Don't get caught by a cheater! Telemetrio finds and tags such channels 👉 If you want to see the tag, subscribe 👈
Relatos de una soñadora
Open in Telegram
Disfruta de los relatos sin mojar la pantalla😉 . Si escribes o conoces a alguien que lo haga nos encantaría leerle. Sugerencias o relatos dirigirse a: @Joya_morena @Uzza1684 @CruzHalls 😘😘Besos de caramelo. @relatando
Show more795
Subscribers
-224 hours
+27 days
+6730 days
No data
Post views
No data24 hours
No data48 hours
No data
Engagement rate
No data
Posts per day
Posts Archive
A pesar de que le estaba tirando del pelo para apartar su boca de mi pezón, Ricardo no paraba. Del primer sentimiento de vergüenza compulsiva, instintivamente pasé a la inacción y, de ahí, a una sensación de excitación sublime. Miraba las caras de los tres, fundiéndose de nuevo en la oscuridad, cuando Ricardo se bajaba la cremallera y deslizaba el tanga con su glande para penetrarme.
Me encajé a su inflexible miembro, abriéndome, cabalgando y arañando su espalda. Él me empujaba y me subía contra la pared una y otra vez. Mis compañeros, sigilosamente, se acercaron un poco más, descubriendo sus rostros. No podía dejar de mirarlos y no cesaba de gemir cada vez más fuerte. Raúl se estaba tocando por dentro del pantalón. Los otros dos sólo miraban. Cada embestida era más profunda. Yo las provocaba. Me encajaba con vehemencia hasta la base de su pene, hasta que oía cómo mi flujo se derramaba sobre su pubis. De fondo, la música de la fiesta. Al lado, mis tres voyeurs. Dentro, Ricardo. Mis pezones se erizaron súbitamente y grité… No gemí, aullé cuando el orgasmo implosionó como una bomba de racimo, estrellándose contra el anverso de mi piel, como si mi alma fuera un fantasma que quisiera dejar mi cuerpo inanimado.
Al borde del desvanecimiento, me percaté de que Ricardo no había terminado. Me separé y me puse de rodillas para hacerle una mamada. No estuve mucho rato, él llegó enseguida. Pero todo el tiempo, estuve observando a esos tres mirones, mientras mi vulva se volvía a empapar…
–¿Te ha gustado? –le pregunté, mientras buscaba un clínex en mi bolso y mis tres compañeros abandonaban la escena.
–Claro, Elsa. Pero, aún no hemos terminado la noche, ¿verdad? –replicó, confiando en oír un sí.
–Sí, pero tomemos otra copa y después vayamos a mi apartamento –le dije, con unas inusitadas ganas de bailar con él.
Cuando regresamos a la barra, la fiesta se estaba acabando. Nos sirvieron la penúltima y seguimos bailando sobre vasos de plástico rotos, al ritmo del desagradable sonido del alcohol adherido al suelo.
–¡Mierda! –exclamó entre dientes, dirigiendo su mirada hacia algo o alguien a mi espalda.
Mientras me giraba, cinco letras iban pasando por mi mente: C… l… a… r… a. Efectivamente, era ella contemplando nuestra danza post-orgásmica. Me volví hacia él y, para quitarle hierro al asunto, le dije con total seguridad y descaro:
–Ahora sólo tenemos un problema: no hay autobuses, los amigos de Clara no nos van a llevar a Madrid y yo quiero follarte hasta perder el aliento en mi casa. ¿Cómo lo hacemos?
Llegué a la parada de autobuses del laberíntico Parque del oeste en Moncloa, para coger el autobús A. La misma línea que me había llevado durante cinco años a estudiar al campus de Somosaguas, ahora me conduciría a la experiencia sexual de mi vida.
Tras 15 minutos haciendo cola, por fin apareció. Subí ensimismada, pensando tan sólo en mi presa. Y, como no vi asientos libres, me agarré a un pasamanos fijando la vista en el parque. En ese momento, oí una voz familiar a mi espalda…
–Sí, tía. Vamos a pasarlo bomba este verano, que después ya seremos personas serias. Jiji… –decía Clara con su estridente tono a otra ñoña que había terminado los estudios con nosotras.
