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15 de Abril
“Pero a los justos les será dado lo que desean.”
— Proverbios 10:24.
Puesto que es un deseo justo, Dios está dispuesto a concederlo. No sería bueno ni para el propio individuo involucrado ni para la sociedad en general, que una promesa así fuera ofrecida a los injustos. Si guardamos los mandamientos del Señor, Él tendrá apropiadamente respeto para nuestros deseos.
Si los justos se vieran reducidos a tener deseos injustos, no les serían concedidos. Pero entonces, estos no serían sus deseos reales; serían sus descarríos o sus desatinos; y está bien que sean rechazados. Sus agraciados deseos llegarán delante del Señor, y no les dirá que no.
¿Nos está denegando el Señor nuestras peticiones durante algún tiempo? Que la promesa correspondiente al día de hoy nos aliente a pedir de nuevo. ¿Nos ha negado completamente nuestras peticiones? Aun así le daremos gracias, pues nuestro deseo siempre ha sido que nos niegue lo que pedimos, si Él juzgase que lo mejor para nosotros fuese un rechazo.
En cuanto a ciertas cosas, pidamos con audacia. Nuestros deseos primordiales han de ser los relativos a la santidad, la utilidad, la semejanza a Cristo, nuestra preparación para el cielo. Estos son los deseos de la gracia más bien que de la naturaleza: son los deseos del hombre justo más bien que del hombre natural. Dios no nos escatimará estas cosas, sino que nos dará en abundancia. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” ¡Este día, alma mía, pide liberalmente!
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
14 de Abril
“Él nos elegirá nuestras heredades.”
— Salmo 47:4.
Nuestros enemigos quieren asignarnos una porción muy funesta, pero no seremos entregados en sus manos. El Señor hará que permanezcamos en nuestro sitio, en nuestro lugar asignado por Su infinita sabiduría. Una mente más sabia que la nuestra arregla nuestro destino. El ordenamiento de todas las cosas pertenece a Dios, y nos alegra que así sea; preferimos que Dios elija por nosotros. Si las cosas pudieran ser a nuestra manera, desearíamos que todas las cosas fueran a la manera de Dios.
Estando conscientes de nuestra propia necedad, no deseamos gobernar nuestros destinos. Nos sentimos más seguros y más tranquilos cuando el Señor dirige el rumbo de nuestro barco que si pudiéramos dirigirlo nosotros de acuerdo a nuestro juicio. Gozosamente ponemos nuestro doloroso presente y nuestro desconocido futuro en manos de nuestro Padre, nuestro Salvador y nuestro Consolador.
¡Oh, alma mía, pon en este día todos tus deseos a los pies de Jesús! Si últimamente has sido algo díscolo y testarudo, ávido de ser y de hacer lo que te dicte tu propia mente, descarta ahora tu necio ego, y pon las riendas en las manos del Señor. Di: “Él ha de elegir”. Si otros disputan la soberanía del Señor, y se glorían en el libre albedrío del hombre, tú respóndeles efectivamente: “Él elegirá por mí.” Mi más libre decisión es que Él decida por mí. Como un agente libre, yo elijo que Él tenga toda la decisión.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
13 de Abril
“El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”
— Filipenses 3:21.
Con frecuencia, cuando somos atormentados por el dolor y nos descubrimos incapaces de pensar o de adorar, sentimos que, en verdad, este es “el cuerpo de la humillación nuestra”; y cuando somos tentados por las pasiones que surgen de la carne, no creemos que la palabra “humillación” sea una traducción demasiado vigorosa en absoluto. Nuestros cuerpos nos humillan; y eso es todo lo mejor que hacen por nosotros. ¡Oh, que fuéramos debidamente humildes, pues nuestros cuerpos nos asemejan a los animales, e incluso nos ligan con el polvo!
Pero nuestro Salvador, el Señor Jesús, cambiará todo esto. Seremos transformados a semejanza de Su propio cuerpo de gloria. Esto lo experimentarán todos aquellos que creen en Jesús. Por fe sus almas han sido transformadas, y sus cuerpos experimentarán una renovación tal que los adaptará a sus espíritus regenerados. Qué tan pronto ocurra esta grandiosa transformación, no podríamos decirlo; pero su pensamiento debería ayudarnos a soportar las tribulaciones de hoy, y todas las aflicciones de la carne. En breve, seremos como Jesús es ahora. No más rostros adoloridos, no más miembros hinchados, no más ojos apagados, no más corazones desfallecidos. El viejo no será más un manojo de debilidades, ni el enfermo una masa de agonía. “Semejante al cuerpo de la gloria suya.” ¡Qué expresión! ¡Aun nuestra carne descansará en la esperanza de una tal resurrección!
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
12 de Abril
“Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”
— Jeremías 31:34.
Cuando conocemos al Señor, recibimos el perdón de los pecados. Lo conocemos como el Dios de Gracia, que pasa por alto nuestras transgresiones. ¡Qué feliz descubrimiento es este!
