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Locas x los Libros 📚

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Channel Locas x los Libros 📚 (@locasxloslibros) in the Spanish language segment is an active participant. Currently, the community unites 10 352 subscribers, ranking 3 691 in the Books category and 7 275 in the Spain region.

📊 Audience metrics and dynamics

Since its creation on невідомо, the project has demonstrated rapid growth, gathering an audience of 10 352 subscribers.

According to the latest data from 10 September, 2026, the channel demonstrates stable activity. Although there has been a change in the number of participants by 205 over the last 30 days and by 6 over the last 24 hours, overall reach remains high.

  • Verification status: Not verified
  • Engagement rate (ER): The average audience engagement rate is 18.83%. Within the first 24 hours after publication, content typically collects 3.41% reactions from the total number of subscribers.
  • Post reach: On average, each post receives 1 949 views. Within the first day, a publication typically gains 353 views.
  • Reactions and interaction: The audience actively supports content: the average number of reactions per post is 7.
  • Thematic interests: Content is focused on key topics such as mirada, puerta, boda, pareja, brazo.

📝 Description and content policy

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Thanks to the high frequency of updates (latest data received on 11 September, 2026), the channel maintains relevance and a high level of publication reach. Analytics show that the audience actively interacts with content, making it an important point of influence in the Books category.

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🩷🤍¡𝗡𝗢𝗩𝗘𝗗𝗔𝗗!🤍🩷 💘Cupido traidor 🩶Infidelidad 💖Novio falso 💝Amor inesperado ✨Humor 🔥Salseo ✨💕✨💕✨💕✨💕✨💕 𝗦𝗶�
🩷🤍¡𝗡𝗢𝗩𝗘𝗗𝗔𝗗!🤍🩷 💘Cupido traidor 🩶Infidelidad 💖Novio falso 💝Amor inesperado ✨Humor 🔥Salseo ✨💕✨💕✨💕✨💕✨💕 𝗦𝗶𝗻𝗼𝗽𝘀𝗶𝘀 Babi Santori estaba lista para casarse en San Valentín… hasta que descubre a su prometido y hermana muy ocupados “aplastando uvas” —sin uvas de por medio—. Un año después, dice que ya lo superó y acepta asistir a la boda con su nuevo novio perfecto... Solo hay un par de detalles: ese novio no existe y ella no ha superado absolutamente nada. Para salvar su dignidad —y llevar a cabo la venganza contra los traidores— Babi recluta a Eros: irresistible, rebelde y exactamente el tipo de hombre que escandalizaría a su familia. Lo que no esperaba era que fingir una relación con él fuese tan peligroso… para su corazón. 🩷 Disponible en Amazon 🤍 En digital ✨ Incluida en Kindle Unlimited 𝗗𝗘𝗦𝗖𝗔‌𝗥𝗚𝗔𝗟𝗔 𝗔𝗤𝗨𝗜‌: https://amzn.eu/d/0hYZdsW8 https://a.co/d/0aW2YbcN https://a.co/d/08DWMftz https://a.co/d/0cuuy5x0

