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Locas x los Libros 📚

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📈 Analytical overview of Telegram channel Locas x los Libros 📚

Channel Locas x los Libros 📚 (@locasxloslibros) in the Spanish language segment is an active participant. Currently, the community unites 10 351 subscribers, ranking 3 690 in the Books category and 7 275 in the Spain region.

📊 Audience metrics and dynamics

Since its creation on невідомо, the project has demonstrated rapid growth, gathering an audience of 10 351 subscribers.

According to the latest data from 09 September, 2026, the channel demonstrates stable activity. Although there has been a change in the number of participants by 203 over the last 30 days and by 25 over the last 24 hours, overall reach remains high.

  • Verification status: Not verified
  • Engagement rate (ER): The average audience engagement rate is 18.16%. Within the first 24 hours after publication, content typically collects 3.41% reactions from the total number of subscribers.
  • Post reach: On average, each post receives 1 879 views. Within the first day, a publication typically gains 353 views.
  • Reactions and interaction: The audience actively supports content: the average number of reactions per post is 7.
  • Thematic interests: Content is focused on key topics such as mirada, puerta, boda, pareja, brazo.

📝 Description and content policy

The author describes the resource as a platform for expressing subjective opinions:
Recomendaciones de libros

Thanks to the high frequency of updates (latest data received on 10 September, 2026), the channel maintains relevance and a high level of publication reach. Analytics show that the audience actively interacts with content, making it an important point of influence in the Books category.

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—¡Pero me has traído a esta cena con la intención de que sea una cita! ¡Y me regalas cosas, y me pagas la renta! ¡Y estoy seg
—¡Pero me has traído a esta cena con la intención de que sea una cita! ¡Y me regalas cosas, y me pagas la renta! ¡Y estoy segura de que compraste ese auto para llevarme a la universidad! Desmond deja la copa en la mesa, con tal fuerza que por un instante teme romperla. —No compré el auto por ti —responde con calma medida—. Lo necesitaba. Leslie ríe sin humor. —¿De verdad? ¿Y justo coincidió con que yo te dije que estaba cansada de los autobuses y los tipos que me comen con la mirada? Des se inclina hacia adelante. No levanta más la voz, pero su mirada se endurece. —¿Qué tiene de malo querer que llegues segura? —Nada —responde ella, alzando ligeramente las manos—, excepto que ya no sé si haces las cosas porque quieres o porque necesitas sentir que… —¿Que qué? —la interrumpe él, firme. Leslie se encoge un poco, insegura, pero luego respira hondo. —Que me posees. El silencio se instala entre ambos, espeso, incómodo. Los comensales de la mesa de al lado ríen por algo trivial, y el sonido de los cubiertos parece amplificarse en el aire tenso. Desmond la observa sin moverse. Hay un parpadeo lento, una chispa apenas perceptible en sus ojos, y luego su voz, baja, controlada: —No te poseo, Leslie. Ni quiero hacerlo. Ella traga saliva, desviando la mirada. —Entonces, ¿Por qué…? ¿Por qué todo esto? ¿Por qué haces este tipo de cosas? Y no vas a convencerme que lo del auto no es por eso, porque apenas hace dos días te dije… —Porque no me gusta verte con ese imbécil —interrumpe él, con un deje de furia que, aunque contenido, cae duro entre ambos. —¿Qué? —pregunta ella, aun sabiendo la respuesta. No le ha dicho, aunque quiso, pero Des pudo haberlos visto cualquier mañana, alejándose juntos a la estación del autobús. —Nico. —¿Nico? ¡Por dios, Des! ¡Sólo nos vamos juntos! ¡Estudia a dos pasos de mí! —Te mira como si quisiera arrancarte la ropa —gruñe Desmond. Leslie se queda boquiabierta, la risa incrédula escapándosele de golpe. —¡No puedes estar celoso de Nico! ¡No hay nada entre nosotros! —Entonces, ¿por qué aceptas irte con él en el autobús? —la voz de Des sube apenas un tono. —¡Porque es más fácil! —exclama—. ¡Porque es sencillo! ¡Porque no me gusta estar sola y los hombres me respetan más si voy con uno de ellos! —pausa, mientras Des la observa fijamente—. ¡Y no tienes que estarme cuestionando! ¡No eres mi novio! —Podría serlo —replica él sin titubear. Esa frase la descoloca. Leslie se queda callada, con los labios entreabiertos, como si la hubieran abofeteado. —No —susurra al fin—. No quiero eso. No quiero deberle nada a nadie. Desmond se reclina hacia atrás, mirándola fijamente, y durante unos segundos parece que va a soltar una carcajada. En lugar de eso, su expresión se enfría. —No me debes nada. —Sí te debo —la voz de Leslie se quiebra apenas—. Me cuidas, me ayudas, pagas mis cosas. Y no sé cómo detenerlo sin que parezca que te estoy traicionando. Des parpadea despacio, su mandíbula tensándose. Echa el cuerpo hacia atrás, y toma un profundo suspiro que termina en una exhalación exasperada. —Entonces sí, Leslie —dice al fin, con brutal franqueza—. Sí compré el auto para llevarte. Para no tener que imaginarte apiñada con desconocidos, cansada, dormida en un asiento sucio mientras algún idiota te mira las piernas. Lo hice porque puedo, y porque se me da la gana. Y no hay nada que puedas hacer para detenerme de hacer lo que quiero. Ella lo mira, paralizada. Hay algo en su tono que la inquieta. No hay disculpa, ni justificación: sólo el hecho crudo, aplastante. Leslie siente un nudo subiendo desde el estómago, como si todo el aire se hubiera vuelto pesado. Baja la vista, sintiéndose diminuta. El ruido del restaurante parece disiparse, hasta que sólo queda el retumbar del corazón en su pecho. Él extiende una mano por la mesa, como si quisiera tocarla, pero no lo hace. —No te asustes —dice con voz suave—. Sólo quiero cuidarte. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/cruel-devotion-b496241

