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Mensajero De Esperanza

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Apocalipsis 22:12 12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

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Hoy lloramos viendo que el malo prospera. Pero viene un día donde el cielo entero va a gritar ¡Aleluya! porque Dios hizo justicia. Tu lágrima que hoy nadie vio, Dios la vengará. Tu causa que hoy nadie defendió, Dios la defenderá. Por eso, no te sueltes. Mantente justo dependiendo cada día de la justicia de Cristo Jesús. Porque ciertamente hay galardón para el justo. Dios te bendiga. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 58 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Salmo de David, Mictam imprecatorio y judicial. David no ataca a enemigos personales, sino a jueces corruptos. Lo escribe cuando la justicia en Israel estaba vendida. Es un salmo profético que apunta al juicio final: "Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra." Salmos 58:11 La radiografía de un mundo injusto violencia, corrupción, sobornos, censura, discriminación, crimen. Es el pan de cada día. David no habla de criminales comunes. Habla de los jueces, de los poderosos, de "la congregación". Los que deberían defender la justicia: "Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra." Salmos 58:1-2 Dios aborrece la corrupción. Por eso dejó escrito: "No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos." Éxodo 23:8; "No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno." Deuteronomio 16:19 El soborno no solo compra un fallo. Ciega los ojos y pervierte la verdad. Y David describe la raíz de esa corrupción. No es un error, es una naturaleza: "Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; son como el áspid sordo que cierra su oído, que no oye la voz de los que encantan, por más hábil que el encantador sea." Salmos 58:3-5 Son como cobras sordas. La serpiente normalmente se deja encantar por la música, pero el áspid se cierra para no escuchar. Así es el corrupto: no hay consejo que lo haga entrar en razón, no hay ley que quiera oír. Cerró su oído a Dios. El impotente clamor del justo. Cuando vemos que el malo prospera y el justo es pisoteado, nace la impotencia. David la sintió. Y oró con palabras fuertes, que nos chocan: "Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren." Salmos 58:6-7 ¿Es odio? No. Es un clamor por justicia. David no toma venganza con su mano. Se la entrega al único que puede juzgar sin corromperse. Le pide a Dios que desarme al opresor, que le quite los dientes como a un león joven para que no pueda morder más. Es la oración de todo el que ha sido víctima de una injusticia y no tiene a quién acudir. El Salmo no termina con la queja, termina con una certeza que debe sostenernos hoy: "Se alegrará el justo cuando viere la venganza; sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra." Salmos 58:10-11. La "venganza" aquí no es revancha personal, es (vindictia) reivindicación, justicia hecha. El justo no se alegra del dolor del impío, se alegra de que por fin se hizo justicia. David nos deja dos verdades para cuando la impotencia te invada: 1. Ciertamente hay galardón para el justo. Tu integridad no es en vano. Aunque hoy pierdas un caso, un ascenso, un derecho por no prestarte a la corrupción, Dios lo ha visto. Tu galardón no viene de un tribunal humano. 2. Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. El Juez de toda la tierra no está de vacaciones. No está ciego. No se vende. Ninguna injusticia le pasa inadvertida. Él conoce al inocente y al culpable. Mientras el Gran Conflicto llega a su clímax, refúgiate en esto: la justicia humana puede pervertirse, pero la justicia divina es perfecta y llegará a tiempo. "Aquel que ha estado como nuestro Intercesor y que oye todas las oraciones de contrición y las confesiones; Aquel a quien se representa con un arco iris, el símbolo de la gracia y el amor, en torno a su cabeza, pronto cesará su obra en el santuario celestial. Entonces descenderán del trono la gracia y la misericordia, y la justicia tomará su lugar. Aquel a quien su pueblo ha buscado, asumirá su derecho: el cargo de Juez Supremo." The Review and Herald, 1 de enero de 1889.

