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Algo del Evangelio

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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail.com

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📈 تحلیل کانال تلگرام Algo del Evangelio

کانال Algo del Evangelio (@algodelevangelio) در بخش زبانی اسپانیایی بازیگری فعال است. در حال حاضر جامعه شامل 13 718 مشترک است و جایگاه 6 326 را در دسته دین و مذهبی و رتبه 236 را در منطقه آرژانتین دارد.

📊 شاخص‌های مخاطب و پویایی

از زمان ایجاد در невідомо، پروژه رشد سریعی داشته و 13 718 مشترک جذب کرده است.

بر اساس آخرین داده‌ها در تاریخ 02 سپتامبر, 2026، کانال فعالیت پایداری دارد. در ۳۰ روز گذشته تغییر اعضا برابر -98 و در ۲۴ ساعت گذشته برابر -4 بوده و همچنان دسترسی گسترده‌ای حفظ شده است.

  • وضعیت تأیید: تأیید نشده
  • نرخ تعامل (ER): میانگین تعامل مخاطب 29.66% است و در ۲۴ ساعت نخست پس از انتشار، محتوا معمولاً 22.37% واکنش نسبت به کل مشترکان کسب می‌کند.
  • دسترسی پست‌ها: هر پست به طور میانگین 4 069 بازدید دریافت می‌کند. در اولین روز معمولاً 3 069 بازدید جمع‌آوری می‌شود.
  • واکنش‌ها و تعامل: مخاطبان به‌طور فعال حمایت می‌کنند؛ میانگین واکنش به هر پست 0 است.
  • علایق موضوعی: محتوا بر موضوعات کلیدی مانند dio, señor, juan, discípulo, evangelio تمرکز دارد.

📝 توضیح و سیاست محتوایی

نویسنده این فضا را محل بیان دیدگاه‌های شخصی توصیف می‌کند:
El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail...

به لطف به‌روزرسانی‌های پرتکرار (آخرین داده در تاریخ 03 سپتامبر, 2026)، کانال همواره به‌روز و دارای دسترسی بالاست. تحلیل‌ها نشان می‌دهد مخاطبان به‌طور فعال با محتوا تعامل دارند و آن را به نقطه اثرگذاری مهم در دسته دین و مذهبی تبدیل کرده‌اند.

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Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_4,_31_37_XXII_Martes_durante_el_año.mp33.11 MB