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—Pero mira que eres tønta, Katelyn… Llevas años mirando a ese hombre desde la distancia, soñando con que por fin te deje de i
—Pero mira que eres tønta, Katelyn… Llevas años mirando a ese hombre desde la distancia, soñando con que por fin te deje de ignorar. Y cuando él finalmente decide dar el paso, tú vas y lo dejas plantado. Mi amigo se ha quedado corto diciéndome que soy tønta, pero ya no puedo deshacer mi metida de pata y, en el fondo, me siento triste por haber echado a perder esta cita a ciegas. —Tal vez si tú, mal amigo… —digo molesta, αpuntándolo con mi dedo índice—, me hubieses dicho que mi cita era con Evander, me habría mentalizado para no salir huyεndo. Y en este momento estaría disfrutando de una buena cena en compañía del hombre que no ha dejado de gustarme en todos estos años. —Yo solo quería ayudar. Tú solita te encargaste de αrruinar tu oportunidad. No creo que, con lo bueno que está Evander, vaya a querer intentar algo nuevamente. Si a mí me hicieran algo como lo que tú le acabas de hacer, no te dedicaría ni un solo minuto de mi tiempo —esa es la respuesta que recibo de Adriano, antes de internαrnos nuevamente en la pista de baile. Estoy bailando en la pista, tratando de ignorar que he dejado plantado a Evander en ese restaurante. Pero es que, nada más ver que era él mi cita a ciegas, mi único impulso fue el de salir huyεndo. Debería estar feliz de que se hubiese molestado en planear una cita a ciegas para que pudiéramos encontrarnos y hablar, pero al final los nervios me ganaron y salí corriendo; y aquí estoy, pretendiendo que no me siento mal por haberlo dejado allí esperando. ⤥⤦ ⤥⤦ ⤥⤦ ⤥⤦ ⤥⤦ ⤥⤦ LO QUE NO SABE KATELYN ES QUE A EVANDER LE GUSTÓ desde la primera vez que la vio en la universidad, pero que ella se convirtiera en la mejor amiga de su hermana, lo hizo ignorar lo que sentía y fingir que no le gustaba, llegando a ser ødioso, grøsero y hasta cruel con ella. Pero, como todo tiene un límite, ella se hartó de sus desplantes y sus malas caras, y también decidió ignorarlo. Pasaron 5 años ignorándose y viviendo sus propias vidas hasta que, harto de la situación, Evander decide poner en marcha un plan para conquistarla. 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/evander-b356956
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Fue verlos sonriéndose con complicidad y olvidar todas las razones por las que era una pésima idea reclamarle a una mujer die
Fue verlos sonriéndose con complicidad y olvidar todas las razones por las que era una pésima idea reclamarle a una mujer diez años menor que yo que saliera con mi hermano. —¿A ti quién te dijo que podías salir de esta casa? Mi dedo acusador apuntándole directamente y mi tono brusco encendieron la chispa que en cuestión de segundos se convertiría en un incendio. —No sabía que tuviera que pedirte permiso. Con eso de que finges que no existo, no creí que fuera necesario —replicó llevándose las manos a las caderas—. Lo tendré en cuenta para la próxima —añadió con un tonito irónico que acabó con la poca paciencia que me quedaba. —Escúchame, pero escúchame bien —dije acercándome un paso y luego otro—. Mientras vivas bajo mi techo, no saldrás sin mi permiso. Me miró con la boca abierta antes de echarse a reír como si, en lugar de hacerle una advertencia, le hubiera contado un chiste. —Fingiré que no acabas de decir lo que dijiste —dijo pasando de la diversión a la seriedad en un segundo. —Lo dije y lo sostengo. No vas a poner un solo pie fuera de esta casa sin mi permiso. —¿Qué te hace creer que voy a obedecer? —Te salvé la vida; lo mínimo que puedes hacer después de todo lo que hice por ti es no darme problemas. Un destello de dolor cruzó por su mirada, pero se recompuso tan rápido que ni tiempo tuve de arrepentirme por mi estúpida actitud. —Descuida, no te daré más problemas. —Pasó por mi lado rumbo a las escaleras y justo antes de pisar el primer escalón me lanzó una mirada cargada de decepción. —¿A dónde crees que vas? ¡A mí nadie me deja hablando solo! —¡Y a mí nadie me grita! —replicó airada, quitándose la peluca y lanzándola a mis pies—. No eres nada mío como para que quieras venir a darme órdenes. —¿Qué está pasando? —preguntó mi madre, cuyo sueño fue cortado abruptamente por nuestros gritos. —Pasa que tu adorado hijo mayor —respondió Linda apuntándome con el dedo—, dice que no puedo salir de esta casa sin pedirle permiso. Parece que, además de mi salvador, ahora quiere actuar como si fuera mi padre. También dice que le doy problemas. —No pongas en mi boca palabras que no dije. —Ahora resulta que, además de corto de modales, también eres corto de memoria. —Salió con tu hermano, no con un desconocido —señaló mamá y no tuve dudas de que iba a ponerse del lado de Linda. —Tú. —Miré furioso a Ulrik—. No debiste sacarla de aquí. ¿Te paraste a pensar al menos un segundo en lo que podría pasar si alguien la reconoce y descubren que está viva antes de ese jødidø baile de máscaras? Tuvo la decencia de bajar la mirada, no así Linda, que me lanzó una mirada desafiante antes de correr escaleras arriba sin mirar atrás ni una sola vez. —¿Qué diablos te pasa? No puedes tratarla así —me reprochó Ulrik, con los puños apretados a los costados. —¿Así cómo? —¡Como si fuera de tu propiedad! —Su respuesta me cayó como un balde de agua helada. —Yo… yo… yo no… Aprovechándose de mi estado de estupefacción, Ulrik me tomó del brazo, me arrastró a la cocina sin que fuera capaz de oponer la más mínima resistencia y me obligó a aceptar que eran celos y no preocupación lo que sentí al saber que salieron juntos. —Admite de una putą vez que te gusta y deja de comportarte como un cavernícola... 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/preludio-b492030
