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Relatos de una soñadora
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Y sin mas miramientos le metió de un solo golpe el tremendo strap on. Ernesto noto un gran pinchazo, como una quemazón en su culo y apretó los dientes. Solo gracias a que Verónica antes le había metido un consolador mas pequeño y su culo ya se había ensanchado y lubricado pudo soportarlo.
«Ahora comprenderás lo que sentimos las mujeres cuando los hombres nos dais por el culo sin miramientos, duele, ¿eh cabrón?, contesta!».
Ernesto solo pudo articular, «Si, Ama Verónica, duele mucho».
«Se que esto te va» dijo Verónica, «Aunque, me ha parecido que tu culo era virgen pero… no me lo creo, se que estás disfrutando y que no debe ser la primera vez así que te daré bien fuerte cabrón».
Ernesto intentó controlar la situación, como directivo de nivel sabia ciertos trucos psicológicos y mentales, quizá no podía ponerlos en practica contra quien le follaba el culo tan inmisericordemente, pero si con él mismo. Se dijo a si mismo que tenía que cambiar su esquema mental y lograr extraer placer del dolor.
Así pues, relajó el culo y el enorme rabo de goma se deslizaba ya sin tanta fricción, empezó a notar el roce y el masaje que el strap on proporcionaba a su próstata y comenzó a sentir placer, pequeño al principio pero mas intenso en pocos momentos.
Cuanto mas lo cabalgaba Verónica mas placer sentía, era una sensación extraña pues su pene no estaba 100% erecto, aun así, Verónica empezó a masturbarle mientas le seguía follando el culo, al poco, esa mezcla de placeres hizo que Ernesto volviera a correrse.
Se corrió largamente y su leche fue a caer encima de la mesa, Verónica descabalgo a Ernesto y diciendo «Es una pena que esta leche se desperdicie empezó a lamer las gotas.
Cuando acabó de lamer toda la leche, besó a Ernesto en la boca y le dijo que habia sido un sumiso muy bueno en su rol.
Ernesto contestó «Bien, Ama Verónica no estaban en mis planes estos jueguecitos pero me han hecho sentir un placer intenso y distinto, volveré a ser tu sumiso en alguna otra ocasión pero este será nuestro secreto, de puertas para fuera tu eres mi secretaria y yo tu jefe, no lo olvides»
Verónica guiño un ojo y contestó, «entendido, jefe!»
Texto e imagen...Internet
Con un movimiento felino Verónica atrapa a Ernesto por la corbata y ata la misma a la mesa.
«Se lo que te gusta Ernesto y te lo voy a dar».
Ernesto está sorprendido e indignado, ¿como puede atreverse a tanto? la voy a despedir ahora mismo, pensó. Pero cayó en la cuenta, Paula, su anterior secretaria no solo había dicho a Verónica que viniera antes sino que seguro le había dicho que Ernesto era sumiso. Por supuesto, Verónica al ver el vídeo BDSM en su pc se había convencido de que a su jefe le iba el rol sumiso.
Inmovilizado como estaba, Ernesto se dejó hacer. Vio a Verónica abrir su bolso y sacar una serie de juguetes BDSM, látigos vibradores, strap on, esposas, ligaduras… Ella cogió un consolador y le dijo a Ernesto.
¿Ves esto? Ahora mismo te lo vas a comer y luego te lo voy a meter por el culo, te voy a violar el culo sin piedad.
Luego, Verónica se situó tras él, Ernesto no veía que iba a hacer, aunque lo intuía y eso le daba mucho morbo.
Ernesto sintió como ella lamia su culo, lo hacia con maestría. Su pene empezaba a recuperarse del placer que estaba sintiendo, era un asslicking fantástico, como nunca se lo habían hecho antes.
