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Locas x los Libros 📚

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Channel Locas x los Libros 📚 (@locasxloslibros) in the Spanish language segment is an active participant. Currently, the community unites 10 351 subscribers, ranking 3 690 in the Books category and 7 275 in the Spain region.

📊 Audience metrics and dynamics

Since its creation on невідомо, the project has demonstrated rapid growth, gathering an audience of 10 351 subscribers.

According to the latest data from 09 September, 2026, the channel demonstrates stable activity. Although there has been a change in the number of participants by 203 over the last 30 days and by 25 over the last 24 hours, overall reach remains high.

  • Verification status: Not verified
  • Engagement rate (ER): The average audience engagement rate is 18.16%. Within the first 24 hours after publication, content typically collects 3.41% reactions from the total number of subscribers.
  • Post reach: On average, each post receives 1 879 views. Within the first day, a publication typically gains 353 views.
  • Reactions and interaction: The audience actively supports content: the average number of reactions per post is 7.
  • Thematic interests: Content is focused on key topics such as mirada, puerta, boda, pareja, brazo.

📝 Description and content policy

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Thanks to the high frequency of updates (latest data received on 10 September, 2026), the channel maintains relevance and a high level of publication reach. Analytics show that the audience actively interacts with content, making it an important point of influence in the Books category.

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​Creyó que no lo volvería a ver, pero resultó ser el "hombre perfecto" qué su abuela quería que conociera... —Hijo, ellos son
Creyó que no lo volvería a ver, pero resultó ser el "hombre perfecto" qué su abuela quería que conociera... —Hijo, ellos son… —Rafaela y Roger —la cortó, para añadir —. Ya nos conocemos. —¿En serio? —preguntó la pobre señora, mirándolo a él y después a nosotros. No sabía qué hacer ni qué decir, temía que, en cualquier momento, la esposa de Izan apareciera y reconociera mi voz. Las mujeres teníamos muy buena memoria, sobre todo las engañadas. Estaba segura de que a esa mujer no se le olvidaría mi voz mientras viviera, así como yo tampoco olvidaría la suya. —Sí —respondió él, sin quitarme la mirada de encima, parecía enojado, lo cual me parecía una soberana estupidez, teniendo en cuenta que la engañada fui yo —. Conocí a esta mujer en Ibiza, compartimos unos días maravillosos y una noche memorable, después de la cual decidió olvidarse de mi existencia. Abrí y cerré la boca como un pez, no podía creer que tuviera el descaro de hacerse el ofendido. Cualquiera diría que yo era una devoradora de hombres que después de usarlo, lo echó a patadas de su vida. —¡Qué poca vergüenza la tuya! —repliqué, conteniendo las ganas de abofetearlo —. En serio esperabas que me quedara a esperarte después de saber que estás casado. —¡¿Casado yo?! —Sí, tú y me ofende muchísimo que no hayas tenido los huevos bien puestos para decirlo. Confié en ti y me fallaste. —No estoy casado —Intentó acercarse, pero di un paso atrás. Helena, Roger y Pilar, presenciaban nuestro duelo verbal con la boca abierta. —Mi hijo nunca ha estado casado —Pilar lo dijo de un modo que me puso a dudar. —¿Quién te dijo que soy casado? —preguntó, obligándome a mirarlo una vez más. —Mientras estabas en la ducha, entró una llamada y respondí. Era tu esposa y me dijo de todo menos bonita al darse cuenta de que pasé la noche contigo. —Te repito que no he tenido, ni tengo esposa. —Entonces… ¿Quién hizo esa llamada? —intervino Helena. Nos miramos las caras unos a otros e Izan apretó los labios, como si supiera quién lo hizo. —¡Aitanaaa! ¡Ven aquí ahora mismo! 📖 Lee aquí: La mujer del proceso

❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥CUANDO TE INVITAN A LA BODA DE TU EX, ESE QUE TE PUSO EL CUERNO CON TU PRIMA… —¿Querías que viniera a tu boda? —Había llegado el momento de sacar lo que tenía atascado desde que me llegó la mαldita invitación—. Aquí me tienes, pero no te confundas, vine porque te aseguraste de que lo hiciera, no porque te haya perdonado. Es más, nunca te voy a perdonar por lo que hiciste. —¿Todavía amas a Fabián? —preguntó con un tono afectado— ¿Es por eso que no me puedes perdonar? —Fabián no me puede importar menos. ¿Acaso no ves al hombre que está tomando mi mano ahora mismo? —Marco rodeó mis hombros, pεgándome a su costado y les juro que me habría encantado que lo nuestro fuera real. —Si no sientes nada por él, entonces perdóname. —No sabía si mi prima era idiøta o se hacía, así que tendría que explicarle bien el motivo por el que no podía perdonarla. —No te puedo perdonar por el simple hecho de que no tolero la deslealtad. Podría haberme esperado que él me pusiera el cuerno con cualquiera, pero nunca con alguien de mi propia familia y mucho menos con alguien que creció conmigo. —No pudimos controlar los que nuestros corazones sentían y nos dejamos llevar. —No, pues, si hasta poética se iba a poner. —Debieron tener la decencia de decirme las cosas a la cara. Te recuerdo que Fabián y tú fueron amantes por varios meses y si no los hubiese descubierto saliendo del Motel, dudo que se hubieran animado a decirme la verdad. La abuela la miró con espanto, era la tercera vez que yo hacía mención a lo del motel, cosa que mi prima negó una y otra vez. La abuela siempre se negó a creer eso, porque cómo iba a imaginarse a su nieta preferida, comportándose como una cualquiera, era más fácil creer que yo mentía... 📚Lee aquí: https://booknet.com/es/book/alto-ahi-cupido-b406389?_lnref=KNCmyGYx

—No, no es eso. Es… —hice una pausa, mordiéndome el labio—. Es mi guardaespaldas. Hubo un silencio. Y luego Paul se echó a re
—No, no es eso. Es… —hice una pausa, mordiéndome el labio—. Es mi guardaespaldas. Hubo un silencio. Y luego Paul se echó a reír. —Oh, mon Dieu. Te gusta tu guardaespaldas. —No es gracioso. —Es hilarante. La gran Martina Marlow, la mujer que rechazó a un príncipe literal el año pasado, se derrite por su guardaespaldas. Es como una novela romántica barata. —Paul… —Está bien, está bien —dijo, todavía riendo—. Cuéntame. ¿Qué tiene de especial este tipo? Y se lo conté. Todo. La forma en que me mira cuando piensa que no me doy cuenta. La tensión entre nosotros. Su profesionalismo inquebrantable que me vuelve loca. El hecho de que por primera vez en mi vida, quiero a alguien que parece decidido a mantenerme a distancia. —Suena como que necesita un empujoncito —dijo Paul pensativamente. —¿Qué quieres decir? —Celos, ma chérie. Nada hace que un hombre se dé cuenta de lo que quiere más rápido que pensar que alguien más lo tiene. Me reí. No pude evitarlo. La idea era ridícula. Pero también… me gustó. —¿Estás sugiriendo que finjamos ser pareja? —No finjamos nada. Solo… dejemos que asuma. ¿A qué hora sales de viaje mañana? Le di todos los detalles. La hora, el lugar, todo. —Deja que me encargue, belleza —dijo Paul con esa confianza que siempre tiene—. Confía en mí. Y eso fue todo. Colgamos y yo me quedé mirando el teléfono, preguntándome si realmente iba a usar a mi mejor amigo para darle celos a mi guardaespaldas. Aparentemente, sí. Porque esta mañana, justo cuando estoy a punto de subir al auto, escucho el rugido familiar del Porsche de Paul. Y el show comienza. Veo cómo Adrian se pone inmediatamente en modo protector, interponiéndose entre Paul y yo como si fuera una amenaza. Hay algo casi erótico en la forma en que se mueve, en cómo su mano va instintivamente hacia su arma. Y no voy a mentir: es increíblemente atractivo. Pero mantengo la compostura. Sonrío. Actúo como si Paul fuera exactamente lo que Adrian está asumiendo que es. El beso es puro teatro. Paul y yo lo hemos hecho antes, en fiestas cuando queremos ahuyentar a pretendientes no deseados. Pero Adrian no lo sabe. Y la forma en que su mandíbula se tensa, cómo sus manos se convierten en puños, cómo todo su cuerpo se pone rígido… Misión cumplida. Antes de despedirse, Paul se inclina y me susurra al oído: —Disfruta tu viaje con tu guardaespaldas. Río tímida, girando levemente para mirar a Adrian. Tiene el ceño arrugado, las manos en puños y la mandíbula tan tensa que me sorprende que no se le rompan los dientes. —Podemos irnos, Adrian —digo con la voz más casual que puedo reunir. Él se aclara la garganta. Le da una mirada que solo puedo describir como asesina a Paul, quien le devuelve una sonrisa y un saludo despreocupado. Adrian abre la puerta trasera con más fuerza de la necesaria. Subo. Él cierra la puerta. Y entonces comienza el silencio más incómodo de mi vida. Mientras conduce, puedo sentir la tensión entre nosotros. Es casi como electricidad estática en el aire antes de una tormenta. Quiero decir algo, cualquier cosa, pero no sé qué. No sé cómo romper este silencio sin revelar demasiado. ¿Debería explicarle sobre Paul? ¿Decirle la verdad? ¿O debería dejar que piense lo que está pensando? No sé qué hacer. Si hablar o quedarme callada. Así que elijo el silencio. Y así, en un silencio tenso llegamos al hangar. El jet privado está esperando, elegante y blanco bajo el sol de la mañana. La tripulación nos saluda profesionalmente. Adrian revisa el avión antes de permitirme subir, como siempre. Protocolo. Una vez dentro, me acomodo en uno de los asientos de cuero color crema. Saco mi teléfono y finjo estar absorta en mis emails, aunque en realidad no estoy leyendo nada. Solo necesito algo que hacer con mis manos, algo en qué enfocarme que no sea Adrian sentado al otro lado del pasillo, con esa expresión inescrutable en su rostro. Estamos a unos veinte minutos en el aire cuando Adrian finalmente habla. —Debías haber mencionado que tenías novio. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/te-protegere-en-mil-vidas-b487079