SU EX, ESE QUE LA DEJÓ DICIÉNDOLE QUE ERA UN ESTORBO EN SU CAMINO A LA FAMA, VOLVIÓ DESPUÉS DE CUATRO AÑOS PARA DECIRLE LA VERDAD E INTENTAR RECUPERARLA, PERO... —No te dejé por el motivo que tú crees. —¿No me digas? —solté con desdén. —Dejarte es lo más doloroso que he tenido que hacer en toda mi vida —continuó, ignorando mi aparente indiferencia —. No te dejé porque me importara más alcanzar la fama, te dejé porque era la única manera de salvar a mi hermana. —¿Salvarla? ¿De qué? —Naiara tenía un tumor en el cerebro, uno que necesitaba intervención urgente. Cerré los ojos, tratando de asimilar la bomba que acababa de soltar, pero el impacto duró muy poco al darme cuenta de que me mintió cuando años atrás le pregunté si todo estaba bien con su hermana y me dijo que sí. Pude echarle en cara su falta de confianza en mí, pero preferí callar y escuchar todo lo que tenía que decir. El enojo que sentía se fue diluyendo de a poco mientras lo imaginaba desesperado por salvar a su hermana, firmando un contrato sin fijarse bien en esas cláusulas que lo obligaron a someterse a las órdenes de Samantha. Me dolió saber que su sueño se convirtió en una pesadilla de la que apenas había logrado salir. Pero no confundan mi empatía ante su situación con debilidad. Que me contara todo por lo que tuvo que pasar desde que decidió dejarme, no cambiaba las cosas, de hecho, las empeoraba, por la simple y sencilla razón de que decidió confiar en una extraña y no en mí, en la mujer que juraba amar. —Me alegra que Naiara lograra sobrevivir, también me alegra que pese a todo lograras el éxito que mereces. Pero saber la verdad, no cambia nada entre nosotros. —Creí que… —murmuró contrariado. —¿Que al saber la verdad olvidaría todo lo que sufrí por tu abandono y me lanzaría tus brazos diciéndote que todo está perdonado? —Moví la cabeza de un lado a otro —. Las cosas no funcionan así. Ni tú ni yo somos los mismos de hace cuatro años, es absurdo que pretendas volver a mi vida y retomar lo que tuvimos en el punto en el que decidiste dejarlo. —No nos niegues la oportunidad de ser felices. —¿Felices? —pregunté intentando controlar a mis demonios para no decir nada de lo que pudiera arrepentirme —. ¿Crees que puedo ser feliz con la misma persona que me rompió? —No debí romperte tanto si hasta estuviste a punto de casarte con otro —soltó dolido. —¿Lo dice el que no tardó ni un año en enredarse con su compañera de reparto? Lo miré con ganas de echarlo a patadas, aún mejor, con ganas de lanzarlo por la ventana. —Perdón, no debí decir eso. —Agradezco que lo hicieras… ¿Sabes por qué? —negó con la cabeza —. Porque me acabas de demostrar que es imposible que entre tú y yo exista una relación sana. Lo más probable es que cada vez que te enojes me eches en cara lo que hice durante estos años, años en los que te recuerdo, no nos debíamos absolutamente nada. —Te prometo que no volverá a pasar. —Claro que no, porque esta es la última vez que vamos a vernos. Ya dijiste lo que tenías que decir, así que es hora de que te vayas, pero de que te vayas para nunca más volver. —Me niego a que lo nuestro termine así. —Lo “nuestro” —Hice las comillas en el aire —, terminó cuando decidiste ocultarme la enfermedad de tu hermana. Al hacerlo, me relegaste a un segundo lugar en tu vida, no me diste el lugar que se suponía que me correspondía por ser tu pareja. —Hice una promesa, entiéndelo. —Lo entiendo, entiendo que la sangre es más espesa que el agua. Que tu familia siempre será lo primero en tu vida y sinceramente, no quiero perder el tiempo con alguien que no me ve como prioridad. —¡Eres mi prioridad! —No lo fui, no lo soy y estoy segura de que seguiré sin serlo. —¿Qué tengo que hacer para que me creas? —Nada —respondí —. El tiempo de demostrarlo ya pasó. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/la-segunda-opcion-b469377

Salimos de la sala juntos y caminamos por el pasillo. Intento centrarme en lo que me va diciendo, pero no puedo evitar fijarme en él más de lo normal. En sus silencios, en esa forma suya de moverse como si llevara una carga que le pesa demasiado. Por desgracia, es algo que conozco demasiado bien y eso es lo que me descoloca. Y la parte más absurda de todo es que aunque parece que su cansancio es debido a su profesionalidad, no carga una tensión agresiva. Es más como… una tristeza bien guardada y no sé si eso me da miedo… O incrementa mis ganas de acercarme más. Nos miramos apenas un segundo más de lo normal, pero es suficiente para que de nuevo sienta una empatía inesperada hacia mi compañero, algo extraño para ser mi primer día. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/dr-klein-b479269