Su ano se relajó y ella le metía la lengua sabiamente, la metía y la sacaba de su ano y le besaba ahí haciéndole estremecer de placer. Al poco notó los dedos de ella lubricados abriéndose paso en su culo y ensanchándolo. Ernesto se preparó, sabia lo que venia después…
Verónica lubricó el consolador y lo colocó en el culo de su jefe, fue empujando poco a poco, cuando notaba resistencia dejaba de apretar, cuando notaba que él se relajaba lo metía mas. Notaba como la respiración de su jefe se aceleraba.
Dejando el consolador dentro del culo de su jefe, Verónica recogió un strap on de los que llevaba en el bolso y se lo puso, luego se sentó en un sofá señalándolo y le dijo a Ernesto. «Ves este rabo de aquí? Te lo voy a meter enterito».
Ernesto se estremeció, era un strap on enorme y protestó intentando liberarse, «Verónica» dijo… no pudo decir nada mas, Verónica, cogió una vara y azotando el culo de Ernesto le dijo, «Para ti soy Ama, Ama Verónica».
«Ahora prepárate que voy a follarte el culo».
Continuará...
Ambos estuvieron mirando las imágenes como adolescentes que descubren el sexo en Internet por vez primera, Ernesto observó como Verónica se excitaba y respiraba agitadamente al ver las imágenes, el por su parte también estaba empezando a excitarse de nuevo.
Verónica abrió la puerta del despacho, cogió un bolso que había dejado fuera y cerró de nuevo la puerta con el cerrojo.
Ernesto, vamos a jugar, le tuteó Verónica mientras su mano agarraba el paquete de él tanteándolo y sopesando el tamaño del aparato bajo el pantalón.
Se besaron y empezaron a meterse mano, él gozó de los pechos firmes y los turgentes pezones de ella y ella suspiró al acariciar el duro pene y las redondas pelotas de el.
Ella se agachó y le bajó los pantalones y el slip, agarró el duro pene con las manos y lo lamió al principió suavemente y luego ya mas salvajemente.
Se lo metió en la boca y lo chupó sabiamente, Ernesto se estaba viendo transportado al séptimo cielo del placer y se dejó hacer.
Mientras Verónica chupaba la polla de Ernesto, con la palma de la mano acariciaba las duras pelotas llenas de leche y su dedo corazón acariciaba la zona anal. Como Ernesto ya llevaba casi una hora de calentón atrasado no pudo más y se corrió en la boca de ella.
Un torrente de calida y espesa leche inundó la boca de Verónica la cual tragó ávidamente y con satisfacción.
Verónica se incorporó y besó a Ernesto el cual se vio sorprendido por el sabor de su propio semen en la boca de ella sin darle tiempo a reaccionar. Verónica era una mujer atrevida, no solo atrevida, sabia llevar las riendas en un encuentro sexual. Ernesto, acostumbrado a mandar esta vez se sintió a gusto y distinto adoptando un papel secundario y se dejó llevar devolviéndole el beso
Ernesto se subió los pantalones y fue hacia la puerta y la abrió. Delante de él había una mujer con pelo castaño brillante, gafas, amplios pechos y una figura curvilínea impresionante «Buenos días señor Ernesto, mi nombre es Verónica, me dijeron que estaría esperándome.» Ernesto hizo una pausa por un momento, Verónica le recordaba a la chica de las imágenes.
«Por favor, entra» Ernesto balbuceó, Verónica pasó y no pudo dejar de notar el bulto en los pantalones de Ernesto. «Espero no haberle interrumpido», dijo Verónica en voz baja «No, no en absoluto, por favor pasa” Al pasar ella por delante rozó la polla de Ernesto o fue simplemente su imaginación.
«En realidad, yo no te esperaba hasta 10» comentó Ernesto. Verónica sonrió y respondió:
Paula, su anterior secretaria me dijo que estuviera aquí a las 9 y media por si podía serle útil a esta hora.
Ernesto se quedó pensativo, estaba seguro de que Paula sospechaba que él se hacia pajas antes de las 10 por eso había dicho a Verónica que fuera antes, para sorprenderlo, será zorra!