Para evitar caer en sus engaños tenemos que conocer cómo actúa y qué vino a hacer Jesús con el demonio. Y para eso es mejor no centrarse en las conocidas posesiones –como en el caso de hoy–, que son en realidad pocas, sino más bien en la cotidianidad, es decir, cómo actúa el diablo normal o cotidiana y silenciosamente. Por eso - y como un paréntesis- te recomiendo, lo recomendé alguna vez, que puedas leer un libro genial de un autor que se llama Lewis. El libro se llama «Cartas del diablo a su sobrino», donde genialmente va describiendo cómo hace el diablo para engañarnos. Es como un libro de espiritualidad, pero visto desde las sombras. Pero te dejo tres consejos también, al mismo tiempo, de un gran santo, san Ignacio de Loyola, que nos enseña a poder distinguir el actuar del demonio en nuestra vida. Él dice que el demonio primero actúa como una mujer y que se vuelve débil ante la fuerza y se hace fuerte ante la debilidad ajena. Por eso ante las tentaciones y en las pruebas tenemos que enfrentarlo al demonio. No debemos tenerle miedo. Tenemos que rezar más. Tenemos que enfrentarlo también con nuestros pensamientos, no dejarse ganar. El diablo se hace débil cuando nosotros nos hacemos fuertes por la gracia, por supuesto, con la ayuda de Jesús, con la oración, con la Virgen- con nuestra madre-, con los sacramentos. Segundo, dice San Ignacio que el demonio se hace como alguien que quiere enamorar a escondidas a una mujer; entonces como la quiere enamorar y es una persona prohibida, busca que no se sepa de ese engaño. Entonces ¿qué es lo que hace el demonio? Busca que no hablemos, que callemos, que no contemos lo que nos pasa, que ocultemos las cosas. ¿Cuál es la solución entonces? Sencilla pero difícil: abrir el alma a alguien, abrir el corazón, compartir esos pensamientos, esas dudas que nos invaden, a un sacerdote, a un amigo, a alguien espiritual, alguien que nos conozca de verdad y que nos ayude. Y tercero, por último, dice este santo que el diablo actúa como alguien que quiere conquistar una ciudad. ¿Y por dónde va a entrar? Obviamente por el lugar más débil, es astuto. No va a entrar por el lugar más fuerte. Por eso, ¿por dónde nos va a querer debilitar el demonio? Por nuestro lugar más débil, por nuestra característica más frágil, por el lugar más flaco, por la gran debilidad. Siempre se filtrará por ahí, como el agua que entra por donde hay agujeros ¿Cuál es la solución entonces? Prestemos atención a nuestras debilidades, a las más fuertes, y fortalezcamos esa debilidad. Y ahí es donde nos tenemos que ir generando una fortaleza donde ya nadie pueda entrar; porque, si no entra por la debilidad, no va a poder entrar por ningún lado. No hay que tenerle miedo. Principalmente, Jesús es más fuerte. Ese es el anuncio. Jesús hoy nos muestra su poder. Hay que vencer al demonio con la Palabra, la Palabra de Dios: «Callate y salí de acá. No me molestes, no me molestes más, que yo amo a Jesús más que a todas las cosas de este mundo». Y, como decía san Bernardo, «Por vos no empecé esto, por vos no lo voy a dejar». Por el demonio no empezamos el camino de Jesús, mucho menos por él lo vamos a dejar. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 4, 31-37: Veíamos que Pedro en el evangelio del domingo se convirtió en un obstáculo para Jesús, incluso Jesús se animó a llamarlo Satanás. ¿Por qué Jesús llamó Satanás a Pedro, al que había nombrado de hace poquito, de hace un momento, como “piedra de la Iglesia”, a quien le había dicho: «Feliz de ti, Simón, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» ¿Por qué? Porque, en definitiva, Satanás es el enemigo de la Cruz. Él es el enemigo del amor y, como odia el amor, en el fondo odia la entrega, y la entrega es la Cruz. Por eso, cuando no pensamos como piensa Dios, cuando actuamos como Pedro, cuando nos dejamos guiar por nuestros pensamientos y no por los de Dios, sin darnos cuenta estamos siendo instrumento de los pensamientos de Satanás, que odia la Cruz y prefiere saltearla. Odia la entrega. Odia el sacrificio. Odia todo aquello que hace que nos entreguemos a nosotros mismos por amor a los demás, todo aquello que hace que nos neguemos para ser plenamente humanos: para aquello para lo cual Dios nos ha creado. Lo que escuchábamos ayer en Algo del evangelio, al comenzar el ministerio público de Jesús, y ese anuncio de venir a liberar a los oprimidos hoy- en este texto- se pone de manifiesto con este episodio en el que Jesús actúa realmente y expulsa al demonio de esta persona. Pero es interesante ver cómo lo vence, porque su forma de vencer al demonio nos ayuda también a, cada día, luchar contra su accionar, contra sus tentaciones. ¿Cómo lo vence? Con su palabra, «Cállate y sal de este hombre» le dice. El diablo es el que busca dividir y mentir. El diablo es el que divide tus pensamientos, los confunde y los mezcla. Divide también nuestros sentimientos, nuestro corazón. Intenta que no distingamos, que mezclemos todo, que no sepamos discernir y distinguir. Como enseñaba san Pablo también: «Sepan discernir aquello que agrada, lo bueno, lo que es perfecto». Acordémonos que «la Palabra es viva y eficaz» y discierne los pensamientos del corazón y ayuda a distinguir. El diablo, al contrario, busca siempre confundir, divide nuestras relaciones humanas, divide a la familia. Busca que estemos enemistados con los demás; que nos mantengamos en nuestra posición, en nuestros pensamientos duros y rígidos, en nuestra lógica, en nuestros sentimientos; que no cambiemos, aunque sean viejísimos, y que sigamos con esos rencores, con broncas, que no olvides. Busca que nos peleemos con el de al lado, con el que está viajando, con tu jefe, con nuestro compañero de trabajo, con nuestros hermanos, con tu marido, con tu mujer, con tu vecino. Él busca siempre eso y nos engaña y nos miente para que vivamos engañados y fuera de la verdad de Dios, que es el amor. Nos inclina a que pensemos siempre en lo malo, en lo negativo, a que veamos la parte mala de la vida y nos olvidemos de todo lo bueno. Divide también a la sociedad. Genera "mentiras nacionales", ideologías, pensamientos, formas de vivir que no buscan el bien común. Genera las ideologías que producen las famosas «grietas».