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—Si no quieres verla mørir, harás lo que yo te diga. —¿Por qué tendría que importarme lo que le pase? —Porque la amas. —Nunca
—Si no quieres verla mørir, harás lo que yo te diga. —¿Por qué tendría que importarme lo que le pase? —Porque la amas. —Nunca la amé. —A mí no me vengas con ese cuento, cuando sé que llevaban meses viéndose a escondidas. La amas, no lo niegues —insistió. —Fueron meses, porque meses son los que se necesitan para seducir y llevarse a la cama a la hija virgen de un mafioso —soltó con burla, haciendo que mi corazón se rompiera en cientos de afilados pedacitos dentro de mi pecho. En su afán por presionarlo, Rómulo cruzó una fugaz mirada con Bruno y este, sin el más mínimo remordimiento, pegó la hoja a la delicada piel de mi garganta. El dolor de mi alma era tan grande que anuló el dolor que debí sentir cuando el cuchillø rasgó mi piel. —¿La vas a dejar morir? —le preguntó Rómulo con la más perversa de sus sonrisas. —Ya obtuve de ella la única cosa que quería; si vive o muere, me da igual. Al darse cuenta de que hablaba en serio, Bruno me liberó y, aunque mis piernas temblaban tanto que creía que no sería capaz de mantenerme en pie, no les di el gusto de verme caer. —No te niego que disfruté de tu compañía, pero fuiste una más en mi larga lista de conquistas. Mi mano voló a su mejilla sin que pudiera hacer nada por detenerla. —¡Desgraciado! —La fuerza de la cachetada le volteó la cara—. ¡Me arruinaste la vida! —No debiste confiar en el primer hombre atractivo que se atravesó en tu camino —respondió, limpiando el fino hilo de sangre que corría por su barbilla. —Aunque me cueste esta vida y otra más, te arrancaré de aquí —le juré llevándome la mano al lugar en el que se agitaban los pedacitos de ese corazón que entregué al hombre equivocado. —Si ya terminaste con tu drama… —Sonrió con burla, abriéndome la puerta. —¡Púdrete! Pasé por su lado dándole un fuerte empujón, antes de correr todo lo rápido que me permitía la estrecha falda rumbo a la escalinata. Caí de rodillas en el último escalón y, ahogando el grito de dolor que pugnaba por abandonar mi garganta, me puse de pie y corrí directo a mi habitación, en donde Delfina me esperaba con los brazos abiertos, listos para darme el consuelo que tanto necesitaba. —No me quiere, nunca me quiso —sollocé con el tono lastimero propio de un alma rota... 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575
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Después de que su ex la engañara, le robara y hasta le dislocara un brazo, quería venganza... Y qué mejor venganza que presentarse en su boda, acompañada por la policía, para regalarle una temporada en la cárcel... 😈 Tomé el micrófono y confieso que estuve a punto de echarme atrás, por un fugaz instante pensé que no tenía sentido que les arruinara ese día, afortunadamente, los malos recuerdos acudieron en mi ayuda. —Buena tarde a todos. Ni bien lo dije, Óscar empezó a buscarme con la mirada —Yo también quiero brindar por la felicidad de esta pareja que ha hecho todo lo necesario para llegar a este día. Mi querido Óscar —solté en tono de burla —. Espero que seas muy feliz con la mujer por la que mandaste al diablo los años que pasamos juntos. Te deseo la mayor de las dichas, claro, si es que tu conciencia no te recuerda que te largaste de nuestra casa, robando las cosas que compré con mucho esfuerzo. Una serie de exclamaciones, susurros y risitas de burla se extendieron por todo el lugar, pero apenas les presté atención, mientras disfrutaba de la expresión de absoluto horror en los rostros de ese par. Aprovechando su estado de estupefacción, seguí hablando. —Por cierto, seguiré rechazando la oferta que me hiciste. No me interesa vivir del dinero de tu ahora esposa y no me interesa desperdiciar mi vida con un hombre capaz de lastimarme de esta manera —Di un golpe a la férula y miré a los que me rodeaban —. Sí, fue el quién me hizo esto, cuando el domingo pasado me negué a ser su amante. —¡Saquen a esa maldita p3rr@! —gritó Claudia a todo pulmón. —¡Saquen a esa mujer de aquí! —Su padre me miró con odio, caminando en mi dirección con la mano en alto. —Que ni se te ocurra —Helena se interpuso entre nosotros justo cuando pensé que me daría una cachetada. —Apártate, madre. —Apártame —Se midieron con la mirada, mientras yo procesaba lo que acaba de descubrir. —¿Cómo te atreves a arruinar la boda de mi hija? —Su mirada de furia, habría puesto a temblar a otros, pero a mí no. —Solo quería felicitar a la feliz pareja —solté con ironía, manteniéndole la mirada —. No podía dejar de hacerlo. —Eres una… —¿Una qué? —Una z0rra —siseó sin disimular lo mucho que me odiaba. —¿Z0rra yo? —Aparté a Helena y me enfrenté a ese señor —. Zorr@, su hija, fue a ella a quien le dio igual que Óscar tuviera pareja. No soy yo la que salta de matrimonio en matrimonio porque no sabe lo que quiere. —¡Basta! —gritó, rojo de furia intentando tomarme del brazo, pero Helena lo detuvo con un golpe de su bastón. Vi de reojo a Óscar sosteniendo a Claudia con fuerza y cuando nuestras miradas conectaron, solo pude devolverle una sonrisa cargada de malicia. Lo peor estaba por llegar. —¡La voy a mat@r! —gritó la loca, en el mismo momento en el que entraban un par de policías acompañados por mi abogado. —¿El señor Óscar Aguirre? —preguntó uno de los policías. —Soy yo —respondió el idiota —. Por favor llévense a la mujer de vestido rojo, está arruinando mi boda. —Queda usted detenido —le dijo el policía y poco me faltó para soltar la carcajada. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/la-mujer-del-proceso-b439900?_lnref=KNCmyGYx