SALMO 57 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra “Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.” Salmos 57:1. El lugar del clamor. Este Salmo también es un Mictam de David, escrito “cuando huyó de delante de Saúl a la cueva”. 1 Samuel 22 y 24. No es cualquier cueva. Es la cueva de Adulam. David llevaba más de 10 años huyendo. No tenía palacio, no tenía ejército. Su refugio eran rocas frías y oscuras. Pero en esa oscuridad, descubre la mejor sombra: la de las alas de Dios. La frase no es poética, es de experiencia. Como los polluelos que corren bajo las alas de la gallina cuando viene el gavilán, así David corre a Dios. Sus refugios eran cuevas, pero su amparo real era Dios. 1. Un clamor repetido: David no dice una vez "ten misericordia". Lo dice dos veces. "Ten misericordia de mí, oh Dios; ten misericordia de mí". En hebreo es súplica intensa, urgente. (Salmos 57:1-2). ¿Por qué tanta urgencia?: “Mi vida está entre leones; estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua espada aguda.” (Salmos57:4). David no exagera. Saúl y sus hombres lo cazan como a un animal. Le han cavado hoyo delante de él, v.6. Son leones con dientes de lanza. La lengua de Saúl es espada aguda que lo calumnia en todo Israel. Pero en medio de esos leones, David mira hacia arriba: “Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. Él enviará desde los cielos y me salvará... Dios enviará su misericordia y su verdad.” (Salmos 57:2-3). El Dios Altísimo, que está sobre los cielos, se acuerda del hombre que está en una cueva. 2. Una decisión de esperar: “Hasta que pasen los quebraqntos…” Esta frase es oro. David no pide que Dios quite los quebrantos en un segundo. Pide fuerzas para ampararse “hasta que pasen”. La palabra quebranto es (havvoth) tormentas, calamidades, destrucciones. ¿Cuánto tiempo estaría en la cueva? No lo sabía. Podían ser días, meses o años. Pero su decisión no dependía del tiempo, dependía de su confianza. Muchos queremos que Dios quite el problema. David aprendió a pedir que Dios lo sostenga mientras el problema pasa. Porque los quebrantos pasan, pero la sombra de sus alas permanece. 3. Un corazón que canta antes de salir de la cueva: “Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré y trovaré salmos. Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; me levantaré de mañana.” (Salmos 57:7-8). Aquí está el milagro del Salmo. David todavía está en la cueva. Afuera están los leones. Y sin embargo, canta: ¡Su alma despierta a su arpa, no su arpa a su alma! No espera a salir para alabar. Alaba para poder salir: “Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.” (Salmos 57:9-10). En la cueva de Adulam, escondido de su propio pueblo, David ya sueña con alabar a Dios entre los pueblos y naciones. Dios lo está preparando para ser rey de todos, no solo de Israel. La cueva es su escuela de adoración. Por eso termina como empezó, pero mirando al cielo:“Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.” (Salmos 57:5,11). Empieza pidiendo misericordia para él, termina pidiendo gloria para Dios sobre toda la tierra. Tal vez hoy tu refugio también es una cueva: un problema económico, una enfermedad, una persecución en el trabajo o en la familia. No tienes que negar que estás entre leones. Pero no te quedes mirando los dientes de los leones. Mira la sombra de sus alas. Repite con David: "Ten misericordia de mí". Y quédate allí, amparado, hasta que pasen los quebrantos. Porque pasarán. De manera muy convincente Elena White expresó: “Este es nuestro poder, nuestro consuelo. No tenemos fuerzas por nosotros mismos. Pero Él dice: ‘Yo estoy con vosotros todos los días’, ayudándoles a cumplir sus deberes, guiándolos, consolándolos, santificándolos y sosteniéndolos...” Cada Día con Dios, p.327.

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Elena White con convicción escribe: "Abrid vuestro corazón a Dios; contadle todo secreto de vuestra alma. Presentadle vuestras dificultades, grandes y pequeñas, y Él os mostrará cómo salir de todas. Solamente Él puede saber cómo daros precisamente la ayuda que necesitáis." Obreros Evangélicos, pág.. 432. Cuando el miedo te visite, decide confiar. Tus lágrimas no son olvidadas, están contadas. Dios te bendiga. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 56 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Todo lo que Dios promete es verdadero, y es digno de confianza. A diferencia de las personas, Dios no miente, no traiciona, no olvida. Este Salmo tiene un título que pocos leen: "Mictam de David, cuando los filisteos le prendieron en Gat". Es 1 Samuel 21. David huye de Saúl, que lo quiere matar. ¿A dónde huye? A Gat. Justo a la tierra de Goliat, a quien él mismo había matado. Es uno de los momentos más oscuros de David. Es como esconderse en la casa del enemigo. Y lo descubren. Los siervos de Aquis, rey de Gat, dicen: "¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿No es éste de quien cantaban: Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles?". David queda atrapado. Si Saúl lo quería matar por envidia, los filisteos lo quieren matar por venganza. David se encuentra solo, sin ejército, sin espada, en territorio enemigo. Y allí, con miedo real, escribe: 1. La oración de un hombre acorralado: “Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia.” (Salmos 56:1-2). David no esconde su realidad. No dice "todo está bien". Dice "me devoraría, me oprime, me pisotea". Usa tres verbos de animales salvajes. Se siente presa. ¿Cuántas veces nos sentimos así? En el trabajo, en la familia, en la iglesia. Acorralados. Pero David no se queda describiendo el problema. Hace lo que todos debemos hacer: convierte el miedo en oración. 2. La decisión más importante en el día que temo, yo en ti confío: “En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:3-4). Este verso es el corazón del Salmo. Veamos el orden. No dice: "Cuando deje de tener miedo, confiaré". Dice: "En el día que temo, yo en ti confío". El miedo y la confianza pueden estar el mismo día. El miedo es una emoción que visita, la confianza es una decisión que toma. David no niega el miedo. Lo reconoce: "En el día que temo". Pero no deja que el miedo tome el timón. Y luego hace algo poderoso: "En Dios alabaré su palabra". En Gat, David no tenía una Biblia en la mano. Tenía una promesa en el corazón. La promesa que Samuel le había dado: "Tú serás rey". Si Dios prometió que sería rey, no podía morir en Gat. Por eso dice dos veces: "En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?" v.4 y v.11. Lo repite porque necesita predicárselo a sí mismo. Hay un dicho popular que dice: "No le digas a Dios cuán grandes son tus problemas, dile a tus problemas cuán grande es tu Dios". David dejó de mirar lo terrible de las circunstancias y puso su mirada en la solución. 3. La certeza que sostiene: Dios está por mí: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro? Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí.” (Salmos 56:8-9). ¡Qué versos tan tiernos! David, el fugitivo, dice: "Tú has contado mis huidas". Dios lleva la cuenta de cada noche que no dormiste, de cada paso que diste huyendo: "Pon mis lágrimas en tu redoma". En la antigüedad, las mujeres guardaban las lágrimas en frasquitos como memoria del dolor. David dice: Señor, ninguna de mis lágrimas se pierde. Tú las guardas. Están en tu libro. Y termina con la frase que todo hijo de Dios debe subrayar: "Esto sé, que Dios está por mí". No dice "creo que Dios está por mí". Dice "esto sé". Es convicción. Si Dios está por mí, ¿qué puede hacerme el hombre? Romanos 8:31. David salió de Gat fingiéndose loco para que lo dejaran ir, 1 Samuel 21:13. No fue la estrategia más digna, pero Dios lo sacó. Porque Dios está por los suyos, aun cuando la salida no es como la esperábamos. ¿Por qué nos cuesta tanto confiar? Porque confiamos más en lo que vemos, que en quien nos ve. Pero hoy Dios te dice: He contado tus huidas. He guardado tus lágrimas. Estoy por ti. ¿Qué harás? ¿Te quedarás mirando al hombre que te devora, o mirarás a Dios que te defiende?

