Don't get caught by a cheater! Telemetrio finds and tags such channels 👉 If you want to see the tag, subscribe 👈
Relatos de una soñadora
Open in Telegram
Disfruta de los relatos sin mojar la pantalla😉 . Si escribes o conoces a alguien que lo haga nos encantaría leerle. Sugerencias o relatos dirigirse a: @Joya_morena @Uzza1684 @CruzHalls 😘😘Besos de caramelo. @relatando
Show more795
Subscribers
-224 hours
+27 days
+6730 days
No data
Post views
No data24 hours
No data48 hours
No data
Engagement rate
No data
Posts per day
Data loading in progress...
Similar Channels
Tags Cloud
No data
Any problems? Please refresh the page or contact our support manager.
Incoming and Outgoing Mentions
---
---
---
---
---
---
Attracting Subscribers
December '24
December '24
+39
in 0 channels
November '24
+194
in 0 channels
Get PRO
October '24
+235
in 0 channels
Get PRO
September '24
+71
in 0 channels
Get PRO
August '24
+88
in 0 channels
Get PRO
July '24
+53
in 0 channels
Get PRO
June '24
+49
in 0 channels
Get PRO
May '24
+46
in 0 channels
Get PRO
April '24
+29
in 1 channels
Get PRO
March '24
+32
in 1 channels
Get PRO
February '24
+68
in 0 channels
Get PRO
January '24
+48
in 0 channels
Get PRO
December '23
+72
in 0 channels
Get PRO
November '230
in 0 channels
Get PRO
October '230
in 0 channels
Get PRO
September '23
+39
in 0 channels
Get PRO
August '23
+16
in 0 channels
Get PRO
July '23
+29
in 0 channels
Get PRO
June '23
+15
in 0 channels
Get PRO
May '23
+16
in 0 channels
Get PRO
April '23
+21
in 0 channels
Get PRO
March '23
+25
in 0 channels
Get PRO
February '23
+15
in 0 channels
Get PRO
January '23
+30
in 0 channels
Get PRO
December '22
+31
in 0 channels
Get PRO
November '22
+38
in 0 channels
Get PRO
October '22
+27
in 0 channels
Get PRO
September '22
+24
in 0 channels
Get PRO
August '22
+11
in 0 channels
Get PRO
July '22
+10
in 0 channels
Get PRO
June '22
+22
in 0 channels
Get PRO
May '22
+14
in 0 channels
Get PRO
April '22
+18
in 0 channels
Get PRO
March '22
+12
in 0 channels
Get PRO
February '22
+6
in 0 channels
Get PRO
January '22
+15
in 0 channels
Get PRO
December '21
+15
in 0 channels
Get PRO
November '21
+20
in 0 channels
Get PRO
October '21
+16
in 0 channels
Get PRO
September '21
+26
in 0 channels
Get PRO
August '21
+20
in 0 channels
Get PRO
July '21
+19
in 0 channels
Get PRO
June '21
+16
in 0 channels
Get PRO
May '21
+19
in 0 channels
Get PRO
April '21
+30
in 0 channels
Get PRO
March '21
+31
in 0 channels
Get PRO
February '21
+21
in 0 channels
Get PRO
January '21
+43
in 0 channels
Get PRO
December '20
+937
in 0 channels
| Date | Subscriber Growth | Mentions | Channels | |
| 09 December | 0 | |||
| 08 December | +1 | |||
| 07 December | +6 | |||
| 06 December | +8 | |||
| 05 December | +9 | |||
| 04 December | +3 | |||
| 03 December | +2 | |||
| 02 December | +8 | |||
| 01 December | +2 |
Channel Posts
| 2 | Como los tiempos obligan, el mocetón me preguntó si había ido hasta allí para entrevistar a los oriundos del pueblo de al lado, que tenían el dudoso palmarés de ser la localidad de España con mayor número de casos de coronavirus por densidad de población. Evidentemente, una es periodista hasta el tuétano, y el saberme en el corazón de la noticia me hizo decirle al fotógrafo con el que viajo que, a lo mejor, podíamos acercarnos a indagar, poniéndonos un Epi y santas pascuas. El fotógrafo dijo que no, que ni traje de Epi ni de Blas. Así que como esa aventura hacía aguas, tuve que focalizar de nuevo mi atención en el mozalbete. Mediría 1,80, mejillas sonrojadas por el sol, piel curtida, sin atisbo de haberse puesto crema en su puñetera vida (y ni falta que le hacía) y unos pectorales que apenas cabían en aquel jersey azul oscuro. Eso era un pecho y no de lo que presumen algunos políticos…
Ese chico tenía esos pectorales y esos brazos de currar en los campos de la Mancha, no como los lánguidos que ves por Madrid, que los tienen desarrollados a base de horas en el gym y de mucho anabolizante. Mi amiga Pilar, que durante muchos años vivió en la provincia de Burgos, me contó que, cuando quedaba por Tinder con los hombretones de la zona, alguna vez le dieron calabazas, pero no por razones peregrinas sino porque tenían que madrugar para ir a quitar hierbas o romper piedras. Tal cual. Y este tipo tenía brazos de haber roto muchas piedras y a mí eso me ponía y mucho, porque los imaginaba sosteniéndome mientras me empotraba contra la pared, así que, más pronto que tarde, intercambiamos teléfonos y quedó en llamarme para tomarnos algo esa misma noche.