Pensé en hacerme la sueca, pero el arrebato morboso de iniciar una conversación superficial con la ex del hombre que me quería follar, eliminó todo rastro de timidez.
–Hola Clara, ¿cómo estás? Chica, no sabía que venías a la fiesta… –le dije con altanería y expreso fingimiento.
Estuvimos hablando de trivialidades hasta que llegamos al campus. Al bajar del autobús, en un clarividente gesto de control, Clara insistió en que regresáramos juntas a Madrid, en el coche de unos amigos tras la fiesta. Accedí por quitármela de encima y me dirigí a los aparcamientos, repletos de gente, donde me paré a tomar unas copas con un grupo de compañeros de clase.
–Elsa, ¡estás tremenda! –exclamó Raúl, un amigo de clase, mientras clavaba sus ojos en mi escote.
–Son pequeñitas… –le increpé, al tiempo que me recogía el pecho con las dos manos a modo de ofrenda.
Pasé un buen rato flirteando con todos, hasta que Ricardo se unió al grupo. Empezamos a hablar y, como siempre, construimos un muro invisible a nuestro alrededor. Pusimos tierra de por medio, yendo a la barra improvisada donde la música sólo permitía esas conversaciones de labios pegados al oído. Bebimos cubatas y bailamos. Me susurró que estaba preciosa. Le susurré que me volvía loca con su cuerpo. Me preguntó que si quería que me besara. Le respondí que deseaba que me follase salvajemente…
Me cogió de la cintura y me besó. Nuestras lenguas se entrelazaron pasionales, deseosas de alcanzar más partes de nuestros cuerpos. Me agarraba fuerte. Notaba su miembro erecto bajo el pantalón. Me acarició los glúteos para que notase con mi abdomen la dureza de su pene.
–Ricardo, fóllame por favor –le supliqué, bajo el estado más ardiente que jamás hubiera experimentado.
–Vamos al parterre que hay entre la entrada de la facultad y la cafetería de profesores –me dijo, cogiendo mi mano con firmeza y tirando de mí.
Por un momento, mientras nos dirigíamos allí, sopesé si era correcto. Alguien podría vernos, pensé. Y, al instante, me puse más cachonda. Las pulsiones de mi libido eran enormes. Todo mi cuerpo pedía sexo. Todo yo era sexo.
Me sujetó, asiéndome por las nalgas para alzarme contra la pared. Mi vestido se subió hasta la cadera, dejando la fina tela de mi tanga como última y húmeda frontera. No paramos de besarnos y acariciarnos, aumentando la intensidad, mientras conquistábamos nuestras zonas erógenas. Empecé a palpar su pene por encima del pantalón. Él me acariciaba los senos. De repente, bajó uno de los tirantes del vestido con tanta energía, que también descolgó el del sujetador. Uno de mis pechos quedó al descubierto. Paró por un segundo. Me miró fijamente, y se abalanzó a lamerlo. En ese momento, debí oír algún ruido que me hizo frenarle.
–Para… Ricardo, para. Creo que hay alguien observando –le supliqué, intentando apartar su cabeza.
Había gente en la oscuridad. Seguramente, estaban allí fumando o simplemente orinando, cuando nos oyeron. Eran tres. De pronto, las luces de un coche iluminaron sus caras. Para mi sorpresa, eran los compañeros de clase con los que había empezado la fiesta; Raúl, José y Ángel me miraban como si fuera una stripper.
VOYEUR
Acababa de terminar Psicología y, por supuesto, esa noche había una macro fiesta en el campus de Somosaguas, al lado de Pozuelo de Alarcón, en las afueras de Madrid. Terreno que cedió un aristócrata para ubicar a las carreras clasificadas como peligrosas durante la dictadura, pasé cinco años descubriendo cada pequeño parterre entre edificios e imaginando cómo sería la vida laboral. Todos los humanos tendemos a trivializar nuestra existencia, dándole vueltas a cosas en vez de vivirlas con pasión. Y, hasta la fiesta de licenciatura, yo era una más.
