fa
Feedback

فریب کلاهبرداران را نخورید! تل‌متریو این کانال‌ها را شناسایی و برچسب‌گذاری می‌کند 👉 برای مشاهده برچسب، اشتراک تهیه کنید

Algo del Evangelio

Algo del Evangelio

رفتن به کانال در Telegram

El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail.com

نمایش بیشتر

📈 تحلیل کانال تلگرام Algo del Evangelio

کانال Algo del Evangelio (@algodelevangelio) در بخش زبانی اسپانیایی بازیگری فعال است. در حال حاضر جامعه شامل 13 588 مشترک است و جایگاه 6 434 را در دسته دین و مذهبی و رتبه 236 را در منطقه آرژانتین دارد.

📊 شاخص‌های مخاطب و پویایی

از زمان ایجاد در невідомо، پروژه رشد سریعی داشته و 13 588 مشترک جذب کرده است.

بر اساس آخرین داده‌ها در تاریخ 22 اکتبر, 2026، کانال فعالیت پایداری دارد. در ۳۰ روز گذشته تغییر اعضا برابر -66 و در ۲۴ ساعت گذشته برابر 2 بوده و همچنان دسترسی گسترده‌ای حفظ شده است.

  • وضعیت تأیید: تأیید نشده
  • نرخ تعامل (ER): میانگین تعامل مخاطب 28.26% است و در ۲۴ ساعت نخست پس از انتشار، محتوا معمولاً 21.33% واکنش نسبت به کل مشترکان کسب می‌کند.
  • دسترسی پست‌ها: هر پست به طور میانگین 3 840 بازدید دریافت می‌کند. در اولین روز معمولاً 2 898 بازدید جمع‌آوری می‌شود.
  • واکنش‌ها و تعامل: مخاطبان به‌طور فعال حمایت می‌کنند؛ میانگین واکنش به هر پست 0 است.
  • علایق موضوعی: محتوا بر موضوعات کلیدی مانند dio, señor, juan, discípulo, evangelio تمرکز دارد.

📝 توضیح و سیاست محتوایی

نویسنده این فضا را محل بیان دیدگاه‌های شخصی توصیف می‌کند:
“El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail...”

به لطف به‌روزرسانی‌های پرتکرار (آخرین داده در تاریخ 23 اکتبر, 2026)، کانال همواره به‌روز و دارای دسترسی بالاست. تحلیل‌ها نشان می‌دهد مخاطبان به‌طور فعال با محتوا تعامل دارند و آن را به نقطه اثرگذاری مهم در دسته دین و مذهبی تبدیل کرده‌اند.

13 588
مشترکین
+224 ساعت
-87 روز
-6630 روز
آرشیو پست ها
Comentario a Lucas 12, 49-53: Todo cambia en nuestras vidas cuando nos damos cuenta de que no hay nada mejor, nada más lindo y gratificante, que darle «a Dios lo que es de Dios». Él se merece todo. Él es «el todo», y por eso tenemos que animarnos a «probar –como dice el Salmo– lo bueno que es el Señor». Tenemos que animarnos a darnos cuenta de que darle nuestra vida a Él no nos quita nada, sino que nos da todo. San Ignacio lo decía muy bien al comienzo de sus «Ejercicios espirituales»: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor». Puede resultar un lenguaje un poco antiguo, pero creo que podemos entenderlo bien. «Alabar»: darle gracias por todo, reconocerlo en todo, descubrirlo en todas las cosas, maravillarse por su obra creadora. «Hacer reverencia» para nosotros sería reconocerlo como nuestro Señor; adorarlo porque solo Él lo merece y solo Él da el sentido a nuestras vidas; descubrirlo como nuestro rey, como nuestro todo, sabiendo que solo a Él podemos adorarlo. «Servir»: servirlo en los demás, servirlo en lo que nos toca día a día, servirlo porque todo es de Él, servirlo amándolo en todas las cosas, amándolo en el servicio para y por los demás, porque somos simples servidores. Solo así podremos darle «a Dios lo que es de Dios» y encontrar que nuestra vida es, por decirlo así, mucho mejor con Él y para Él. Busquemos hoy, de alguna manera, alabar a Dios, adorarlo con nuestra presencia y servirlo en los demás. «Démosle a Él lo que es de Él».