Yo sed no tenía, pero hambre mucha, así que cuando me llamó le dije que estaba un poco cansada (mentira cochina) y que si le apetecía venirse a mi hotel a tomar algo. Así lo hizo: se había quitado su jersey azul oscuro y llevaba una camiseta negra y unos vaqueros raídos. La camiseta prometía un buen desnudo. No nos terminamos ni la copa y es que cuando tienes ya cierta edad (y por extensión, menos miedo a hacer el ridículo si es necesario), estás de paso en un sitio y tienes que trabajar al día siguiente, todo se te antoja mucho más nítido y dejas de perder el tiempo en rituales de apareamiento complejos.
Olía a limpio, a jabón Heno de Pravia, a pureza que yo estaba dispuesta a mancillar en toda la amplitud del término. «Fóllame», le dije, según cerramos la puerta. Él se limitó a hacerme una promesa: «Desde que te he visto he querido mojarme la boca de tu coño». Y eso hizo: sin habernos movido de la puerta, me bajó las bragas, se puso de rodillas y me dejó el coño temblando, chorreando y pidiendo más guerra. Y me la dio, porque lo siguiente fue meterme la polla: a mí no me había dado tiempo a ver las dimensiones del aparato, pero cuando lo tuve dentro le di gracias al señor, sin ser yo beata en absoluto: aquello era una buena verga, alabados sean los dioses.
¿Qué más puede pedir una? Un tío que está bueno, es limpio, educado, tiene un buen rabo, folla bien y que, además, habla poco… Señoras, la puta lotería de Navidad: ¿Qué mierda es esa de que las mujeres queremos hablar en la cama? ¿De dónde habéis sacado eso? Para hablar ya tenemos a las amigas, yo en la cama quiero un tío que me deje sin habla de lo bien que me folle. Y no hay más…
Me empotró varias veces contra la pared, de hecho al día siguiente tenía moratones en el culo de los golpes. Hubo un momento en que yo ya no sentía los abductores del tiempo que pude estar encima suyo cabalgando como posesa. No recuerdo el número de orgasmos que tuve, tampoco los que tuvo él. El caso es que varias horas después, agotados, sudorosos y muertos de la risa porque el buen sexo despierta el humor, nos miramos y le dije: «Perdona, ¿cómo dijiste que te llamabas?». «No te lo había dicho, me llamo Ricardo», respondió.
Richie, has dejado el listado de la España vacía bien alto. Manuel Jabois publicó una novela titulada Irse a Madrid. Yo acabo de empezar a escribir una: Volverse al pueblo.
Texto....Lucía Martín
Imagen...Internet | 164 |
| 3 | UNA MILF EN APUROS: POLVO EN LA ESPAÑA VACÍA
Que el 2020 está bien achuchado lo sabe hasta Netanyahu, que llevaba su ropa a la lavar a la Casa Blanca porque la cosa está mal, qué os voy a contar. Mira si estará mal que yo antes viajaba y follaba mucho y ahora, en esta época de pandemias, viajo y follo lo que puedo, y no me vengáis a decir que los que tenéis pareja folláis más, que no os lo creéis ni vosotros.
En general, 2020 no ha sido el año del folleteo: se ha salido poco y había que agarrarse a lo que hubiera en el momento. Eso o pasarse otros tantos meses a pan y agua si te pillaba un confinamiento. Así que, allí estaba yo, en este año de pandemia, comiéndome unas migas, riquísimas por cierto, en aquel pueblo perdido, en uno de los pocos reportajes que he podido hacer fuera del Eje del Mal, o sea, fuera de Madrid. Que si el reportaje hubiera sido en el pueblo de la esquina en Guadalajara, tú ibas igual de feliz que si te hubiesen mandado a Vietnam, que para eso te habías pasado unos cuantos días metida en un piso sin terraza.
Pero volvamos con las migas: mientras las degustaba, intentaba no atragantarme con los mensajes que vomitaba la tele del comedor del restaurante. En la pantalla se leía, MADRID ES UN CAOS, en créditos escritos en mayúscula y en rojo sangre, por aquello de darle más emoción. Mientras, los contertulios hacían lo que saben hacer: gritar mucho y pensar poco. Yo había intentado en vano que el camarero apagase la tele, por aquello de comer tranquila y de no ser consciente durante unos minutos de que yo tendría que volver a ese caos al día siguiente. Pero no tuve suerte, así que intenté abstraerme mirando lo que tenía alrededor: un par de policías locales imberbes que no llamaron mi atención; un chicarrón comiendo con sus padres que no tenía mala pinta; aquel otro que tampoco estaba nada mal, apostado en la barra del bar… Y de repente, me percaté de que en ese bar, en pocos metros cuadrados, había por lo menos cinco tipo follables. Tal cual. Que eso no te pasa en el metro de Madrid ni en días de suerte.
Entonces recordé mi reportaje sobre una escuela de pastores en Cáceres. Hasta allí habíamos ido en regional de Renfe, que es como se tiene que viajar a Extremadura, la fotógrafa y yo, y mientras esperábamos al pastor que nos recogería en la estación, bromeábamos sobre su aspecto. Jugando con los tópicos, claro está, que eso mola mucho: que si vendría con boina; con pantalones de pana raídos, que si le faltaría algún diente… O sea, estábamos esperando a Alfredo Landa de Los Santos Inocentes, pero el que apareció fue el Brad Pitt de las ovejas. Rubio, guapo, sonrisa con sus dientes blanquísimos (y todos), mazao (corría maratones…). Nos dejó locas, además por su intelecto: ya no recuerdo en qué estaba Licenciado, que es lo de menos, pero lo estaba. Y si por un casual nos atrevimos a pensar que él era la excepción que confirmaba la regla, por la tarde nos presentó a otro amigo pastor que estaba igual de rebueno que él. Ni qué decir tiene que a nosotras se nos cayeron las bragas a plomo y que aquella visita se mereció un post que titulé: «Hay que follarse más a los pastores». Desde entonces, el sector ganadero me parece harto interesante.