—Te dejo con uno de los jefes adjuntos ahora —añade—. Tienes una reunión rápida, cosas del hospital y todo eso. Y luego, cuando acabéis, te acompaño a tu consulta si quieres. Asiento. La verdad es que me siento más tranquila de lo que esperaba. Annie se detiene ante una sala de reuniones, abre ligeramente la puerta y asoma la cabeza. —¿Está ocupado? —Sí, pero pasa igual —responde una voz masculina desde dentro. Annie me hace un gesto para entrar. Camino hacia el interior y levanto la vista. ¡Madre mía! ¿Este hombre es médico o modelo? Bajo la vista hasta el gafete que cuelga de su bata y por lo que puedo leer en ella, acabo de conocer a mi jefe, él es doctor Milán Klein. Efectivamente es Milán Klein. Está sentado al fondo de la sala, parecía concentrado revisando unos documentos. No lo había visto en foto y no sabía qué esperar, pero desde luego no esperaba esto. No tiene ese aire de médico altivo que tantas veces he visto. No parece alguien arrogante, ni tampoco de esos que te miran por encima del hombro. Es… serio. Tal vez sea porque está cansado. Levanta la vista, y cuando clava sus ojos en mí, por un segundo me quedo en blanco. No porque sea guapo —que lo es, y mucho—, sino porque hay algo en su mirada que me descoloca. Algo que no consigo descifrar del todo. No es cansancio acumulado, es algo más. —Milán —dice Annie—, ella es Aurora Bianchi. Él se pone de pie, dejando ver su imponente cuerpo y altura. —Doctora Bianchi —me saluda—. Bienvenida. —Gracias —respondo intentando que no se note mi nerviosismo—. Es un placer estar aquí. Nos miramos apenas un segundo más de lo normal. Y eso es lo peor: que lo noto, la conexión es inmediata. No tendría que pasarme esto, es el primer día, ni siquiera lo conozco y aun así algo mi me dice que nos llevaremos bien. Supongo que algo en mí reconoce esa expresión de cansancio extremo. Se parece a la que yo tenía un par de meses atrás, pero en él parece que ha calado más hondo. Annie da un par de palmadas, como si quisiera romper el silencio. —Vale, os dejo —dice con una sonrisa—. Tengo que volver a mi mundo de embarazadas con carácter. Aurora, en cuanto acabéis, que Milán me llame y te busco. —Gracias —le digo. Cuando Annie se va, el ambiente cambia, no sé cómo explicarlo, pero cambia. Milán señala una silla para que tome asiento. —Siéntate, por favor. Esto no va a ser un interrogatorio, solo una pequeña presentación —dice, y suena tranquilo, casi normal. Me siento y él vuelve a sentarse también. Se pasa una mano por la cara, como si estuviera igual de cansado que suelo estar yo, o más. —¿Has tenido tiempo de instalarte en Roma? —pregunta, mirando una hoja como si intentara recordar que está trabajando. —A medias. Llegué ayer por la tarde. Hasta ahora solo he aprendido el camino del apartamento al hospital y ya —confieso. Él suelta una pequeña risa. No es nada exagerada, es como si se le escapara sin querer. —Es normal, poco a poco te irás adaptando. Me sorprende lo fácil que es hablar con él. No sé por qué; yo esperaba alguien más rígido. —Mi padre me ha dicho que te han asignado arritmias y casos complejos conmigo —continúa—. Así que, para empezar, quiero que hoy solo observes. No me interesa que corras el primer día, prefiero que observes los protocolos. —Gracias —respondo, y lo digo de verdad—. Prefiero entender cómo trabajáis antes de meterme en medio. Él asiente, serio otra vez. —Aquí se trabaja mucho y rápido, a veces creo que incluso es demasiado estresante. Pero si algo no te convence, sea lo que sea, en algún momento lo dices. No me gustan los silencios y menos en medicina. La frase me gusta y, a la vez, me deja un poco incómoda, porque es justo lo contrario de mí: yo callo demasiado. —De acuerdo —digo. Él mira la hora y se levanta. —Ven, te voy a enseñar la zona en la que vamos a trabajar, debo dejar las pautas a la jefa de enfermería. Y si te dejo ir sola y te pierdes, Annie me mata. —Eso sería un problema —bromeo. Él vuelve a sonreír, un poco. —Lo sería, sí.