Ernesto de buena gana se hubiera follado a Paula en la oficina, follar en la oficina es uno de las fantasías sexuales mas extendidas pero Paula siempre había sido una estrecha y Ernesto nunca se le había insinuado.
En estos pensamientos estaba cuando Ernesto vio que Verónica observaba disimuladamente el bulto de sus pantalones.
Ella, al verse sorprendida, aparto la vista y dijo, bueno, «Sr. Ernesto, ¿quiere que le ordene el correo?»
Al acercarse a la mesa del despacho Verónica vio la pagina web que Ernesto con las prisas se olvidó de cerrar, en ese momento, la película de la chica follando con tres tipos había cambiado, en su lugar, la misma chica llevaba un strap on y tenia a uno de los tipos a su merced. Verónica cayó en la cuenta de porqué su jefe tenia una tremenda erección.
¿Así que a su nuevo jefe le gustaban los jueguecitos BDSM? Bien, ella le complacería, quería ascender en la compañía y ella sabia que en este mundo machista no solo cuenta el currículo para ascender…
Ernesto no sabia que decir. «al hacer clic en el enlace de un correo se abrió esa pagina y…», mintió Ernesto.
«No ocurre nada Sr. Ernesto, se que a veces ocurre y bueno, ya somos mayorcitos, no?, además, me gusta lo que veo… quien le haya mandado el correo tiene un gusto especial, distinto…»
Al acercarse, Ernesto vio en la pagina web a la chica del strap on, no era partidario de ese tipo de juegos, el era un macho dominante y no un sumiso que se dejara follar el culo por una mujer, no obstante a Verónica parecía irle ese tipo de cosas.
Continuará ....
UNA OFICINA DIFERENTE
Ernesto trabajaba en las oficinas centrales de una gran compañía, era director de zona, un puesto exclusivo y bien remunerado que le daba derecho a despacho propio y secretaria de dirección. Esa mañana entró en el ascensor y apretó el botón de la planta 15ª. El ascensor se detuvo en el piso 4º, la puerta se abrió y entró Maria, secretaria de dirección de la planta 10ª. Ernesto no podía dejar de notar sus pechos en ese generoso escote y pensó que ella estaba obviamente luciéndose y trabajándose un aumento de sueldo. Se preguntó como sería la nueva secretaria que le enviaban en sustitución de su antigua secretaria Paula
El ascensor llegó a la planta 15ª, las puertas se abrieron y se dirigió a su despacho. Abrió y entró, cerrando la puerta tras si.
Encendió su pc y leyó el correo, había un correo del director general sobre la nueva secretaria, decía lo siguiente:
.»… por tanto, he nombrado a una sustituta que yo personalmente puedo decir que es de confianza. Su nombre es Verónica y va a llegar sobre las 10:00, por favor, sea amable».
En esta compañía al puesto de secretaria de dirección no se llega enseguida, hay que demostrar ser muy buena y tener un buen currículo, bueno, hay otras maneras de llegar mas rápidamente, pensó él con una sonrisa.
Todavía eran las 9 así que contestó algún correo y se dispuso a ojear páginas pornográficas para hacer tiempo, se desabrochó el botón del pantalón y bajó la bragueta y sacó su polla, que ya estaba semi erecta por las imágenes que estaba viendo. Sus favoritas eran fotos de sexo anal y enculadas. Acarició su polla, soñando con la chica de pelo castaño quien salia en la pantalla follada por 3 hombres.
De repente alguien tocó a la puerta. Ernesto miró la hora, 09:30, ¿quién coño sería?, todos saben que no se me debe molestar antes de las 10.
EL FONTANERO
— ¿Cómo se desencajó de la pared?