Y eso me estaba pasando en ese pueblo, que no sé si disponía de cabaña bovina pero sí atesoraba unos cuantos buenorros. Mientras me disponía a pagar el suculento menú, que en Madrid me hubiera costado el triple, el guapetón que estaba en la barra me abordó con una frase muy tópica, pero cuando eres MILF y llevas semanas sin follar, casi que te da igual la forma en que te entren. Como he dicho más arriba, no está el año para ponernos exquisitas, hermanas: «No eres de por aquí, ¿verdad?». No, le sonreí, y le expliqué que estaba haciendo un reportaje. | 157 |
| 4 | No text... | 147 |
| 5 | Mi vecino | 257 |
| 6 | CON MI VECINO EN LAS ESCALERAS
Son las doce de la noche pasadas, cuando llego a mi casa, agotada de un largo y duro día de trabajo.
Al entrar al portal me encuentro con mi vecino, el de enfrente de mi puerta, en el mismo rellano. También acaba de llegar allí unos minutos antes.
Es un chico muy alto, atractivo físicamente, de ojos claros y con la cabeza rapada que le da un aire de «chico malote» que a todas nos gusta.
– Buenas noches. (Digo yo). Dirigiéndome hacia el ascensor para subir a mi casa.
Entonces el me dice:
– Buenas noches, parece no funciona el ascensor, mira el cartel de aviso.
– Ufff! (Exclamo yo) con un suspiro.
!Ahora tocará subir los seis pisos de altura a pie, lo que me faltaba!
Iniciamos la ascensión hasta las sexta planta entablando la típica conversación entre vecinos, pero con sonrisas entre nosotros.
Se nota mucho nos gustamos mutuamente desde hace tiempo, cuando él se mudo al edificio.
Al llegar al tercer piso, doy un traspiés con el casi me caigo y el me sujeta en el aire evitando un gran golpe, pero mi bolso cae, saliendo todas mis pertenencias despedidas.
(Que vergüenza siento). Él me ayuda a recoger la cartera, mi pinta labios rojo, pañuelos y alguna cosa más desperdigada por ahí.
Me quedo sentada en un escalón intentando recuperarme del susto, y me doy cuenta de que su paquete queda justo enfrente de mi cara.
Sus vaqueros marcan bastante y yo me sonrojo, intento coger las llaves tiradas y rozamos nuestras manos.
No necesito más, salta la chispa.
Lo cojo por el culo y enseguida se queda erguido frente a mi como una estatua de mármol.
Desabrocho su pantalón, bajando su ropa interior y me llevo una gran sorpresa.
Tiene una polla enorme, de esas que pocas veces te encuentras en tu vida, y doy las gracias mentalmente.
La cojo con mis manos y me tiro a chuparla como una desesperada de hambre sexual.
Él se deja hacer y me alaba por mi labor gimiendo.
Los dos sabemos podemos ser sorprendidos por cualquier vecino que baje la basura a esa hora, pero nos da igual, estamos demasiado cachondos.
Apenas me cabe en mi boca pequeñita que tengo pero me esfuerzo en lamer bien ese falo digno de un dios griego.
Palpita, noto esta a punto de correrse, pero no me deja terminar, sujetando mi cuerpo para levantarme, darme la vuelta y bajarme mis leggins y mis braguitas.
Estoy un peldaño por encima de él, y me restriega su polla por mi vagina y clítoris, miro hacia abajo hacia mi monte de venus, es tan grande su miembro, que su glande asoma de modo que parece que la que tiene órganos genitales masculinos soy yo.
Eso me causa una risa picara y él me acompaña.
Le cojo su mano para que me toque el muslo y note como un reguero cristalino baja mojando toda mi pierna, súper excitada.
Me la clava sin compasión, y justo en ese momento el temporizador de luz de la escalera nos deja a oscuras completamente. Palpo como puedo por los escalones buscando mi móvil que sigue tirado, sin que el la saque de mi vagina, follándome sin compasión.
Lo encuentro y lo pongo en modo linterna para no perderme esa escena porno que tenemos entre nosotros. Aprovecho para agarrarme de la barandilla subiendo los dos pies al peldaño de encima, de manera me quedo suspendida como subida de un tiovivo, ahora llevo yo el ritmo, y me lo follo subiendo y bajando, sólo necesito unas pocas embestidas para hacer que se corra dentro de mi, notando toda su leche caliente en mi interior.
Respiramos y volvemos a reírnos de lo accidentado de la situación.
Nos vestimos, recogemos todo y subimos de la mano hasta la sexta planta, en el rellano nos damos cuenta de que la vecina cotilla nos espía por la mirilla de su puerta.
Eso nos causa más risas cómplices.
Él se dirige hacia su puerta y me besa la mejilla tiernamente para decirme:
-Todo un placer conocerte vecina.
– El placer ha sido mío..vecino.
Buenas noches.
Y cada uno se mete en su casa como si nada.
Creo que ahora si voy a caer rendida en la cama, después de una ducha caliente.
Texto...Iria Ferrati
Imagen...Internet
| 168 |
| 7 | No text... | 159 |
| 8 | Deseo ardiente | 154 |
| 9 | Clavó una de sus manos contra mi trasero, mientras la otra subía desesperada hacía mis pechos.
Entre las muchas piedrecitas y los diminutos hilos, mis pezones se estaban inflamando, pidiendo liberación.
Tiró del sujetador rompiéndolo al igual que las bragas dejándome totalmente expuesta.
Movía la lengua con experiencia, en círculos y con pequeños mordiscos, enviando millones de llamas a mi flameante clítoris.