David termina donde empezó, pero diferente. Empezó diciendo: "temor y temblor vinieron sobre mí". Termina diciendo "pero yo en ti confiaré". El miedo no se fue, pero ahora tiene con quien enfrentarlo. Si te sientes traicionado por alguien muy cercano, si tu Jerusalén está llena de rencilla, no pidas alas para huir. Pide rodillas para orar. “Tarde, mañana y mediodía”. Échale tu carga. Él no te dejará caído para siempre. Dios te bendiga. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 55 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Este Salmo nace en el polvo, mientras David huye de sus enemigos, descalzo de Jerusalén. No es un enemigo cualquiera. Son dos traiciones juntas: Su hijo Absalón, a quien amaba con todo su corazón, le roba el reino. Y su consejero Ahitofel, su íntimo, su guía, su amigo de oraciones, se pasa al bando del hijo. (2 Samuel 15). Jerusalén, la ciudad de paz, se volvió ciudad de violencia. Y David, el guerrero que enfrentó a Goliat, se derrumba. No por la guerra de afuera, sino por la herida de adentro. 1. Dios si escucha cuando el corazón está herido: “Escucha, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica... Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído.” (Salmos 55:1-4). David no hace un poema bonito. Hace una oración entrecortada. "Clamo y me conmuevo". La palabra hebrea para dolorido es (chul) retorcerse como mujer de parto. La primera lección del Salmo: El miedo no es falta de fe. Es el lugar donde se confirma la fe. Aun los que están cerca de Dios sienten "temor y temblor". El miedo es una emoción que Dios puso para protegernos. El problema no es sentir miedo, es quedarse a vivir en él. 2. Las ganas de huir son normales, pero no sonla solución: “¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría... Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad.” (Salmos 55:6-8). ¿Cuántos no hemos dicho eso? "Quisiera irme lejos. Dejar todo”. David quiere alas de paloma, no garras de águila. No quiere pelear, quiere descansar. Es humano querer esquivar la crisis. Pero huir no resuelve, solo posterga. La paloma huye. El cristiano enfrenta, no porque sea fuerte, sino porque no huye solo. 3. La herida más profunda no la provoca el enemigo, la provoca el amigo: “Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado... sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios.” (Salmos 55:12-14). Aquí está el corazón del Salmo. David dice: Si hubiera sido Saúl, lo entiendo. Pero fuiste tú. La traición duele tanto porque rompe dos cosas sagradas: la confianza y la adoración compartida. "Andábamos en amistad en la casa de Dios". No era solo un compañero de trabajo, era un compañero de rodillas. Y esa herida contamina todo: “He visto violencia y rencilla en la ciudad... Maldad hay en medio de ella, y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas.” (Salmos 55:9-11). Cuando hay traición arriba en el liderazgo, toda la ciudad sufre, hay daños colaterales en las familias, la iglesia, el trabajo. 4. La mejor decisión de la queja a la confianza: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y Él oirá mi voz... Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. Pero yo en ti confiaré.” (Salmos 55:17,22,23). David hace un giro. Pasa del "¡Quién me diese alas!" al "En cuanto a mí, a Dios clamaré". Dos frases sostienen todo el Salmo: a) "Tarde y mañana y a mediodía oraré": David establece un altar de oración en medio del caos. No es una oración ocasional, es una disciplina. Daniel oraba tres veces al día aun con amenaza de muerte. La oración no es la llave de repuesto, es la llave maestra. Elena White lo dijo con belleza: “La oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, en donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia... Nuestro adversario procura constantemente obstruir el camino al propiciatorio.” El Camino a Cristo, pág.,.94. El enemigo sabe que si te corta la oración, te deja sin oxígeno. b) "Echa sobre Jehová tu carga": En hebreo, "carga" es (yehab) lo que te fue dado, tu lote, tu porción. No dice echa tu queja, dice echa lo que te tocó cargar. Dios no te quita la carga de un tirón, te sustenta mientras la cargas. No dejará caído para siempre al justo. Puede que caiga, pero no quedará postrado.