Hasta aquel día, el sexo había sido muy importante en mi vida académica y privada. Había estudiado los comportamientos más pervertidos y siempre había hecho el amor con esa intensidad que los hombres adoran, aunque sin la variedad que las mujeres deseamos. Hasta la fiesta fin de carrera. Aquella noche iba a materializar mis anhelos más profundos. Aquella noche se ha quedado grabada en mi memoria como la primera y –probablemente– única experiencia de sexo duro y grupal de mi vida. Increíbles, adorables y pedagógicos recuerdos…
No fue premeditado. Simplemente, me vestí tan puta como deseaba mostrarme frente a Ricardo…
Él había sido mi objetivo durante los dos últimos años de carrera y, por fin, lo había dejado con su eterna novia y mi coyuntural amiga, Clara. No puedo contar las veces que hablé con él totalmente empapada. Teníamos la excusa de comentar las clases con una cerveza hasta que cerraban la cafetería de la Facultad. Sobre todo, las lecciones que trataban sobre aspectos sexuales. Desde la disfunción eréctil a la ansiedad sexual; del sadomasoquismo al voyerismo. Todos eran temas ideales para nombrar pene, vagina, penetración, sumisión… Delante de él. Y notar cómo se me erizaba el vello mientras las decía, aparentemente seria, locuaz y académica. Como si realmente no estuviese buscando la imagen de su cara al oírlas; como si no almacenase sus gestos para masturbarme al volver a casa. En muchas ocasiones, me tocaba pensando que él me veía, como si hubiera pagado la cabina en un Peep show. Y yo, tumbada sobre la cama, abría las piernas frente a un espejo para reflejar la secuencia por la que él insertaba monedas…
Ricardo medía más de un metro y ochenta, y sus rasgos faciales eran tan atractivos como poderosos eran su torso y sus brazos. Estaba convencida de que para llevármelo a la cama debía estar exuberante, sensualmente matadora y con un toque de golfa que expresara las ganas que tenía de comerle sin necesidad de decirlo con palabras.
Con los tacones más altos llegaría a besarle sin problemas, y mi vestido rojo entallado no sólo le atraería, sino que desviaría las miradas suficientes para que él actuara como el protector que espanta a los típicos y molestos moscardones.
Aunque mi pecho es menudito, mis glúteos ya habían sido condecorados con sendos piropos. Así que añadí un extra para volverle loco: me puse un precioso liguero, acompañado por mi tanga más caro. Eso y la cinturita de avispa que tenía con 23 años serían (tenían que ser) irrechazables.
El lobo le dice, adoro tu apariencia, lo común no
es lo mío, y puedo ver que eres una hermosa mujer, y no me refiero meramente al exterior...
Ella responde, pero insisto, no me conoces por
completo, has de conocer mis locuras, mi lado más
endiablado y no tan bello...
Eso no hace falta dijo el lobo, somos seres muy
parecidos, te conozco porque me conozco, te amo
porque me amo, miro a tus ojos y puedo perderme
en ellos, tienen un brillo que no he visto jamás, me puedo quedar a vivir en tu sonrisa por siempre...
Desde entonces un nuevo cuento fue escrito,
sin estereotipos ni prejuicios, en el cual importa
más el interior que el exterior, un verdadero cuento
de amor...
Y cuentan que desde entonces, en noches de luna llena, ella se convierte en loba para recorrer el bosque llamando la primavera junto a él, y amarse
por completo...
Pero en otras noches ella, siendo una bruja, prepara algún brebaje para que él pueda sacarse la piel de lobo y vestirse de hombre, no de un príncipe azul montado sobre un brioso corcel blanco, sino de un plebeyo común, con ojos brillantes como estrellas, con fuertes brazos para poder cargarla a ella hasta su lecho de amor...
pero quién dijo que los villanos no saben amar...
Texto...Jr Arenivas
a una tapatía...
Imagen....Internet
EL LOBO Y LA TAPATIA
El lobo, cansado de ser el malo del cuento,
harto de ser visto como el villano de la historia,
se fue a recorrer nuevos senderos...
Donde nadie lo conociera, donde nadie tuviese
prejuicios hacia él...
Quería ser capaz de comenzar una nueva historia
donde él no fuese el odiado, donde nadie fuese
odiado...
Después de mucho caminar, después de pasar mucho tiempo en soledad, entonces la encontró
a ella, sentada sobre una roca en el camino...