Sentí como clavaba sus uñas en mi trasero mientras su lengua me penetraba.
Gemí, sentí el orgasmo muy próximo.
Tiraba del pezón dolorido por el deseo mientras con la lengua friccionaba el volcán.
Cerré los ojos, eso no podía pasarme a mí.
Aumentó su embestida, me estaba follando con la lengua y no podía parar el estallido del orgasmo que se avecinaba.
Masajeo mis pechos, sabiendo lo que venía, apretó mi trasero y dio un suave mordisco a mi punto femenino.
Grité, grité una y otra vez mientras me sacudía un orgasmo tras otro.
Sentí como me vaciaba en su boca y mis músculos se relajaron.
Decidí abrir los ojos y ante mi estaba el imponente edificio de Tiffany´s.
Delante de mí Jimmy hablaba con una chica, La chica. Ambos muy contentos por algo. Me acerqué a ellos sonriendo.
Los dos me miraban sin saber que decir. Finalmente habló ella.
– Disculpa, ¿nos conocemos?
Leído por ahí | 138 |
| 10 | Me sentí como esas mujeres que bailaban la danza del vientre, sexy, única.
-Vaya, bonito cuerpo.
Me giré sobresaltada.
-Vamos.
Sentí que el rubor me subía dejándome totalmente avergonzada por mis pensamientos.
Seguí a Alexia por el pasillo hasta una enorme sala.
Miles de luces que cambiaban constantemente de color iluminaban un gigantesco escenario.
-Vaya.
-Impresiona ¿verdad?
Asentí asombrada.
Era como si viese miles de piedras preciosas iluminadas todas a la vez, eso sin contar las mujeres que había en el escenario moviéndose.
Mis pocas clases de pole dance eran nada comparado con aquello.
-Adelante, el público no espera.
Empecé a sudar, pero qué estaba haciendo con mi vida.
Me llevó hasta las escaleras del escenario y me empujó.
-Venga.
Avanzaba lentamente y temblando, para mi sorpresa nadie me estaba mirando, todos estaban demasiado centrados en una mujer que parecía una serpiente, enroscada en la barra de plata mostrado todo su potencial.
Llegué a la barra y la agarré. Estaba muy fría y yo demasiado caliente por el nerviosismo y las malditas piedrecitas.
La música cambio y levanté la mirada hacia la multitud babeante, entonces sentí como la sangre me empezó a arder como lava.
Ella. Había entrado rodeada de un grupo de gente, pero ella destacaba por encima de todos.
Era alta, y llevaba el pelo recogido en un desaliñado moño.
Empecé a moverme.
Ella se fijo en mí mientras su acompañante le susurraba algo.
Enrosqué mi pierna en la barra y empecé a girar.
Sentí que todas las miradas estaban fijas en mí, y la suya me quemaba como fuego.
Llevaba un corto vestido plateado con una abertura en el muslo. Cada vez que se movía atinaba a ver que no llevaba nada debajo.
Suspiré, empecé a frotarme con la barra mientras mostraba mis pechos a los famélicos del público.
Pero ella veía más allá, veía como seguía unas pequeñas gotas de sudor que se deslizaba por mi garganta hasta bajar por mis pechos.
Sonrió.
Moví las caderas deslizando las manos por mi cuerpo al son de la música.
Ella seguía mis movimientos atentamente.
Yo me abrasaba, no era posible que alguien provocara semejante deseo sexual como esa mujer.
Me deslicé fuera del escenario hasta ella.
Todos me tocaban querían que les bailara para ellos, pero yo sólo podía verla a ella.
Vi como se mordía el labio, y yo sentí que mis piernas estaban más húmedas de lo que recordaba.
Ella bajo la vista hasta mis piernas y vio unas marcas brillantes.
Seguí bailando, moviéndome en un frenesí particular, demasiado sensual.
Llegué hasta ella y todo su aroma me envolvió.
Se acercó hasta quedar frente a mí.
Sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.
Deslizó sus dedos desde mi garganta bajando por el valle de mis pechos. Acercó su rostro a mí y susurro.
-Acompáñame.
Como en un trance, la seguí.
Estaba totalmente prendada de esa misteriosa mujer.
Una sala de enormes sofás de cuero, iluminada por una luz bajada de tono hizo que me estremeciera aún más.
-Siéntate.
Obedecí, ¿acaso podía hacer otra cosa?
El frío sofá me sacó poco a poco de mi aturdimiento.
Ella cerró las pesadas cortinas rojas y camino hasta mí.
No habló, simplemente se arrodilló delante mía.
-Bonito traje.
Yo la miraba hipnotizada.
Deslizó sus manos por mis muslos hasta llegar a las dichosas bragas.
Me instó a separar las piernas temblorosas.
Sentí su caliente aliento contra mi piel y una pequeña gota de mi fluido se escapó por una de las aperturas de las bragas.
Ella lo vio, y sin más preámbulos rompió las bragas.
Estas estallaron y los miles de piedrecitas caían ruidosamente en el suelo.
-Relájate.
Respiré ruidosamente mientras su boca se acercaba. Podía tener un orgasmo sólo sintiendo su respiración contra mi sensible piel.
Un lametazo, fue suficiente para que una oleada de líquido bajara y ella lo atrapara con su boca.
Eché la cabeza hacia atrás suspirando de agonía. | 118 |
| 11 | «DÉJÀ VU DESEO ARDIENTE»
Era una stripper en un famoso club neoyorkino, Deja Vu se llamaba.
Era bastante prestigioso y poca gente podía acceder a él. O eras uno de esos ricachones que despilfarraban el dinero, o eras una chica demasiado guapa para dejarla en la sombra.