Martes 1 de septiembre - Lucas 4, 31-37 - XXII Martes durante el año + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 31-37 Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!» Y su fama se extendía por todas partes en aquella región. Palabra del Señor.

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Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_4,_16_20_–_XXII_Lunes_durante_el_año.mp33.22 MB

También dijimos que viene a darnos libertad, a ayudarnos a elegir bien, a permitirnos desplegar nuestra capacidad de elegir: lo mejor que Dios nos dio en esta vida. Y Jesús, al mismo tiempo, viene a proclamar, como se dice, un año de gracia. Eso quiere decir que estamos en el tiempo de la misericordia, en el tiempo del perdón (Dios nos da tiempo para que podamos acercarnos a Él), en el tiempo de la reparación de todas las cosas malas que podemos tener en nuestra vida, lo malo que hicimos. Él viene a dar un año de gracia, un tiempo de perdón. Que esta semana empecemos con esta certeza de que Jesús viene a salvarnos, la Palabra viene a salvarnos. ¿De qué? Dijimos, de tantas cosas. Pensalo en tu vida. Viene a liberarte del pecado, a permitirnos ver y quitarnos la ceguera, a darnos la verdadera libertad de los hijos de Dios, de los que saben elegir siempre lo mejor, aquello que nos conduce a hacer la voluntad del Padre. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario Lucas 4, 16-30: ¿A quién de nosotros le gusta sufrir o ver sufrir a los que más quieren? Eso le pasó a Pedro ayer en el evangelio, no quiso que Jesús sufra. Con muy buena intención, se quiso interponer entre la voluntad del Padre y el deseo de Jesús de cumplirla. Es muy difícil, es un misterio. Dios permite el sufrimiento y lo utiliza para poder acercarnos más a él. Pedro se transformó en un obstáculo para el camino de Jesús. Pedro también somos nosotros cuando no comprendemos el misterio del sufrimiento y pensamos como pensamos nosotros los hombres, y no sabemos ahondar en el misterio de Dios. Vamos a seguir con este tema un poco esta semana. Esta semana empezaremos a escuchar el evangelio de Lucas- te habrás dado cuenta-Veníamos escuchando a Mateo y, ahora, pasamos a otro evangelista, que, si bien tiene muchas cosas en común y que se parecen, porque hay pasajes similares, siempre hay que decir que cada evangelista- debemos recordar siempre- tiene su propia mirada del “misterio” de Jesús, su lectura de la vida. Y eso nos puede ayudar a enriquecer lo que vamos aprendiendo sobre él. En esta semana también te propongo que no nos transformemos en oyentes olvidadizos de la Palabra, sino que pongamos en práctica lo que escuchamos, sabiendo que- como dice la misma palabra de Dios- "la Palabra tiene una fuerza capaz de salvarnos". Ahora, tendríamos que preguntarnos: ¿Qué es salvarnos?, ¿salvarnos de qué? Si no pensamos y reflexionamos en qué tenemos que ser salvados, o pensamos que ya fuimos salvados de todo y ya no necesitamos nada más, la palabra de Dios no va a tener esa fuerza en nosotros. Bueno, con este espíritu, con este corazón, vamos a Algo del evangelio de hoy. ¿Qué podemos aprender de estas palabras de hoy? Me parece que se podría resumir en cuatro cosas, aunque siempre es mucho más, pero cuatro cosas que nos orientan. Jesús habla de que viene a cumplir una misión. Él es el enviado del Padre para cumplir la misión en esta tierra con nosotros, en cada ser humano. Él es el que fue dócil a la Palabra. Por supuesto, él es la misma Palabra, pero fue dócil al envío de su Padre para venir a hacer lo que el Padre le pedía. Y por eso, nos podemos preguntar: ¿Y qué vino a hacer Jesús a este mundo? Vino a liberarnos, a permitirnos ver, quitarnos la ceguera. Vino a libertarnos, a darnos libertad, y «a proclamar un año de gracia»- dice -. Muchas veces –no sé si te pasará– tenemos la idea que Jesús, sí, nos vino a salvar- lo repetimos mucho- del pecado. Y eso por supuesto que es verdad y lo vivimos y experimentamos cuando nos sentimos perdonados, cuando nos confesamos, cuando caemos, cuando podemos dejar algo que arrastramos, un vicio. Pero a veces, ese "salvarnos del pecado", no terminamos de darnos cuenta a qué se refiere principalmente o pensamos que simplemente es ese perdón que se nos da cuando nos confesamos, pero Jesús quiere ir más allá. No solo quiere perdonarnos los pecados, la culpa de lo que hicimos, a través de la confesión, sino que además quiere liberarnos de todo lo que el pecado produce en nuestra vida, de sus consecuencias; todos los problemas que trae al mundo; la debilidad que nos arrastra también al pecado o sea que, en el fondo, es causa del pecado. Por eso Jesús también viene a liberarnos, a liberarnos porque estamos de alguna manera atados, cautivos de muchas cosas, de nuestra manera de pensar, como Pedro, de nuestra manera de sentir. Cautivos de nosotros mismos, de pecados que también nos tienen atados o modos de ser, actitudes, temperamentos, carácter. Cautivos también de personas, de afectos, de cosas. Estamos cautivos de algún modo y Jesús también viene a liberarnos de esto. Estamos ciegos también porque no vemos bien. No vemos las cosas con claridad. No sabemos todo. Por eso él viene a darnos una mirada diferente de la vida en general, de nuestra vida; una mirada distinta de la realidad, de todo lo que nos pasa, para que tengamos, en definitiva, una mirada de fe, una mirada sobrenatural - como Dios mira las cosas-.