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—Nuestro matrimonio se acaba aquí y ahora. —Pe… pero… creí que… —balbuceé llevándome la mano al pecho. —¿Qué te traje hasta a
—Nuestro matrimonio se acaba aquí y ahora. —Pe… pero… creí que… —balbuceé llevándome la mano al pecho. —¿Qué te traje hasta aquí para intentar salvarlo? —soltó con desprecio. —Para pedirme el divorcio no era necesario traerme tan lejos. —No quiero el divorcio —susurró metiendo la mano al bolsillo—. Quiero una solución más permanente, una que me permita quedarme con todo lo que tienes —concluyó apuntándome con un revølver. —¿Por qué? —pregunté con los ojos llenos de lágrimas. —No te quiero, nunca te quise. No eres más que la pobre huérfana a la que fingí amar para acceder a su fortuna. Ahora que dejarás de ser un estorbo, por fin podré ser feliz con la mujer que amo —susurró paseando la punta del revølver por mi frente. —¿Quieres saber quién es ella? —sonrió con burla. —Sí. —Retrocedí un paso. El nombre de la zørra con la que me traicionó no podía importarme menos; necesitaba hacer tiempo para intentar escapar y con suerte salir viva de ese bosque. Pese a saberme en desventaja, corrí lo más rápido que pude y, cuando creí que lo había perdido, algo golpeó mi cabeza antes de que un intenso dolor en el centro del pecho me hiciera caer con pesadez sobre la densa capa de nieve. . SEMANAS MÁS TARDE... . —¿Qué sientes por tu marido ahora mismo? —Odio, un odio que me quema por dentro —respondí sin titubear—. Sentir amor por el hombre que quiso mandarme al otro mundo para disfrutar de todo lo que conseguí con años de trabajo y esfuerzo con su amante sería el mayor de los absurdos. Las decepciones matăn el amor y el que alguna vez sentí por él estaba agonizando. —Te diría que sé lo que sientes, pero lo cierto es que no. Aunque mi marido me dejó para irse con una mujer más joven, estoy segura de que nunca pasó por su mente la idea de deshacerse de mí. —Antes de echar a correr por mi vida, me dijo claramente que nunca me amó, que solo fui la pobre huérfana a la que fingió amar para acceder a su fortuna. —Odié que mi voz se quebrara—. Mientras él me veía como su pasaporte a la buena vida, yo creía sinceramente que había encontrado al amor de mi vida, al hombre que haría más llevadera la pérdida de mi familia, esa familia a la que nunca dejaré de echar de menos. —No llores, ese malditø no merece tus lágrimas. —No lloro por él, lloro por lo estúpidĄ que fui al confiar en él. Lorenz además de mi esposo, era mi manager. Puse mi vida entera en sus manos y ese fue el peor error que pude cometer. Mi juventud no justificada en modo alguno mi estupidez. Me casé a los 19 años, con un hombre que juró amarme por toda la eternidad, sin saber que su eternidad significaba que me amaría mientras pudiera vivir bien a mi costa y no apareciera otra que le gustara más. Pasaron tres días en los que salí de la cama solo para lo indispensable. Me sentía y veía fatal. Los recuerdos de mi vida con Lorenz me atacaban sin piedad, obligándome a analizarlos desde mi nueva perspectiva. Y debo decir que me sentí la reina de las estúpidăs al darme cuenta de que las señales de su completa falta de amor por mí siempre estuvieron ahí, a la vista de todo el que pusiera un poquito más de atención que yo. El cuarto día, desperté antes de que saliera el sol y me dije que ya era hora de dejar de revolcarme en mi miseria y volver a tomar el control de mi vida, ese que ya no podía volver a cederle a otros. —¿Ya terminaste de autocompadecerte? —me preguntó Ragnar medio en broma. —Sí, a un hombre solo se le llora tres días; al cuarto hay que levantarse y seguir —respondí sacando los pies del agua. —¿Qué harás ahora que lo recuerdas todo? —Vengarme —respondí y sonrió complacido con mi respuesta. Quería ver a Lorenz en la más absoluta ruina y no descansaría hasta lograrlo... 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/preludio-b492030
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​​MIENTRAS ESTABA EN COMA, SU "MEJOR AMIGA" SE CASÓ CON SU NOVIO... Hasta ese día me había negado a hablar de mi ex novio. Sabía que estaba casado con la que se suponía que era mi mejor amiga. Y aunque por un tiempo me engañé diciéndome que no me importaba, que era normal que se cansara de esperar por una mujer que talvez no iba a despertar jamás, que tenía derecho a ser feliz, la verdad es que me dolía su abandono. No me explicaba cómo ese hombre que decía amarme con toda el alma y con el que compartí muchas cosas, en cuanto consiguió un reemplazo, se fue sin mirar atrás. Dolía saber que fue mi mejor amiga la encargada de darle consuelo. Al final, mi nana Odila tenía razón cuando me decía que Maddie no era una amiga sincera. Y lo demostró cuando no perdió el tiempo para ofrecerse como paño de lágrimas para el hombre con el que yo hasta pensaba formar una familia. —¿Te sientes lista para hablar de tu exnovio? —Miré a Amelia y solté un suspiro. Tenía que hablarlo, porque si no lo hacía, la terapia no serviría de nada. —¿Importaría si no lo estuviera? —Sonreí sin humor. —Si no te sientes cómoda, no te voy a obligar a hablar. —Los temas dolorosos no son cómodos para nadie, no importa el tiempo que pase, siempre quedará, aunque sea una mínima parte de ese dolor. —Y con eso deduzco que te duele lo que él hizo. —Cuando le diste luz verde a mi cuñada para que me contara las cosas que