Tenía que ser una atracción para esa gente aburrida que buscaba nuevas experiencias.
Jimmy, el director del club, me encontró un día por la calle mientras pasaba por al lado de Tiffany ´s.
Me miró y dijo:
-Tú eres la chica que necesito.
Me sobresalté. Giré en busca de la voz y una figura un poco extravagante me miraba con unos ojos demasiado emocionados.
-¿Sabes bailar?-me preguntó en medio de aquella calle, como si fuésemos los únicos seres que había.
-¿Disculpe, nos conocemos?-le pregunté un poco asombrada.
-No, pero ya me lo agradecerás en un futuro.
Metió su brazo debajo del mío y tiro de mi hacía él.
-Tú serás mi estrella nena. ¿Cuál es tu nombre?
-Francesca.
-Mon Dieu. Eres exquisita.
Nos encaminamos calle abajo, él hablándome de mi nuevo puesto de trabajo mientras yo escuchaba sin saber que decir.
-¿Y bien, que te parece empezar esta noche?
-Em…, yo…
-Perfecto, a las nueve te quiero en el club Deja Vu.
No fui capaz de decirle nada, me dio un beso fugaz y salió disparado.
Me quedé pasmada, ¿quién era ese tío?
Mientras volvía a mi casa, investigué un poco acerca de ese club que me habló.
Deja Vu no era fácil de encontrar, era un club bastante escondido en unas de las calles más prestigiosas de New York. Me reí ante la locura que pasaba por mi mente.
¿Trabajar? ¿Ahí? Ese hombre estaba loco.
Estuve toda la tarde paseando nerviosa de arriba, abajo. Por un lado, estaba muy tentada de aceptar la oferta de Jimmy, así era como me había dicho que se llamaba, pero por otro lado, sentí que era la peor idea de mi vida.
Acabé en un taxi yendo hacia el dichoso club. Puede que fuera un error, pero no perdería nada por intentarlo.
Dos guardias trajeados con cara de pocos amigos me cerraron el paso.
-Buenas noches, disculpe vengo en nombre de Jimmy.
Los dos guardias se miraron con incredulidad. Ya sé que mis pintas no era las más apropiadas para ese lugar, pero un vestido negro ajustado era lo único que encontré en mi hippie armario.
Estaban indecisos en si dejarme pasar, y finalmente accedieron a regañadientes cuando una mujer salió detrás de ellos.
-Es la nueva bailarina chicos, sed amables.
Era muy guapa, llevaba un vestido rojo sangre corto realzando su ya bendecido cuerpo.
-Mi nombre es Alexia, bienvenida a Deja Vu.
-Gracias.
-Acompáñame.
Me llevó al interior, pero antes de llegar a la sala principal donde estaba el espectáculo, me llevó por un pasillo hacía un camerino.
-Jimmy está ocupado con unos clientes, cámbiate de ropa, ahí tienes tu traje de baile. Póntelo, pasaré a buscarte en unos minutos.
Dicho esto, salió por la puerta, mientras se contoneaba sensualmente.
Miré hacia el traje que estaba colgado de una percha plateada.
Pero, ¿qué estaba haciendo ahí?
Cogí el traje y me quedé boquiabierta. Eso no era un traje, era un montón de hilos que servía para tapar “algo”.
Pensé en salir de ahí echando leches, pero tocar el fino material me produjo cierto cosquilleo en el estómago.
Me quité mi ropa hasta quedar totalmente desnuda frente al espejo.
No sé si era el ambiente, o los nervios que estaba teniendo, pero me vi muy sexy, desnuda frente al espejo.
Miré el traje brillante y sonreí, iba a disfrutar de aquella oportunidad como fuera.
Deslicé los pies dentro de las bragas de encaje púrpura.
Enseguida una ola de deseo me sacudió, ese traje estaba hecho a posta para provocar placer.
Diminutas piedrecitas decoraban cada hilo, haciendo cosquillas con cada movimiento que daba.
Si tenía suerte, tal vez no tuviera un orgasmo en medio de mi actuación.
Me puse el sujetador, que, al igual que las bragas, estaba decorado con pequeñas piedrecitas, y algunas lentejuelas que caían hasta mi estómago. | 129 |
| 12 | No text... | 123 |
| 13 | Mamadas | 244 |
| 14 | –Chicos, ¡venid! –les exhorté con alegría–. No debéis tener miedo de una mujer desnuda, hace mucho tiempo que vuestro género mordió la manzana…
Llegaron con una sonrisa tan infantil, traviesa y sin palabras, como encantadora. Abrieron una botella y sirvieron unas copas. Les invité a hablar sobre todo lo que había pasado durante la noche… Desnuda, frente a ellos, pidiéndoles que fueran honestos con sus sensaciones. Y hablaron. Y nos reímos… Hasta que saqué mi lado teatral y me puse seria y, con la melodía más histriónicamente viciosa y perversa, les dije que se bajaran los pantalones.
–¿Qué? –exclamó José, casi atragantado.
–Os voy a hacer unas mamadas que no podréis olvidar. O ¿preferís que diga felaciones para que suene más refinada?
Los tres dejaron sus copas sobre el suelo y se desabrocharon casi al unísono. Les dije que se acercaran. Dejé que mis rodillas cayeran sobre la tierra fina del caminillo. Raúl estaba a un lado y José al otro, así que ordené a Ángel que metiera su pene en mi boca, mientras asía las vergas de sus amigos, familiarizándome con ellas.