Acceso íntimo. —Paul no es una amenaza —declaro. —Eso no es el punto. —¿Entonces cuál es el punto, Adrian? 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/te-protegere-en-mil-vidas-b487079

—Deja que me encargue, belleza —dijo Paul con esa confianza que siempre tiene—. Confía en mí. Y eso fue todo. Colgamos y yo me quedé mirando el teléfono, preguntándome si realmente íbamos a hacer esto. Si realmente iba a usar a mi mejor amigo para darle celos a mi guardaespaldas. Aparentemente, sí. Porque esta mañana, justo cuando estoy a punto de subir al auto, escucho el rugido familiar del Porsche de Paul. Y el show comienza. Veo cómo Adrian se pone inmediatamente en modo protector, interponiéndose entre Paul y yo como si fuera una amenaza. Hay algo casi erótico en la forma en que se mueve, en cómo su mano va instintivamente hacia su arma. Y no voy a mentir: es increíblemente atractivo. Pero mantengo la compostura. Sonrío. Actúo como si Paul fuera exactamente lo que Adrian está asumiendo que es. El beso es puro teatro. Paul y yo lo hemos hecho antes, en fiestas cuando queremos ahuyentar a pretendientes no deseados. Es familiar, cómodo, completamente carente de pasión real. Pero Adrian no lo sabe. Y la forma en que su mandíbula se tensa, cómo sus manos se convierten en puños, cómo todo su cuerpo se pone rígido… Misión cumplida. Antes de despedirse, Paul se inclina y me susurra al oído: —Disfruta tu viaje con tu guardaespaldas. Río tímida, girando levemente para mirar a Adrian. Tiene el ceño arrugado, las manos en puños y la mandíbula tan tensa que me sorprende que no se le rompan los dientes. Le doy a Paul otro beso suave en los labios, más para el beneficio de Adrian que por cualquier otra razón, y me alejo caminando hacia el auto. —Podemos irnos, Adrian —digo con la voz más casual que puedo reunir. Él se aclara la garganta. Le da una mirada que solo puedo describir como asesina a Paul, quien le devuelve una sonrisa y un saludo despreocupado. Adrian abre la puerta trasera con más fuerza de la necesaria. Subo. Él cierra la puerta. Y entonces comienza el silencio más incómodo de mi vida. Mientras conduce, puedo sentir la tensión entre nosotros. Es casi como electricidad estática en el aire antes de una tormenta. Quiero decir algo, cualquier cosa, pero no sé qué. No sé cómo romper este silencio sin revelar demasiado. ¿Debería explicarle sobre Paul? ¿Decirle la verdad? ¿O debería dejar que piense lo que está pensando? No sé qué hacer. Si hablar o quedarme callada. Así que elijo el silencio. Y así, en un silencio tenso llegamos al hangar. El jet privado está esperando, elegante y blanco bajo el sol de la mañana. La tripulación nos saluda profesionalmente. Adrian revisa el avión antes de permitirme subir, como siempre. Protocolo. Una vez dentro, me acomodo en uno de los asientos de cuero color crema. Saco mi teléfono y finjo estar absorta en mis emails, aunque en realidad no estoy leyendo nada. Solo necesito algo que hacer con mis manos, algo en qué enfocarme que no sea Adrian sentado al otro lado del pasillo, con esa expresión inescrutable en su rostro. El jet despega suavemente. Nueva York nos espera. Estamos a unos veinte minutos en el aire cuando Adrian finalmente habla. —Debías haber mencionado que tenías novio. Su voz es controlada, calmada, pero hay un filo en ella que no había escuchado antes. Levanto la vista de mi teléfono y sonrío un poco. No puedo evitarlo. —No sabía que eso tenía relevancia. Adrian bufa. Literalmente bufa, como si lo que acabo de decir fuera la cosa más ridícula que ha escuchado. —Es tu novio —remarca la palabra “novio” con un énfasis que hace que algo en mi estómago se revuelva—. No es cualquiera. Dejo el teléfono en mi regazo y lo miro directamente. Sus ojos están fijos en mí, intensos, casi acusatorios. —Necesito saber todo sobre las personas que están a tu alrededor —continúa—. Es parte de mi trabajo. Parte de mantenerte segura. —Entiendo —digo lentamente. —¿Entiendes? —repite, y ahora hay definitivamente frustración en su voz—. Porque desde mi perspectiva, acabas de dejarme completamente a ciegas sobre alguien que claramente tiene acceso íntimo a ti.