SALMO 54 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra David fue traicionado en varias ocasiones, pero esta traición le dolió doble porque venía de los suyos. Los zifeos, que eran de su misma tribu de Judá, lo delataron a Saúl no una, sino dos veces. 1 Samuel 23:19 y 26:1. Frente a la maldad del traicionero, David no se venga. Se refugia y confía en Dios. Este salmo es un grito de auxilio y a la vez un canto de gran fortaleza. Nos enseña a no perder la calma, ni dejar que la desesperación nos haga tomar la justicia por nuestras propias manos. Por lo general, el que traiciona, miente, calumnia y defrauda. Y provoca un dolor terrible, más cuando es cercano. Ya lo dijo Shakespeare: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.” 1. El clamor del traicionado: "Oh Dios, sálvame por tu nombre, Y con tu poder defiéndeme. Oh Dios, oye mi oración; Escucha las razones de mi boca. Porque extraños se han levantado contra mí, Y hombres violentos buscan mi vida; No han puesto a Dios delante de sí. Selah" (Salmos 54:1-3). David no pide venganza, pide salvación. "Sálvame por tu nombre". El nombre de Dios es su carácter. Está diciendo: Dios, actúa conforme a quien Tú eres, no conforme a quien soy yo. David hace una pausa. Selah. Detente y piensa. Cuando te traicionan, lo primero no es actuar, es orar y hacer una pausa. 2. La convicción del sostenido: "He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor está con los que sostienen mi vida." (Salmos 54:4). Qué cambio tan grande. Del verso 3 donde todos están contra él, al verso 4 donde declara "He aquí". Es una exclamación de fe. De pronto David deja de mirar a los enemigos y mira al que lo sostiene. ¡Qué tremenda convicción! Cuando las tormentas nos rodean y las fuerzas faltan, Dios no solo nos escucha, nos sostiene. La palabra sostener en hebreo es "samak", poner una columna debajo para que no se caiga. Dios es tu columna cuando sientes que te derrumbas por la traición: "Él devolverá el mal a mis enemigos; Córtalos por tu verdad." (Salmos 54:5). Aquí David entrega la justicia a Dios. Él pudo haberse vengado de Saúl, tuvo la espada en la mano dos veces en la cueva, y no lo hizo. Tenía la plena convicción de que Dios es justo y actúa en el momento conveniente. No dice "yo los voy a cortar", dice "Córtalos tú, por tu verdad". Deja el juicio en manos de Dios. 3. La alabanza de quien es liberado: "Voluntariamente sacrificaré a ti; Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno. Porque él me ha librado de toda angustia, Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos." (Salmos 54:6-7). David termina con una alabanza voluntaria. No porque le obligan, sino por gratitud. Alaba porque el nombre de Dios es bueno, aunque los hombres sean malos. No nos enseña a vengarnos, nos enseña a refugiarnos. No nos llama a tomar la justicia, sino a dejarla en manos del que juzga con verdad. Es un salmo muy actual para el creyente que sufre calumnia, chisme, traición laboral o familiar. Su mensaje es: Cuando la mano del hombre te traiciona, la mano de Dios te sostiene. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