Ella es una mexicana becada prodigio el leyes. Y él es su intratable profesor. Él dice odiarla, pero en realidad: 👇🏻 Comienzo a temblar pero no de miedo. —¿Por qué me odia? —mi voz se quiebra—. ¿Por qué me desprecia? Mis labios tiemblan y odio lo vulnerable que sueno, lo pequeña que me siento en este momento. —No —su voz baja una octava, ronca y áspera—. No, no te imaginas lo que yo siento. Y si supieras, si te imaginaras al menos lo que me provocas, huirías de mí. De este lobo feroz que… Roza sus labios contra los míos. No es un beso. Una advertencia. Una tortura. Todo mi cuerpo se enciende como si me hubiera conectado a una corriente eléctrica. Tiemblo violentamente, pero no hago ningún intento de alejarme de él. No puedo. No quiero. —¿Qué es lo que quiere de mí, profesor? —pregunto temblorosa. —¿Qué es lo que quiero? —repite, y sus labios se mueven contra los míos mientras habla, sin llegar a besarme completamente, manteniéndome en ese límite tortuoso—. No tienes una pálida idea, Hernández. Sus manos aprietan mi cintura, sus dedos se hunden en mi piel a través de la tela de mi blusa. —Pero no me provoques a cruzar una línea si no estás dispuesta a soportar lo que venga después. Debería estar asustada. Debería empujarlo. Debería salir corriendo de este salón y no mirar atrás. No debería permitirlo este acercamiento. Pero lo hago. En cambio, levanto mi barbilla, encontrando sus ojos con los míos, dejando que vea el fuego que arde dentro de mí. —Yo no soy una cobarde —digo intentando mostrarme valiente, aunque mi cuerpo tiembla—. Yo no tengo miedo a los retos. Y ambos sabemos que ya no estamos hablando de estudios. No estamos hablando de la carrera. Estamos hablando de esto. De nosotros. De esta cosa peligrosa e imposible que está creciendo entre nosotros como una llama sin oxígeno. Ambos respiramos agitado. Tengo mis manos apoyadas sobre su pecho, sobre la tela cara de su traje, y puedo sentir cómo late su corazón. Desbocado. Descontrolado. Como el mío. Sus ojos buscan los míos, oscuros y tormentosos, llenos de deseo y conflicto. Entonces, abruptamente, me suelta. —Y yo no soy un jodido príncipe de un puto cuento de hadas, soy el villano de tus pesadillas —declara dándome la espalda, pasándose una mano por el cabello con frustración—. Así que no me provoque, señorita Hernández. Se aleja de mí, poniendo distancia entre nosotros. Necesaria. Dolorosa. —Vete, María Paz —ordena sin mirarme, su espalda estaba tensa—. No me hagas cruzar los límites y hacer algo estúpido. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/te-amare-en-mil-vidas-b478289

«Es hora de renunciar a ella para siempre», susurró mi conciencia, cuando empezó a sonar la marcha nupcial. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando la vi vestida de blanco, luciendo como una reina. «La reina de otro, no la mía» Era tan grande mi dolor al saber que la estaba perdiendo de manera definitiva, que no advertí la ausencia de brillo en su mirada, ni la sonrisa velada de su padre, siendo que es raro ver a un padre genuinamente feliz cuando entrega a su hija en el altar. Las piernas estuvieron a punto de fallarme cuando sus manos se posaron sobre las del hombre que estaba ocupando el lugar en el que yo debía estar. No presté atención a nada de lo que el sacerdote decía, lo único que me importaba era embeberme de su imagen y retenerla para siempre en mi memoria. Se veía tan hermosa como la primera vez que la vi, pero hubiera preferido mil veces volver a verla en la playa luciendo un bonito traje de baño y no ese vestido blanco con el que, sin saberlo, estaba arrasando con mis sueños de un futuro a su lado. Cuando el sacerdote le preguntó al tal Santiago si aceptaba a Aitana como esposa y respondió que sí, di media vuelta con la intención de escapar, pues no creía tener la fortaleza para verla aceptando ser la esposa de otro que no fuera yo. —¿Aceptas a Santiago Lara como esposo, prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, para amarlo y respetarlo todos los días de tu vida? —No, no acepto. Su respuesta resonó en cada rincón de esa iglesia, volviendo la situación tan irreal que volví a mirar hacia el altar, para asegurarme de que no había escuchado mal. Mientras ella exponía al infiel y a su amante, mi corazón se agitó con fuerza y, por primera vez desde que supe que se iba a casar, dejé de sentirme derrotado. «Todavía puede haber un nosotros», pensé mientras la veía caminar rumbo a la salida con la cabeza en alto, sin derramar una sola lágrima. 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/la-segunda-opcion-b469377