Con sus manos cubriendo su rostro, su vestido
rojo, hermoso pero no tan llamativo, su cabello
enmarañado, con una belleza nada común, sus
zapatos, también rojos, algo polvorientos por
tanto caminar...
Él le preguntó,
hola, qué haces acá tan sola...
Y ella, sorprendida, le dijo,
estoy acá tratando de alejarme de la maldad
de los demás, que solo ven tu exterior y te juzgan
por tu apariencia, sin siquiera intentar descubrir
ni conocer nada más de ti...
Alejarme de aquellos seres que dicen ser buenos
pero actúan contrariamente a sus palabras, seres
llenos de hipocresía y faltos de compasión...
El lobo la miró, sabiendo claramente a qué se
refería, se acercó un poco, sabiendo que no sería
rechazado por lo que es, deseoso de compañía
y sintiendo la necesidad de dar compañía...
El lobo le dijo, quieres compañía, me permites
acompañarte un rato...
Ella, enjuagando sus lágrimas y dejando ver sus hermosos ojos de insomnio color café, lo miró
y le dijo,
Claro que puedes, para mí sería un placer,
solo te pido que me acompañes, no por lástima, sino por que nace de tu corazón, quiero sentirme amada por lo que soy, sin que me señalen ni sigan
estereotipos de bondad que terminan siendo crueles y por ende, mucho más malvados...
El lobo le respondió, me quedo porque quiero,
porque, como tú, soy un incomprendido y porque,
en mi corazón, siento que podemos derribar
barreras y ser felices juntos...
Ella rió y le dijo mientras él se acurrucaba a sus
pies, eres muy tierno, por lo visto tu apariencia es
sólo una coraza, una pétrea coraza, pero en tu
interior eres blando y llevas dulzura, eso lo puedo
sentir...
Él lobo la miró y le responde con una mirada que
desprendía amor, entonces me quedaré a tu lado
hasta que la luna deje de ser motivo de poemas
y las estrellas no se asomen más en el cielo
nocturno...
Siéntate cerca de mí, no a mis pies sino a mi lado,
dijo ella mientras acariciaba su cabeza...
El lobo dijo, no puedo rechazar tu invitación, aunque
quisiera, hay algo en ti que me hechiza, creo que
son tus ojos profundos o tu voz que suena a
poesía...
Ella se sonrojó, pero él lobo apenas lo notó, ella
estaba oculta bajo su capucha y la luna apenas
dejaba ver algo de su rostro, que en verdad era hermoso, no era la hermosura que puedas
encontrar en la mayoría, era la hermosura que le
daban esos ojos tan expresivos, esa sonrisa tan elocuente, sin nada de maquillaje, ella resplandecía
de belleza...
Sabías que las estrellas más brillantes no son
siempre las más cercanas, preguntó ella, a veces
simplemente las más lejanas brillan con tanto
fulgor que se dejan ver desde la lejanía...
Ella dijo, pues así pasa con todo, hay seres que
brillan tanto que no pueden ocultar su belleza
aunque quieran, lo dijo mientras colocaba su
cabeza en su regazo...
Ella le responde no me conoces por completo,
no puedes saber cómo soy...
El respondió, ya conozco lo suficiente de tí como
para saber que eres alguien especial...
Ambos miraron al vacío, como buscando las
palabras correctas para continuar la conversación,
pero ya estaban tan conectados que no necesitaron
más palabras por un buen rato, ambos se perdieron
en sus pensamientos que se entrelazaban...
Siempre he sido temido, dijo él lobo rompiendo
el silencio, mis fauces, mis garras y mi apariencia
en general, hacen huir a cualquiera y me hacen ser
odiado...
Algo parecido pasa conmigo dijo ella, la apariencia
es lo que más les importa a la mayoría, parece ser
que una mujer siempre debe vestir con tonos
pasteles para ser buena...
Alzo mis dos manos y con fuerza encajo mis uñas abriéndole el pecho de par en par. Su mirada opaca divisa mis ojos. No deja de mirarme ni un solo instante.
Mientras la muerte lo acoge en sus brazos, yo sostengo en mis manos su vida aún latente.
Todo terminó.
