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Algo del Evangelio

Algo del Evangelio

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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail.com

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📈 Analytical overview of Telegram channel Algo del Evangelio

Channel Algo del Evangelio (@algodelevangelio) in the Spanish language segment is an active participant. Currently, the community unites 13 587 subscribers, ranking 6 441 in the Religion & Spirituality category and 236 in the Argentina region.

📊 Audience metrics and dynamics

Since its creation on невідомо, the project has demonstrated rapid growth, gathering an audience of 13 587 subscribers.

According to the latest data from 20 October, 2026, the channel demonstrates stable activity. Although there has been a change in the number of participants by -72 over the last 30 days and by -3 over the last 24 hours, overall reach remains high.

  • Verification status: Not verified
  • Engagement rate (ER): The average audience engagement rate is 28.49%. Within the first 24 hours after publication, content typically collects 21.19% reactions from the total number of subscribers.
  • Post reach: On average, each post receives 3 872 views. Within the first day, a publication typically gains 2 880 views.
  • Reactions and interaction: The audience actively supports content: the average number of reactions per post is 0.
  • Thematic interests: Content is focused on key topics such as dio, señor, juan, discípulo, evangelio.

📝 Description and content policy

The author describes the resource as a platform for expressing subjective opinions:
“El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail...”

Thanks to the high frequency of updates (latest data received on 21 October, 2026), the channel maintains relevance and a high level of publication reach. Analytics show that the audience actively interacts with content, making it an important point of influence in the Religion & Spirituality category.

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Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_12,_49_53_–_XXIX_Jueves_durante_el.mp32.89 MB