pasaron mientras no estaba, sabía que lo que me dijera no me iba a gustar. Saber que mi madre estaba muerta, me sorprendió, pero no sentí pena, no sentí dolor, porque nunca la vi como una verdadera madre y de eso ya te hablé en sesiones anteriores. Pero cuando me dijo que el hombre que se suponía que me amaba, me fue a visitar a la clínica por unos meses y que luego dejó de hacerlo porque se iba a casar con otra y que esa otra era mi mejor amiga, me dolió, me dolió mucho. —Y ese dolor… ¿Aún es intenso o ha ido disminuyendo? —Es intenso cuando recuerdo las cosas bonitas que vivimos. Pensé que a su lado tendría esa familia que mi madre me negó, tenía muchas esperanzas puestas en mi unión con él —Las lágrimas empezaron a fluir por mis mejillas sin que pudiera hacer nada para detenerlas. —¿Por qué no dices su nombre? —Porque no quiero recordar lo que una vez tuve y jamás volveré a tener. Lee aquí: https://booknet.com/es/reader/khan-b417001?c=4502560&_lnref=KNCmyGYx
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Se mudó de ciudad para que su ex mafioso no la encuentre, pero el tardó solo una semana en encontrarla y para rematar era el dueño del edificio en el que ella estaba viviendo... —Por favor, déjame entrar —me rogó juntando las manos. Confieso que su cara de perro apaleado y su tono lastimero estaban a punto de hacerme ceder; por desgracia para él, me obligué a recordar las noches que lloré por su culpa y empujé la puerta con tanta fuerza que no le quedó más remedio que quitar el pie. —¡Volveré las veces que sean necesarias! —me prometió a gritos. —¡La próxima vez no pasarás de la recepción! —le prometí de vuelta. —¡Este edificio es mío! Ni bien lo dijo, abrí la puerta de golpe y lo miré con incredulidad. No podía ser cierto y, de serlo, significaba que había sido traicionada por mi propia familia. —¡Mientes! —lo apunté con el dedo. —Parece que alguien no puso atención cuando le hablé de mis inversiones —susurró muy cerca de mis labios—. Este es uno de los dos edificios que compré en esta ciudad. —Me mudaré mañana mismo —respondí entre dientes. —Te mudarás, sí, pero al departamento del último piso, que es el que te corresponde por ser mi mujer. —No soy tu mujer. Apreté los puños a los costados, conteniendo a duras penas las ganas de borrar a punta de cachetadas la sonrisita de satisfacción que adornaba su perfecto rostro. —¿Sabes quiénes no podrán pasar de la recepción a partir de hoy? —negué con la cabeza y su sonrisa se ensanchó—. Esos guardaespaldas que trajiste para impedirme llegar a ti. Si pensaba que se iba a salir con la suya era porque no tenía idea de lo mucho que cambié desde que me dejó. —Escúchame bien… —Tiré de su corbata con fuerza, obligándolo a agacharse para quedar a mi altura—. Hagas lo que hagas, no voy a volver contigo. Me perdiste hace un año, cuando no tuviste el valor de comprometerte conmigo. —Tu cuerpo no está de acuerdo con lo que sale de esa boquita —sonrió pegando su nariz a la mía y mi cuerpo, como el traidor que era, le dio la razón echándose a temblar con ese simple contacto. Solté esa corbata como si quemara y retrocedí un par de pasos. Tenía que alejarme, no podía darme el lujo de ser débil. —Más temprano que tarde, volverás a ser mía —me aseguró, acomodándose la corbata. —Sigue soñando. —¿Contigo? Siempre, regina mía. No hay noche en la que no te vea en mis sueños, en la que no recuerde lo bien que dormía abrazado a tu cálido cuerpo desnudo. Y tú… ¿Sueñas conmigo? —No —respondí tajante. «Mentirosaaa, sueñas con él hasta despierta», gritó la traicionera voz de mi conciencia, esa que dando gracias a Dios solo yo podía escuchar. —Sé que sueñas conmigo, solo espero que tus sueños sean tan placenteros como los míos —sonrió acortando la poca distancia que nos separaba. —Son placenteros cuando te veo llorando de dolor después de darte una buena patada en los huevøs. Su risa ronca hizo estragos en mi cuerpo, pero también me dio la oportunidad de volver a meterme en mi departamento y alejarme de su poderoso y seductor influjo. Solo cuando el sonido de su risa dejó de escucharse, pegué el ojo a la mirilla para asegurarme de que ya no estuviera plantado en el pasillo esperándome para seguir con nuestro juego de palabras y miradas... 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575
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De repente, el rostro de esa desconocida se convirtió en el de Erika y yo solo quería hacer por ella lo que no pude hacer por
De repente, el rostro de esa desconocida se convirtió en el de Erika y yo solo quería hacer por ella lo que no pude hacer por la mujer que tanto amé. «Muévete», gritó la voz de mi conciencia mezclándose con el potente aullido de Fenrir. Sacudí la cabeza y, al ver el rostro cada vez más pálido de esa mujer, supe que el tiempo se le acababa. Sin más demora, saqué el walkie-talkie del bolsillo y tuve la inmensa fortuna de que Ulrik respondiera. —Prepara el helicóptero, tenemos que hacer un vuelo urgente. —¿Estás loco? —respondió—. Se avecina una tormenta; no podemos volar en esas condiciones. —Haz lo que te pido o ella mørirá. —¿Ella? —Encontré a una mujer herida en el bosque, ayúdame a salvarle la vida —le rogué. —¿En dónde estás? —En el claro cerca del lago —respondí palideciendo al ver la nieve teñida de un intenso rojo bajo su frágil cuerpo. —Voy para allá. Con mucho cuidado tomé su cuerpo en brazos y di un paso tras otro decidido a sacarla de ese bosque. Fenrir no se separó de mi lado y cada cierto tiempo lamía la mano de la mujer como si quisiera asegurarse de que aún vivía. Faltaba poco para llegar al lago cuando el sonido del auto acercándose me hizo soltar un suspiro de alivio. —Falta poco —murmuré, no sé si para ella o para mí. Ulrik me esperaba con varias mantas con las que la envolvimos antes de acostarla en el asiento trasero. Los minutos que el helicóptero tardó en llegar a Rovaniemi se me hicieron eternos mientras el pulso de esta mujer caía hasta casi no sentirse. —Vas a vivir —susurré, tendiéndola con delicadeza sobre la camilla. «Tiene que vivir», pensé mientras la camilla se perdía al final del pasillo.... 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/preludio-b492030