El salmo termina con Jacob. Qué ejemplo tan perfecto. Jacob era el engañador, el necio, el que vivía de trampas. Su vida era angustia. Pero Dios lo encontró, luchó con él, le cambió el nombre y su angustia se convirtió en gozo. De engañador a Príncipe de Dios, Israel. Esa es nuestra esperanza. Sin Dios somos hombres y mujeres depravados, nada bueno hay en nosotros. Pero Cristo Jesús nos justifica. Él puede cambiar nuestra condición de necios a sabios. De angustiados a gozosos. De cautivos a libres. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 53 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra El pecado ocasionó una triple separación: separación con Dios, separación con la familia y separación con la naturaleza. El Salmo 53 es una radiografía de esa separación. Es el espejo que Dios pone delante de la humanidad para que nos veamos como realmente estamos sin Él. "Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; No hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aún uno." (Salmos 53:1-3). Este salmo se repite casi idéntico en el Salmo 14. Cuando Dios repite algo, es porque no quiere que lo olvidemos. 1. EL DIAGNÓSTICO: "DICE EL NECIO EN SU CORAZÓN" La palabra necio aquí no es (ignorante) en hebreo es (nabal). Nabal no es el que no sabe, es el que sabe y decide vivir como si no supiera. Es imprudente, moralmente insensato. El necio de hoy no siempre dice con su boca "No hay Dios". Lo dice con su corazón y con su vida. Vive como si Dios no existiera. Y esa es la crisis de nuestro tiempo. Vivimos tiempos muy confusos. Por las redes sociales, por la escuela, por las leyes, por la cultura, a las nuevas generaciones se les está moldeando a pensar que son libres de definir qué es bueno y qué es malo. "Mi verdad", "mi cuerpo", "mi decisión". Para poder sustentar esa idea de que yo puedo hacer lo que quiera, tengo que hacer algo primero: negar a Dios. Porque si Dios existe, yo no soy libre de hacer lo que quiera; soy responsable ante Él. Negar a Dios es la mejor coartada para justificar cualquier práctica pecaminosa. Si no hay Dios, no hay ley. Si no hay ley, no hay pecado. Si no hay pecado, puedo vivir como quiero. Y el resultado lo vemos en el texto: "Se han corrompido, e hicieron abominable maldad". Cuando se niega a Dios, la vida se corrompe. Romanos 1 lo explica: cambian la verdad de Dios por la mentira. Es cierto, como dice el salmo y como confirma Pablo en Romanos 3:10, todos somos pecadores y nadie hace lo bueno por sí mismo. Pero hay una diferencia abismal entre el pecador que reconoce a Dios y lucha, y el necio que niega a Dios para pecar tranquilo. 2. LA REALIDAD: UN MUNDO QUE NO QUIERE CONOCER A DIOS: "¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, y a Dios no invocan? Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo, porque Dios ha esparcido los huesos del que puso asedio contra ti; Los avergonzaste, porque Dios los desechó." Salmos 53:4-5 El problema no es falta de información, es falta de invocación: "A Dios no invocan". No quieren tener conocimiento de Dios. Prefieren devorar al pueblo de Dios, burlarse, perseguirlo. Y aquí hay una ironía divina: "Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo". El que niega a Dios vive con miedo. Miedo al futuro, miedo a la muerte, miedo a quedarse solo, ansiedad, pánico. Niegan a Dios para vivir sin temor, y terminan viviendo atemorizados de todo. Pero el que confía en Dios, aunque esté en el valle de sombra de muerte, no teme. 3. LA ESPERANZA: ¡OH, SI SALIERA DE SION LA SALVACIÓN!: "¡Oh, si saliera de Sion la salvación de Israel! Cuando Dios hiciere volver de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel." (Salmos 53:6). Aquí está lo extraordinario en medio del caos. En medio de una humanidad necia, corrupta, que niega a Dios, Dios dice: "Yo tengo un pueblo". "Que devoran a MI pueblo". A pesar de la maldad, Dios sigue teniendo un pueblo. Un pueblo que no se vende, que no niega su fe, que tiene el mensaje maravilloso, extraordinario y único. Y la esperanza no está en que el hombre se haga bueno. Porque "no hay quien haga lo bueno, no hay ni aún uno". La esperanza está en que la salvación saliera de Sion. ¡Y salió! De Sion salió Jesucristo. Él es la salvación de Israel y del mundo.