Algo del evangelio de hoy necesita ser explicado para evitar algunas confusiones. Primero, Jesús habla de «fuego»; en segundo lugar, habla de un «bautismo» y, por último, habla de una «división». Fuego, bautismo y división. Jesús vino a traer fuego. Viene a traer el «fuego» a la tierra con su presencia. El «fuego del amor» que ilumina, que quema y da calor. Todo eso hace el fuego. Todo eso hizo Jesús con su presencia en la tierra y lo sigue haciendo. Jesús es fuego que ilumina, que da un sentido nuevo a la vida, que nos permite ver las cosas de una manera distinta, que nos abre el entendimiento y nos revela otro panorama de nuestra existencia; haciéndonos ver cosas que no hubiésemos conocido si no fuera por la fe. Es «fuego de amor» que quema, porque da ganas de vivir, da ganas de entregarse, de levantarse, da ganas de encarar las cosas de otro modo. Y también –por supuesto– Jesús, porque el fuego da calor. Porque el que está cerca de alguien que ama a Jesús también se siente bien. Cuando sentimos frío, es el calor quien nos da cobijo y nos ayuda a mantenernos en pie. En cuanto al bautismo del que habla Jesús cuando dice «tengo que recibir un bautismo»: ¿a qué se refiere? a su muerte y resurrección. Y cuando nosotros recibimos el bautismo de niños o de grandes y participamos de esa vida de Jesús, también continuamente tenemos que morir y resucitar. Eso, en definitiva, es el amor. El amor es muchas veces morir a un interés propio para darle un sentido nuevo a una acción, para poder resucitar, para cambiarla. El amor como el fuego quema y transforma las cosas. Entonces eso implica el bautismo, vivir el bautismo. Vivir el bautismo, vivir nuestra vida de bautizados, es aprender a morir y resucitar continuamente en todo lo que hacemos, en cada acción. Y el último tema es el de la «división». Jesús no dice que quiere en sí misma la división y que viene a traer «guerra» y problemas a la tierra; sino que lo que Jesús nos está diciendo es que su presencia en el mundo trajo inevitablemente una división. No porque Él vino a buscarla, sino porque es una consecuencia lógica de su presencia. Porque Él es la verdad, porque Él es el camino, porque Él es la vida. El amor –nos guste o no – «divide». Aunque es algo lindo para nosotros, nos divide. Nos divide también interiormente. Por eso santa Teresa de Ávila –una gran santa– decía: «A veces siento que soy dos, que hay dos en mí». ¿No te pasa que a veces sentís que tenés como dos personalidades? Una que quiere entregarse, que quiere amar, que quiere vivir la vida plenamente; y otra que se frena, que se queda, que es egoísta, que no busca entregarse, que es perezosa. Y eso pasa mucho también a nuestro alrededor. Jesús trajo la división, de alguna manera, con su presencia. Fijate en tu familia: no todos creen, no todos se comprometen con el amor, no todos quieren vivir una vida cristiana, incluso otros –muchísimos– la rechazan, se nos ríen. ¿No hay división o, por lo menos, indiferencia en nuestras vidas? A eso se refiere Jesús. Por eso, tranquilos. Tenemos que estar tranquilos. Tenemos que alegrarnos con que Él sea nuestro fuego. Él nos invita a vivir el bautismo entregándonos en cada cosa que hacemos, reconociéndolo como nuestro todo. Y Jesús –aunque no lo quiera directamente– provoca esa división con su presencia en el mundo. Nos guste o no: divide. Por eso aprendamos a vivir la alegría de saber que Él nos eligió para que también seamos fuego con nuestro amor y servicio. Y no nos asustemos si incluso a veces, nuestra presencia trae división. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 49-53: Todo cambia en nuestras vidas cuando nos damos cuenta de que no hay nada mejor, nada más lindo y gratificante, que darle «a Dios lo que es de Dios». Él se merece todo. Él es «el todo», y por eso tenemos que animarnos a «probar –como dice el Salmo– lo bueno que es el Señor». Tenemos que animarnos a darnos cuenta de que darle nuestra vida a Él no nos quita nada, sino que nos da todo. San Ignacio lo decía muy bien al comienzo de sus «Ejercicios espirituales»: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor». Puede resultar un lenguaje un poco antiguo, pero creo que podemos entenderlo bien. «Alabar»: darle gracias por todo, reconocerlo en todo, descubrirlo en todas las cosas, maravillarse por su obra creadora. «Hacer reverencia» para nosotros sería reconocerlo como nuestro Señor; adorarlo porque solo Él lo merece y solo Él da el sentido a nuestras vidas; descubrirlo como nuestro rey, como nuestro todo, sabiendo que solo a Él podemos adorarlo. «Servir»: servirlo en los demás, servirlo en lo que nos toca día a día, servirlo porque todo es de Él, servirlo amándolo en todas las cosas, amándolo en el servicio para y por los demás, porque somos simples servidores. Solo así podremos darle «a Dios lo que es de Dios» y encontrar que nuestra vida es, por decirlo así, mucho mejor con Él y para Él. Busquemos hoy, de alguna manera, alabar a Dios, adorarlo con nuestra presencia y servirlo en los demás. «Démosle a Él lo que es de Él».

Jueves 22 de octubre - Lucas 12, 49-53 – XXIX Jueves durante el año + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 49-53 Jesús dijo a sus discípulos: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» Palabra del Señor.

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Jueves 22 de octubre - Lucas 12, 49-53 – XXIX Jueves durante el año + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 49-53 Jesús dijo a sus discípulos: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» Palabra del Señor.