No vine vestida para una tormenta, ni física ni emocional. Pero el impulso que me trajo hasta aquí es más fuerte que el frío, más fuerte que el miedo, más fuerte incluso que el recuerdo de cómo me dejó la última vez. Sostengo el bolso contra el pecho con una urgencia casi maternal. Dentro, el sobre doblado pesa más que todo este edificio de vidrio y acero. Dos líneas azules. Ocho semanas de una verdad que creció en mi silencio. Embarazada. Respiro hondo y entro. El guardia me mira como si no perteneciera a este mundo. Tal vez tenga razón. No soy una socia, no soy una amante oficial. Soy el error que vuelve. El pasado que se niega a quedarse enterrado. —Busco a Malek Idrissi. El nombre cae en el lobby como un disparo. Cuando finalmente las puertas del ascensor se abren, el lujo ya no es decoración: es una advertencia. Y entonces lo veo. De espaldas. Recortado contra la ciudad. Imponente. Intacto. El aroma me golpea antes que la mirada. Tabaco, whisky y ese olor a piel masculina que nunca logré olvidar. —No vine para que me digas que no, Malek —digo. Él se gira. Su mirada se clava en la mía. No ha cambiado nada. Sigue siendo devastador. Peligroso. Irresistible. Abro el bolso. Saco el papel. Lo obligo a mirar. —Estoy embarazada. 📚Lee aquí: https://booknet.com/es/book/hermosa-destruccion-b479798

SU FUTURO ESPOSO LE DIO 24 HORAS PARA HACER LAS MALETAS Y LLEVÁRSELA, ELLA HIZO LAS MALETAS, PERO PARA ESCAPAR DE ÉL... —No veo ningún documento que te acredite como mi dueño —respondí, cruzando los dedos para que no se diera cuenta de lo mucho que me afectó su revelación. —Lo soy, con o sin título de propiedad. —No soy una jodida propiedad —solté furiosa haciendo un esfuerzo titánico para no echármele encima y molerlo a golpes. —¿Sabes qué? —El muy idiota sonrió —. Para que veas que no te considero un objeto sin alma y sin emociones, te daré el resto del día y de la noche para que hagas las maletas con calma y puedas despedirte bien de Seren y de la gente que aprecias. —¡Oh gran señor! ¡Gracias por tu generosidad y misericordia! —solté con burla. —Muy graciosa… —hizo una breve pausa como si estuviera decidiendo si era buena idea decir lo que tenía en la punta de la lengua —, Candelaria. No lo pensé dos veces, tomé el cojín más cercano y se lo estampé en la cara sin compasión. Logré darle dos golpes más antes de que me quitara el cojín y me aprisionara entre sus brazos. Hice el intento de liberarme, pero su fuerza física era superior a la mía. —No me hagas cambiar de opinión y sacarte de esta casa sobre mi hombro —susurró, con su nariz casi pegada a la mía. —Su-el-ta-me —siseé, girando el rostro para no dejarme seducir por su intensa mirada, ni por esos labios que pedían a gritos ser besados. —Mañana a las seis en punto —dijo, aflojando el agarre, pero sin liberarme. Se fue, no sin antes, robarme un corto beso en los labios, un beso que, por lo poco que duró, me pareció una completa burla. —¿Te ayudo a hacer las maletas? —me preguntó Seren, con una mirada pícara que decía que no se había perdido ni un solo segundo del espectáculo. —Sí —respondí —, pero las maletas para escapar de este demente. Pasada la medianoche y seguras de que nadie nos vigilaba, subí en el auto de Albert y emprendí la huida. No me engañaba creyendo que llegaría muy lejos, como mucho lograría salir de Gran Bretaña y pisar algún país de Europa continental, aquí lo importante era ponerle las cosas cuesta arriba al idiota que se creía mi dueño. —¿Quieres celeste? Que te cueste —sonreí con burla, contemplando los colores del amanecer mientras me acomodaba en mi asiento en el avión. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/jamas-sere-tuya-b462811

Dicen que nadie puede engañar a un mafioso… hasta que dos gemelas idénticas entran en su vida. Comparten el mismo rostro, la
Dicen que nadie puede engañar a un mafioso… hasta que dos gemelas idénticas entran en su vida. Comparten el mismo rostro, la misma sangre… y ahora, sin quererlo, al mismo hombre. Él es un líder oculto, un fantasma dentro del mundo criminal, tan calculador como letal, pero ninguno de los tres imagina que están entrando en un juego donde la identidad es un arma, el deseo una trampa y la venganza una sentencia. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/book/hijas-de-la-mafia-b451387?utm_medium=repost&utm_campaign=451387&utm_term=3174461&utm_content=1&utm_source=native