¡Qué contraste tan hermoso! Mientras el malvado es un árbol arrancado, David dice: _“Yo estoy como olivo verde”. El olivo en Israel no es un árbol bonito, es un símbolo de tres cosas: vida larga, fruto constante y utilidad. Un olivo puede vivir 500 años y seguir dando aceite. No depende de la lluvia superficial, tiene raíces profundas. David, perseguido, sin corona, sin ejército, dice: sigo plantado en la casa de Dios. La clave está en dónde está plantado y en qué confía: “En la misericordia de Dios confío eternamente.” El versículo 1 decía que Doeg se jacta de su maldad, pero el versículo 8 dice que la misericordia de Dios es continua. La maldad hace ruido un día, la misericordia permanece para siempre. Por eso termina no quejándose, sino alabando: “Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así.” La alabanza no es por lo que David siente, sino por lo que Dios es y hace. Hermanos, vivimos tiempos de Doeg. Tiempos críticos donde es fácil usar la pequeña cuota de poder que tenemos para destruir al que piensa diferente, al que no es de nuestro agrado. No lo hagas. No uses tu puesto, tu influencia o tu lengua para aplastar al otro. Eso hizo Doeg con los sacerdotes y hoy se hace con un chisme de WhatsApp o una calumnia en redes que destruye familias y reputaciones. El poder que Dios te dio es para edificar, no para vengarte. La diferencia entre el malvado y el justo no es si tiene poder, sino qué hace con él. 1. ¿Qué tipo de poder ejerces con tu lengua? ¿Edificas o destruyes? 2. ¿Dónde estás plantado? ¿En tus riquezas y contactos, como Doeg, o como olivo verde en la casa de Dios? La maldad puede jactarse por un momento, pero solo la misericordia permanece para siempre. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 52 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra “Señor, que la maldad nunca me haga olvidar tu misericordia.” Introducimos la reflexión del Salmo 52 con las palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” Mateo 24:12. Para comprender este salmo es necesario ir a su contexto histórico: 1 Samuel 22:6-23. David, huyendo de Saúl, pidió pan a Ahimelec, sacerdote de Nob. Doeg el edomita descendiente de Esaú, hermano de Jacob vio aquello y lo delató ante Saúl con palabras exageradas y calumniosas. Por esa lengua mentirosa, Saúl mandó asesinar a 85 sacerdotes, junto con sus familias, mujeres y niños. Es entonces cuando David escribe este salmo. No es un salmo de venganza, es un salmo de contraste eterno: la jactancia de la maldad humana frente a la permanencia de la misericordia divina. Su clamor podría resumirse así: “Señor, que la maldad nunca me haga olvidar tu misericordia.” El salmo nos muestra 3 respuestas del alma ante la maldad: I. LA ANATOMÍA DEL MALVADO: EL PODER DESTRUCTIVO DE LA LENGUA: “¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño... Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua.” Salmos 52:1-4. Doeg representa al hombre que usa su posición de poder no para proteger, sino para destruir. David lo confronta: ¿De qué te jactas? Todos ejercemos poder: un padre en casa, un jefe en el trabajo, un líder en la iglesia. Y Dios nos pedirá cuentas de cómo lo usamos. El instrumento de Doeg no fue una espada, fue su lengua: “Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada”. Una navaja no hiere a distancia, hiere de cerca y con precisión quirúrgica. Así es la calumnia. Si en algo debemos gloriarnos, no es en intelecto ni influencia, sino en esto: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” (Jeremías 9:24). Y si para sostener tu poder necesitas mentir, huye. El apóstol Pedro lo dijo claramente: “El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño.” (1 Pedro 3:10). Dios aborrece la mentira porque Satanás es el padre de mentira. Como bien describe la Hna. Elena G. de White: “Todavía tiene una regia figura... Pero su semblante denota viva ansiedad, inquietud, desdicha, malicia, odio, falacia, engaño y todo linaje de mal... Se viene dedicando al mal desde hace tanto tiempo que en él las buenas cualidades están degradadas, y todo rasgo malo se ha desarrollado.” Primeros Escritos, p. 152. Doeg actuó con ese mismo espíritu. II. EL FINAL DEL MALVADO: LA JUSTICIA DE DIOS NO SE OLVIDA: “Por tanto, Dios te destruirá para siempre; te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah. Verán los justos, y temerán; se reirán de él, diciendo: He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad.” (Salmos 52:5-7). Aquí cambia el tono. De la descripción del malvado pasamos al decreto divino. Hay cinco verbos de juicio irreversible: destruir, asolar, arrancar, desarraigar, quitar de la morada. Dios no es indiferente ante la sangre inocente. El error fatal de Doeg no fue solo ser mentiroso, fue este: “No puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad.” Confiaba en Saúl, en su puesto, en su sueldo. El que edifica su seguridad sobre poder humano termina desarraigado, como un árbol sin tierra. Los justos no se alegrarán de la caída del malvado por venganza, sino porque se confirma que la justicia divina aún reina. III. EL DESTINO DEL JUSTO: COMO OLIVO VERDE: “Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.” (Salmos 52:8-9.).

El perdonado no se calla. El que fue restaurado ahora quiere restaurar a otros. Dios te restaura para restaurar a otros. Dios no quiere holocaustos perfectos de gente perfecta. Quiere corazones rotos que se han rendido. Un corazón quebrantado es el único sacrificio que Dios nunca rechaza. Elena White expresó lo siguiente respecto a este Salmo: "Así en un himno sagrado que debía cantarse en las asambleas públicas de su pueblo, en presencia de la corte, los sacerdotes y jueces, los príncipes y guerreros, y que iba a preservar hasta la última generación el conocimiento de su caída, el rey de Israel relató todo lo concerniente a su pecado, su arrepentimiento, y su esperanza de perdón por la misericordia de Dios. En lugar de ocultar la culpa, quiso que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída." Patriarcas y Profetas, pág. 715. David no volvió a ser el mismo, volvió siendo mejor: un hombre que conoció la profundidad de su pecado y la altura de la gracia de Dios. Si hoy tu pecado está delante de ti, no lo ocultes. Confiésalo, apártate y corre a la misericordia que borra, lava y limpia. Dios te bendiga. Ptr. Martin Olvera García.