Algo del evangelio de hoy necesita ser explicado para evitar algunas confusiones. Primero, Jesús habla de «fuego»; en segundo lugar, habla de un «bautismo» y, por último, habla de una «división». Fuego, bautismo y división. Jesús vino a traer fuego. Viene a traer el «fuego» a la tierra con su presencia. El «fuego del amor» que ilumina, que quema y da calor. Todo eso hace el fuego. Todo eso hizo Jesús con su presencia en la tierra y lo sigue haciendo. Jesús es fuego que ilumina, que da un sentido nuevo a la vida, que nos permite ver las cosas de una manera distinta, que nos abre el entendimiento y nos revela otro panorama de nuestra existencia; haciéndonos ver cosas que no hubiésemos conocido si no fuera por la fe. Es «fuego de amor» que quema, porque da ganas de vivir, da ganas de entregarse, de levantarse, da ganas de encarar las cosas de otro modo. Y también –por supuesto– Jesús, porque el fuego da calor. Porque el que está cerca de alguien que ama a Jesús también se siente bien. Cuando sentimos frío, es el calor quien nos da cobijo y nos ayuda a mantenernos en pie. En cuanto al bautismo del que habla Jesús cuando dice «tengo que recibir un bautismo»: ¿a qué se refiere? a su muerte y resurrección. Y cuando nosotros recibimos el bautismo de niños o de grandes y participamos de esa vida de Jesús, también continuamente tenemos que morir y resucitar. Eso, en definitiva, es el amor. El amor es muchas veces morir a un interés propio para darle un sentido nuevo a una acción, para poder resucitar, para cambiarla. El amor como el fuego quema y transforma las cosas. Entonces eso implica el bautismo, vivir el bautismo. Vivir el bautismo, vivir nuestra vida de bautizados, es aprender a morir y resucitar continuamente en todo lo que hacemos, en cada acción. Y el último tema es el de la «división». Jesús no dice que quiere en sí misma la división y que viene a traer «guerra» y problemas a la tierra; sino que lo que Jesús nos está diciendo es que su presencia en el mundo trajo inevitablemente una división. No porque Él vino a buscarla, sino porque es una consecuencia lógica de su presencia. Porque Él es la verdad, porque Él es el camino, porque Él es la vida. El amor –nos guste o no – «divide». Aunque es algo lindo para nosotros, nos divide. Nos divide también interiormente. Por eso santa Teresa de Ávila –una gran santa– decía: «A veces siento que soy dos, que hay dos en mí». ¿No te pasa que a veces sentís que tenés como dos personalidades? Una que quiere entregarse, que quiere amar, que quiere vivir la vida plenamente; y otra que se frena, que se queda, que es egoísta, que no busca entregarse, que es perezosa. Y eso pasa mucho también a nuestro alrededor. Jesús trajo la división, de alguna manera, con su presencia. Fijate en tu familia: no todos creen, no todos se comprometen con el amor, no todos quieren vivir una vida cristiana, incluso otros –muchísimos– la rechazan, se nos ríen. ¿No hay división o, por lo menos, indiferencia en nuestras vidas? A eso se refiere Jesús. Por eso, tranquilos. Tenemos que estar tranquilos. Tenemos que alegrarnos con que Él sea nuestro fuego. Él nos invita a vivir el bautismo entregándonos en cada cosa que hacemos, reconociéndolo como nuestro todo. Y Jesús –aunque no lo quiera directamente– provoca esa división con su presencia en el mundo. Nos guste o no: divide. Por eso aprendamos a vivir la alegría de saber que Él nos eligió para que también seamos fuego con nuestro amor y servicio. Y no nos asustemos si incluso a veces, nuestra presencia trae división. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 49-53: Todo cambia en nuestras vidas cuando nos damos cuenta de que no hay nada mejor, nada más lindo y gratificante, que darle «a Dios lo que es de Dios». Él se merece todo. Él es «el todo», y por eso tenemos que animarnos a «probar –como dice el Salmo– lo bueno que es el Señor». Tenemos que animarnos a darnos cuenta de que darle nuestra vida a Él no nos quita nada, sino que nos da todo. San Ignacio lo decía muy bien al comienzo de sus «Ejercicios espirituales»: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor». Puede resultar un lenguaje un poco antiguo, pero creo que podemos entenderlo bien. «Alabar»: darle gracias por todo, reconocerlo en todo, descubrirlo en todas las cosas, maravillarse por su obra creadora. «Hacer reverencia» para nosotros sería reconocerlo como nuestro Señor; adorarlo porque solo Él lo merece y solo Él da el sentido a nuestras vidas; descubrirlo como nuestro rey, como nuestro todo, sabiendo que solo a Él podemos adorarlo. «Servir»: servirlo en los demás, servirlo en lo que nos toca día a día, servirlo porque todo es de Él, servirlo amándolo en todas las cosas, amándolo en el servicio para y por los demás, porque somos simples servidores. Solo así podremos darle «a Dios lo que es de Dios» y encontrar que nuestra vida es, por decirlo así, mucho mejor con Él y para Él. Busquemos hoy, de alguna manera, alabar a Dios, adorarlo con nuestra presencia y servirlo en los demás. «Démosle a Él lo que es de Él».