Siento una fuerte atracción por Adrian Santana. Ahí está. Lo admito. Al menos para mí misma, en la privacidad de mis propios pensamientos. Y cada día es peor. Peor en el sentido de que se vuelve más difícil ignorarlo. Más difícil fingir que no noto la forma en que sus manos se aferran al volante cuando conduce. Más difícil no quedarme mirando la línea de su mandíbula cuando está concentrado revisando su teléfono. Más difícil no imaginar cómo se sentiría que esas manos me tocaran de una forma que no fuera estrictamente profesional. Y lo peor de todo es que esto no es normal para mí. No soy la típica chica que se gusta de cualquiera. Nunca lo he sido. Mis amigas solían burlarse de mí en la preparatoria porque mientras todas ella tenían novios y crushes cada semana, yo simplemente… no. Nadie me llamaba la atención. Nadie me hacía sentir esa chispa de la que todo el mundo hablaba. La única vez que realmente me gustó alguien fue en la universidad. Paul. Paul Lehman, el chico de contabilidad, amigo de mi cuñada María José, encantador, divertido. Me gustó. Realmente me gustó. Estaba ilusionada con él de una forma que nunca había experimentado antes. Intentamos tener algo. Lo intentamos de verdad. Pero él no llegó a llenar mis expectativas. No fue su culpa. Ni la mía tampoco, supongo. Simplemente no funcionó. Éramos amigos con derechos, pero incluso eso se sentía… forzado. Vacío. No había esa conexión que se supone que debería haber. Ni emocional ni física. Especialmente física. Los besos eran agradables pero no electrizantes. El sexo era… bien. Solo bien. Y yo seguía esperando sentir algo más, algo que justificara todo el drama y la poesía que la gente escribe sobre el amor y el deseo. Nunca llegó. Al final terminamos siendo solo amigos. Buenos amigos. Grandes amigos, de hecho. Paul es una de las pocas personas en mi vida que me conoce de verdad, sin los filtros de la fama o la industria de la moda. A lo largo de estos años, nos hemos vuelto inseparables. Él sabe todo de mí asi como yo de él, así como sé ahora esta muy enamorado de una chica que conoció. Y lo envidio, porque al fin según él encontró el amor. Por eso anoche lo llamé. Estaba en mi cama, mirando el techo, incapaz de dormir porque mi mente no dejaba de reproducir el momento en que Adrian me tocó el brazo hace dos noches. Un simple toque. Nada inapropiado. Y sin embargo, sentí como si me hubiera atravesado un rayo. Tomé mi teléfono y marqué. Paul contestó al tercer tono, con voz somnolienta. —Esto más vale ser importante, Marlow. Son las dos de la mañana. —Necesito tu ayuda —dije sin preámbulos. —¿Estás bien? ¿Es el acosador? —No, no es eso. Es… —hice una pausa, mordiéndome el labio—. Es mi guardaespaldas. Hubo un silencio. Y luego Paul se echó a reír. —Oh, mon Dieu. Te gusta tu guardaespaldas. —No es gracioso. —Es hilarante. La gran Martina Marlow, la mujer que rechazó a un príncipe literal el año pasado, se derrite por su guardaespaldas. Es como una novela romántica barata. —Paul… —Está bien, está bien —dijo, todavía riendo—. Cuéntame. ¿Qué tiene de especial este tipo? Y se lo conté. Todo. La forma en que me mira cuando piensa que no me doy cuenta. La tensión entre nosotros. Su profesionalismo inquebrantable que me vuelve loca. El hecho de que por primera vez en mi vida, quiero a alguien que parece decidido a mantenerme a distancia. —Suena como que necesita un empujoncito —dijo Paul pensativamente. —¿Qué quieres decir? —Celos, ma chérie. Nada hace que un hombre se dé cuenta de lo que quiere más rápido que pensar que alguien más lo tiene. Me reí. No pude evitarlo. La idea era ridícula. Pero también… me gustó. —¿Estás sugiriendo que finjamos ser pareja? —No finjamos nada. Solo… dejemos que asuma. ¿A qué hora sales de viaje mañana? Le di todos los detalles. La hora, el lugar, todo.