—Si quieres, puedes pasar por mi oficina esta tarde. Te daré acceso y podrás usar mi computadora para tu investigación. Sería mucho más eficiente que hacerlo desde tu teléfono. —¿Haría eso por mí? —pregunto, sorprendida por su oferta. —Por supuesto. Todos necesitamos ayuda de vez en cuando, y me impresiona tu dedicación. Además —añade con una sonrisa cómplice, —cualquiera que pueda enfrentarse a Marlow merece todo mi respeto. Estoy a punto de aceptar su generosa oferta cuando una voz grave y fría nos interrumpe. —¡Profesor Emerson! Ambos levantamos la mirada para encontrarnos con Sam Marlow de pie frente a nosotros, alto e imponente en su traje gris oscuro. Su rostro frio e imperturbable, pero hay algo en sus ojos que parece… ¿molesto? —Profesor Marlow — responde Emerson, poniéndose de pie. —Justo estábamos hablando de usted. —Estoy seguro —dice Marlow secamente. Luego se dirige a mí: —Señorita Hernández, espero que esté trabajando en la revisión de su análisis en lugar de… socializar. Siento que mis mejillas se calientan. —De hecho, estaba… —Le estaba ofreciendo a la señorita Hernández acceso a algunas bases de datos para su investigación — interrumpe Emerson. —Puede usar mi oficina esta tarde. La expresión de Marlow se endurece aún más, si eso es posible. —No creo que sea apropiado, profesor Emerson, que invite a una estudiante a su oficina privada —dice con un tono cortante. —Especialmente cuando dicha estudiante está trabajando en un proyecto para otra clase. Podría interpretarse como una interferencia académica. Emerson parece sorprendido por la respuesta. —Solo estaba ofreciendo recursos, Sam. Nada más. —Hay recursos disponibles en la biblioteca —responde Marlow. —Y si la señorita Hernández necesita acceso adicional, debería solicitarlo a través de los canales adecuados. A su profesor asignado. La tensión entre ambos hombres es demasiado. Emerson parece confundido por la reacción exagerada de Marlow, y francamente, yo también lo estoy. ¿Por qué le molesta tanto que otro profesor me ayude? —Además —continúa Marlow, —parte del ejercicio es que los estudiantes aprendan a trabajar con las limitaciones de recursos que encontrarán en el mundo real. No siempre tendrán a alguien ofreciéndoles acceso privilegiado. Sus excusas suenan tan débiles que casi quiero reír, pero su expresión seria me detiene. Arrugó el ceño, sin entender por qué le molesta tanto. ¿Es que no quiere que reciba ningún tipo de ayuda? ¿Prefiere verme fracasar? Respiro profundo, decidiendo que lo mejor es desactivar esta extraña situación. —Le agradezco su oferta, profesor Emerson —digo con toda la calma que puedo reunir, —pero creo que la rechazaré. Prefiero trabajar con mis propios recursos por ahora. Marlow se queda allí, mirándome fijamente. Sus ojos grises recorren mi improvisado espacio de trabajo: el sándwich a medio comer, el refresco, mi teléfono y mis apuntes desordenados. Por un momento, creo ver algo parecido a la culpa en su expresión, pero desaparece tan rápido que podría haberlo imaginado. Dos horas más tarde, me dirijo a mi clase de Oratoria Jurídica, una de mis favoritas. La profesora Campbell es exigente pero justa, y siempre me ha tratado con respeto. Justo cuando estoy a punto de entrar al aula, recibo un mensaje de texto: —Maria Paz, por favor pasa por mi oficina antes de tu clase. Urgente. - Prof. Bennett. Mi corazón da un vuelco. ¿Habré hecho algo mal? ¿Habrá algún problema con mi beca? Con nerviosismo, me dirijo a la oficina de profesores. La profesora Campbell me recibe con amabilidad —Maria Paz, siéntate por favor. Obedezco, preparándome mentalmente para malas noticias. —Ha habido un pequeño cambio en el programa de mentorías, — comienza, y noto que parece un poco incómoda. —Como sabes, yo he sido tu mentora asignada desde que comenzaste el semestre. —Sin embargo, a partir de hoy, el profesor Marlow será tu nuevo mentor. —¿Qué? 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/te-amare-en-mil-vidas-b478289?open_details=1