Deambulo en las calles solitarias con tacones rojos buscando un corazón que saborear.
Texto...
EJM ROSA NEGRA
ABRIL 19, 2023
Imagen....Internet
TACONES ROJOS
Salgo de mi casa. Soy trabajadora de la noche, ustedes saben, las de tacones altos, mini faldas, blusa escotada y labios rojos carmesí.
Llevo mi abrigo negro en las manos.
La calle es oscura y solitaria, pero es el camino más corto para llegar a mi esquina. Estoy parada en la entrada.
La noche se torna algo siniestra. Intempestivamente el cielo se cubre de nubarrones negros.
A lo lejos, se escucha el estruendo de un relámpago seguido por una luz que alumbra el negro cielo.
Un vendaval gélido hace erizar mi piel.
Me cubro.
La brisa fría humedece el asfalto, solo se escucha el eco de mis taconeos al caminar.
Una fuerte lluvia se suelta de repente, intento correr, pero mis zapatos no me lo permiten.
Estoy toda mojada, no aguanto el dolor en mis piernas. El frío me cala hasta los huesos.
Llego a un parque abandonado.
Me interno en ese lúgubre sitio. Me acerco a una estructura que se cae en pedazos.
El miedo se apodera de mí.
-No quiero estar aquí, pero necesito resguardarme de esta lluvia torrencial- me dije mientras subo los escalones de la vieja caseta.
Rayos y relámpagos caen con una furia incontrolable. Iluminan momentaneamente los caminos oscuros del parque.
Las ramas de los árboles crujen por el fuerte viento. Miro alrededor y no veo a nadie.
Sola, asustada y empapada, me siento en una de las bancas de ese descuidado armazón.
Pasan horas y la lluvia no cesa, la noche avanza.
-¿Qué haré ahora?-me dije frustrada y triste mientras acercaba las piernas a mi cuerpo para taparme aún más de ese frio horrible.
Mis ojo se van cerrando poco a poco. Soñolienta, oigo a los lejos un aullido.
Temblando, me acurrucu en esa esquina.
-Ha de ser algún perro que dejaron afuera y se está muriendo de frio como yo-me dije.
-Con este horrible clima hasta yo aullaria- dije entre dientes sarcásticamente.
Volví a cerrar mis ojos y unos minutos después escucho el aullido nuevamente.
Levanto mi cabeza y la asomo por el barandal de madera. Mi mirada asustada observa a lo lejos una figura enorme, negra.
-Hola, ¿hay alguien ahí?-pregunte con mi voz cortante por el frio.
Nadie responde.
La figura permanece inerte.
Me pongo de pie y doy unos cuantos pasos hacia atrás. Veo como esa horrible cosa se acerca a mí.
En el intento de escapar caigo de cara sobre la hierba muerta empapada.
Miro de reojo y veo a mis costados unas patas peludas. Esa bestia solo está parada sobre mi.
Todo mi cuerpo tiembla de horror.
Siento su jadeo, sus babas caen sobre mí cabello y se deslizan sobre mi rostro.
Estoy paralizada de miedo. Se agacha lentamente. Un resoplido aterrador mueve el cabello de mi nuca.
Siento como sus garras afiladas desgarran mi abrigo.
De pronto. ¡Ahhhh!. Siento sus garras encajarse en mi espalda.
Me da la vuelta bruscamente. Abro mis ojos atemorizada.
De su alargado hocico se asoman unos enormes colmillos.
Sus afiladas uñas desgarran la piel de mi pecho. Siento la sangre salir a borbotones.
-Me matará, me matará-repito en mi mente una y otra vez.
Lo miro detenidamente, en sus ojos se refleja mi rostro. Deforme, oscuro, maldito.
-Pobre criatura de la noche- me dije.
De mis dedos, salen uñas afiladas como cuchillos. Alzo mi mano y las clavo en sus ojos. Lo ataco sin piedad.
El chillido que emite es aterrador. Enfurecido intenta atacarme de nuevo. Lo agarro por la quijada y lo levanto como si de un muñeco de trapo se tratara.
Una lágrima se desliza por mi mejilla confundiéndose con aquella infernal tormenta.