La furiosa mirada que Ciro me lanzó antes de dar media vuelta y abandonar ese salón se clavó en mi corazón como un afilado pu
La furiosa mirada que Ciro me lanzó antes de dar media vuelta y abandonar ese salón se clavó en mi corazón como un afilado puñal. Y mientras él se alejaba y era engullido por la oscuridad del jardín, Rómulo dio la estocada final, la que le dio algo de sentido a esa unión que nunca debió ser. —Sé que lo amas, pero jamás estarán juntos —me susurró al oído, poniéndome los pelos de punta al advertir la maldad y la burla en sus palabras. En ese momento, recordé con dolorosa claridad esas charlas en las que Ciro, en un arranque de sinceridad, me habló de su padre, de sus desprecios constantes y de su empeño por hacerle la vida miserable. Casarse conmigo era, sin duda, otra de las tantas maneras que el infeliz que sonreía a mi lado encontró para hacerle a su único hijo más daño del que ya le había hecho. Era tan grande la rabia que sentía al saberme usada de una manera tan ruin, que dejé que mi mano volara e impactara con fuerza en su arrugada mejilla. Los murmullos cesaron para dar paso al silencio sepulcral en medio del cual abandoné ese salón aparentando una seguridad que en realidad no sentía. Con esa cachetada, no solo terminó ese circo en el que yo era la atracción principal, sino también el frágil acuerdo de no agresión al que llegamos semanas atrás. Rómulo acababa de quedar en ridículo frente a todos sus invitados y, si de algo no tenía dudas, era de que mi pequeño acto de rebeldía me había hecho acreedora de un castigo “ejemplar”. Empujada por la adrenalina del momento, me quité los zapatos, subí las escaleras de dos en dos y solo cuando estuve dentro de las cuatro paredes de mi habitación me permití llorar amargamente por todo lo que los malditos de Rómulo y mi padre me habían quitado. Cuando la puerta se abrió de par en par y me encontré con la mirada demoníaca de Rómulo, en lugar de ponerme a temblar de miedo, me puse de pie, me erguí en toda mi estatura y lo miré como a un igual. —¡Pagarás muy cara la vergüenza que acabas de hacerme pasar! —¿Vergüenza? —reí sin humor—. Pero si ni siquiera sabes lo que es eso. —¡Cierra la boca! —Me apuntó con el dedo. —¿Sabes lo que es una vergüenza? —solté furiosa, mirándolo con todo el asco que me inspiraba—. Casarte con una mujer que parece tu nieta. Vergüenza es lo que no tuviste cuando enviaste a tu hijo de viaje para quitarle a su mujer. —¡¿Su mujer?! —ladró, rojo de la rabia—. ¿Te acostaste con él? —¡Siii! —mentí con descaro—. ¡Lo hicimos muchas veces, tantas que hasta perdí la cuenta! 🔆 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575

Zhany —Lo… lo siento… —murmuró el pobre doctor al darse cuenta de lo que pasaba. —No es su culpa —respondí, tratando de no ll
Zhany —Lo… lo siento… —murmuró el pobre doctor al darse cuenta de lo que pasaba. —No es su culpa —respondí, tratando de no llorar. —Tampoco suya; es el padre el que define el sexo del bebé. —Parece que eso él no lo sabe —reí sin humor, incorporándome sobre la camilla para limpiar el gel que cubría mi panza. Mientras el doctor imprimía un par de copias de la ecografía, mantuve la esperanza de que Enzo volviera y se disculpara por su estúpida reacción, pero eso no pasó. Salí de ese consultorio tratando de no sentir una tristeza que solo le haría daño a mi hija. —Te amo mi pequeñita, y por ahora, con esto tendrá que ser suficiente —susurré, mientras una lágrima se deslizaba por mi mejilla. Un pañuelo apareció ante mis ojos, pero al ver las iniciales bordadas de mi idiota, insensible y machista esposo, lo aparté con un manotazo y seguí mi camino. —Lo siento, no supe cómo reaccionar. 🌷 🌷 🌷 🌷 Enzo —Sé que soy el más idiota de los hombres, pero soy un idiota que las ama. Lamento que mi reacción en el consultorio te hiciera pensar que no amo a nuestra hija —dije acercándome a la cama con pasos lentos e inseguros. —Bonitas palabras —respondió con un tono carente de emoción—, pero llegan tarde. —Nunca es tarde. No hubo réplica, al menos no una verbal. Mi más que molesta esposa se limitó a lanzarme una mirada más fría que el agua del mar en invierno antes de darme la espalda y taparse con las mantas. —Zhany, no nos hagas esto. No podemos dormir estando enojados. —No estoy enojada, estoy decepcionada y eso es peor —respondió. —Dame la oportunidad de arreglarlo. Se sentó de golpe y me miró de una manera que me dejó congelado en mi sitio. —Estoy harta de darte oportunidad tras oportunidad y que las arruines todas —soltó molesta, apuntándome con el dedo—. Otra en mi lugar no te habría dado ni la hora después de toda la mierda que salió de tu boca en Nueva York, pero yo, que soy una estúpida que no aprende, me lancé de cabeza al vacío y me puse al alcance de tu mano… ¿Para qué? ¿Para terminar embarazada y casada con un hombre que me deja sola en mi momento más vulnerable solo porque nuestro bebé resultó ser niña? —No reaccioné de ese modo porque no quisiera a nuestra hija, reaccioné así por miedo, miedo a que sufra en un mundo tan podrido como este. Pero ahora que sé que es una niña, además de amarla, voy a protegerla con mi propia vida si es necesario. —Está muy bonito lo que dices, pero son solo palabras, palabras en las que no puedo ni debo confiar. No creeré que amas a tu hija hasta que te vea con ella en brazos, mirándola con el amor que merece. Ahora, si no te importa, necesito descansar. Que dijera todo eso sin derramar una sola lágrima me puso a temblar de miedo, un miedo que me impidió pegar ojo toda la noche. 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/nunca-fui-tuya-b475587