Reprime una sonrisa. Lleva un rato observándole mientras sopesa la pared de la bañera, la grifería y su posible solución. Siempre le han excitado los fontaneros. Bueno, los manitas en general. Fontaneros, albañiles, mecánicos… El mono cubierto de grasa, pintura, cemento; el cerco de sudor en las axilas; las manos ásperas, fuertes, sucias. Está cachonda. ¿Qué pasaría si se abriese la bata, separara las piernas y comenzara a masturbarse con el desodorante de tapa redondeada? ¿Se enfadaría? ¿La rechazaría con un «Señora, ¡qué hace!»? ¿O la observaría penetrándose con él hasta se le pusiera dura, saldría de la ducha y le comería el coño arrodillado entre sus piernas? ¿O, tal vez, la cogería con rudeza por la cintura, girándola, empotrando su vientre contra el lavabo, lubricándole el culo con aceite corporal y metiéndosela hasta que le temblaran las rodillas? Tantas posibilidades…
¿Qué cómo se desencajó de la pared? Follando con mi último amante, querido. Me masturbaba con el cabezal de esa ducha que sostienes en la mano y él descorrió la cortina. Le miré y supo lo que quería. Se desnudó y entró. Le acaricié la polla y, cuando suplicó, la guié a mi coño. Me lo folló, por detrás, mientras yo seguía masturbándome con los chorros de agua y me aferraba con una mano al grifo para mantener el equilibrio. Fuerte, fuerte, fuerte, hasta que me corrí y tiré con tanta fuerza que casi lo arranco de la pared, y resbalamos, y nos agarramos a la cortina que no soportó nuestro peso, y caímos en la bañera, y nos golpeamos contra los bordes. ¿Ves este morado en mi cadera? Tenías que ver su espalda.
— ¿Señora? ¡Señora! Disculpe. ¿Cómo se desencajó de la pared?
Juega con el cinturón de la bata. No reprime la sonrisa. No, ya no. Sonríe, sí, y le susurra, coqueta: —¿Realmente quieres saberlo?
Texto...Brenda
Imagen..Internet
Sobra decir que, a partir de ese día, Guillermina no necesitó más hortalizas, tan solo a él, a su polla, a su anillo en el dedo y…, bueno, a su fusta.
Texto...Brenda
Imagen..Internet
LA HUERTA
Guillermina perdió la virginidad con una zanahoria. Reconozco que no es muy glamuroso, pero los caminos del deseo son inescrutables y, además, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. De todos modos, seguro que la entenderás mejor si comienzo por el principio.
Había estado bailando toda la noche en las fiestas del pueblo con un jornalero. La firmeza de la mano que apretaba su cintura, el olor a colonia que no enmascaraba el sudor ácido, el cuerpo fornido que se apretaba contra el suyo, la encendieron. Se escabulleron hacia la huerta y se tumbaron entre los surcos, ocultos por la oscuridad. Ella necesitaba más ternura, pero los dedos ásperos y toscos buscaron sus pechos bajo el vestido de lino y su sexo, bajo las braguitas de algodón, mientras la lengua penetraba su boca y los dientes le mordían los labios. Tal rudeza le devolvió parte de la cordura. ¿Iba a perder «su blanca flor» con alguien con quien no se casara luego? Sería la deshonra de su familia. Se lo explicó con dificultad, porque seguía masturbándola y el deseo la estaba volviendo loca. Él entendió a duras penas. «No follaremos, pero vamos a darnos placer. Tócame». Se rindió. Acaricio la polla dura y fibrosa con torpeza y él la guió con una mano, mientras pinzaba el clítoris con la otra hasta que acompasaron el ritmo y se corrieron con un gemido que quebró el silencio de la noche.
No volvieron a verse, pero aquel encuentro enraizó en las entrañas de Guillermina como una mala hierba. Cada vez que iba a la huerta, el olor a estiércol y tierra la excitaba, y aunque luego se masturbaba rememorando, sus dedos le sabían a poco y se sentía más y más insatisfecha hasta que un día, mientras arrancaba zanahorias para el almuerzo, se le ocurrió una perversidad. ¿Y sí…?
Escogió la más fina y delgada, la lavó a conciencia y se refugió en la intimidad de su habitación. Comenzó a acariciarse la vulva con ella, despacio, como si fueran los dedos del jornalero, hasta que la humedad la deslizó a la entrada. Se penetró con cautela, apenas la punta, luego el tronco, y se dejó llevar. Cuando los tallos rozaron su clítoris, se corrió temblando de placer con un gemido que ahogó en los labios.