-Maldito monstruo, esta es tu naturaleza- me dije mientras cerraba mis ojos y arrancaba la carne de su cuello.
Consumo su vida, consumo su existencia.
Pobre animal, se retuerce de dolor. Horrorizado, se empuja hacia atrás, pero no tiene fuerzas para escapar.
Con furia sobrehumana me abalanzó sobre él, quiero terminar lo que empecé.
La mesa de billar
Me dejé caer sobre la mesa de billar, sintiendo cómo mi cuerpo temblaba con la pasión. Había llegado al polígono industrial buscando emoción, algo fuera de lo común, y nunca imaginé que lo encontraría en los brazos de un desconocido. Pero ahí estaba yo, rendida a sus caricias.
Detrás de mí estaba él, un chico rudo y de aspecto informal, sujetándome por las caderas. Mis cabellos oscuros se pegaban en mi rostro, y mi camisa desabotonada y falda negra se habían arrugado tras el revolcón que nos dimos. Pero nada de eso importaba ahora, sólo el deseo que nos consumía a los dos.
Él se inclinó hacia mi cuello, dejando suavemente su lengua sobre mi piel erizada. No pude evitar gemir en respuesta, mordiendo mi labio inferior con fuerza. Él continuó acariciándome, haciendo que mi estómago ardiera de placer. Me giré hacia él, viendo el brillo de lujuria en sus ojos.
Nuestras bocas se encontraron en un beso desesperado, salvaje y lleno de anhelo. Él me acarició con fuerza, bajando sus manos por mi cuerpo mientras me levantaba. Luego me apoyó suavemente sobre la mesa de billar, acercándose a mí con todo el deseo del mundo.
Grité, gemí, sentí su boca hambrienta sobre mi piel. Sus manos se deslizaron por mis muslos, haciéndome jadear de ansiedad. Pero cuando una de sus manos llegó a mi centro y comenzó a acariciarme, todo lo demás pasó a segundo plano. Me agarré a la mesa de billar, arqueándome ante el placer.
La emoción alcanzó su punto culminante cuando él me llevó al clímax. Grité su nombre en un placer desesperado, mi cuerpo temblando con la pasión. Él me sostuvo suavemente en sus brazos, sin dejar de sonreír. Me acomodé en su pecho, dándole un suave beso.
A pesar de lo breve de nuestra aventura, el chico despertó algo en mí. No podía evitar pensar en él, en esa noche intensamente emocionante en la que me hizo sentir verdaderamente viva. Él me tomó de la mano y salimos de la sala, sabiendo que habíamos encontrado lo que buscábamos.
Nankurunaisa1404
Imagen... Internet
Cuando finalmente descendieron del clímax, Noe se sintió más viva que nunca antes. Sabía que esta experiencia no sería la última, y que su aventura en Tailandia aún tenía mucho que ofrecerle.
Con una sonrisa en el rostro y un brillo en sus ojos, Noe salió del jardín trasero, lista para enfrentar lo que el siguiente día podría traer.
Noe regresó al café en más de una ocasión durante su estancia en Tailandia, cada vez disfrutando de la compañía de la dueña y la tranquilidad que sentía en el jardín trasero. Juntas, exploraron sus deseos más profundos y experimentaron con todo tipo de placeres.
Pero eventualmente, el momento llegó para que Noe tuviera que partir de Tailandia y regresar a su vida en Europa. Despidiéndose de la dueña, se prometió a sí misma que nunca olvidaría la experiencia única que había tenido durante su aventura en el país asiático.
De regreso en casa, Noe intentó contarle a sus amigos lo que había sucedido en Tailandia, pero encontró difícil explicarlo con precisión. La experiencia había sido algo que solo ella podía entender, algo que la había cambiado de manera profunda pero que nunca podría explicar completamente a los demás.
Años más tarde, sin embargo, Noe descubrió que nunca había olvidado a la dueña del café, ni a la sensación de paz y placer que había experimentado en el jardín trasero. Siempre recordaría su aventura en Tailandia como un momento trascendental en su vid
a, que la había llevado a explorar sus deseos más profundos y descubrir una nueva dimensión del placer.
Nankurunaisa1404
Imagen..Internet
"La conexión que trasciende las palabras: Una experiencia en Tailandia". Noe.