—Si no quieres verla morir, harás lo que yo te diga —le dijo Rómulo. —¿Por qué tendría que importarme lo que le pase? —replic
—Si no quieres verla morir, harás lo que yo te diga —le dijo Rómulo. —¿Por qué tendría que importarme lo que le pase? —replicó sin siquiera mirarme. —Porque la amas. —Nunca la amé. —A mí no me vengas con ese cuento, cuando sé que llevaban meses viéndose a escondidas. La amas, no lo niegues —insistió. —Fueron meses, porque meses son los que se necesitan para seducir y llevarse a la cama a la hija virgen de un mafioso —soltó con burla, haciendo que mi corazón se rompiera en cientos de afilados pedacitos dentro de mi pecho. En su afán por presionarlo, Rómulo cruzó una fugaz mirada con Bruno y este, sin el más mínimo remordimiento, pegó la hoja a la delicada piel de mi garganta. El dolor de mi alma era tan grande que anuló el dolor que debí sentir cuando el cuchillo rasgó mi piel. —¿La vas a dejar morir? —le preguntó Rómulo con la más perversa de sus sonrisas. —Ya obtuve de ella la única cosa que quería; si vive o muere, me da igual. Al darse cuenta de que hablaba en serio, Bruno me liberó y, aunque mis piernas temblaban tanto que creía que no sería capaz de mantenerme en pie, no les di el gusto de verme caer. —No te niego que disfruté de tu compañía, pero fuiste una más en mi larga lista de conquistas. Mi mano voló a su mejilla sin que pudiera hacer nada por detenerla. —¡Desgraciado! —La fuerza de la cachetada le volteó la cara—. ¡Me arruinaste la vida! —No debiste confiar en el primer hombre atractivo que se atravesó en tu camino —respondió, limpiando el fino hilo de sangre que corría por su barbilla. —Aunque me cueste esta vida y otra más, te arrancaré de aquí —le juré llevándome la mano al lugar en el que se agitaban los pedacitos de ese corazón que entregué al hombre equivocado. —Si ya terminaste con tu drama… —Sonrió con burla, abriéndome la puerta. —¡Púdrete! Pasé por su lado dándole un fuerte empujón, antes de correr todo lo rápido que me permitía la estrecha falda rumbo a la escalinata. Caí de rodillas en el último escalón y, ahogando el grito de dolor que pugnaba por abandonar mi garganta, me puse de pie y corrí directo a mi habitación, en donde Delfina me esperaba con los brazos abiertos, listos para darme el consuelo que tanto necesitaba. —No me quiere, nunca me quiso —sollocé con el tono lastimero propio de un alma rota. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575

HISTORIA GRATUITA Michael observaba a la pequeña rubia. Desde que le llevaban el café a la oficina, no había vuelto a la cafe
HISTORIA GRATUITA Michael observaba a la pequeña rubia. Desde que le llevaban el café a la oficina, no había vuelto a la cafetería y ella había asistido pocas veces al bufete. Le fascinaba cómo se movía al caminar; ciertos gestos en sus movimientos lo tenían completamente cautivado. —Bonita, ¿verdad? —dijo Russel Hester desde detrás de Michael—. Que Brad no se entere de que tienes interés en otra mujer que no sea su hija; si no, peligrará tu posible ascenso a socio. Tu madre tampoco puede saberlo, porque le haría la vida imposible a la pobre chica. Ya sabes que ella tiene planes para ti. —No tengo interés en ella, así que no importa que me vean mirándola —respondió él, sin apartar la vista de Violet. —Si tú lo dices… pero te conozco; recuerda que estuve el día que naciste —dijo Russel, dándole una pequeña palmada en el hombro antes de alejarse de Michael. 📖Lee aquí: https://www.inkitt.com/edit/1025229