A pesar de la deliciosa novedad, con el tiempo, las zanahorias, tan delgadas y exiguas, le resultaron insuficientes y una tarde, cuando descamisaba una mazorca de maíz, la invadió de nuevo la excitación. Había algo erótico en despojarla de la espiga y los estilos, acariciando su superficie como acarició aquella polla. Agitada, la escondió en el bolsillo de su delantal y de madrugada, cuando todos dormían, se acarició la vulva con ella, despacio, fantaseando con el miembro de aquel amante. La humedad la deslizó a la entrada y se penetró con cautela, apenas la punta, luego el tronco firme, rugoso, suave, y se dejó llevar hasta que sintió su dureza en el fondo de su sexo y se corrió temblando de placer con un gemido que ahogó en los labios.
Por desgracia, ya fuera por la textura de su nuevo juguete, ya fuera por el frenesí con el que se masturbó con él, contrajo una infección vaginal que la mantuvo escocida y dolorida durante dos semanas en las que la aloe vera y los enjuagues con infusión de caléndula sustituyeron todo juego placentero. La mala experiencia no apagó su libido, aunque sí la volvió más cautelosa y tras sopesar todas las posibles alternativas vegetales, se decantó por un calabacín grande, de formas redondeadas y piel suave, al que recubrió con un preservativo robado a su hermano, para evitar males mayores.
Febril por el deseo insatisfecho, se refugió en el establo, se tumbó en un montón de paja, se subió el vestido, se despojó de la ropa interior, abrió las piernas y comenzó a acariciarse la vulva con el calabacín, despacio, fantaseando con el jornalero, hasta que la humedad lo guió a la entrada de su sexo y… un ruido la sobresaltó. El mozo que cuidaba a los caballos de su padre había dejado caer una montura. Lentamente, salió de las sombras en las que se ocultaba, se paró frente a ella y la miró a los ojos.
LA MIRONA
Quiero mirar. Es el deseo de aquel ser tierno que se debate en los dos escenarios posibles de la noche, el de estar o no. Y ella decide una cosa a medias. Estar y no.
Sin embargo, no somos conscientes de lo que cambia aquel «espectáculo» con espectador, aunque se coloque en el lugar más discreto o precisamente por eso.
Lo supimos allí, como casi todo.
Estando a lo tuyo, sientes una presencia que se cuela en eso tuyo, y se coloca ahí, que si sí y que si no. En un primer momento, la ignoras, total, está lo suficientemente lejos como para no alcanzarla e invitarla. Y sigues, sigues tu pum, pum, pum o tu pam, pam, pam, a tu follada, a tu bola, a tu piel con piel, a ese culito, a esas magnificas tetas… pero, mmm, ey, ahora está ella mirando y, consciente o inconscientemente, quieres que ese azote o ese meneo sea para ti, para el culito, y… para ella, porque está mirando, y quieres que le guste lo que mira. Así que lo mejoras, lo perfeccionas, lo mides…. y recibes un gemido algo más alto de lo habitual porque te lo estás currando, porque tienes público.
Y entonces, aquella voyeur semiprofesional se da cuenta de que ya está dentro, cuando ella pidió mirar no lo sabía o sí… Y los dos que son espectáculo y actores de pronto también saben que ya tres, y así, sin más, el solo mirar es algo que lo cambia todo. Porque no hay nada fútil en ningún deseo, sobre todo cuando… Nada, nada mueve más que las ganas, las ganas…
Y quizás los actores, al verse como tales, deciden sobreactuar un poco, colocarse en un ángulo tal o gemir algo más alto. Porque ahora no es solo su goce, sino el del que no espera nada, pero que lo ve todo. Y entonces la polla va un poco mas despacio, se ladea, se muestra, y el coño también, ambos se follan mientras se ofrecen a sus ojos. A aquellos que no pedían nada y lo reciben todo. Y en ese nuevo ritmo impuesto por un trío inesperado, él la mira, la mirona se esconde, no quiere… o sí. Y también la mujer la mira, sonríe a la vez que cierra los ojos porque la última embestida ha llegado lejos. Cabrón, cómo te gusta lucirte…
Y aquella voyeur se siente dentro, aún fuera. Ella pidió mirar sin imaginar que mirar es ser parte de.