photo content

Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_12,_39_48_–_XXIX_Miércoles_durante.mp32.54 MB

Y para vivir así, como muchas veces dijimos no tenemos que olvidarnos de escuchar y de hablar con Jesús. El que anda por la vida hablando y escuchando a Jesús, al Padre, al Espíritu, ¿Por qué va a temer? ¿Hay razón para andar “calculando” la salvación, o andar negociando el amor como quien negocia un producto? Los hombres y mujeres de oración, los cristianos que viven en presencia de Dios, viven esperando a su Señor, lo desean, lo buscan, lo encuentran en todos lados. No solo esperando su triunfo definitivo, sino en cada cosa, en cada circunstancia, en cada persona. Cuando se levantan, viajando, en el pobre, en el hijo, en la cocina, en el trabajo, en el dolor, en la angustia, porque Él siempre está. En cambio, cuando no vivimos rezando y trabajando, o trabajando y rezando, al final tarde o temprano, todo se vuelve desánimo, tedio, rutina, cansancio sin rumbo, enojo, estrés, olvido de lo lindo de la vida y tantas cosas más.             Las palabras de hoy no son para tener miedo. No hay por qué temer si cada día esperamos al Señor, si cada día esperamos su palabra, si cada día la meditamos y saboreamos, si cada día descubrimos que podemos volver a empezar una y otra vez, si cada día no nos aferramos a este mundo, y le damos “al mundo lo que es del mundo”, pero antes o al mismo tiempo le damos a “Jesús lo que es de Él”   www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 39-48:               Cuando le damos a “Dios lo que es de Dios”, o sea le damos todo; le damos nuestro corazón, nuestra confianza, nuestros criterios y pensamientos, nuestras acciones… aprendemos a darle “al César lo que es del Cesar”, o sea le damos a este mundo lo que le corresponde, le damos el valor que se merece, pero no más que eso. Se dice que Dios acomoda todas las cosas, es verdad, es linda esa frase. Pero lo que acomoda las cosas es el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas es lo que hace que se acomoden todas las cosas, pero no por arte de magia, sino por la simple razón de que, amando a Dios como Él se lo merece, amamos mejor todo lo que nos rodea. El mundo está como está, porque el hombre le da “al César lo que es del César” y mucho más, y no le da a “Dios lo que es de Dios”, le da mucho menos. Nuestra fe no puede ser “guardada” dentro de las casas, en lo privado, como algunos nos quieren imponer. Los poderes de este mundo jamás pueden impedirnos que amemos a Dios y que busquemos que los demás lo amen. La historia está llena de ejemplos de errores para ambos lados. Momentos en los que la Iglesia pretendió más de lo que le correspondía y se metió donde no debía, mezclándose con los poderosos sin escrúpulos, y, por otro lado, los estados, los jefes de este mundo, no dejando que los hombres vivan su fe, y pretendiendo que la escondan “debajo de la mesa”, incluso llegando hasta perseguir y matar por no respetar a Dios.               Según algo del evangelio de hoy, según Jesús debemos estar “preparados” ¿Qué es estar preparados podríamos preguntarnos? ¿Es una frase que nos debe generar temor? ¿Qué significa vivir continuamente sabiendo que Jesús puede llegar en cualquier momento, tanto para nuestra partida personal de este mundo, como para su segunda y definitiva venida en la que se encontrará con todos? ¿Pensaste alguna vez en esto, en que mañana podemos no estar? ¿Pensaste en que frente a Dios todo se hace chiquito? ¿Pensaste que en definitiva todo se puede terminar de un momento a otro?             Relacionándolo con lo que hablamos ayer, lo que nos mantiene preparados no es el temor, no es el cruzarse de brazos como quien espera un tren en la estación, sino que lo que nos mantiene el corazón encendido es el vivir amando, como si cada día fuera el último. Eso es lo que nos mantiene preparados, alertas, pero sin miedo.