—Esta noche conocerás al hijo de Rómulo. Con un encogimiento de hombros dejé claro lo poco que me importaba conocer a mi hija
—Esta noche conocerás al hijo de Rómulo. Con un encogimiento de hombros dejé claro lo poco que me importaba conocer a mi hijastro. En ese momento estaba convencida de que debía ser igual de despreciable que su padre. Cuando Rómulo me vio, sonrió complacido y, colocando mi mano sobre su antebrazo, me llevó hasta el salón. En cuanto cruzamos la puerta, fui consciente de cada mirada lasciva, de cada mirada de admiración, de cada mirada de lástima y también de los susurros maliciosos de las mujeres que me creían una cazafortunas. —Sonríe —me ordenó bajando la voz, mientras caminábamos hacia el único hombre que no se había tomado la molestia de girar para ver la entrada "triunfal" de sus anfitriones. Di un traspié cuando el aroma de un perfume que conocía demasiado bien después de haberlo aspirado decenas de veces directamente del pecho de Ciro inundó mis fosas nasales. «No, no puede ser él», pensé en el mismo instante en el que nuestros pasos se detuvieron. —Hijo… —pronunció Rómulo con una sonrisa de lo más satisfecha. Cuando ese hombre giró, revelando el rostro del hombre que amaba deseé estar muerta para no tener que enfrentarme a su mirada de desprecio. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575

​—Esta noche conocerás a su hijo —le dijo su dama de compañía. Se encogió de hombros con evidente desinterés, creyendo que el
—Esta noche conocerás a su hijo —le dijo su dama de compañía. Se encogió de hombros con evidente desinterés, creyendo que el hijo debía ser igual de despreciable que el padre. Poco después, colgada del brazo de su esposo, entró en el salón y todas las miradas se clavaron en ella, en la jovencísima esposa de Rómulo Marchese, en la que más que su esposa parecía su nieta. —Sonríe —le ordenó bajando la voz. No le quedó más remedio que hacerlo; no le costaba nada poner una sonrisa falsa si eso la libraba de un castigo. —Hijo… —pronunció Rómulo con una sonrisa de lo más satisfecha, deteniéndose junto a un hombre que les daba la espalda. Cuando ese hombre giró y pudo ver su rostro, su corazón se detuvo al darse cuenta de que el hijo de su esposo y el hombre que amaba eran la misma persona. —Te presento a mi esposa. Ciro clavó su furiosa mirada en ella antes de darles la espalda y abandonar ese salón en medio de los susurros y miradas malintencionadas de los invitados. Mientras él se alejaba, Rómulo se le acercó más de la cuenta para susurrarle al oído: —Sé que lo amas, pero jamás estarán juntos. En ese momento recordó con dolorosa claridad esas charlas en las que Ciro le habló de su padre, de sus desprecios constantes, de su empeño por hacerle la vida miserable, y ya no tuvo dudas de que la hizo su esposa para hacerle más daño del que ya le había hecho. Sin importarle la gente a su alrededor ni el castigo que iba a recibir, dejó que su mano volara e impactara con fuerza en la arrugada mejilla de su esposo y abandonó ese salón en medio de un silencio sepulcral, aparentando una seguridad que estaba lejos de sentir. Horas más tarde, acostada boca abajo mientras Delfina curaba sus heridas, lloró todo lo que no se había permitido llorar desde que llegó a esa casa. «Lo perdí todo», murmuró dejándose arrastrar por el sueño para no sentir más dolor. 📖 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575

🔞🔞🔞🔞 Pude ver cómo el hombre me miró con una lujuria que yo anhelaba en mis fantasías, cuando la soledad me atacaba. Pero
🔞🔞🔞🔞 Pude ver cómo el hombre me miró con una lujuria que yo anhelaba en mis fantasías, cuando la soledad me atacaba. Pero ahora lo tenía, al fin lo tenía ahí para mí. No me importaba que hubiera llegado a mi vida nuevamente gracias a un bebé por contrato, no me importaba que hubiera amenazado con enviarme a la cárcel, no me importaba nada. Solo quería tenerlo en mí, dentro de mí, conmigo, como en aquella época juvenil. Link de NovelaGo. https://www.novelago.com/es/book/un-hijo-por-contrato-con-mi-ex/687853667d1fbaee75bf5e06?channel_type=30&media_source=book_share&campaign_name=67cb2499767a3e781a5854be&campaign_id=67cb2499767a3e781a5854be&adset_name=book_detail&adset_id=1 Gratuita (con anuncios, pero no tan limitado como otras plataformas) en la app AstraNovel o por 0.80 Ctv dólar acceso por 1 semana a tantos libros como desee sin anuncios. Título: Un hijo por contrato con mi ex. Autor: Diego Almary.

