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LA PAZ TAMBIÉN PUEDE CONSTRUIRSE CON PIEZAS AUSENTES
Hay historias que nunca podremos reconstruir por completo.
Faltan recuerdos.
Faltan documentos.
Faltan conversaciones que no ocurrieron.
Faltan personas que podrían responder y ya no están.
O están, pero no pueden, no saben o no quieren hacerlo.
Y entonces aparece una tentación comprensible: seguir buscando.
Releer cada mensaje.
Revisar fotografías.
Preguntar a quienes estuvieron cerca.
Volver una y otra vez sobre las mismas escenas, examinándolas como si en alguna esquina fuese a aparecer la pieza definitiva.
Esa frase.
Ese dato.
Ese recuerdo capaz de encajarlo todo y permitirnos decir:
«Ahora sí. Ahora ya sé exactamente qué ocurrió.»
Pero hay historias que no entregan esa clase de certeza.
No porque no investiguemos lo suficiente.
No porque seamos incapaces de comprenderlas.
No porque exista necesariamente un secreto gigantesco esperando detrás de la cortina.
A veces la información, sencillamente, ya no está disponible.
Y aceptar eso puede ser una de las partes más difíciles de cualquier proceso de reconstrucción.
Porque no saber deja una puerta abierta.
Y la mente, que lleva regular lo de las puertas abiertas, intenta cerrarla fabricando explicaciones.
Completa huecos.
Une puntos lejanos.
Convierte posibilidades en certezas.
Interpreta silencios.
Ensaya versiones hasta encontrar una que alivie durante un rato la incomodidad.
No lo hace para engañarnos.
Lo hace porque la incertidumbre es difícil de habitar.
Una historia incompleta parece mantenernos suspendidos. Como si no pudiéramos avanzar hasta recibir todas las actas, localizar a los testigos y conseguir que el Departamento General del Pasado estampe el sello de CASO RESUELTO.
Pero reconstruir no es rellenar.
Y aceptar que algo ocurrió no exige inventar lo que falta.
Podemos distinguir entre:
lo que recordamos;
lo que está documentado;
lo que otras personas recuerdan;
lo que podemos inferir razonablemente;
y lo que, por mucho que nos incomode, no sabemos.
Esa última categoría también forma parte de la verdad.
No lo sé no es una derrota.
Es una frontera.
Una forma de impedir que la necesidad de sentido termine sustituyendo los hechos por una narración demasiado perfecta.
Hay ocasiones en las que continuar buscando resulta necesario. Aparece información, se corrigen errores, recuperamos partes de nuestra biografía o comprendemos por fin por qué ciertas experiencias dejaron tanta huella.
Pero también puede llegar un momento en que la búsqueda deja de ampliar la historia y comienza a estrechar nuestra vida.
Todo se convierte en pista.
Cada gesto parece una clave.
Cada silencio exige traducción.
El pasado ocupa la mesa entera y el presente termina comiendo de pie.
Entonces quizá no necesitemos encontrar otra pieza.
Quizá necesitemos preguntarnos qué esperamos que esa pieza haga por nosotros.
¿Queremos comprender?
¿Confirmar que no imaginamos lo vivido?
¿Liberarnos de culpa?
¿Saber si fuimos queridos?
¿Encontrar una explicación que vuelva reparable aquello que ya no puede cambiarse?
A veces buscamos un dato.
Otras veces le estamos pidiendo al dato que nos conceda paz.
Y ningún documento puede garantizar eso.
La paz no siempre llega cuando todo encaja.
A veces llega cuando comprendemos que ya sabemos lo suficiente para reconocer la realidad de lo vivido, aunque no podamos narrarlo de principio a fin.
Sabemos que algo nos afectó.
Sabemos que dejó consecuencias.
Sabemos lo que aprendimos.
Sabemos qué necesitábamos y qué faltó.
Sabemos qué no queremos repetir.
