alabanza del justo es hermosa y excelente: "Alegraos, oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo." (Salmos 33:1-3).
Dios no pide cualquier alabanza, pide una alabanza hermosa, y esa solo puede venir de un justo y de un íntegro. La vida del que alaba debe ser congruente en todo lugar. Se alaba a Dios en el templo y fuera del templo.
El salmista dice: "Hacedlo bien". Alabar no es solo cantar, es agradecer todas las bondades de Dios con una vida que sea una alabanza permanente. Para eso se necesita un corazón justo e íntegro, digno de alabar a Dios.
Esto es posible: Cristo Jesús nos declara justos, y el Espíritu Santo obra en cada creyente la santificación constante para hacernos íntegros delante de Dios. La verdadera adoración con alegría y devoción solo viene de aquel que atesora, confía y obedece la Palabra de Dios.
2. Alabamos porque Su Palabra es poderosa y fiel: "Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama justicia y juicio; de la misericordia de Jehová está llena la tierra. Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca... Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió." (Salmos 33:4-6). Con Su palabra, el Señor hizo los cielos; todo lo creado lo hizo con un soplo de su boca. Su palabra es recta, su obra es fiel. Él ama lo justo y lo recto, y su misericordia llena la tierra.
El salmista nos lleva a una conclusión bendita: "Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí" (v.12). Aceptar que Jehová es nuestro Dios implica refugiarnos en Él, someternos a Él para andar en sus caminos y obedecer sus mandamientos. ¡Qué privilegio ser su heredad!
3. Alabamos porque solo Él puede salvarnos:"Jehová hace nulo el consejo de las naciones... El rey no se salva por la multitud del ejército, ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; la grandeza de su fuerza a nadie podrá librar. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre." Salmos 33:10-19.
Alabamos a Dios porque solo Él puede transformar nuestra vida, solo Él puede salvar. Dios anula los planes humanos cuando se oponen a su propósito, pero su consejo permanece para siempre. De nada sirve la fuerza humana, el ejército numeroso o el caballo de guerra. La salvación no viene de los recursos. Viene del ojo de Jehová que está sobre los que le temen y esperan en su misericordia. Él libra de la muerte y da vida aun en tiempo de hambre.
4. Alabamos esperando en Él con todo el corazón:"Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, según esperamos en ti." Salmos 33:20-22.
Dios quiere hacer de ti un hombre y una mujer plenamente dichoso hoy: "La verdadera confesión es siempre de carácter específico y declara pecados particulares... Toda confesión debe ser definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seáis culpables." Dios nos Cuida, p. 80.
Confesemos hoy con corazón sincero nuestras faltas. La felicidad nos espera.
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García
SALMO 32 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
El peso de callar y la alegria de confesar
Salmo de David, Masquil. Masquil significa "instrucción, poema didáctico para enseñar con sabiduría". No es solo un canto, es una clase magistral sobre el perdón. Pablo lo cita en Romanos 4:7-8 como prueba de la justificación por la fe. Escrito después del pecado con Betsabé y el asesinato de Urías (2 Samuel 11-12). David pasó casi un año callando su pecado hasta que Natán lo confrontó. Este salmo es gemelo del Salmo 51, pero con un enfoque distinto: el 51 es la oración de arrepentimiento, el 32 es el testimonio del perdonado.
No hay felicidad más grande que saber que nuestros pecados han sido perdonados. Y no hay desdicha más grande que vivir encubriéndolos. El pecado derrumba, destruye, produce miedo, angustia y hasta enferma el cuerpo. Pero el perdón es la medicina que cura el corazón.
“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.” (Salmos 32:1-2).
La palabra Bienaventurado significa "extremadamente, doblemente feliz". Y David la repite dos veces a propósito. No es feliz el que tiene más, sino aquel a quien Dios le ha perdonado. Y añade una condición clave: "En cuyo espíritu no hay engaño". Es decir, una persona sincera, sin máscaras, que no se justifica, sino que se arrepiente de corazón.