Y ahí estaba él, sonriéndome como si no hubiera pasado ni un solo día desde que decidió dejarme para ir a perseguir sus sueño
Y ahí estaba él, sonriéndome como si no hubiera pasado ni un solo día desde que decidió dejarme para ir a perseguir sus sueños. Mentiría si dijera que verlo de nuevo no me afectó, pero el impacto no fue tan grande gracias a que la fortuna me echó una mano y me dio tiempo suficiente para prepararme para ese momento. La cara de decepción que puso cuando lo miré con indiferencia hizo que mi lado malvado se regocijara y la voz de mi conciencia me felicitara por ser tan buena actriz. Pude fingir no conocerlo, pero eso solo hubiera dejado en evidencia el resentimiento que le guardaba por haber destrozado mi corazón con su partida. —Ya nos conocemos —le sonreí a su manager. —¿Es eso cierto? —Miró a Samael, mientras yo contenía las ganas de poner los ojos en blanco ante su patético intento de fingir demencia. —Sí, es cierto. Le estaba costando disimular los nervios y eso solo me daba la ventaja que necesitaba para mostrarme fría e imperturbable. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/la-segunda-opcion-b469377

—Me debes ahora una cerveza chiquitín —Abre su boca para emitir algunas palabras cargadas de un profundo odio hacia mí y una profunda tristeza por haber echado a perder su botella de lo que sea que fuere. Pero nada de eso me importa, todo eso se resume en polvo, solo una palabra hace eco en mi cabeza y nadie en su vida ha osado llamarme así. —¿ A quien se supone que llamaste chiquitín? no hizo falta elevar mi mentón para demostrar superioridad ante ella, ya que su tamaño semejante al de una niña indica que aquí no soy yo el chiquitín. —Te doy, dos jodidos segundos para que retires eso de chiquitín o tendremos serios problemas. aprieto mis dientes, detallando su horrible ropa, sería un delito que la dejarán salir a la calle así, su horrible pelo mal peinado. —Y yo te doy dos jodidos segundos para que muevas tu trasero y me compres otra cerveza señor palo en el c4lo, debería sonreír señor, usted no sabe que tanta amargura hace daño. Me acerco completamente a ella inclinando la cabeza para poder dirigirme la palabra. —Y usted no sabe que hablarle asi a una persona es de mal gusto, mala educación y para colmo no ve lo que tiene clavado en el ojo, que de amargura no hablemos, porque de lejos se nota que… —me acerco a su oído—, hace mucho tiempo nadie la ha complacido s4x4almente —sonrío alejándome de ella para mirar su rostro desencajado y rojo de ira. Creo que toqué su punto debil. —Sabe que, no sé que hago hablando con alguien como usted y si tanto le interesa mi vida privada, déjeme decirle que si es por el rostro, creo que a usted le hace mas falta que a mí, permiso chiquitín, iré por otra c3rveza —tensé la mandíbula y antes de que se marchara la sujeté del brazo atrayéndola a mí, haciendo que su cuerpo rebotara contra el mío. —Discúlpate. —¿Y porque se supone? Ah ya te arde en lo más profundo de tu interior lo de chiquitín verdad. A ver dicen que el que se ofende es porque la tiene chica, comprobemos. —¿QUE TE OCURRE? —gruñí soltándola cuando la espantapájaros llevó su mano hasta mi hombría y ella rio como loca desquiciada. —No tan chiquitín al parecer señor palo en el c4lo, cuídese y piérdase. —Estúpid4 mujer, espero nunca volver a taparme con ella. Su locura supera mi realidad. Al día siguiente ella estaba parada frente a su puerta del consultorio.. —¿Doctor Elián?— cerró uno de sus ojos. —¿Chiquitín, en serio?— hizo una mueca de vergüenza en su rostro sin abrir uno de sus ojos. —¿Usted es la que viene por el trabajo, es la amiga de Harry?— pregunté con fastidio viéndola de pies a cabeza, no ha cambiado mucho su atuendo en comparación con la de anoche, solo que ahora no tiene toda la ropa negra, hoy luce un pantalón vaquero azul, genial, ¿su pelo? Definitivamente no conoce otro peinado. Lo único que puedo rescatar de ella, son sus ojos, son dos esferas brillantes color miel, únicos en color, nunca los había visto tiene ese matiz grisáceo que…¡Basta! —Puede ir por donde vino señorita.— intenté cerrar la puerta pero una débil mano lo impidió, levante la ceja mirándola, ni en sus mas jodidos sueños una mujer como ella cuidará a mi hijo. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/dulce-miel-b354012