Pero cuán divinamente está expresada esta promesa: ¡el Señor promete que no se acordará más de nuestros pecados! ¿Puede Dios olvidar? Él dice que lo hará, y Él dice en serio lo que dice. Él considerará como si no hubiésemos pecado nunca. La grandiosa expiación quitó tan eficazmente todo pecado, que para la mente de Dios es como si no hubiera existido. El creyente es ahora tan acepto en Cristo Jesús como lo era Adán en su inocencia; sí, más aún, pues él lleva puesta una justicia divina, mientras que la de Adán era solamente humana.
El Gran Señor no se acordará de nuestros pecados como para castigarlos, o como para amarnos una pizca menos por causa de esos pecados. Igual que una deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda, así el Señor hace una completa cancelación de la iniquidad de Su pueblo.
Cuando nos estemos lamentando por nuestras transgresiones y deficiencias—y este es nuestro deber mientras vivamos—al mismo tiempo hemos de regocijarnos porque nunca serán mencionadas contra nosotros. Esto nos lleva a odiar el pecado. El perdón de Dios inmerecido nos conduce a vigilar para no ofenderle nunca más por medio de la desobediencia.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
11 de Abril
“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.”
— Jeremías 31:34.
En verdad, prescindiendo de cualquier otra cosa que no sepamos, nosotros conocemos al Señor. Este día esta promesa es verdadera en nuestra experiencia, y no es una pequeña promesa. El más pequeño creyente entre nosotros conoce a Dios en Cristo Jesús. No tan plenamente como quisiéramos; mas, sin embargo, verdadera y realmente conocemos al Señor. No sólo conocemos doctrinas acerca de Él, sino que lo conocemo ÉL. Él es nuestro Padre y nuestro Amigo. Somos Sus conocidos personales. Podemos decir: “Señor mío, y Dios mío.” Gozamos de estrecha comunión con Dios, y pasamos muchas temporadas felices en Su santa compañía. Ya no somos más extraños para nuestro Dios, sino que el secreto del Señor está con nosotros.
Esto es más de lo que la naturaleza podría habernos enseñado. La carne y la sangre no nos han revelado a Dios. Cristo Jesús ha dado a conocer al Padre a nuestros corazones. Si, entonces, el Señor ha hecho que lo conozcamos, ¿no es esto la fuente de todo conocimiento salvador? Conocer a Dios es la vida eterna. Tan pronto como llegamos a conocer a Dios, tenemos la evidencia de ser resucitados a una vida nueva. ¡Oh, alma mía, regocíjate con este conocimiento, y bendice a tu Señor todo este día!
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
10 de Abril
“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”
— Números 21:8.
Este es un tipo glorioso del Evangelio. Jesús, contado con los inicuos, cuelga en la cruz delante de nosotros. Una mirada a Él nos curará de la mordida de serpiente del pecado; Él nos sanará de inmediato: “Cuando mirare a ella, vivirá”. El lector que esté lamentando su pecaminosidad ha de notar las palabras: “Cualquiera que mirare a ella, vivirá”. Todo el que mire comprobará que esto es verdad. Yo comprobé que así es. Yo miré a Jesús y viví al instante. Yo sé que viví. Lector, si miras a Jesús, tú vivirás también. Es cierto que estás henchido de veneno y no ves ninguna esperanza. Es cierto, también, que no hay otra esperanza sino esta. Pero esta es una cura infalible: “Cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”
La serpiente de bronce no fue izada como una curiosidad que debía ser contemplada por los sanos; su propósito especial era para quienes fueren “mordidos”. Jesús murió como un Salvador real para pecadores reales. Aunque la mordida te haya hecho un borracho, o un ladrón, o una persona impúdica y profana, una mirada al Grandioso Salvador te sanará de estas enfermedades, y te hará vivir en santidad y comunión con Dios. Mira y vive.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
9 de Abril
“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”
— Salmo 119:165.
Sí, un verdadero amor por el gran Libro, nos traerá gran paz del gran Dios, y será una gran protección para nosotros. Si vivimos constantemente en la compañía de la ley del Señor, engendrará en nuestros corazones un sosiego que ninguna otra cosa podría generar. El Espíritu Santo actúa como Consolador por medio de la Palabra, y derrama abundantemente esas benignas influencias que calman las tempestades del alma.
Nada sirve de piedra de tropiezo para el hombre en el que mora ricamente la Palabra de Dios. Él toma su cruz diaria que se convierte en un deleite. Está preparado para la tribulación de fuego, y no la considera como algo extraño, como para quedar completamente abatido por ella. No tropieza con la prosperidad, como hacen muchos, ni es aplastado por adversidad, como han sido otros, pues vive más allá de las cambiantes circunstancias de la vida externa. Cuando el Señor pone delante de él algún gran misterio de la fe que hace clamar a otros: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”, el creyente lo acepta sin ninguna duda; pues sus dificultades intelectuales son resueltas por su temor reverente de la ley del Señor, que es para él la suprema autoridad ante la que se inclina gozosamente. Señor, obra en nosotros este amor, esta paz y este reposo, en este día.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
2 de Abril
“Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.”