Lunes 31 de agosto - Lucas 4, 16-30 – XXII Lunes durante el año + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 16-30 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.» Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?» Pero Él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, cúrate a ti mismo." Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm.» Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.» Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del Señor.

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Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Mateo_16,_21_27_XXII_Domingo_durante_el.mp33.27 MB

Sufrir, en realidad, y aunque nos cueste, es parte - perdón que lo diga así - es el "combo de la vida". Creas o no creas, pasas muchas veces y deberás pasar, en algún momento de la vida, por el sufrimiento; el sufrimiento del corazón, del alma, de la soledad, de la tristeza; el de una depresión; el de no soportar ciertas situaciones, de no soportar pecados propios o ajenos; el no poder con todo, el no poder cambiar las cosas; el ver sufrir a los demás, la muerte de nuestros seres queridos, la angustia… y la lista podría ser interminable. Pensemos en esos sufrimientos de la vida que a veces no nos dejan ni respirar, que a veces nos tiran al suelo, nos abaten y nos cansan. Nos sale gritar como Pedro: "Dios no lo permita", o "¿por qué Dios permite esto?", que es más o menos lo mismo. ¿Por qué lo permite, por qué permite que suframos? Pero tenemos que aceptar esta realidad en silencio a veces. A veces tenemos que aprender a hacer silencio del corazón y decirnos a nosotros mismos: "Dios lo permite. Sí, es verdad, no me gusta. Es un misterio, pero Dios lo permite”. Jesús lo permitió. Jesús lo quiso, lo eligió. Eligió ese camino y, por eso, le anticipó a sus discípulos que iba a tener que sufrir, pero que iba a resucitar. Nunca hay que olvidarse de esa parte. ¿Y cuál es la salida entonces en este domingo? Ir detrás de él; renunciar a nosotros mismos y cargar con nuestra cruz del sufrimiento y seguirlo; no estar pensando en nuestros propios pensamientos- valga la redundancia-, sino en los de Dios. Todo un programa de vida. Ir detrás de él, no como Pedro que quiso ir delante de él. Renunciar a nuestros propios criterios y a miles de cosas más que no nos dejan caminar en libertad. Cargar con la cruz de ese dolor que andás esquivando porque no te gusta, porque a ninguno le gusta sufrir. Por eso, hay que seguirlo, cargar con la cruz, cargar con ese peso que a veces nos molesta y seguirlo con amor. Ahí se pone lindo, ahí se pone buena la vida. Cuando empezamos a seguir a nuestro Maestro, eso tiene sentido. No el "sufrir por el sufrir", sino el cargar con amor, mirar a nuestro salvador y seguirlo hasta el final. Él va por el buen camino y va por el mismo camino que nosotros. No tengamos miedo. Ya hizo lo que nosotros vamos a hacer. Ya hizo ese camino que a vos y a mí nos da bastante miedo. Va al lado nuestro haciendo siempre el mismo camino. Va abriendo brecha, nos va mostrando hacia dónde vamos, cargando con la cruz, estando al lado de tu cama cuando andas enfermo, estando al lado de ese familiar tuyo que está sufriendo también. Él está ahí, está siempre, asumiendo todo lo que nosotros a veces queremos esquivar. Mejor es sufrir con Él que sin Él. Mucho mejor es sufrir con sentido. Eso es salvar la vida, es perderla mientras se la va ganando y encontrando. Porque a medida que vamos muriendo a nosotros mismos, a nuestro egoísmo, a nuestro orgullo, a nuestra soberbia, a nuestros caprichos, vamos encontrando la verdadera vida. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿De qué nos servirá tenerlo todo, ser los mejores para el mundo, que todos nos reconozcan y nos aplaudan si perdemos la vida en nuestros egoísmos; si nos perdemos de amar, de cargar con el lindo peso del sufrimiento y seguir a Jesús hasta el final? Si crees en él, esa es la mejor alternativa. Todos los demás caminos son, en el fondo, más complicados. Ponete detrás de él. Renunciá, cargá con el sufrimiento, con ese dolor que te está agobiando y molestando, y seguilo. Eso es lo mejor que nos puede pasar. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Mateo 16, 21-27: "Desde aquel día...” dice Algo del evangelio de hoy, el evangelio de este domingo en el que se nos invita, como siempre, a descansar de algún modo en el Señor. Es el día del Señor, aprovéchalo. Aprovéchalo siempre porque es un día especial. Aprovechá para estar más en familia. Aprovechalo para dedicarle un poco más de tiempo a la oración, al silencio, a divertirte, a esparcirte un poco, a disfrutar de tantas cosas lindas que Dios nos dio a cada uno de nosotros. "Desde aquel día" dice la Palabra, o sea, después de que Pedro- ¿te acordás? - lo proclamó como Mesías e Hijo de Dios, y después de que Jesús designó a Simón como la piedra sobre la cual edificaría su Iglesia. Desde ese momento, Jesús anunció que sufriría- ¡qué paradoja! -, que sería condenado a muerte y que después resucitaría. Acordate la escena del domingo anterior cuando Jesús preguntaba: « ¿Quién dicen que soy?» « ¿Quién decís que soy?». Bueno, por las dudas y para que no nos hagamos un Jesús de "bolsillo", un Dios a nuestra medida, Jesús nos deja bien clarito qué clase de Mesías es, quién es él realmente. No solamente lo que nosotros pensamos que es, sino que es Él el que nos enseña, realmente, quién es. No es el que Pedro se imaginó, el que nos imaginamos todos. No es el Mesías, de algún modo, "solucionador" de problemas de forma inmediata, con un clic, “ahora”, sino que es el que asume todo el sufrimiento de la humanidad por amor a vos y por amor a mí. Por eso, aunque a Pedro se le había revelado de lo alto quién era Jesús, inmediatamente se le meten en el corazón y en el pensamiento cosas que no son de Dios. Pedro pasó de ser un iluminado por el Padre del cielo a estar inducido, de algún modo, por Satanás. Quiso interferir en los planes de su Padre, en el pensar de Dios, diciendo: «Dios no lo permita, eso no sucederá», con muy buena intención - ¡pobre Pedro! - cómo nos pasa a nosotros también. Pero, de alguna manera, Pedro se la "creyó" –nos la creemos muchas veces–. Se creyó y se creó un Jesús a su medida y quiso enseñarle cómo tenía que salvarnos. Dios no puede permitir el sufrimiento, Dios debe intervenir y parar con todo lo que pasa. Nosotros creemos lo mismo ¿o no? ¿No nos pasa eso también? ¿Quién no hubiera hecho lo mismo que Pedro ante un amigo que dice que va a sufrir? ¿Quién no hubiese dicho lo mismo: "Jesús no quiero que vos sufras"? Nadie quiere sufrir, es verdad. Yo tampoco, ni vos. Estamos a veces cansados de sufrir. Sin embargo, esos pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.

Domingo 30 de agosto - Mateo 16, 21-27 - XXII Domingo durante el año(A) + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 21-27 Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras». Palabra del Señor.

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