Ser parte de aquella follada en cámara lenta para ti, para nosotros, que no nos dimos cuenta de lo que nos gustaba follar despacio hasta que te sentimos, porque ya era nuestro, es tuyo, aunque no lo toques, aunque creyeses que desde lejos no se enterarían, mmm, mirona, no sabes lo que es tenerte ahí, mirando.
Texto e imagen...la red
UNA PETICIÓN EN LA OFICINA
Métete debajo de la mesa y cómeme el coño.
Estoy tan empapada que sé que mi líquido está mojando la silla, traspasando el vestido. Yo y mi manía de no llevar bragas.
No se mueve. No se lo cree.
Echo la silla hacia atrás, abro las piernas y subo el vestido lo suficiente como para verlo, verme, ¿olerme? Yo sí me huelo, a sexo sudado, sediento.
No se mueve. Ni yo. Dejo que mire cómo mis labios empiezan a palpitar, nerviosos, y cómo sigue escurriéndose esa inequívoca señal de deseo.
Joder, son unos putos minutos deliciosos. Veo como su pantalón está abultado, debe tenerla durísima. Su fantástica polla, que reacciona a todo, a mi voz, a mi cercanía, por supuesto, a las cerdadas que le suelto porque quiero que su erección se mantenga en el tiempo hasta que duela. Y no es crueldad, es justicia. Porque a mí su voz, su cercanía y su respuesta a mis cerdadas provocan tal tensión en mi sexo que también duele.
Sigue inmóvil pero sus ojos me atraviesan. A veces, sumiso, en realidad, dominante. Contemplo como su pecho se hincha, sus manos apretadas señalando las venas en sus brazos. La puerta del despacho sigue abierta. Da un paso hacia atrás, la cierra sin dejar de mirarme ni un segundo y se apoya en ella.
Capullo, no va a hacerlo.
Está bien, echo un vistazo a la mesa y cojo un rotulador, y empiezo a escribir en mi pierna: escribo «tócame» en la parte interna del muslo; luego, escribo «aquí» muy cerca de mi coño; y «aquí» en el otro muslo. Sigo escribiendo la palabra «aquí» tan concentrada y divertida que no soy consciente de si podré borrar mi obra, lo cual no me permitiría salir de este despacho jamás. Cuando hay suficientes palabras escritas, empiezo a jugar con el insignificante rotulador sobre mi clítoris, acariciándolo con suavidad. Entonces le miro de nuevo y lamo el rotulador para recordar mi sabor. Ese sabor a mujer insaciable.
Mi amante y compañero de oficina, sigue mirando con una dureza que no interpreto, pero ya no voy a parar. Con la mano libre, empiezo a meter un dedo, dos, tres dentro de mi coño y, entonces, él desaparece. Subo las piernas en la mesa y cierro los ojos porque el puñetero orgasmo se resiste, porque mis dedos y el estúpido rotulador no son nada frente a la polla del tío que me está mirando. Así que, mi sexo no se deja llevar, le quiere a él, se muere por él. Y yo, pero si hay que jugar, se juega.
Me imagino la visión en sus ojos. Totalmente expuesta, ya con ambas manos masturbándome con rabia. Duele, cabrón. Duele desearte todo el puñetero tiempo. De pronto, siento su enorme mano en mi cuello, apretando lo suficiente como para que mi espalda se yerga hacia él. Se acerca a mi oído y me dice: qué cerda eres.
Y entonces…Me comió el coño
Autor...Karen
Imagen....Internet
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