Sabemos quiénes somos ahora ante aquello.
Puede que no conozcamos cada conversación, cada motivo ni cada punto exacto en el que una historia cambió de dirección.
Pero no necesitamos recuperar todas las escenas para reconocer la película.
Tampoco estamos obligados a cerrar nada antes de tiempo.
Aceptar los huecos no significa fingir que no importan, declarar que todo está superado o cubrir la herida con una frase inspiradora comprada al por mayor.
Significa dejar de condicionar nuestra vida presente a que el pasado entregue algo que quizá ya no puede darnos.
Podemos seguir abiertos a nueva información sin vivir permanentemente en una sala de interrogatorios.
Podemos conservar preguntas sin convertirlas en residencia habitual.
Podemos decir:
«Esto es lo que sé.»
«Esto es lo que creo.»
«Esto es lo que siento.»
«Y esto otro todavía no puedo explicarlo.»
Una historia no necesita estar completa para pertenecernos.
Nuestra experiencia no pierde legitimidad porque falten páginas.
Y nuestra identidad no queda suspendida hasta que consigamos reconstruir cada versión anterior de nosotras mismas.
A veces integrar consiste precisamente en hacerle sitio a lo desconocido.
En dejar un hueco sin rellenarlo.
En aceptar que esa ausencia también cuenta algo: que hubo experiencias que excedieron nuestra capacidad, recuerdos que no se conservaron, palabras que no llegaron o respuestas que dependían de alguien más.
No todo cierre consiste en encontrar.
Algunos cierres consisten en dejar de perseguir.
No porque hayamos renunciado a la verdad.
Sino porque hemos aprendido a no falsificarla para aliviar la incertidumbre.
Quizá nunca tengamos todas las piezas.
Pero podemos construir una vida que no se derrumbe alrededor de las que faltan.
Porque la paz no siempre consiste en completar el puzle.
A veces consiste en comprender que, incluso incompleto, sigue mostrando lo esencial.
#MemoriaAutobiográfica #ReconstrucciónPersonal #Integración #Incertidumbre #Autoconocimiento #Trauma #Disociación #SaludMental #ProcesosDeSanación #Divergentes #ONo
| 2 | La Audiencia Nacional, respalda sin paliativos la investigación de la jueza Tardón. | 48 |
| 3 | COMPRENDER NO DESHACE EL DAÑO
Hay un momento extraño en algunos procesos de comprensión.
Ese en el que, después de mucho tiempo, por fin conseguimos entender por qué alguien actuó como actuó.
Aparecen el miedo, el trauma, la inmadurez, la sobrecarga, la desregulación, los recursos que no tenía, la historia que arrastraba o la capacidad limitada con la que intentaba sostener una situación demasiado grande.
Y todo empieza a tener sentido.
El problema es que tener sentido no significa dejar de doler.
Comprender puede cambiar el juicio que hacemos sobre una persona. Puede mostrarnos que quizá no hubo crueldad deliberada, desprecio consciente ni intención de destruir.
Pero no viaja hacia atrás.
No evita la noche que pasamos llorando.
No devuelve la confianza.
No mantiene la conversación que no ocurrió.
No recoge a la persona que tuvo que arreglárselas sola con las consecuencias.
Las explicaciones iluminan el daño.
No lo deshacen.
Nos cuesta sostener esta idea porque solemos colocarnos ante una falsa elección:
o comprendemos a quien nos hirió y entonces tenemos que restarle importancia a lo ocurrido,
o reconocemos la gravedad del daño y convertimos a esa persona en un monstruo sin historia, contexto ni sistema nervioso.
Pero entre la absolución automática y la condena eterna existe un lugar bastante más adulto.
Un lugar donde podemos decir:
«Ahora entiendo por qué lo hiciste.»
Y también:
«No por eso dejó de hacerme daño.»
Las dos frases pueden convivir.
La comprensión explica el origen de una conducta.
La responsabilidad se ocupa de sus consecuencias.