1. El peso de calllar: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah”. (Salmos 32:3-4). Callar el pecado no lo borra, lo encarna. El silencio culpable se vuelve una carga pesada que el cuerpo delata: insomnio, angustia, rostro apagado, enfermedad. Lo que no confiesas con la boca, lo confiesa tu salud. La confesión no te enferma, te sana. Cuando abres el corazón a Dios, tu cuerpo y tu imagen respiran de nuevo.
El Espíritu Santo nos redarguye y Su mano pesa, no para destruirnos, sino para llevarnos a la confesión. Encubrir el pecado es cargar un cadáver en la espalda.
2. La liberación al confesar: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” (Salmos 32:5).
Aquí está el milagro. En cuanto David abrió su boca, Dios abrió Su mano. No dice "tú me castigaste", dice "tú perdonaste". En el instante que hay confesión sincera, hay perdón total. Dios no perdona a medias; Él cubre, borra y olvida.
3. El resultado de ser perdonado. Cuando Dios perdona, la relación se restaura: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado... Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Selah... Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. (Salmos 32:6-8).
El perdonado ya no huye de Dios, corre hacia Él. Ya no es un acusado, es un hijo guiado. Dios pasa de ser Juez a ser refugio, maestro y guía.
4. La decisión final: “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno... Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”. (Salmos 32:9-11).
Dios nos llama a venir voluntariamente, no a la fuerza. El caballo y el mulo necesitan dolor para obedecer. El hijo perdonado obedece por amor. Vivir perdonado es vivir rodeado de misericordia, con paz y con un canto nuevo.
El mundo ofrece 3 formas falsas de lidiar con la culpa: Negarla, compararla ("yo no soy tan malo") o compensarla con buenas obras. David nos da la única que funciona: Confesarla y ser perdonados por Dios.
f. Implica creer que Dios me esconde en lo secreto de su presencia: “En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre.” (v.20). Ninguna conspiración, ninguna lengua mentirosa puede tocar a un hijo que está escondido en Cristo.
g. Implica inspirar a otros a no rendirse:
David termina no pensando en él, sino en nosotros:“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmos 31:24).
Un viejo himno dice: “Proclamo hoy que soy cristiano, jamás su nombre negaré. Proclamo hoy que soy cristiano; con Jesucristo doquiera iré...” Hoy el mundo y el enemigo necesitan escuchar tu declaración. No murmures tu confianza. ¡Proclámala! Con poder vive este día declarando: En Ti he confiado, oh Jehová.
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 31 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Todos los salmos que hemos visto son de David, pero este tiene un título especial: "Declaración de confianza". Y una declaración no se hace en voz baja ni con dudas. Se hace en público, frente a un juez, frente al enemigo, con la plena seguridad de que lo que se dice es verdad.
Este salmo fue escrito por David en uno de sus peores momentos: perseguido, calumniado, enfermo, agotado y atrapado. Es un salmo para el final del conflicto de los siglos, cuando el enemigo nos ataca ferozmente.
1. ¿Dónde corres cuando todo se derrumba? “En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme... Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.” (Salmos 31:1-5). Satanás disfruta viendo a los hijos de Dios atrapados en la red.
Preguntémonos con sinceridad: ¿Qué haces cuando tus planes se vienen abajo? ¿Cuándo pierdes lo que tanto te costó? ¿Cuándo tu matrimonio se destruye? ¿Cuándo todos te abandonan? ¿Te vuelves un hipócrita más para sobrevivir, o te mantienes del lado de Dios? David corrió a su Roca. Y desde esa Roca hizo su declaración. Jesús mismo usó estas palabras en la cruz: "En tu mano encomiendo mi espíritu" (Lucas 23:46). ¡Qué mejor refugio!