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—Por favor, déjame entrar —me rogó juntando las manos. Confieso que su cara de perro apaleado y su tono lastimero estaban a p
—Por favor, déjame entrar —me rogó juntando las manos. Confieso que su cara de perro apaleado y su tono lastimero estaban a punto de hacerme ceder; por desgracia para él, me obligué a recordar las noches que lloré por su culpa y empujé la puerta con tanta fuerza que no le quedó más remedio que quitar el pie. —¡Volveré las veces que sean necesarias! —me prometió a gritos. —¡La próxima vez no pasarás de la recepción! —le prometí de vuelta. —¡Este edificio es mío! Ni bien lo dijo, abrí la puerta de golpe y lo miré con incredulidad. No podía ser cierto y, de serlo, significaba que había sido traicionada por mi propia familia. —¡Mientes! —lo apunté con el dedo. —Parece que alguien no puso atención cuando le hablé de mis inversiones —susurró muy cerca de mis labios—. Este es uno de los dos edificios que compré en esta ciudad. —Me mudaré mañana mismo —respondí entre dientes. —Te mudarás, sí, pero al departamento del último piso, que es el que te corresponde por ser mi mujer. —No soy tu mujer. Apreté los puños a los costados, conteniendo a duras penas las ganas de borrar a punta de cachetadas la sonrisita de satisfacción que adornaba su perfecto rostro. —¿Sabes quiénes no podrán pasar de la recepción a partir de hoy? —negué con la cabeza y su sonrisa se ensanchó—. Esos guardaespaldas que trajiste para impedirme llegar a ti. Si pensaba que se iba a salir con la suya era porque no tenía idea de lo mucho que cambié desde que me dejó. —Escúchame bien… —Tiré de su corbata con fuerza, obligándolo a agacharse para quedar a mi altura—. Hagas lo que hagas, no voy a volver contigo. Me perdiste hace un año, cuando no tuviste el valor de comprometerte conmigo. —Tu cuerpo no está de acuerdo con lo que sale de esa boquita —sonrió pegando su nariz a la mía y mi cuerpo, como el traidor que era, le dio la razón echándose a temblar con ese simple contacto. Solté esa corbata como si quemara y retrocedí un par de pasos. Tenía que alejarme, no podía darme el lujo de ser débil. —Más temprano que tarde, volverás a ser mía —me aseguró, acomodándose la corbata. —Sigue soñando. —¿Contigo? Siempre, regina mía. No hay noche en la que no te vea en mis sueños, en la que no recuerde lo bien que dormía abrazado a tu cálido cuerpo desnudo. Y tú… ¿Sueñas conmigo? —No —respondí tajante. «Mentirosaaa, sueñas con él hasta despierta», gritó la traicionera voz de mi conciencia, esa que dando gracias a Dios solo yo podía escuchar. —Sé que sueñas conmigo, solo espero que tus sueños sean tan placenteros como los míos —sonrió acortando la poca distancia que nos separaba. —Son placenteros cuando te veo llorando de dolor después de darte una buena patada en los huevøs. Su risa ronca hizo estragos en mi cuerpo, pero también me dio la oportunidad de volver a meterme en mi departamento y alejarme de su poderoso y seductor influjo... 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575
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ESTRENO Destrozado después de ver morir a la mujer que amaba en sus brazos el día de su boda, Ragnar se recluyó en la más rem
ESTRENO Destrozado después de ver morir a la mujer que amaba en sus brazos el día de su boda, Ragnar se recluyó en la más remota de sus propiedades y se negó a abandonarla hasta el día que encontró en el bosque a una joven moribunda, cuya vida se empeñó en salvar. Mientras ella luchaba por su vida, descubrió que era una famosa violinista a la que el mundo entero daba por muerta. Semanas más tarde, cuando supo que había perdido la memoria, decidió ocultarla hasta que la recuperara, y solo entonces le revelaría que fue su esposo quien intentó deshacerse de ella para allanarle a su amante el camino a la fama. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/preludio-b492030
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—¿Qué hacías abrazando a mi mujer? —le pregunté en cuanto tuve la primera oportunidad. —¿Tu mujer? —soltó con ironía—. No veo
—¿Qué hacías abrazando a mi mujer? —le pregunté en cuanto tuve la primera oportunidad. —¿Tu mujer? —soltó con ironía—. No veo ningún anillo en su dedo y te aseguro que, si un día lleva uno, será el mío. Lo arrastré directo a la salida; tenía que explicarme qué mierdą era lo que acababa de decir. De un desconocido podía esperar que se fijara en lo que no era suyo, pero nunca de uno de mis mejores amigos. Eso tenía que ser una broma, una de muy mal gusto, porque de no serlo, mandaría al diablo todos nuestros años de amistad para acabar con él con mis propias manos. —Repite lo último que dijiste —le pedí entre dientes, aguantando las ganas de estamparlo contra una de las columnas. —Dije —sonrió con burla— que un día será mi esposa. —Los muertøs no se casan —mascullé con los puños apretados a los costados. —¿Es eso una amenaza? —No, será un hecho si insistes en quitarme lo que es mío. —Quitarte lo que es tuyo… —repitió dándome la espalda—. No puedes perder algo que ya no es tuyo. Encajé ese golpe bajo lo mejor que pude. —Siempre ha sido mía. —Dejó de ser tuya desde el mismo instante en