Y la reparación —cuando es posible— exige algo más que una buena explicación.
Exige reconocer el impacto.
Escuchar sin defenderse inmediatamente.
No utilizar el propio sufrimiento para desplazar el de la otra persona.
Aceptar que haber hecho lo que se podía no siempre significa haber hecho lo que el otro necesitaba.
Y, sobre todo, modificar aquello que continúa produciendo daño en el presente.
Porque explicar una conducta mientras se sigue repitiendo no es reparación.
Es una audioguía.
Muy completa, quizá.
Pero el museo sigue ardiendo.
También es importante mirar este asunto desde la otra orilla: la de quienes descubrimos que hicimos daño sin ser plenamente conscientes de lo que nos ocurría.
Comprender nuestro estado de entonces puede liberarnos de una culpa desproporcionada.
Quizá no disponíamos de la conciencia, la regulación, las palabras o los recursos que hoy tenemos. Quizá actuamos desde una defensa que intentaba mantenernos en pie. Quizá no vimos lo que ahora resulta evidente.
No podemos exigirle retrospectivamente a nuestra versión pasada una claridad que todavía no había construido.
Pero tampoco necesitamos negar las consecuencias para tratarnos con compasión.
Podemos decir:
«No quise hacerlo.»
«No supe verlo.»
«No tenía entonces las herramientas que tengo ahora.»
Y añadir:
«Aun así, ocurrió.»
Asumir responsabilidad no consiste en declararnos culpables de haber sido incapaces de saberlo todo.
Consiste en responder desde la conciencia que sí tenemos hoy.
Preguntarnos qué podemos reconocer, qué podemos reparar, qué necesitamos aprender y qué conducta no queremos repetir.
La culpa dice:
«Soy imperdonable por no haber sabido.»
La responsabilidad dice:
«Ahora que lo sé, no voy a mirar hacia otro lado.»
Hay daños que pueden repararse parcialmente mediante una conversación, una disculpa verdadera, un cambio sostenido o una presencia distinta.
Otros no.
A veces la otra persona ya no está.
A veces no quiere volver.
A veces la confianza no puede reconstruirse.
A veces comprender llega muchos años después, cuando la vida ya ha levantado paredes donde antes había una puerta.
En esos casos, asumir lo ocurrido no garantiza reconciliación.
La reparación no siempre significa recuperar el vínculo.
Puede significar dejar de repetir el patrón con otras personas.
Puede significar contar la verdad sin maquillarla.
Puede significar reconocer en privado lo que ya no podemos arreglar en común.
Puede significar permitir que la otra persona conserve su dolor sin exigirle que nuestra explicación lo convierta inmediatamente en paz.
Comprender es valioso.
A veces es inmenso.
Puede retirar interpretaciones injustas, devolver humanidad y liberarnos de creer que todo lo sucedido fue producto de la maldad o de nuestra falta de valor.
Pero la comprensión tiene un límite:
no puede sustituir aquello que faltó.
No sustituye una conversación.
No sustituye una elección.
No sustituye el cuidado.
No sustituye la presencia.
Y no obliga a nadie a regresar a un lugar que ya comprendió que no puede habitar.
Podemos mirar a alguien con compasión y mantener la puerta cerrada.
Podemos entender su miedo y seguir necesitando distancia.
Podemos reconocer su historia sin entregarle de nuevo nuestra seguridad.
Podemos incluso querer profundamente a una persona y aceptar que el amor no convierte cualquier dinámica en vivible.
Comprender no es absolver.
Tampoco es condenar.
Es mirar la historia completa sin borrar a quien causó el daño ni volver a abandonar a quien lo recibió.
Porque una explicación puede cambiar el significado del pasado.
Pero la reparación empieza cuando ese nuevo significado modifica nuestra forma de estar en el presente.