SALMO 51 #rpsp #ReavivadosPorSu Palabra Este es un Salmo de misericordia. El contexto es 2 Samuel 11 y 12. David comete adulterio con Betsabé, manda a matar a Urías, lo oculta por casi un año, hasta que Dios envía a Natán. Su famosa frase "Tú eres aquel hombre" quiebra a David. Es el salmo que Lutero llamó "la escuela del arrepentimiento". Es el llanto de un asesino adúltero que llevaba un año tratando de ocultar su pecado. Era el rey, podía ocultarlo a todos, menos a Dios y a su conciencia. Dios le manda al profeta Natán y David se quiebra. El Salmo 51 es el acta de su confesión. Dios lo inspiró y lo hizo cantar en público para que tú y yo sepamos: el pecado destruye, pero la misericordia restaura. Podemos recorrer el salmo en 4 pasos que lleva del quebranto al gozo: 1. EL CLAMOR: NO PIDO JUSTICIA, PIDO MISERICORDIA: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. ¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!". (Salmos 51: 1-2). David no pide justicia, porque la justicia lo condena a muerte (Lev. 20:10). Pide lo que solo Dios puede dar: “Jesed” amor de pacto, misericordia. Usa 3 palabras para pecado y 3 verbos para perdón. No es repetición, es profundidad: 1. Pesha (Rebeliones): Traición deliberada. Romper el pacto a propósito. Antídoto:Borra (majá). Como borrar una deuda del libro del acreedor. Isaías 43:25 2. Avon (Maldad): Iniquidad torcida, culpa que tuerce el carácter. Antídoto: Lávame (kabás) Lavar ropa pisoteándola. Trabajo profundo, no superficial. 3. Jattá (Pecado): Errar el blanco. Fallar la marca de Dios. Antídoto: Límpiame (tajer) - Declaración sacerdotal de pureza, como al leproso en Lev. 14. 2. LA CONFESIÓN: DEJAR DE CULPAR A OTROS: "Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado... En maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." (Salmos 51: 3-5). Aquí está el quiebre. David no dice "Betsabé me tentó" o "Urías era un estorbo". Dice: "YO reconozco". Muchos cristianos al pecar miran para todos lados, menos hacia arriba. Creen que nadie los ve, pero siempre hay cuatro testigos: la víctima, el victimario, la conciencia del victimario y Dios, que traerá toda obra a juicio (Eclesiastés 12:14). Decir "contra ti solo he pecado" no es minimizar el daño a Urías. Es reconocer que todo pecado, antes de ser contra personas, es traición directa al Santo. Cuando entendemos eso, dejamos de buscar culpables. 3. LA RESTAURACIÓN: DIOS NO CAMBIA EL PASADO, CREA UN CORAZÓN NUEVO: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí... Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente." (v. 6-12). David entiende que el problema no es solo lo que HIZO, sino lo que ES. Por eso no pide "compón mi corazón", pide "CREA". En hebreo es (bara), la misma palabra de Génesis 1:1. Solo Dios puede crear de la nada. Lo que pide es profundo: Purifícame con hisopo (v.7): El hisopo se usaba para rociar la sangre del cordero en la Pascua. David está pidiendo ser cubierto por sangre inocente. Hoy sabemos que es la sangre de Cristo. No me eches de delante de ti (v.11): No tenía miedo de perder el reino, tenía miedo de perder la Presencia. Vuélveme el gozo (v.12): El pecado no solo quita la salvación, quita el gozo de la salvación. David seguía siendo hijo, pero era un hijo miserable. Dios valora más lo que somos en privado que lo que mostramos en público. "Tú amas la verdad en lo íntimo" (v.6). 4. LA CONSAGRACIÓN: DEL CAÍDO AL PREDICADOR: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti... Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. (v. 13-19)

"Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre. El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios." El salmo termina con dos caminos y dos decisiones: 1. Advertencia: Para el que se olvida de Dios, si no se arrepiente, no habrá escape. 2. Promesa maravillosa: "Al que ordenare su camino, le mostraré la salvación". ¡Dios sigue dando oportunidad! Si dejas la apariencia y ordenas tu vida, Él mismo te mostrará su salvación. No basta con ser oidores. Dios nos llama hoy a ser hacedores. "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos." (Santiago 1:22) Dios no busca tu ritual. Busca tu corazón. Y cuando le das tu corazón, tu ritual cobra sentido. Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.

SALMO 50 #rpsp #ReavivadosPorSuPalabra Equivocarse no es el final Autor: Asaf. No era cualquier músico. Fue el director de alabanza puesto por David frente al Arca (1 Crónicas 16:4) y un profeta que recibía visiones de Dios: "Asaf vidente" (2 Crónicas 29:30). Este salmo no es un canto, es un juicio. Es Dios mismo presidiendo su propio tribunal. I. EL JUEZ SE LEVANTA: "El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra, desde el nacimiento del sol hasta donde se pone... Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará." (Salmos 50: 1-6). La escena es impresionante. No es una reunión de iglesia, es un juicio cósmico. Dios, como Juez Supremo, convoca a toda la tierra como testigo. Viene con fuego y tempestad, como en el Sinaí. Nadie puede quedar indiferente. "Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio." (v.5). Lo primero que hace Dios es llamar a los suyos, a los del pacto. El juicio no empieza afuera, empieza por casa. Esto nos recuerda lo que dice Pablo: "Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo" (2 Cor. 5:10). Dios va a juzgar dos tipos de creyentes que hay dentro de la iglesia. II. PRIMER GRUPO: EL CREYENTE RELIGIOSO Y RUTINARIO: "Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti..." (Salmos 59:7-15). "Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti..." Dios no los reprende por no traer sacrificios. Al contrario: "tus holocaustos están continuamente delante de mí". El problema no era lo que hacían, sino el porqué lo hacían. Cumplían, cantaban, ofrendaban, asistían, pero su corazón estaba lejos. Su adoración se había vuelto rutina, costumbre, formalismo. Pensaban que Dios necesitaba sus vacas y sus carneros. Y Dios responde con una ironía santa: "Conozco a todas las aves de los montes... Mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer yo carne de toros, o beber sangre de machos cabríos?" (Salmos 50:11). ¿Crees que me impresionas con lo que me das, si todo es mío? Dios no necesita tu dinero, necesita tu corazón. ¿Qué pide Dios entonces?: "Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás." (Salmos 50:14-15) Dios cambia el sacrificio de animales por tres sacrificios del corazón: 1. Alabanza sincera: No cantar por cantar, sino agradecer de verdad. 2. Fidelidad al pacto: "Paga tus votos" - cumple lo que prometiste. 3. Dependencia real: Invocarlo no por costumbre, sino como parte de la vida misma. Ese es el culto que Dios honra, y que a su vez nos trae liberación. III. SEGUNDO GRUPO: EL CREYENTE HIPÓCRITA: "Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras..." (Salmos 50:16-21). "Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras..." Este es más grave. Es el que conoce la ley, predica, habla del pacto, pero vive en pecado abierto. Va al templo el sábado y el resto de la semana roba, adultera, miente y calumnia. (v. 18-20). Su pecado es la doble vida. Se olvidó de Dios y pensó que como Dios callaba, Dios era cómplice: "Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos." El silencio de Dios no es aprobación. Es paciencia. Pero llegará el día en que pondrá todo a la luz. Pensaste que Dios era como tú, que toleraba el pecado, pero no. IV. EL LLAMADO FINAL Y LA PROMESA: "Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre. El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios." (Salmos 50:22-23).