Miércoles 21 de octubre - Lucas 12, 39-48 – XXIX Miércoles durante el año   + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 39-48               Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.             Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada".             Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?".             El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?             ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!             Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.             Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.             El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.             Pero aquel que, sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.   Palabra del Señor  

photo content

Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_12,_35_38_–_XXIX_Martes_durante_el.mp32.81 MB

Algo del evangelio de hoy usa una imagen muy linda para ayudarnos a comprender cuál es el verdadero sentido de nuestras vidas y cómo deberíamos vivirla. Porque eso es lo más importante, las dos cosas al mismo tiempo: saber hacia dónde vamos, pero también saber cómo vamos hacia allá. Mucha gente sabe hacia dónde va, sabe cuál es la meta, pero no sabe cómo ir. Y eso, en definitiva, es tan importante como el saber hacia dónde. No saber cómo llegar a donde tenemos que llegar nos desgasta mucho, nos hace perder energías y también nos puede hacer perder el rumbo. Cualquier persona, crea o no crea, sabe más o menos que quiere ser feliz. Tiene de algún modo esa meta en la vida. Pero muy pocos saben elegir el verdadero camino para alcanzar esa felicidad. Bueno, a los cristianos nos puede pasar lo mismo. Podemos tener bien claro el hacia dónde, pero no el cómo. ¿Cuál es la meta de nuestra vida? Esperar el regreso del Señor. ¿Cómo tenemos que vivir esa espera? Preparados con la lámpara del corazón encendida, con el corazón encendido. Cuando nos mundanizamos, cuando nos acomodamos al modo de vivir de este mundo, nos olvidamos de la verdadera meta de nuestra vida. ¿Sabías que no somos nosotros los que alcanzamos a Jesús, sino que él es el que nos alcanza a nosotros y que será él, el que nos venga a buscar algún día? ¡Qué distinto que es pensar la vida así! ¡Qué alegría es saber que en realidad la meta se nos acerca a nosotros, que la meta de nuestra vida no se hace «escurridiza», sino al contrario, se hace «encontradiza»! Sabiendo esto, sabiendo que la meta, o sea, Jesús, vendrá algún día hacia nosotros y que, en realidad, viene todos los días cuando nos dejamos sorprender por su amor. Sabiendo esto, el modo de vivir bien, encendidos, entonces es esperar esa venida, es desearla con todo el corazón. Así lo decía San Pablo: «Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo». Qué distinto es empezar el día diciéndonos: ¿En dónde voy a dejar hoy encontrarme por Jesús? ¿Qué tengo que hacer para dejar que él venga a mi vida y dejar que me sirva? Qué distinto es terminar el día preguntándonos: ¿En dónde y en qué situación me dejé encontrar por él y en dónde y cuándo me distraje haciéndome escurridizo a su amor? ¿Cómo hacemos para mantener la lámpara del corazón encendida y preparada? Me imagino que sabes la respuesta. Amando y dejándonos amar. Buscando el bien de los otros, antes que el nuestro y dejando que los otros también nos hagan el bien. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 35-38: Cuando como cristianos nos olvidamos de darle a «Dios lo que es de Dios», de darle lo que es de él, todo en el fondo se va diluyendo, todo se relativiza, todo se va -como se dice- mundanizando. O sea, se va transformando como un pensamiento solo de este mundo, sin tenerlo en cuenta. «El todo se hace humano, demasiado humano» -como decía un filósofo-. Y nuestra fe nos enseña que Cristo vino al mundo para hacer de nuestra humanidad algo más grande, una nueva humanidad, mucho más humana de lo que nosotros a veces queremos y pretendemos. Porque desde su divinidad, enseñándonos a vivir como él, todo se transforma. Hay una frase muy linda que siempre me ayudó y dice así: «Él se acostumbró a vivir como nosotros, pero para que nosotros nos acostumbráramos a vivir como él». ¡Qué lindo que es pensar así, pensar eso! ¡Qué lindo pensar que estamos hechos para cosas mucho más grandes todavía! Por eso el mundanizarse, o sea, el darle al «César lo que es del César», pero sin darle a «Dios lo que es de Dios», -entre tantas cosas- quiere decir no elevar nuestro corazón a las cosas eternas, al llamado de Dios para ser santos, para transformar este mundo desde adentro (no de cuestiones políticas y sociales). No nos damos cuenta de que estamos hechos para ser más de lo que podemos ser y creer que podemos llegar a ser mucho más de lo que este mundo nos propone y darnos cuenta que podemos amar como él nos ama, y encontrar así el verdadero sentido a nuestra vida que solo se encuentra en él. Incluso la Iglesia siempre corre este peligro de mundanizarse. Vos y yo podemos caer en lo que se llama «mundanidad espiritual». Es necesario encontrar cristianos laicos, consagrados y sacerdotes que comprendan bien esto y no se dejen tentar por la facilidad de adaptarse a los criterios que usa este mundo, para evangelizar, para resolver los problemas de este mundo. Si en una parroquia, en un grupo de oración, en un movimiento o en cualquier comunidad cristiana no se tiene en claro esto, terminamos haciendo cosas “por hacer”. Hacemos lo que hace el mundo a su estilo, hacemos lo que hace el Estado. Pero no evangelizamos, no proclamamos que «Dios es Dios» y no podemos manipularlo a nuestro modo. No proclamamos que creer en Cristo es lo mejor que nos puede pasar. Hacemos marketing. ¡Cuánto marketing hay a veces en la Iglesia, que está incluso vacío del anuncio de Jesús! Cuando nos pasa esto, ya ni siquiera nosotros le encontramos el gustito al creer, ya ni siquiera nosotros disfrutamos de la diferencia, el plus de sentir la necesidad de amarlo con todo nuestro ser. ¿Cuántos cristianos dejaron y dejan de creer porque no le dimos como Iglesia lo que, en realidad, le deberíamos dar? ¿Qué cosa te preguntarás? A Jesús, nada más ni nada menos. ¿Te parece poco? ¿Cuánto tiempo perdemos en pensar cómo evangelizar con nuevas técnicas o cosas muy lindas y atractivas, que a todos les gusta aplaudir y poner «me gusta», mientras, en el fondo, no evangelizamos, nos presentamos a nosotros mismos? A veces pienso si no hemos complicado demasiado las cosas, mientras lo único que deberíamos hacer es hablar de Jesús, es llevarlo a los demás sin demasiadas complicaciones.