#ComprenderNoEsJustificar #ResponsabilidadAfectiva #Reparación #DañoEmocional #Trauma #Culpa #Responsabilidad #LímitesSanos #Autoconocimiento #RelacionesHumanas #SaludMental #Divergentes #ONo | 50 |
| 4 | 🇪🇸 El programa Horizonte de Iker Jiménez graba desde el cielo como se encuentra toda la costa de Ceuta.
Suscríbete a AltRightEspaña | 58 |
| 5 | WhatsApp está implementando una corrección para un fallo en Android que entrega toda la galería de fotos de un teléfono bloqueado a cualquier persona que lo tuviera en sus manos.
Responde una llamada de video entrante de WhatsApp desde la pantalla de bloqueo, abre efectos → "Crear con Meta AI" → "Editar foto", y el selector de medios del sistema abre todas las imágenes.
Hasta que llegue el parche, configura el permiso de fotos de WhatsApp en "Permitir acceso limitado | 66 |
| 6 | No text... | 818 |
| 7 | No text... | 121 |
| 8 | CUANDO UNA PARTE DE TI TIENE QUE ESPERAR
Durante mucho tiempo, para que una capacidad mía funcionara, otra experiencia tenía que quedar fuera del foco.
No lo sabía.
Yo creía que funcionar era funcionar.
Si podía trabajar, cuidar, resolver problemas, escribir, querer, tomar decisiones y sacar adelante el martes, la conclusión parecía evidente: estaba bien.
O, como mínimo, suficientemente bien para sacar adelante también el miércoles.
La maquinaria no se detenía.
Eso sí: echaba humo, perdía tornillos y había un mono dentro del cuadro eléctrico haciendo horas extraordinarias. Pero, técnicamente, continuaba operativa.
Muchos años después he comprendido que una persona puede conservar determinadas capacidades precisamente porque su sistema ha dejado otras experiencias en espera.
Este fenómeno puede entenderse como compartimentación adaptativa o compartimentación funcional de la experiencia.
No es necesariamente una decisión consciente.
No consiste siempre en saber que algo te duele y esconderlo debajo de la alfombra. A veces ni siquiera puedes reconocer plenamente el dolor mientras está sucediendo, porque toda tu atención está ocupada en conseguir que la casa —real o metafórica— no se venga abajo.
La conciencia tiene una capacidad limitada.
Si en su mesa de trabajo ya están la amenaza, las obligaciones, los conflictos, las necesidades ajenas, la anticipación, la adaptación al entorno y la tarea diaria de aparentar una normalidad homologada por la Unión Europea, quizá no quede sitio para preguntarse:
¿Cómo estoy yo?
¿Qué me está pasando?
¿Qué necesito?
¿Qué significado tiene esto que estoy viviendo?
¿Qué huella está dejando?
No porque esas preguntas carezcan de importancia.
Precisamente porque responderlas podría abrir una cantidad de experiencia que el sistema no tiene recursos para procesar en ese momento.
Entonces prioriza.
Mantiene disponible lo que permite continuar y deja fuera del foco aquello que podría comprometer el funcionamiento inmediato.
Se aprueba la partida destinada a sobrevivir.
La destinada a sentir, comprender e integrar queda pendiente de presupuesto.
Pero lo aplazado no desaparece.
Puede permanecer como tensión corporal, agotamiento, hipervigilancia, reacciones difíciles de comprender, decisiones cuyo peso descubriremos después, emociones sin relato o recuerdos que no terminan de incorporarse a la autobiografía.
Una parte de nosotras sabe.
Pero no sabe de una forma que pueda contar.
Por eso alguien puede estar presente y ausente al mismo tiempo.
Puede conversar, viajar, amar, crear, cuidar y tomar decisiones mientras determinados aspectos de lo que vive no se están integrando de una manera accesible.
No es que toda la persona se desconecte.
Es que algunas funciones siguen trabajando mientras otras experiencias quedan aisladas, silenciadas o almacenadas sin índice, fecha ni señor con manguitos que sepa luego dónde coño archivarlas.