Nunca había hecho algo remotamente parecido, salvo en mis sueños más húmedos. Tenía que concentrarme para guardar el equilibrio y el ritmo. El alcohol no ayudaba pero, el calor que manaba por mis poros, el fuego que ardía en mis venas, podían con todo.
Apreté sus penes con las palmas de mis manos de modo que cuando bajaba la piel de uno, mis dedos notaban el glande del otro. Mi lengua jugaba con el miembro de Ángel dentro de mi boca; como si le estuviera haciendo un masaje, apretaba la punta de la lengua contra su frenillo y absorbía con los labios; la posaba sobre su prepucio y volvía a absorber. Por breves segundos, le procuraba balanceos de garganta profunda, para que notase mi campanilla y la presión de mi faringe contra su glande. Quise mantenerle en ese estado durante un rato, pero no pudo contenerse…
Suave, gimió y discreto se apartó para servirse una copa en el banco. Me quedé con José y Raúl, mirándoles de rodillas.
–¿Quién quiere ser el siguiente? –les pregunté cual colegiala.
Como tartamudearon palabras ininteligibles, me decidí por el pene de José con la intención de dejarme lo mejor para el final… Recuerdo que, al punto de lamer con salvaje intensidad su miembro, emitió un sonido de placer absoluto que vino acompañado de otra voz desde la oscura lejanía en el parque. Eran Ricardo y Eva. | 171 |
| 15 | –Genial, ¡licores y otra mujer que alegre la noche! –exclamé, con una sonrisa de oreja a oreja.
–Pues para mí la noche está siendo muy alegre, Elsa –murmuró Ángel, cabizbajo y con traviesa sonrisa de satisfacción. Probablemente, por su mente pasaban las recientes imágenes en la que se masturbaba en el coche o en la que observaba cómo Ricardo me follaba en el parterre de la Facultad.
Se hizo un pequeño silencio, y todos nos echamos a reír a carcajadas. Todos, menos Ricardo.
–Creo que voy a ir a su encuentro. Eva no conoce muy bien el parque –justificó con tono serio, fingiendo que miraba el móvil y saliendo al paso con un breve aspaviento para indicarnos que volvía.
En ese instante, nos miramos como se miran los niños buscando un líder que les dirija a consumar la diablura.
–¿Qué le pasa? –preguntó Raúl, encogido los hombros.
–Lo que a todos los hombres –dije, mirándole fijamente a los ojos–. Pueriles celos sin fundamento… Pero no os preocupéis, lo vamos a pasar mucho mejor sin él… y sin su amiguita. ¿Queréis organizar una pequeña fiesta?
–Llevamos intentándolo un rato –respondió Ángel.
–Bien, pues escuchad: vamos a seguir ese caminito hasta que encontremos un banco apartado donde podamos estar a gusto. Pero, uno de vosotros se tiene que encargar de traer las copas. ¿Qué os parece?
José era el más tímido de los tres, y el que aún no había hecho nada conmigo. Así que, se ofreció a ir a por las bebidas. Ángel se sumó como buen amigo, dejándome a solas con Raúl.
–¿Tienes miedo? –le pregunté al momento en que ellos marchaban.
–¿Por qué debería tenerlo? –respondió con un leve tartamudeo.
–Es lo que parece –le susurré, acercándome de frente.
Me colgué de sus hombros y comencé a besarle el cuello. Se quedó quieto, no hacía nada, pero su cuerpo estaba receptivo. Su piel respondía a las caricias de mi lengua que, ahora, giraba húmeda en círculos por su yugular, tensando los tendones. Intermitentemente, mi boca fingía agarrar sus músculos y sus lóbulos y se intercalaba de nuevo con más lengua… Y mis uñas en su torso.
–Joder Elsa, me estás poniendo a cien… –confesó sofocado.
–Aún no estás realmente excitado –respondí desafiante, posando las palmas de mis manos sobre su pecho.
Me separé un metro y le ordené que no apartara la vista de mí. Empecé a desnudarme. Sus ojos se salían de las órbitas. Cuanto más notaba su desazón, más me excitaba. Me quité toda la ropa, me abalancé sobre él con mis erizados y rocosos senos, y nos arrojamos sobre el césped.
Probablemente, ese fue el instante en que le rasgué la camiseta. Volvía a encontrarme drogada por otra oleada de ardiente deseo y excitación sexual que me embrutecía y, sin perdón, aniquilaba cualquier posible resistencia de Raúl. Se dejaba llevar demasiado, así que refrené mis instintos de loba. Me posé a horcajadas sobre su tripa y le agarré levemente de la camiseta para mirarle a los ojos, ahora frágiles y sumisos.
–Está bien, Raúl. Solo te lo voy a preguntar una vez: ¿Quieres follarme?
–Claro, Elsa. Pero, todo esto me está dando un poco de corte. Creo que necesito un poco más de alcohol para asumirlo…
–Pero, ¿quieres? ¿Sí o no? –inquirí una vez más.
–¡Sí! –exclamó vociferando.
Por un instante nos reímos… Sonreímos y dulcemente nos besamos. No sé cuánto tiempo estuve encima de él, acariciando su cara y besándole con ternura como si me hubiera enamorado. Pero, sé que el romántico momento súbitamente terminó cuando oímos a Ángel y a José acercarse desde la lejanía.
–¿Quieres que te ayude a vestirte? –me preguntó apresuradamente Raúl.
–¿Te vas a poner celoso como Ricardo si me ven desnuda?
–No, claro que no –reafirmó con honestidad.
José y Ángel iban decelerando el paso conforme se acercaban, ciertamente incrédulos… Supongo que por sus mentes centrifugaba la pregunta de si realmente estaba desnuda. | 146 |
| 16 | MAMADAS
Ricardo apartó bruscamente mi boca de su pene. No porque la mamada que le estaba haciendo le disgustara, sino más bien por algún tipo de pudor pueril que, impulsivamente, surgió cuando José nos avisó de que estábamos llegando al Parque del oeste.
