Pensala, a ver, antes de que yo la diga. ¡Pensala! ¿Te imaginás cuál es?... Bueno, yo creo que es esta: “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente". La clave del enviado, del apóstol, del cristiano, es reconocer la gratuidad del amor de Jesús. Nadie es cristiano, únicamente, por decisión propia, sino que lo es, fundamentalmente, porque fue elegido, tomado, “apartado” del mundo para una misión especial. Apartado no porque nos vayamos a otro lado, sino, porque interiormente, tenemos una parte del corazón o todo el corazón dedicado a la misión.
Somos cristianos maduros, por decirlo así, obviamente, cuando hacemos propia y consciente esta decisión gratuita, sin mérito alguno. Pero, para poder elegir, previamente fuimos elegidos, por pura iniciativa de Dios Padre, por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo. Por eso, cuando creas que las cosas dependen de vos, cuando te creas cristiano “por mérito propio”, porque los demás te aplauden o seas muy bueno, dejás de serlo (de “modo figurado” lo estoy diciendo) en el momento de pensar así o de actuar como si no fueras elegido. La elección es gratuita, no hay grises, no fue por acciones previas nuestras, no fue por nuestras obras, sino que fue por puro amor, sin que nos hayan preguntado mucho, al contrario, su elección nos sacó de un camino distinto. Y esto no nos hace esclavos, sino todo lo contrario, nos hace libres. Nos hace aptos para elegir bien y mejor, para elegir siempre el amor, siempre la gratuidad, siempre la entrega, siempre la santidad.
Solo el que descubre la gratuidad, puede vivir dando gratuitamente. Solo el que se siente amado, elegido y enviado, no se pone en el centro de la evangelización y puede obrar como Jesús nos pide obrar y hacer lo que él haría en nuestro lugar. Solo el que descubre que debe dar gratuitamente, se da cuenta que, para llevar el amor de Jesús, en el fondo, no necesita llevar nada, no le hace falta nada, porque ya tiene todo: a Jesús en su corazón. Por eso, Jesús nos recomienda no llevar nada o llevar solo lo indispensable, porque no hace falta. Cuantas más cosas necesitamos para hablar del amor y para dar amor, en el fondo, es porque no descubrimos lo que es el amor. En este mundo donde todo parece ser negociable, donde todo se compra y se vende, parece ser imposible amar sin dar algo, parece imposible dar amor sin algo material. Sin embargo, Jesús nos insiste una y mil veces, no lleven esto y lo otro, no se preocupen. No se preocupen.
Cuánto nos falta esto Señor, para comprender mejor tu mensaje. Cuánto nos hace falta en la Iglesia, hoy, darnos cuenta de que no hace falta demasiada “alharaca” para hablar de vos. O, a veces, lo comprendemos y rápidamente lo olvidamos. Nos adueñamos de lo que nos diste gratuitamente porque nos gusta que nos miren. Pasa en la Iglesia, pasa en nuestras comunidades, pasa en nuestros corazones. Nos pasa siempre, es el gran peligro… haber recibido gratuitamente, pero intentar dar pretendiendo recibir algo a cambio, buscar nuestra propia gloria. Te acordás lo del evangelio: que vean tus obras, para que los demás den Gloria al Padre. No pienses, necesariamente, en dinero. Eso sería nuestra peor corrupción, incluso pasa, sino que me refiero a cuando reclamamos al dar y lo hacemos de mil maneras diferentes.
Reclamamos amor dando amor, reclamamos atención dando atención, reclamamos tiempo cuando damos tiempo, reclamamos que nos miren, cuando evangelizamos. Por eso, volvamos a escuchar estas lindas palabras y terminemos así nuestra reflexión de hoy… “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente". San Bernabé ¡ruega por nosotros!
www.algodelevangelio.org
algodelevangelio@gamil.com
p. Rodrigo Aguilar