Martes 20 de octubre - Lucas 12, 35-38 – XXIX Martes durante el año + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 35-38 Jesús dijo a sus discípulos: Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así! Palabra del Señor

photo content

Padre_Rodrigo_Aguilar_–_Lucas_12,_13_21_–_XXIX_Lunes_durante_el.mp32.84 MB

Al contrario, Jesús está para salvarnos de toda avaricia, que finalmente lo único que logra es que nos quedemos hablando con «nosotros mismos»; como el hombre de la parábola de Algo del evangelio de hoy que termina con la «panza para arriba» pensando que su vida estaba en sus manos, en sus propias manos, que había logrado todo lo necesario y que a partir de ese momento podía empezar a «comer, beber y darse buena vida», o sea, disfrutar olvidándose de los demás, del prójimo. ¿Con quién habló este hombre? Con él mismo, solo con él. ¿En quién pensó? En él mismo. ¿Y Dios? ¿Y los demás? Brillan por su ausencia en la vida del avaro que solo acude a Dios cuando lo necesita para satisfacer un capricho personal. Este hombre evidentemente no supo darle a «Dios lo que era de él», o sea, su corazón entero. La falta de criterio por no escuchar a Dios nos va atrofiando el corazón y por más que seamos muy buenos, por más que hagamos cosas muy buenas, sin diálogo con Dios, sin nuestros silencios para poder escucharlo, nuestras palabras se van transformando en monólogos, o en diálogo entre yo y yo mismo. Muy aburrido. ¿Conoces esas personas que hablan y se contestan ellas mismas y que hablan con vos pero al mismo tiempo nunca te dejan que les contestes? Son las personas que les encanta hablar y les encanta escucharse a ellas mismas, como el hombre de la parábola de hoy. ¡Puro egoísmo! ¡Qué triste terminar así! ¡Qué triste esas personas que no saben escuchar, que no saben «parar la oreja» para saber qué les pasa a los demás, qué quiere Dios de su vida! ¡Qué insensatos que somos a veces! ¡Qué tontos que somos a veces, qué infantiles! No sabemos si hoy será el último día de nuestra vida y no terminamos de entenderlo. Y por eso vivimos como si nunca fuéramos a morir, y así podemos pasar días y años sin darle a Jesús lo que le corresponde. Tener claro esto es lo que nos ayuda a que salgamos de nuestro «yo» egoísta y avaro para dejar de acumular sin sentido en este mundo y empezar a abrirnos a los demás. La escucha diaria de la Palabra nos abre siempre los oídos del alma para no dejar nunca de hablar con nuestro Padre; y escuchándolo sepamos decidir lo mejor para nuestras vidas y la vida de los demás, dándole siempre prioridad a él sin dejar de vivir en este mundo, que -dicho sea de paso- también es de él. www.algodelevangelio.org algodelevangelio@gmail.com P. Rodrigo Aguilar