#Noe
Noe se encontraba en una pequeña aldea del norte de Tailandia. Acababa de llegar después de un largo viaje y estaba ansiosa por explorar todo lo que esta nueva cultura tenía que ofrecerle.
A medida que caminaba por las calles adoquinadas, se detenía a observar cómo las mujeres locales tejían a mano coloridos sarongs. Escuchaba sus risas mientras los comerciantes vendían sus productos en la calle. Se sumergió en todos los sonidos y olores, saboreando cada momento como si fuera el último.
Pero hoy no era un día de compras ni de turismo, hoy tenía otra cosa en mente.
Se dirigió a un pequeño café que había descubierto la noche anterior y fue saludada por la sonrisa de la hermosa dueña del lugar. Una mujer pequeña y delgada, de piel canela y ojos oscuros que parecían mirarla directamente a su alma.
Noe se sentía atraída por ella, pero no solo de forma física, sino que había algo mágico en ella que la hacía querer saber más acerca de su vida.
Mientras la dueña del café preparaba su bebida, Noe se tomó el tiempo para mirar alrededor. La decoración estaba llena de colores cálidos y telas suaves. A su alrededor, mesas de madera talladas invitaban a la charla y al disfrute de la deliciosa bebida.
La dueña del lugar se acercó con su bebida y dejó un pequeño beso en su mejilla. Noe sintió el calor de su cuerpo y la electricidad de su tacto. En ese momento, supo que estaba abierta a nuevas experiencias.
Continuaron hablando y riendo, compartiendo historias personales en un idioma que Noe apenas podía entender. Pero no importaba, la conexión entre ellas iba más allá de las palabras.
Finalmente, la dueña del lugar propuso que visitaran su jardín trasero, donde había una cascada y un pequeño estanque. Noe aceptó encantada, imaginando los sonidos de la naturaleza y lo refrescante del agua.
Cuando llegaron, la dueña del lugar sacó una toalla y extendió su mano, invitándola a sentarse a su lado.
Juntas, disfrutaron del agua fresca y la brisa cálida, el olor de la flora local impregnaba el ambiente. Noe no podía creer la sensación de paz y bienestar que sentía.
Cuando llegó el momento de irse, la dueña del café la despidió con otro beso en la mejilla antes de cerrar la puerta detrás de Noe.
De regreso a su pequeña casa de huéspedes, Noe se sentía llena y en paz. Una sensación que no había experimentado en mucho tiempo. Sabía que tenía que volver al café y visitar la cascada de nuevo, para disfrutar de la compañía de esa mujer que había tocado su alma de una forma especial y diferente.
La noche llegó y Noe se preparó para volver al café. Estaba deseosa de ver a la dueña de unevo y experimentar de nuevo la sensación de paz que había sentido en su jardín trasero.
Cuando llegó, la dueña la recibió con una sonrisa y una mirada insinuante en sus ojos oscuros. Era como si supiera exactamente lo que Noe estaba buscando.
Se sentaron juntas en una mesa del café, tomándose de las manos mientras charlaban sobre sus vidas y sus deseos. Noe notó cómo su piel se estremecía cada vez que la dueña del lugar la tocaba.
Después de un rato, la dueña propuso que volvieran al jardín trasero. Noe aceptó de inmediato, sabiendo que lo que vendría a continuación sería algo especial.
En el jardín, se desnudaron y se metieron juntas en el agua fría de la cascada. Se besaron tiernamente mientras el agua caía sobre ellas, acariciándose mutuamente y tocándose suavemente.
La dueña de repente se detuvo y se apartó de Noe unos centímetros, mirándola fijamente a los ojos. Con una sonrisa pícara, le preguntó si alguna vez había estado con otra mujer antes. Noe no supo qué responder, pero la dueña la tranquilizó, diciéndole que no era importante y que solo quería hacerle sentir los placeres que podía ofrecerle.
Durante los siguientes minutos, la dueña del café llevó a Noe a través de un mundo de sensaciones que nunca había experimentado antes. La tocó en lugares que nunca había explorado y la llevó al borde del éxtasis una y otra vez.
Content available for users 18+
By signing in to the service, you confirm that you are 18 years of age or older.