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Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_12,_39_48_–_XXIX_Miércoles_durante.mp32.54 MB

Y para vivir así, como muchas veces dijimos no tenemos que olvidarnos de escuchar y de hablar con Jesús. El que anda por la vida hablando y escuchando a Jesús, al Padre, al Espíritu, ¿Por qué va a temer? ¿Hay razón para andar “calculando” la salvación, o andar negociando el amor como quien negocia un producto? Los hombres y mujeres de oración, los cristianos que viven en presencia de Dios, viven esperando a su Señor, lo desean, lo buscan, lo encuentran en todos lados. No solo esperando su triunfo definitivo, sino en cada cosa, en cada circunstancia, en cada persona. Cuando se levantan, viajando, en el pobre, en el hijo, en la cocina, en el trabajo, en el dolor, en la angustia, porque Él siempre está. En cambio, cuando no vivimos rezando y trabajando, o trabajando y rezando, al final tarde o temprano, todo se vuelve desánimo, tedio, rutina, cansancio sin rumbo, enojo, estrés, olvido de lo lindo de la vida y tantas cosas más.             Las palabras de hoy no son para tener miedo. No hay por qué temer si cada día esperamos al Señor, si cada día esperamos su palabra, si cada día la meditamos y saboreamos, si cada día descubrimos que podemos volver a empezar una y otra vez, si cada día no nos aferramos a este mundo, y le damos “al mundo lo que es del mundo”, pero antes o al mismo tiempo le damos a “Jesús lo que es de Él”   www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 39-48:               Cuando le damos a “Dios lo que es de Dios”, o sea le damos todo; le damos nuestro corazón, nuestra confianza, nuestros criterios y pensamientos, nuestras acciones… aprendemos a darle “al César lo que es del Cesar”, o sea le damos a este mundo lo que le corresponde, le damos el valor que se merece, pero no más que eso. Se dice que Dios acomoda todas las cosas, es verdad, es linda esa frase. Pero lo que acomoda las cosas es el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas es lo que hace que se acomoden todas las cosas, pero no por arte de magia, sino por la simple razón de que, amando a Dios como Él se lo merece, amamos mejor todo lo que nos rodea. El mundo está como está, porque el hombre le da “al César lo que es del César” y mucho más, y no le da a “Dios lo que es de Dios”, le da mucho menos. Nuestra fe no puede ser “guardada” dentro de las casas, en lo privado, como algunos nos quieren imponer. Los poderes de este mundo jamás pueden impedirnos que amemos a Dios y que busquemos que los demás lo amen. La historia está llena de ejemplos de errores para ambos lados. Momentos en los que la Iglesia pretendió más de lo que le correspondía y se metió donde no debía, mezclándose con los poderosos sin escrúpulos, y, por otro lado, los estados, los jefes de este mundo, no dejando que los hombres vivan su fe, y pretendiendo que la escondan “debajo de la mesa”, incluso llegando hasta perseguir y matar por no respetar a Dios.               Según algo del evangelio de hoy, según Jesús debemos estar “preparados” ¿Qué es estar preparados podríamos preguntarnos? ¿Es una frase que nos debe generar temor? ¿Qué significa vivir continuamente sabiendo que Jesús puede llegar en cualquier momento, tanto para nuestra partida personal de este mundo, como para su segunda y definitiva venida en la que se encontrará con todos? ¿Pensaste alguna vez en esto, en que mañana podemos no estar? ¿Pensaste en que frente a Dios todo se hace chiquito? ¿Pensaste que en definitiva todo se puede terminar de un momento a otro?             Relacionándolo con lo que hablamos ayer, lo que nos mantiene preparados no es el temor, no es el cruzarse de brazos como quien espera un tren en la estación, sino que lo que nos mantiene el corazón encendido es el vivir amando, como si cada día fuera el último. Eso es lo que nos mantiene preparados, alertas, pero sin miedo.

Miércoles 21 de octubre - Lucas 12, 39-48 – XXIX Miércoles durante el año   + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 39-48               Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.             Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada".             Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?".             El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?             ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!             Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.             Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.             El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.             Pero aquel que, sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.   Palabra del Señor