2. Una confianza que reconoce su necesidad. David no era un superhéroe. En medio del huracán, reconoce su condición: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor... Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.” (Salmos 31:9-10). La verdadera declaración de confianza no niega el dolor ni esconde el pecado. Dice: "Estoy angustiado, estoy triste, he pecado, pero aun así, confío en Ti".
¿Te has sentido alguna vez como un vaso roto? David lo sintió: “He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado” (Salmos 31:12). Un vaso quebrado ya no sirve, se tira, se olvida. Así nos hace sentir el enemigo en la crisis: inútiles, olvidados incluso por Dios, como si nuestro nombre se hubiera borrado de su corazón.
Pero esa es la mentira más grande del enemigo. Dios nunca olvida a un vaso quebrado; Él es el Alfarero. Él no tira los pedazos, los recoge, los restaura y les da un nuevo propósito. SI te sientes como un vaso quebrado ese no es tu final, es el lugar donde comienza tu restauración. Dios no desecha a nadie por sus defectos. Hay esperanza para todos. Él ve en cada vaso quebrado y aparentemente inútil, las posibilidades de restauración. Su amor es más fuerte que nuestra debilidad.
3. ¿Qué implica una declaración de confianza en Dios?
a. Implica creer que mi vida está en sus manos, no en las del enemigo: “En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos.” (v.15). Mis tiempos de alegría y de tristeza, de salud y de enfermedad, están en su mano. No en la mano de la circunstancia.
b. Implica creer en su amor y misericordia, no en mi mérito: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.” (v.16). No le pido que me salve porque soy bueno, sino porque Él es misericordioso
c. Implica tener la convicción de que Dios nunca avergonzará a sus hijos: “No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado.” (v.17). Satanás señala, acusa y avergüenza. Dios perdona, limpia y cubre.
d. Implica dejar el juicio en manos de Dios: “Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio.” (v.18). No tengo que defenderme. Dios es mi mejor abogado y el Juez justo.
e. Implica alabar en público la bondad de Dios: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen!” (v.19). La confianza que se calla, se muere. La confianza que testifica, crece.
No es un don de algunos, es el deber de todo el que ha sido sanado, levantado y ceñido de alegría: “El evangelio de Cristo es expansivo y agresivo. Se lo describe como la sal de la tierra, como la levadura transformadora, como la luz que alumbra en lugar oscuro. Es imposible que alguien retenga el amor y el favor de Dios, y disfrute de comunión con él, y no sienta responsabilidad por las almas por las cuales Cristo murió, quienes se encuentran en el error y las tinieblas y perecen en sus pecados”. Cada Día con Dios, pág., 211.
Un reto simple para hoy. Testifiquemos hoy con UNA persona. No necesitamos un sermón. Usa la fórmula de David en 3 frases:
• Dónde estaba:"Yo también estuve en el pozo, sin paz..."
• Qué hizo Dios:"Clamé y Él me sanó / me levantó..."
• Qué hago ahora: "Hoy tengo paz y quiero que tú también la tengas. ¿Puedo orar por ti?"
No compliquemos el evangelismo. Un corazón agradecido es el mejor sermón. Hoy el púlpito más grande no está en la iglesia, está en tu mano. David decía: "no estaré callado". Hoy eso también significa: no dejaré mis redes en silencio. Si el enemigo usa las redes para deprimir, para vender vanidad, ¿por qué no usarlas nosotros para levantar y dar esperanza?
3 formas simples de testificar hoy en tus redes:
1. Testifica con tu ESTADO DE WHATSAPP / HISTORIA. No subas solo frases. Sube tu testimonio de 15 segundos: "Hoy Dios cambió mi lamento en baile (Sal 30:11). Ayer estaba angustiado, clamé y me dio paz. Él puede hacerlo contigo también."
2. Testifica con lo que COMPARTES. Antes de compartir un meme, pregúntate: ¿Esto da gloria o distrae de la gloria? Una imagen con un versículo tuyo vale más que 100 reenvíos. Comparte el versículo de hoy del Salmo 30 con tu propia letra.