Comentario a Lucas 12, 13-21: ¡Qué difícil es tener las cosas claras y distintas -como se dice- para darle a cada cosa, por decirlo de alguna manera, lo que corresponde: «Al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»! Parece tan obvio, parece tan fácil, pero la verdad es que son pocos los cristianos que saben darle a cada cosa su lugar y su tiempo. Tendemos a oponer o tendemos a mezclar. Oponer lo de este mundo a las realidades espirituales, como si fueran de otro mundo, es la tentación a veces más cotidiana y más teñida de aparente bondad. Mezclar las cosas hasta el punto de no saber bien qué es cada cosa y atribuirle a Dios lo que no es de él, o al revés, es la tentación también más tentadora. Esta verdad, que escuchamos en el evangelio de ayer, no se juega solo en una elección presidencial, en cuestiones políticas -como nos pasa a cada uno de nosotros en nuestros países, como algunos nos quieren hacer creer-, sino que se juega en cada decisión. Una vez, me acuerdo, cuando fui a votar, lo hice en menos de cinco minutos y entonces, al salir del llamado «cuarto oscuro», en tono de risa y medio simbólicamente le dije al presidente de la mesa: «¡Qué milagro, no puedo creer que esto haya sido tan rápido!» Y él me contestó: «Es por los rezos, padre». Me reí y le contesté: «Los rezos en realidad creo que no tienen mucho que ver con esto. Esto es gracias a que las cosas están bien organizadas». Entiendo que usé mal la palabra «milagro» y entiendo que él también me lo dijo en forma simbólica, pero casi sin darme cuenta lo que le quise decir es «al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». No hay que meter a Dios en cualquier cosa, aunque él está de alguna manera en todo lo que pasa, porque también lo permite. Aunque él está en todo, no hay que atribuirle a Dios lo que en realidad deberíamos hacer nosotros y no hay que atribuirle a los Césares de este mundo lo que en realidad es de Dios. Estos días vamos a ir desgranando este tema, que es bastante complejo. Algo del evangelio de hoy nos ayuda a seguir comprendiendo lo de ayer. Vemos que a Jesús hay que hablarle para cosas importantes. No hay que meterlo en lo que en realidad tenemos que resolver nosotros: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Jesús no está para eso, no está para las mezquindades de este mundo. Él no está para solucionarnos los problemas económicos, de dinero con los demás. Él no está para satisfacer nuestras «avaricias y ambiciones», que nos hacen olvidarnos de lo más importante: «A Dios lo que es de Dios». A veces somos así, acudimos a Dios para que nos solucione problemas mundanos, que en definitiva él nos ayuda a resolver; pero no por un «toque mágico», sino porque con su amor y enseñanzas nos da el criterio para saber decidir nosotros lo mejor. Aun con el riesgo de equivocarnos, nos da esa libertad