el que rompiste tu promesa. Lo último que esperaba era vernos enfrentados por una mujer, pero ella no era cualquier mujer; era mi mujer, a la que iba a recuperar costara lo que costara. —¿Cómo sabes que rompí mi promesa? —Porque ella me lo contó en uno de nuestros tantos paseos por Lúxor. Harto de su tonito de burla, apreté su hombro con fuerza, obligándolo a girar para enfrentarnos cara a cara. —Escúchame bien —siseé tomándolo por las solapas de la chaqueta—. Puede que ella y yo estemos atravesando el problema más serio de nuestra relación, pero no creas ni por un segundo que he dejado de amarla y de querer vivir el resto de mi vida con ella. Si rompí mi promesa fue porque esa era la única manera de mantenerla a salvo. —¿A salvo de quién? —preguntó deshaciéndose de mi agarre con un empujón. —De los traidores que aún vivían bajo mi techo y de los albaneses. Me sorprendía que, siendo uno de los pocos que sabía que intentaron mătarme en mi propia casa, no se hubiera dado cuenta de que una vez más, hice lo que tenía que hacer para protegerla. —¿O sea que terminaste con la mujer que tanto decías amar dándole las gracias por ser tu amante, para protegerla? —Mientras cruzaba los brazos sobre el pecho, me miró como si fuera un desastre andante—. ¿No era más fácil decirle que debían separarse hasta que tus enemigos dejaran de ser una amenaza? Definitivamente, el amor te volvió estúpidø... 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575
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—Perdóname por conspirar para separarte de esa muchacha. —La mirada de Garret se oscureció—. Pero no podía permitir que mi he
—Perdóname por conspirar para separarte de esa muchacha. —La mirada de Garret se oscureció—. Pero no podía permitir que mi heredero tomara por esposa a la hija de un simple pescador. —¿De qué manera conspiraste para separarme de Elin? —preguntó, sintiendo un nudo en la garganta. —Yo fui quien planeó todo, cuando ella te dijo que le tendieron una trampa y que no recordaba nada, no mentía. Raymond la dr0gó y se aprovechó de ella, lo que viste en ese video, era a esa muchacha siendo abus4da. Garret soltó la mano de su abuelo, sin poder asimilar lo que acababa de escuchar. De repente vinieron a su mente todos los recuerdos de esos días en los que perdió a la mujer que amaba. Elin era su todo y cuando vio ese video en el que ella retozaba con Raymond Edens, su corazón se partió en mil pedazos. —Cuando me dijiste que planeabas casarte con ella, decidí intervenir. —Nunca me dijiste que te desagradara, siempre fuiste gentil con ella. —De habértelo dicho, estoy seguro de que te habrías encaprichado. Es por eso que fingí estar de acuerdo con esa relación, podía aceptar que lo pasaras bien con ella, pero nunca la consideré digna de llevar nuestro apellido. —Tenía que ser sincero, aunque con eso se ganara el desprecio de su adorado nieto. Garret se dejó caer de rodillas sobre la alfombra, llevándose las manos a la cabeza. Recordó la manera cruel en la que la trató al pensar que le había sido infiel con el tipo que más despreciaba. En ese preciso instante, le dolió haberla sacado de su departamento a empujones, sin permitirle defenderse. La acusó basándose en ese video y la trató como si fuera una cualquiera. La desterró de su vida y en esos tres años, no le dedicó ni un solo pensamiento. Norman lo vio llorar por largo rato y su cargo de conciencia fue en aumento, si tenía alguna esperanza de salvar su alma, esta se acababa de diluir al presenciar el dolor de su nieto. —Sé que lo que hice es imperdonable, pero no podía morir sin decírtelo —susurró con su débil voz—. Tal vez, no sea tarde para que la busques y puedan tener un futuro juntos. Garret lo miró, reflejando todo el odio que sentía en ese momento. Se puso de pie haciendo un enorme esfuerzo y caminó hacia la puerta. No quería ser testigo de los últimos momentos de su abuelo, no después de lo que acababa de descubrir. —Espero que ardas en el infierno por toda la eternidad —soltó con rabia antes de abandonar la habitación azotando la puerta con fuerza. Lee aquí: https://booknet.com/es/book/amor-traicion-y-venganza-b425152?_lnref=ntyNTPq1
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Se detuvo frente al tubo. Respiró profundo. Y se obligó a levantar la mirada. Por un segundo, sus ojos verdes se encontraron con los azules penetrantes de Arthur Volkov. Fue como tocar un cable eléctrico. Un shock que recorrió su columna vertebral. Arthur no se movió. No sonrió. No reaccionó visiblemente. Pero algo en el cambió. Cataleya apartó la mirada rápidamente y puso una mano en el tubo frío. Hasta que sintió esa mirada de nuevo. Arthur Volkov no se había movido de su posición. Seguía sentado, con las piernas estiradas, completamente inmóvil. Pero la estaba mirando. Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, Arthur Volkov sintió algo más que dolor... 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/imperio-de-cenizas-b489286