3. Testifica con un COMENTARIO. No discutas. Bendice. Cuando veas a alguien triste en Facebook, no le des "like". Escríbele: "Estoy orando por ti. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. Sal 30:5"
Tu celular puede ser también tu territorio misionero. No necesitas ser influencer, necesitas ser TESTIGO.
¿Con quién vas a testificar hoy?
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 30 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
No necesitas ser influencer, necesitas ser TESTIGO
Este salmo lleva un título hermoso y curioso: “Cántico para la dedicación de la Casa. Salmo de David”. (Salmos 30:1). Algunos piensan que fue para la dedicación de su palacio de cedro, otros que David lo escribió proféticamente para la dedicación del Templo que construiría su hijo Salomón. En cualquier caso, hay una cosa clara: David está dedicando algo, y no puede dedicar nada sin antes dar testimonio.
Este no es un salmo teológico, es un testimonio personal. Es el grito de un hombre que estuvo al borde de la muerte y Dios lo levantó.
1. Un testimonio personal que se vuelve canto: “Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová, Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.” (Salmos 30:1-3).
Si ponemos atención en los verbos: Me has exaltado, me sanaste, hiciste subir, me diste vida. Dios no es una teoría para David, es su sanador, su resucitador.
David había tocado fondo. Él mismo dice: me sentía en el Seol, en la sepultura. No es exageración poética, es la descripción de la depresión más profunda, de la enfermedad más grave, del pozo de la desesperación. Pero desde ahí, clamó.
Y cuando Dios te saca del pozo, no puedes quedarte callado. La gratitud se vuelve contagiosa: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad.” (v.4).
Los "santos" no son perfectos, son los que han sido llamados y justificados por Dios. David les dice: ¡Si a mí me sacó del Seol, también puede con ustedes! ¡Abran la boca!
2. La Teología que sostiene el testimonio. En medio de su alabanza, David nos deja una de las perlas más grandes de toda la Biblia: “Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” (Salmos 30:5).
La palabra hebrea para "momento" es (réga), que significa literalmente "un abrir y cerrar de ojos, un parpadeo".
¡Qué imagen! La disciplina de Dios dura un parpadeo, pero su favor dura toda una vida. El llanto puede ser el invitado de una noche, pero la alegría es la que viene a quedarse a vivir en la mañana. Quizás hoy te encuentres en la noche, llorando. Este versículo es para tí: la mañana ya viene.
3. Del cilicio a la fiesta: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová, Dios mío, te alabaré para siempre.” (Salmos 30:11-12).
La palabra para "baile" es (majol,) que era una danza festiva, con panderetas, la danza de la victoria. Dios no solo te consuela, te cambia la música. Te quita el cilicio, la ropa de luto, y te pone traje de fiesta.
David termina como empezó: alabando. Pero ahora toma una decisión eterna: “...Y no estaré callado. Te alabaré para siempre.” La gratitud verdadera no es de un momento, es para siempre.
Todo lo que somos y todo lo que tenemos debe ser dedicado a Dios, pero antes, recordemos de dónde nos sacó.
¿Qué significan setenta, ochenta o más años de sufrimiento en esta tierra, con sus noches de llanto, comparados con la alegría de una eternidad donde Dios mismo ha cambiado nuestro lamento en fiesta?
Hoy, toma la determinación de David: No te quedes callado. Cuente lo que Dios hizo contigo. Alguien necesita escuchar que la mañana ya viene. No testificamos porque somos elocuentes, testificamos porque estamos agradecidos.
David no dijo: "me callaré hasta que sea predicador". Dijo: "Y no estaré callado" (Salmos 30:12). Un corazón que fue sacado del Seol no puede guardar silencio. Elena de White lo dijo claro: "Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero."El Deseado de Todas las Gentes, p. 195.