Desde fuera, vemos competencia.
Desde dentro, quizá tampoco vemos otra cosa.
Y esto es importante porque solemos utilizar el funcionamiento como prueba de bienestar.
«Trabajaba.»
«Salía.»
«Se reía.»
«Cuidaba de sus hijos.»
«Escribía muchísimo.»
«Parecía llena de energía.»
Sí.
También una persona puede correr con una herida.
De hecho, a veces corre precisamente para no sentirla.
El funcionamiento no demuestra que todo estuviera siendo procesado. Solo demuestra que las capacidades necesarias para seguir adelante permanecían disponibles.
El precio puede aparecer después.
A veces llega cuando disminuye el peligro.
Cuando termina una relación.
Cuando nos mudamos.
Cuando ponemos un límite.
Cuando por fin encontramos una casa, una persona o una etapa en la que el cuerpo percibe algo parecido a la seguridad.
Y entonces sucede lo incomprensible:
nos derrumbamos justo cuando las cosas empiezan a estar mejor.
Pero el cuerpo no ha elegido mal el momento.
Ha esperado.
Mientras había que sobrevivir, sostuvo la estructura.
Cuando comprobó que ya no era imprescindible mantenerla en pie, dejó caer todo lo que llevaba años sujetando.
Ahí pueden aparecer el agotamiento, el apagamiento, el dolor, la necesidad de aislamiento, los recuerdos fragmentarios o una avalancha emocional que parece venir de ninguna parte.
No viene de ninguna parte.
Viene de la sala de espera.
En mi caso, comprender esto ha cambiado la manera de mirar determinados años de mi vida.
Ya no me pregunto solamente por qué no fui consciente de lo que me estaba ocurriendo.
Me pregunto qué capacidades necesitaban mantenerse activas para que yo pudiera continuar y qué experiencias tuvieron que quedar fuera de mi alcance para hacerlo posible.
Porque yo estaba allí.
Era yo.
Sentía, amaba, escribía, elegía y seguía caminando.
Pero quizá la Tam que actuaba podía continuar operativa mientras la Tam que estaba experimentando todo aquello no conseguía convertirlo en una historia que después pudiera recordar y narrar desde dentro.
La experiencia ocurrió.
Dejó documentos, vínculos, aprendizajes, heridas, decisiones y consecuencias.
Dejó incluso sentimientos que atravesaron los años con una precisión bastante más fiable que mi memoria autobiográfica.
No se perdió todo.
Se interrumpió la conversación entre lo que había vivido y lo que podía contar que había vivido.
Ahora empiezo a entender que sobrevivir no siempre consiste en olvidar.
A veces consiste en saber sin poder acceder al conocimiento.
En sentir sin poder integrar el sentimiento.
En continuar sin poder llevar conscientemente contigo todo aquello que te está sucediendo.
Hasta que un día el sistema considera que hay espacio.
Y devuelve la caja.
Sin instrucciones.
Sin orden cronológico.
Con dieciséis años de retraso y la delicadeza habitual de los asuntos pendientes.
Porque lo que dejamos fuera para poder sobrevivir no deja de influir en nuestra vida.
Sólo deja de poder explicarse.
Y lo aplazado no prescribe.
Espera.
A veces durante años.
Hasta que encuentra, por fin, una mesa libre.
#CompartimentaciónAdaptativa #Disociación #Trauma #Supervivencia #MemoriaAutobiográfica #SistemaNervioso #EstrésCrónico #SaludMental #Neurodivergencia #Autoconocimiento #Integración #Divergentes | 113 |
| 9 | No text... | 155 |
| 10 | 🇪🇸🇪🇺🇪🇸 Bloqueados los 32 millones de ayuda urgente de la UE a Ceuta por la falta de respuestas de España a preguntas de Bruselas.