ESTRENO Cuando su padre le anunció que la había comprometido en matrimonio con uno de sus aliados, jamás imaginó que su futur
ESTRENO Cuando su padre le anunció que la había comprometido en matrimonio con uno de sus aliados, jamás imaginó que su futuro esposo tuviera edad para ser su abuelo. De nada sirvieron sus lágrimas ni sus súplicas; la decisión estaba tomada y, dos días después, ya era la esposa de ese hombre. Semanas más tarde, cuando creía que ya había pasado lo peor y que la vida no podía ensañarse más con ella, descubrió que el único hijo de su anciano esposo y el hombre que amaba eran la misma persona. 📚 Lee aquí: https://booknet.com/es/book/siempre-fui-tuya-b484575

Historia terminada —Haré que me ames de nuevo —susurré, sin dejar de mirarla a los ojos. —No quiero tu amor, ya no. —¿Por qué no? —No he pasado tantos meses en terapia para volver a lo mismo —respondió, sin moverse ni un milímetro, cosa que me preocupó, porque eso significaba que mi presencia ya no producía nada en ella —. Me ha costado mucho reponerme de todo lo que pasó y darte la oportunidad que pides, significaría revivir cosas que prefiero olvidar. Será mejor que dejes de alimentar tu obsesión por mí. —No estoy obsesionado —me defendí. —Solo un hombre obsesionado espía al objeto de sus deseos desde las sombras. ¿Te parece sano pasar horas fuera de este edificio esperando verme? ¿Crees que está bien perseguirme por la ciudad y enviarme un postre como si con eso pudieras arreglarlo todo? —No pude sostenerle la mirada, tenía razón. Menos mal, no sabía que estuve en París y que moví los hilos para que Valentino le hiciera la oferta que la retenía en Milán, porque eso sí que me haría caer aún más bajo ante sus ojos y lo que es peor, reforzaría la idea de mi obsesión por ella. —Si no tienes nada más que decir, será mejor que te vayas —me dijo, señalando la puerta. Harto de tanta frialdad, la tomé por la cintura, la pegué a mi cuerpo y capturé sus labios, decidido a recordarle lo bien que se sentía entre mis brazos y cuanto disfrutaba con mis besos. Si las palabras no eran suficientes para lograr que me perdonara, no me quedaba más remedio que jugar sucio. Mientras mis labios se movían sobre los suyos, intentando que abriera la boca para profundizar ese beso, me di cuenta de que no respondía. En ningún momento sentí sus brazos rodeando mi cuello, como antes. Desesperado ante su falta de reacción, tomé su rostro entre mis manos y pegué mi frente a la suya. —Por favor, no me hagas esto. No puedes haber dejado de amarme, por favor, no —susurré, angustiado, creyendo que todo estaba perdido. El empujón que me dio, me tomó completamente desprevenido, tanto que me falló el equilibrio y estuve a punto de caer. —¡Vete! —siseó con furia contenida, señalando la puerta por enésima vez —. ¡Vete y no vuelvas! —Me voy —respondí, dejando que mi voz reflejara lo derrotado que me sentía —. Pero volveré las veces que sean necesarias hasta que me perdones —añadí, pasando por su lado, rumbo a la jodida puerta. 🔆Lee aquí: https://booknet.com/es/book/el-precio-de-la-venganza-b432035?_lnref=KNCmyGYx

Hace años, Matilde firmó un contrato por amor... sin imaginar que algún día él volvería a cobrarlo. Ahora, Adrián, su exnovio
Hace años, Matilde firmó un contrato por amor... sin imaginar que algún día él volvería a cobrarlo. Ahora, Adrián, su exnovio y heredero de un imperio, ha regresado con una exigencia tan fría como legal: debe cumplir la cláusula que le prometía un hijo. Si se niega, enfrentará una multa imposible de pagar. Si accede, tendrá que ocultar el secreto más grande de su vida: ya no puede tener hijos. Entre el rencor, la atracción y una verdad que podría destruirlos a ambos, Matilde tendrá que decidir si mentir... o perderlo todo Link ⤵️ https://www.novelago.com/es/book/un-hijo-por-contrato-con-mi-ex/687853667d1fbaee75bf5e06?channel_type=30&media_source=book_share&campaign_name=67cb2499767a3e781a5854be&campaign_id=67cb2499767a3e781a5854be&adset_name=book_detail&adset_id=1