SALMO 29 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
Cuando la voz de Dios suena su pueblo tiene paz
Este salmo es una tormenta convertida en adoración. David, quizá contemplando una tempestad que avanzaba desde el Mediterráneo sobre los cedros del Líbano, no se asusta, adora. Y nos invita a hacer lo mismo: “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder... Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.” (Salmos 29:1-2).
El centro del salmo es una frase que se repite siete veces, número de perfección, como si fuera el trueno retumbando en el cielo: "LA VOZ DE JEHOVÁ"
Las siete voces del poder de Dios.
1. “Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas (Salmos 29:3).
2. “Voz de Jehová con potencia…” (Salmos 29:4)
3. “Voz de Jehová con gloria.”(Salmos 29:4).
4. “Voz de Jehová que quebranta los cedros…”(Salmos 29:5)
5. “Voz de Jehová que derrama llamas de fuego…” (Salmos 29:7).
6. “Voz de Jehová que hace temblar el desierto…” (Salmos 29:8).
7. “Voz de Jehová que desgaja las encinas, Y desnuda los bosques…” (Salmos 29:9).
Todo esto para llegar a una conclusión soberana: “Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre.” (v.10). El diluvio no se le escapó de las manos, Él presidía. Tu tormenta tampoco. Por eso mantén tus ojos en Jesús no en las olas.
Los extraordinario: Ese Dios quiere darte paz. Aquí está lo más hermoso del salmo. El contraste es intencional. Ese Dios Omnipotente, cuyo trueno quebranta cedros, es el mismo que susurra paz a su pueblo.
David no termina con miedo, termina con paz: “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.”(v.11). Y termina con la paradoja más bella de la Biblia: El Dios que tiene voz de trueno, da paz a su pueblo. El versículo 11 es el propósito de todo el poder:
"Jehová dará poder (oz) a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz (shalom)." En hebreo, "oz" no es solo fuerza muscular, es poder para vencer, para permanecer firme en la misión. Y "shalom" no es solo ausencia de guerra, es plenitud, bienestar total.
El poder que quebranta cedros es el mismo poder que te sostiene hoy. El Dios que truena sobre las aguas es el que quiere llenar tu corazón de paz para cumplir la misión.
Solo hay que pedirlo. Jesús prometió: “¡Cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11:13).
Elena White recalca: “La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio... Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos.” Mensajes Selectos, t.1, p.147.
Hoy, deja que la voz de Dios que tiene poder para destruir tormentas, tenga poder para darte paz. Por eso el salmo empieza con "dad gloria" y termina con "bendecirá con paz". La adoración que comienza en el cielo, termina en el corazón del creyente.
Ptr. Martín Olvera García.
Dios te bendiga.
SALMO 28 #rpsp #ReavivadosPorSu Palabra
Preocuparse es inútil, pero orar es poderoso
Vivimos en un tiempo de ansiedad. Es inevitable tener problemas, pero la mayoría de las cosas que nos preocupan nunca suceden, y si suceden, muchas no las podemos cambiar. Nos preocupamos de más y oramos de menos. El apóstol Pablo nos da el antídoto: "No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.” (Filipenses 4:6, NTV).
Precisamente eso hace David en el Salmo 28. David, descrito como "un hombre conforme al corazón de Dios", nos muestra el camino de la ansiedad a la confianza.
1. El clamor: “A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí... Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.” (Salmos 28:1-2).
David no comienza con una queja, comienza con un clamor dirigido. No clama al vacío, clama a su Roca. En medio de la traición de gente impía que "habla paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón" (v.3), David entiende que solo hay un refugio seguro.
Lo hermoso de la oración es que no necesitamos tener las palabras perfectas, solo un corazón sincero. David clama, alza sus manos hacia el templo, y renueva sus fuerzas. La oración no cambia inmediatamente la circunstancia, pero cambia nuestra actitud frente a la circunstancia.
2. La alabanza la seguridad de que Dios ya escucho: “Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.” (Salmos 28:6-7).
¿Qué pasó entre el versículo 2 y el 6? David oró. Y la fe le dio la convicción de que Dios ya había respondido.