El Gobierno de Pedro Sánchez está retrasando la ayuda de la Unión Europea a Ceuta al no responder con la rapidez necesaria a las peticiones que le está haciendo la Comisión de Ursula von der Leyen de información adicional sobre lo que necesita exactamente para la ciudad autónoma en términos de asistencia europea y de despliegue de agentes de Frontex, Europol o la Agencia Europea de Asilo.
Pese a la situación de emergencia que se vive en Ceuta, el Ejecutivo comunitario todavía no ha adoptado ninguna decisión. Un retraso que en Bruselas atribuyen a que les falta información para tramitar el expediente y el ministerio del Interior no les coge el teléfono para suministrar todos los detalles pendientes.
https://www.elespanol.com/mundo/europa/20260903/gobierno-sanchez-retrasa-ayuda-ue-ceuta-no-responder-peticiones-aclaracion-bruselas/1003744371594_0.html
t.me/tsanoticias | 121 |
| 11 | Informe policial secreto Ceuta.pdf | 126 |
| 12 | No text... | 146 |
| 13 | No text... | 139 |
| 14 | La mayoría de las personas esperan sentirse en sintonía antes de actuar. Pero la sintonía funciona al revés. Elige el pensamiento que se alinea con la persona en la que te estás convirtiendo. Realiza la acción que corresponde a esa versión de ti. La sensación de sintonía llega después, no al revés. Tu propósito interior no espera condiciones perfectas. Está esperando tu decisión. Hoy, elige un pensamiento, una acción, un estándar que pertenezcan a tu mejor versión. No esperes a sentirte preparado. Decide primero, y luego siente la sintonía.
https://t.me/StellaStarStern/5575 | 130 |
| 15 | "Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una, a decir
verdad, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el
presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el
consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la
herencia que se ha recibido indivisa."
✍️ Ernest Renan. | 126 |
| 16 | No text... | 128 |
| 17 | No text... | 133 |
| 18 | Un fallo de WhatsApp permite acceder a fotografías en determinados móviles Android bloqueados
El problema, descubierto por el investigador José Rodríguez, necesita acceso físico al teléfono y que se atienda una videollamada entrante desde la pantalla de bloqueo. No se trata de un ataque remoto ni requiere la instalación de software adicional, códigos o conocimientos técnicos avanzados.
El fallo se produce al utilizar la integración de las herramientas de Meta AI en los efectos de videollamada.
En los terminales afectados, al seleccionar la opción de editar una fotografía mediante “Crear con Meta AI” en la pestaña de fondos, la aplicación abre la galería del dispositivo sin solicitar PIN, contraseña, huella dactilar ni reconocimiento facial.
El investigador ha publicado una demostración en vídeo y ha comunicado el hallazgo tanto a Meta como a Google. Hasta el momento no existe comunicado oficial de ninguna de las dos compañías, ni identificador CVE ni parche anunciado.
Las pruebas realizadas confirman el comportamiento en un Google Pixel 6 Pro con Android 17 (incluido el último parche de seguridad) y en un OPPO K13 con ColorOS 16. En cambio, un Samsung Galaxy S25 Ultra con One UI 8.5 bloquea el acceso y exige autenticación.
Los iPhone no se ven afectados porque WhatsApp emplea CallKit de Apple, lo que impide acceder a los efectos de la aplicación desde la pantalla de bloqueo.
La incidencia depende de cómo cada fabricante gestiona los permisos y las actividades iniciadas desde la pantalla de bloqueo.
Mientras no se publique una corrección, se recomienda no dejar el teléfono bloqueado al alcance de terceros y mantener actualizados tanto WhatsApp como el sistema operativo Android. | 130 |
| 19 | Hace veinte años ya se hablaba en los cuarteles de que si algún día hubiese algún problema, estábamos vendidos...
Y de aquellos polvos...
https://t.me/espiritutemplario/125226 | 145 |
| 20 | Con el culo como la bandera de Japón...
https://t.me/AltRightEspana/14923 | 152 |