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Fue vendida a un hombre cruel y despiadado que la trata como una mercancía, la exhibe y la presume como una “hermosa mascota” hasta que la muestra al hombre mas respetado y temido del bajo mundo ruso... —¿Qué es esto? —preguntó Ruslan, mirando la carpeta como si pudiera morderlo. —Tus pecados. Se hizo un profundo silencio. Incluso la música del club abajo parecía haberse silenciado. Ruslan estiró la mano, algo tembloroso, un temblor que intentó ocultar pero que Cataleya notó, Ruslan tomó la carpeta. La abrió. Su rostro palideció. Página tras página. Fotografías, documentos bancarios, registros de transacciones. Direcciones de sus operaciones en Kupchino, Avtovo, Rybatskoye. Nombres de sus tenientes. Rutas de contrabando. Cantidades exactas de dinero lavado. Todo. Arthur lo había investigado completamente. Sabía exactamente qué había estado haciendo Ruslan en San Petersburgo. Cada movimiento. Cada venta. Cada extorsión. —Yo… no — Ruslan tragó saliva y se aclaró la garganta. — No sabía que estos eran tus territorios, Arthur. Lo juro. Si lo hubiera sabido… —Pero lo sabías —Arthur se inclinó hacia adelante. —Te lo dijeron. Te lo advirtieron. Te dijeron que San Petersburgo está bajo mi protección. Los ignoraste. —Podemos negociar. Soy un hombre razonable. Puedo pagarte un porcentaje, podemos trabajar juntos, hay suficiente dinero para… —No necesito negociar, no necesito tu dinero, porque todos son mis territorios —Arthur extendió los brazos de par en par a cada lado. —Entonces ¿qué quieres? Arthur no respondió inmediatamente. Sus ojos recorrieron el privado. Los licores caros. Los sofás lujosos. Los guardias nerviosos de Ruslan. Y entonces, por primera vez desde que entró, sus ojos se posaron en Cataleya. Cataleya sintió su mirada. Como si alguien hubiera encendido un foco sobre ella en medio de la oscuridad. Mantuvo la cabeza baja. No lo mires. Nunca mires. Las lecciones de supervivencia gritaban en su cabeza. Pero podía sentirlo estudiándola. No con la lujuria grosera de los clientes del burdel. No con la posesividad arrogante de Ruslan. Era como una especie de curiosidad, quizás. Como si viera algo en ella que otros no veían. El momento se alargó. Dos segundos. Cinco. Diez. Una eternidad. Ruslan notó la dirección de la mirada de Arthur y sonrió. Era una sonrisa nerviosa, desesperada, la sonrisa de un hombre que se está ahogando y agarra cualquier tabla de salvación. —Ah, veo que has notado a mi… adquisición. —Se inclinó, acariciando el cabello de Cataleya con falsa ternura. —Hermosa, ¿verdad? Alemana. La conseguí hace unos meses. Vale una fortuna. Arthur no respondió. Solo seguía mirando. —Podemos negociar —continuó Ruslan, en un tono casi suplicante disfrazado de generosidad. —Mira, entiendo que pueda haber habido… malentendidos. Pero somos hombres de negocios. Podemos llegar a un acuerdo que beneficie a ambos. Tengo contactos, recursos, y… —hizo una pausa, calculando su próxima jugada, —entretenimiento de primera clase. Chasqueó los dedos hacia Cataleya sin mirarla. —Anda, muñeca. Dale un baile a nuestro invitado especial. Para que se relaje. Para que vea que Ruslan Petrov sabe cómo tratar a un hombre importante. Cataleya se quedó paralizada. No. Por favor, no. Había bailado antes. En el burdel, para clientes a quien Ruslan ofrecía como premio. Había aprendido a mover su cuerpo de maneras que excitaban, que prometían, que vendían una fantasía. Lo odiaba. Cada segundo. Cada movimiento, lo adiaba profundamente. Pero la alternativa era peor. El castigo de Ruslan era siempre peor. Lentamente, Cataleya se levantó. Sus piernas temblaban ligeramente, esperaba que nadie lo notara, mientras se dirigía hacia el tubo cromado en el centro de la mesa.
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—¿Cómo está Xenia? —Está de viaje —respondió con tono cortante. —¿En dónde está? —No es de tu incumbencia, aunque sí te diré
—¿Cómo está Xenia? —Está de viaje —respondió con tono cortante. —¿En dónde está? —No es de tu incumbencia, aunque sí te diré que conoció a alguien que le dará el lugar que tú te negaste a darle. Si quieres que nuestros negocios sigan en pie, deja en paz a mi hermana. Apreté los puños a los costados, deseando hacer pedazos a ese recién aparecido. —¿Se fue de viaje con ese tipo? —pregunté entre dientes, pero Enzo negó con la cabeza—. ¿Lo conozco? Tenía que ser alguien con el suficiente poder y confianza para acceder a un círculo tan cerrado como el de Enzo. —Es un buen amigo, uno al que le entregaría la mano de mi hermana con los ojos cerrados —respondió con una sonrisa burlona que en otras circunstancias me hubiera encantado borrarle a golpes. —Ya lo veremos —dije en voz baja, dándole la espalda para irme. Me llevaban los mil demonios, no podía creer que Xenia hubiera conocido a otro tan rápido. Lo único que me quedaba era aferrarme a la esperanza de que no olvidara el amor que sentíamos el uno por el otro, ni nada de lo que vivimos juntos. No sé cómo hice para no azotar la puerta hasta desencajarla al salir de ese despacho, así como tampoco sé cómo logré controlar el fiero impulso de regresar y moler a Enzo a golpes por reírse a carcajadas a costa de mi desesperación. «Camina, no dejes de hacerlo», me ordenó mi conciencia y tuve que obedecerla. Leandro achicó la mirada mientras me acercaba al auto, pero tuvo el acierto de no abrir la boca hasta que abandonamos la propiedad. —¿Cómo fue la cosa? —Bien en lo que respecta a nuestra alianza y mal porque Enzo me restregó en la cara que Xenia conoció a un hombre dispuesto a darle lo que yo no, un hombre que además cuenta con su total aprobación. —¿Pudiste verla? —Enzo me dijo que está de viaje, pero no sé si creerle —resoplé, pasándome las manos por la cabeza. —No mintió, ella está de viaje. —¿Cómo puedes estar tan seguro? —Se lo escuché decir a una de las sirvientas mientras paseaba de un lado a otro rogando para que salieras caminando y no con los pies por delante —bromeó. —¿Qué más dijo? —Que la señorita debe estar pasando un calor infernal en Egipto. —Egipto… —Solté un largo suspiro al recordar que uno de sus sueños era conocer ese país y que le prometí que lo haríamos juntos. «Otra promesa incumplida… ¡Qué novedad!», se burló mi conciencia, que ese día parecía más activa y venenosa que nunca. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575
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