Es interesante cómo termina. David deja de pensar en sí mismo y piensa en el pueblo: "Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre." (v.9). Un corazón que ha sido fortalecido por Dios, ahora quiere interceder y pastorear a otros.
David expresa con gratitud lo que Dios significa para él. Notemos la progresión personal: “Bendito”, “me escuchó”, “mi fortaleza”, “mi escudo”, “mi ayudador”. Como bien se dice, "el agradecimiento es la memoria del corazón".
Elena de White lo confirma: “Son pocos los que aprecian o aprovechan debidamente el precioso privilegio de la oración. Debemos ir a Jesús y explicarle todas nuestras necesidades... A nadie, fuera de Jesús, debiéramos hacer nuestro confidente. Podemos comunicarle con seguridad todo lo que está en nuestro corazón.” Joyas de los Testimonios, t.2, p.60.
No busques respuestas y refugio en el lugar equivocado. Ni en las redes, ni en los amigos, ni en tu propia fuerza. Hoy te invito a hacer lo mismo que David:
1. Clama.Ve a tu Roca.
2. Confía. Tu fortaleza y tu escudo ya te escuchó.
3. Canta. Deja que el gozo vuelva a tu corazón.
Que hoy puedas decir con convicción, no por emoción, sino por fe: “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón.”
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
SALMO 27 #rpsp #ReavivadosPorSu Palabra
Cómo vencer una crisis interna
Este Salmo no fue escrito en un campo de batalla, fue escrito en el campo de batalla interior de David. Por fuera tenía enemigos, pero por dentro tenía temores. Muchos de nosotros sabemos lo que es eso: conflictos que no se ven, pero que nos consumen.
Este Salmo nos enseña cómo David ganó esa batalla interna, y lo hizo teniendo dos conversaciones: una consigo mismo y otra con Dios.
1. La conversación consigo mismo: "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?" Salmos 27:1. David no empieza orando, empieza predicándose a sí mismo. Antes de hablarle a Dios de sus problemas, le habla a su alma de su Dios. Es introspección con fe. Luz para cuando no veo el camino. Salvación para cuando no puedo solo. Fortaleza para cuando me siento débil. Si Dios es todo eso, ¿de quién temeré?
Y con esa convicción declara: "Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado." Salmos 27:3. David cambia el enfoque. No niega que el ejército está allí, pero decide que su corazón no temerá. Y nos muestra cuál es su ancla en la tormenta, su única prioridad:
"Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo." Salmos 27:4. En medio de la crisis, no pide que le quiten los enemigos, pide estar más cerca de Dios. Porque sabe que "él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal... sobre una roca me pondrá en alto." v.5. Cuando estamos escondidos en Él, estamos seguros.
2. La conversación con Dios: "Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová." Salmos 27:7-8. "Tu rostro buscaré" no busca solo un lugar, busca a una persona. Después de hablarse a sí mismo, ahora habla con Dios. Esta es la oración del que ya recordó quién es Dios.
Y en esa búsqueda sincera, derrama su mayor temor y su mayor seguridad: "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá." Salmos 27:10
Todos podemos ser abandonados por alguien. David lo sabía. Pero hay un amor que no falla. El de Dios siempre recoge. Por eso ora: "Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud" v.11. Antes de tomar cualquier decisión en la crisis, pide dirección.
Elena White expresó: "Si tan solo escuchásemos su palabra, seríamos más fuertes y más útiles... Si hoy tomásemos tiempo para ir a Jesús y contarle nuestras necesidades, no quedaríamos chasqueados; él estaría a nuestra diestra para ayudarnos." A Fin de Conocerle, p. 258.