–Aparca en el Paseo de Ruperto Chapí –indicó Raúl a José, al tiempo que sacaba sus dedos de mi vagina.
–Un poco más abajo de donde se coge el bus, José –confirmó Ángel.
Nos recompusimos fugazmente, como si nada hubiera ocurrido. Cada uno abrochándose discretamente los pantalones, y yo colocando torpemente el tanga, bajando el vestido y resituando mis pechos.
Aparcamos más allá de las marquesinas, cerca de una pequeña caseta escondida entre los pinos y cedros que rodean el exterior del parque, y que guardan sus paseos y secretos.
Salimos del coche casi en silencio. Las farolas alumbraban en las sombras de la noche y de los árboles una especie de vergüenza instintiva colectiva, de la que intenté zafarme de inmediato.
–Bueno, ¿dónde está la fiesta, chicos? –pregunté para romper el hielo, saliendo de los focos y yendo hacia la caseta. Todos sonrieron, menos Ricardo.
–Voy a llamar a Eva. Me dijo que iba a estar por aquí con sus amigas del colegio mayor –explicó con semblante serio, mientras cogía aquel móvil prehistórico y se separaba unos metros, como si fuera a ordenar una operación bursátil.
Ángel comenzó una conversación banal sobre las calenturas masculinas veraniegas para eludir el mal rollo que empezaba a reinar, animando a José y Raúl a participar de la misma. Yo solo pensaba en follar. En seguir follando…
–Chicos, perdonad que interrumpa vuestro debate filosófico en torno al calor que está haciendo y las perversas consecuencias del verano, pero me apetece una copa. De hecho, quiero otro ron con coca cola –les dije con la arrogancia que me confería ser la única chica en el grupo. En realidad, lo que quería era una excusa para pasar la noche con ellos y experimentar el sexo en grupo más libertino, gamberro y despreocupado. Mi cuerpo pedía más guerra; quería saber lo que era una orgía de primera mano, y una de esas molestias susceptibles de arruinarla podía ser su amiguita, Eva.
En ese momento, Ricardo regresaba colgando el teléfono.
–He pillado a Eva volviendo a su colegio mayor. Pero, la he convencido para que diese media vuelta y se uniera a nosotros –dijo con tono altanero–. Al parecer, los demás se fueron a una fiesta en Pachá –añadió.
–Me parece fantástico que Eva se una a nosotros. No sé quién es, pero me resulta ideal de la muerte. Ahora bien, ¡yo quiero una copa ya! ¿Alguna idea?
–Eva trae licores sobrantes del botellón –replicó inmediatamente Ricardo…
La idea que había construido de él, durante todos esos años; todos los sueños húmedos; todas las veces que me había masturbado… Hasta el travieso y sensual polvo que habíamos echado en la Facultad, se desvanecía desfigurándose en forma de chulería moralmente dominante. Se acababa de convertir en la balanza de la justicia machista, detestable carne prometeica de los ojos de una Inquisición silenciosa. Ese fogoso cuerpo que hacía una hora me amaba, que sensualmente me hendía, se había transformado en una mirada penetrante que me etiquetaba como la zorra más detestable, la nueva puta de Babilonia. Pero, yo no iba a caer en esa trampa. | 139 |
| 17 | No text... | 133 |
| 18 | El coche | 225 |
| 19 | Cada chupito me ponía más a tono y cada una de las historias elevaba mi libido a niveles insospechados.
Ángel contó que hacía un año se había enterado de que un grupo de la facultad había organizado una orgía por todo lo alto…
–Y tú, ¿no asististe? –le pregunté con cadencia y melodía viciosa. Las orgías son buenas para la salud –proseguí increpando.
Se hizo un breve silencio y todos estallaron en risitas nerviosas, sofocadas, y mirándose entre ellos.
Si durante cinco años me había masturbado después de las conversaciones pseudo-intelectuales con Ricardo, ahora estaba multiplicando por cuatro aquellos mismos estímulos. Esta vez, sin embargo, no iba a volver a casa sola.
–Ya no queda más ron. No sé si tenéis alguna propuesta para salir, pero yo quiero que me llevéis de vuelta a Madrid –les exhorté.
–Tenemos unos amigos de los colegios mayores que hay al lado del Parque del oeste. Podríamos hacer un botellón allí…
–O podríamos hacer una orgía… –repliqué de inmediato.
Todos callaron. Las caras se volvieron serias. Los cuerpos se encogieron. Y es que no hay nada como cuando una mujer detalla su voluntad sexual sin pelos en la lengua, para que los hombres se conviertan en pequeñas, dóciles y acobardadas criaturas.
–¿Qué os pasa? Os habéis quedado helados. No podéis ejercer como psicólogos con esas respuestas corpóreas. Lo sabéis, ¿verdad?
–Bueno, tiene toda la razón del mundo… –expresó Raúl, con fingida frustración.