Tuvo que ver al hombre que siempre amó casándose con una mujer que podía darle lo que  se suponía que ella no: Un hijo...  Años más tarde, se volvieron a ver y pese a saberlo viudo, lo trató con indiferencia, pero esto era algo que un líder de la mafia no podía tolerar... Mientras me miraba una última vez en el espejo, rogué para mis adentros que el tiempo pasara rápidamente para que lo que estaba a punto de presenciar no me doliera más de lo debido. Por desgracia, mis ruegos casi nunca eran escuchados y tuve que contener las ganas de llorar desde el mismo instante en el que vi a Enzo esperando a la novia en el altar. Cuando sonaron los acordes de la marcha nupcial, en lugar de mirar hacia el final de ese pasillo hecho de espejos que reflejaban el azul del cielo y ponerle un rostro a la mujer que iba a compartir su vida con él, caí en la tentación de mirar hacia el altar. El anhelo con el que Enzo me miró me recordó lo cobarde que fue y me hizo odiarlo por hacerme soñar con un futuro a su lado. Aparté la mirada en el mismo instante en el que tomó las manos de la novia entre las suyas y le sonrió del mismo modo en el que me sonrió meses atrás, mientras me vendía humo. Creí que sería lo bastante fuerte para verlo jurándole amor y fidelidad a esa mujer, pero cuando sus labios se unieron a los de ella en un apasionado beso, ahogué el sollozo que amenazaba con abandonar mi garganta y contuve esas lágrimas que parecían a punto de desbordarse. Podía estar rota, pero jamás dejaría que esa gente que me rodeaba fuera testigo de mi sufrimiento. «Qué masoquista eres», se burló la voz de mi conciencia y tuve que darle la razón. Mientras los ahora esposos recorrían ese pasillo de espejos, recordé con dolorosa claridad esa charla escuchada a escondidas en la que fui descartada como si fuera basura. —¿Te encuentras bien? La preocupación en la voz de Ramsés hizo que dejara esos recuerdos atrás. —Hace mucho calor —mentí con mi mejor sonrisa, desplegando mi pequeño abanico. A punto estuve de decirle que quería volver al hotel, pero mi masoquismo quiso que me quedara hasta el final de la celebración y me torturara un poco más presenciando las continuas muestras de cariño entre él y su esposa. Cuando la fiesta llegó a su fin, lo único que quería era regresar a Houston y encerrarme en mi taller para canalizar el dolor de la única manera sana que conocía... 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/nunca-fui-tuya-b475587

—¿Desde cuándo eres amigo de mi abuela? —pregunté entre dientes. —Desde que me encontró llorando por ti en un parque —replicó sin asomo de vergüenza. —¿Por mí? —solté con desprecio —. No me jødas. —Sí, por ti. Por tu desamor —respondió con una sonrisa cínica que me sacó de mis casillas. —Vete a la mierd4 Di media vuelta con la intención de volver al reservado, pero sus manos volaron directamente a mi cintura y se aferraron a ella, frustrando mi huida. —No te recordaba tan malhablada —me susurró al oído. —No has escuchado nada —solté con burla, rogando para mis adentros que no notara el ligero temblor que se apoderó de mi cuerpo. —Ya tendré tiempo para descubrir lo amplio que se ha vuelto tu vocabulario en mi ausencia. —Sigue soñando. —¿Contigo? —Al sentir su aliento sobre la sensible piel de mi nuca, casi me fallan las piernas. «¡Maldita sea! ¡No seas débil!», gritó mi furiosa conciencia y eso fue todo lo que necesité para levantar el pie y darle un pisotón incluso más fuerte que los que le di bajo la mesa cuando quiso pasarse de listo. —Duele —se quejó con un susurro lastimero. —Más te va a doler si no te largas —le advertí al tiempo que sus manos aflojaban el agarre. —No me iré, tendrás que verme la noche entera. —Allá tú, si quieres que te destroce los pies a punta de pisotones —sonreí con malicia, poniendo algo de distancia entre nosotros. —Acabo de descubrir que me gustas más siendo mala —lo dijo con esa voz grave y profunda que solo dejaba salir en nuestros momentos más íntimos. «No pienses en eso, no pienses en eso», me rogó mi conciencia. —¿Sabes cómo me gustas tú a mí? —pregunté en tono seductor, mordiéndome el labio. —¿Cómo? —murmuró con la mirada fija en mi boca. —Lejos, bien lejos, a muchos kilómetros de aquí. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/la-segunda-opcion-b469377

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