3. La conclusión del que espera: "Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová." Salmos 27:13-14. David termina como empezó, hablándose a sí mismo, pero ahora con esperanza firme:
Si no creyera, ya hubiera desmayado. Lo que lo sostiene no es que ya ve la victoria, es que cree que verá la bondad de Dios. Todavía no ve la respuesta, pero ve al Dios de la respuesta. Y se da a sí mismo el consejo que hoy necesitamos: Aguarda. Esfuérzate. Aliéntese tu corazón. Espéra en Jehová.
Dios permite que el salmo tenga dos partes para que comprendamos que está bien tener días de luz y días de clamor. La vida cristiana no es siempre el verso 1, a veces es el verso 9. Pero el que aprendió a decir "una cosa buscaré" en el verso 4, puede decir "espera a Jehová" en el verso 14.
Tu espera no es en vano, porque tu fortaleza no es tu fe, es el Señor de tu fe.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.
SALMO 26 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra
"Examíname, Señor"
Este Salmo es una joya. David lo escribe cuando ha sido acusado falsamente. Alguien lo señala, y él no se defiende ante los hombres, le pide a Dios que sea su Juez.
A nadie nos gusta ser evaluados. Ni en el trabajo, ni en la escuela, ni mucho menos en el consultorio médico. Tememos la evaluación porque tememos un resultado negativo. Sin embargo, sin evaluación no hay crecimiento. La evaluación nos dice dónde estamos para poder mejorar. En la vida espiritual es igual.
Y lo sorprendente del Salmo 26 es que David, en lugar de huir de la evaluación, la pide: "Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón." Salmos 26:1-2
David usa tres palabras que no son sinónimos, son tres niveles de examen:
1. Escudríñame. Chaqar como quien busca un tesoro oculto, con lupa. Mira profundo.
2. Pruébame. Nasah como se prueba el oro en fuego. Métame al horno si es necesario.
3. Examina. Bachan examina mis riñones y mi corazón. En la mente hebrea, los riñones eran el centro de las emociones más íntimas.
David no está diciendo "soy perfecto". Está diciendo "soy sincero". Su integridad no es perfección, es coherencia. Camina sin doblez. Y la base de esa valentía es: "Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y ando en tu verdad" (Salmops 26:3). No confía en su integridad, confía en la misericordia de Dios que tiene delante.
Solo alguien que camina en sinceridad puede orar así. No porque sea perfecto, sino porque no tiene nada que esconder delante de Dios.
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos hoy a decirle: "Señor, examíname"?
David nos da la clave para poder vivir con manos limpias mientras esperamos el examen de Dios: cuidar con quién caminamos.
"No me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté... Mas yo andaré en mi integridad; redímeme, y ten misericordia de mí." Salmos 26:4-5,11.
David no es antisocial, es selectivo. Sabe que la integridad no se mantiene por casualidad. Hay conversaciones, mesas y caminos que manchan las manos y enfrían el corazón. Para poder andar alrededor del altar de Dios con acción de gracias, verso 6-7, hay que aprender a apartarse de lo que contamina.
No es orgullo, es protección. Él ama la casa de Dios: "Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria" Salmos 26:8. Quien ama la presencia de Dios, cuida sus compañías.
Y el salmo cierra con una hermosa seguridad en medio del examen: "Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová." Salmos 26:12
Esta es la bendición de dejarse evaluar por Dios: cuando Él nos prueba, no es para destruirnos, es para purificarnos.
"Por la prueba, el Señor examina la fortaleza de sus hijos... En el horno de la aflicción nos purifica de toda escoria. Nos envía pruebas, no para causar dolor innecesario, sino para llevarnos a contemplarle... para enseñarnos que si no nos rebelamos, sino ponemos nuestra confianza en él, veremos su salvación". Dios nos Cuida, p. 182.
En las manos del médico divino, cualquier diagnóstico se convierte en bendición, porque su propósito no es condenarnos, sino sanarnos. Dios no te examina para reprobarte, te examina para restaurarte. El mismo David que dijo "examíname" en el Salmo 26, dijo en el Salmo 139:23 "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón... y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno."
Dios te bendiga.
Ptr. Martín Olvera García.