El don de profecía.pdf

Comentario de Escuela Sabatica EGW 2026-4T.pdf4.38 MB

SALMO 49 #rpsps #ReavivadosPorSuPalabra Con frecuencia escuchamos decir: "cuando morimos no nos llevamos nada", y es absolutamente verdad. La Biblia lo afirma: “Como salió del vientre de su madre, desnudo, así volverá, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano”_ (Eclesiastés 5:15). Cuando morimos, nada nos llevamos, pero lo que sí permanece es lo que hicimos para Dios. El ser humano vive obsesionado con acumular: dinero, propiedades, poder, fama y liderazgo. Pero al final, todo se queda. El Salmo 49 no es un canto de alabanza, es un sermón de sabiduría. Es una enseñanza que expone la necedad de aferrarse a lo que no es eterno. 1. Un mensaje para todos: “Oíd esto, pueblos todos; Escuchad, habitantes todos del mundo. Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente. Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia.” (Salmos 49:1-4) Este salmo es universal. No es solo para ricos. El salmista llama a todos, porque todos tenemos la tentación de poner nuestra seguridad en algo pasajero. Lo que va a decir no es opinión humana, es sabiduría que viene de Dios. 2. La realidad que todos enfrentamos: La muerte iguala a todos: “Pues verá que aun los sabios mueren; que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas... Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen.” (Salmos 49:10-12) Ante la muerte, no hay diferencia. Mueren los sabios, mueren los necios. El rico deja su cuenta bancaria, sus terrenos y sus empresas a otros. Su sueño íntimo es que su casa sea eterna, que su apellido perdure en sus tierras, pero no es así. Tener dinero no es pecado. El problema es cuando el dinero nos tiene a nosotros. El salmista describe con crudeza el camino del que vive solo para enriquecerse: “Este su camino es locura”* (v.13) “Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará” (v.14) “Cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria”* (v.17) - “Nunca más verá la luz” (v.19) Una vida obsesionada con lo material termina vacía. Es vivir como bestia, solo para el momento, sin entender la eternidad. 3. La verdadera esperanza: Dios es nuestro Redentor. En medio de este cuadro sombrío, brilla una esperanza gloriosa: “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Salmos 49:15) ¡Ahí está la diferencia! Las riquezas no pueden comprar un segundo de vida eterna, no pueden sobornar a la muerte. Solo Dios puede redimirnos. Mientras el hombre rico confía en lo que tiene, el hombre sabio confía en quien lo tiene a él en sus manos. Por eso el salmista concluye: “El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.” (v.20). Tener honra sin entendimiento espiritual es necedad. Dios no condena al rico por ser rico. La Biblia dice que es Él quien da el poder para hacer las riquezas (Deut. 8:18). El consejo inspirado dice: “Las Escrituras declaran que Dios es el que da el poder para conseguir riquezas. Esta habilidad es un talento precioso si se lo consagra a Dios y se lo emplea para promover su causa... La riqueza es una posesión peligrosa únicamente cuando se la hace competir con el tesoro inmortal. Se convierte en una trampa cuando lo mundano y lo temporal absorben los pensamientos, los afectos y la devoción que Dios reclama para sí.” Consejos sobre Mayordomía Cristiana, p. 145. Hoy Dios nos invita a revisar nuestras prioridades. No envidies al que prospera materialmente pero está vacío por dentro. No vivas acumulando cosas que no podrás llevarte. Vive acumulando tesoros en el cielo. El Salmo 49 nos enseña que hay dos formas de vivir: acumular para esta vida o confiar en Aquel que nos asegura la vida eterna. Las riquezas son buenas siervas pero pésimas señoras. El problema no es tener riquezas, sino que las riquezas te tengan a ti. La pregunta no es ¿cuánto tienes? Sino ¿quién te tiene a ti? ¿En qué estás confiando hoy? ¿En lo que tienes, o en el Dios que te redime? Dios te bendiga. Ptr. Martín Olvera García.