Todos se rieron pero, al tiempo, había conseguido mi propósito de ponerles en predisposición a la aventura sexual en grupo…
Nos subimos al coche. José al volante y Ángel de copiloto; yo me senté detrás entre Raúl y Ricardo. Nada más arrancar, deslicé mi mano sobre el miembro de Ricardo, por encima del pantalón. Ángel seguía contando cotilleos sobre los estudiantes que habían montado aquella orgía, mientras el resto reía. Llevé mi otra mano sobre el muslo de Raúl. No puso ninguna resistencia. Creo que se miraron de reojo, pero ninguno dijo nada. Ángel proseguía, y ellos fingían escuchar…
Ricardo no se ponía duro. En contraste, Raúl iba a romper el pantalón, por lo que decidí jugar más; me alcé el vestido y le susurré al oído que me masturbara por encima del tanga. Me giré de lado para dejar mi vulva a su merced, mientras desabrochaba a Ricardo. Acaricié su pene fláccido, agarrándole desde el escroto y subiendo y bajando su piel para reposarlo sobre mi lengua. Absorbiendo, comiéndole con toda la pasión del mundo, empecé a notar los dedos de Raúl. Y comencé a gemir…
Habíamos salido de Somosaguas. La oscuridad de la carretera del pueblecito de Humera delataba, tal y como mis ruiditos alertaban a José y a Ángel de lo que estaba sucediendo a sus espaldas. El silencio se hizo por unos minutos. Sólo se oían nuestras fricciones y las respiraciones forzadas.
De repente, noté cómo una mano me sujetaba torpemente un pecho. Ricardo, ya estaba completamente férreo y Raúl palpaba el interior de mi vagina magistralmente. Quien acariciaba mi areola no era otro que Ángel. Sentí cómo me ardía el cuerpo. Incluso más que antes. Estaba completamente desatada…
–¡Más dentro, Raúl! –grité, mientras agarraba fuertemente el miembro de Ricardo.
Cada uno siguió en su deleite personal durante un buen rato. Todos menos José que, al tiempo, extinguió el lujurioso frenesí en el que nos habíamos embarcado, cuando tímidamente dijo:
–Estamos llegando al Parque del oeste. | 146 |
| 20 | EL COCHE
Culminando con un enorme orgasmo, acababa de vivir el primer episodio voyerista de mi vida. En ese momento, no podía ni quería auto-analizarme, aunque algo había quedado claro: la excitación que me provocaba exhibir mi cuerpo y, sobre todo, el hecho de haber estado cabalgando encima de Ricardo sin dejar de mirar a mis tres compañeros, era de todo punto la mejor experiencia sexual que había tenido. Sin embargo, mi cuerpo pedía más, mucho más…
Casi no quedaba gente en la fiesta y la situación era un poco tensa. Ricardo se encontraba bajo la escrutadora mirada de su ex y la presión de cumplir con su palabra, y continuar con nuestra sesión de sexo. Pero, ni siquiera estaba pensando lo que le acababa de decir.
–Tierra llamando a Ricardo… ¡Hola! No hay autobuses… –le repetí, con un tono tierno para no provocarle más estrés.
–Lo sé, pero ella sigue mirándonos… –susurró.
De algún modo, tenía que distraerle.
–¿Crees que el comportamiento de Clara podría ser cercano al candaulismo? –le pregunté para exorcizar la hechizante sensación del cruce de miradas con su ex novia.
–Elsa, ¡tía! –reaccionó, con media sonrisa–. No sé. Quizás si se lo preguntas tú… –respondió, recuperando el humor.
–Puede ser. ¿Cómo sacarías el tema?
–Si fuera tú, yo le diría: Mira, Clara… Acabo de echar un polvo impresionante con el tío que rompió contigo hace un par de semanas. Y, te quiero pedir perdón porque no te hemos invitado a observar cómo nos lo montábamos. De cualquier modo, sabemos que te excitas viendo cómo la persona que amas tiene sexo conmigo, así que puedes venir a mi casa porque vamos a seguir haciéndolo como animales.
Me encantaban este tipo de conversaciones a caballo entre el humor negro y el surrealismo. Los hombres con este tipo de ingenio siempre me habían resultado los más sensuales. Y Ricardo, el que más. Ahora, tenía ganas de reposar mi cabeza sobre su pecho y que me abrazara. Pero, de momento, no podía…
–Creo que nuestros tres mirones tienen coche y Clara se está yendo definitivamente –me dijo esperanzado.
–¿Quieres volver a Madrid con los tres tipos que han compartido nuestro primer polvo? –pregunté, ciertamente interesada.
–¿Tenemos otra opción? –replicó encogiendo los hombros, pero con total seguridad.
–Vamos con ellos –le dije, cogiéndole de la mano y esbozando una romántica sonrisa.
Me miró como los enamorados miran en las películas, acariciando mis dedos mientras caminábamos hacia el coche de los tres voyeurs.
Al tiempo que nos acercábamos, notábamos tanto la tensión de los que se sienten culpables de haber hecho algo ofensivo, como el miedo a enfrentarse a un tío de la contundencia física de Ricardo. Él sabe que provoca estas reacciones…
–¡Eh, chicos! ¿Cómo lo lleváis? –les preguntó con una entonación de lo más amistosa–. ¿Os queda alguna birra en el maletero para compartir con nosotros?
En un abrir y cerrar de ojos, los tres se destensaron; los hombros bajaron, los pechos se desinflaron y las caras de letárgicas sonrisas cerveceras se apoderaron del ambiente en el que, al tiempo, se omitía cualquier palabra relativa al sexo… Hasta que Ricardo dijo:
–Bueno, chicos. Espero que lo que habéis visto no se lo contéis a nadie.
–¿Por qué? –pregunté, compulsiva y claramente enojada por el alarde dominante.
Rápidamente y para evitar cualquier conflicto, Raúl sacó una botella de ron y sirvió unos chupitos, como si nada malo hubiera ocurrido. Pasamos una hora hablando sentados sobre el capot del coche, contando chismes sexuales que habían ocurrido durante los cinco años de carrera. | 215 |
Content available for users 18+
By signing in to the service, you confirm that you are 18 years of age or older.