— 1 Timoteo 4:15.
Prácticamente esta es una promesa de que, por medio de una meditación diligente y la entrega de toda nuestra mente a nuestra obra por el Señor, obtendremos un aprovechamiento que será manifiesto a todos. Hemos de sacarle provecho a la Palabra de Dios, no mediante una lectura apresurada, sino a través de una profunda meditación. No es haciendo descuidadamente una gran cantidad de trabajo, sino haciendo todo aquello que emprendamos de la mejor manera, que obtendremos un aprovechamiento real. “En toda labor hay fruto”, mas no en el ajetreo y la prisa que carecen de una verdadera energía de corazón.
Si nos dividimos entre Dios y las riquezas, o entre Cristo y el yo, no lograremos ningún progreso. Hemos de entregarnos enteramente a las cosas santas, pues de lo contrario seremos pobres comerciantes en el negocio celestial, y en nuestra participación accionaria no se reflejará ninguna ganancia.
¿Soy un ministro? Entonces he de ser enteramente un ministro, y no he de gastar mis energías en ocupaciones secundarias. ¿Qué tengo yo que ver con políticas partidistas, o vanas diversiones? ¿Soy un cristiano? Entonces he de convertir el servicio a Jesús en mi ocupación, mi obra vital y mi única ocupación. Debemos estar completamente unidos con Jesús, y luego completamente entregados a la obra por Jesús, pues de lo contrario no progresaremos ni daremos fruto, y ni la iglesia ni el mundo sentirán esa poderosa influencia que el Señor quiere que ejerzamos.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
1 de Abril
“El que anduviere este camino, por torpe que sea, no se extraviará.”
— Isaías 35:8.
El camino de la santidad es tan recto y llano, que las mentes más simples no pueden extraviarse en él si lo siguen constantemente. Los sabios según el mundo recomiendan muchos giros y vueltas, y, sin embargo, cometen terribles disparates y generalmente no encuentran su meta. La estrategia mundana es una pobre cosa miope, y cuando los hombres la eligen como su vía, los conduce por montes de oscuridad. Las mentes agraciadas sólo saben hacer lo que el Señor les ordena; pero esto las mantiene en el camino real y bajo la protección del rey.
El lector nunca debe ayudarse a salir de una dificultad mediante una falsedad, o por medio de un acto cuestionable; él ha de conservarse en medio del camino principal de la verdad y de la integridad, y estará siguiendo el mejor curso posible. En nuestras vidas no debemos practicar nunca la navegación circular, ni soñar con evasiones. Sean justos y no teman. Sigan a Jesús y no se preocupen por consecuencias nefastas. Si el peor de los males pudiera ser evitado haciendo el mal, en el propio intento de ello, caeríamos en un mal peor de lo que sería cualquier otro mal. El camino de Dios es el mejor camino. Síguelo aunque los hombres te consideren un torpe, y serás verdaderamente sabio.
Señor, guía a Tus siervos por senda de rectitud a causa de sus enemigos.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
31 de Marzo
“No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere, porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso.”
— Proverbios 3:25, 26.
Cuando Dios abunda en juicios, no quiere que Su pueblo se alarme. Él no ha salido para hacer daño, sino para defender a los justos.
Él quiere que manifiesten valentía. Quienes gozamos de la presencia de Dios deberíamos mostrar presencia de mente. Puesto que el propio Señor podría venir súbitamente, no deberíamos sorprendernos de cualquier cosa súbita. La serenidad frente a la embestida y el rugido de males inesperados, es un precioso don del amor divino.
El Señor quiere que Sus elegidos manifiesten discernimiento, de tal forma que puedan ver que la desolación de los impíos no es una calamidad real para el universo. Únicamente el pecado es malo; el castigo que le sigue es como una sal que preserva para evitar que la sociedad se pudra. Deberíamos estar más horrorizados por el pecado que merece el infierno, que por el infierno que es el resultado del pecado.
Así, también, el pueblo del Señor ha de exhibir gran tranquilidad de espíritu. Satanás y la simiente de la serpiente están llenos de sutileza; pero quienes caminan con Dios no serán atrapados en sus engañosas trampas. Prosigue tu camino, creyente en Jesús, y acepta que el Señor sea tu confianza.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
30 de Marzo
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
— Filipenses 4:6, 7.
Ningún afán hemos de tener y sólo hemos de entregarnos a la oración. Ninguna ansiedad, sino mucha comunión gozosa con Dios. Lleven sus deseos al Señor de su vida, al guardián de su alma. Acudan a Él con dos porciones de oración, y una porción de fragante alabanza. No oren dudosamente, sino agradecidamente. Consideren que ya tienen las peticiones y, por tanto, agradezcan a Dios por Su gracia. Él les está dando gracia; denle gracias. No oculten nada. No permitan que ninguna necesidad se encone en su pecho; “sean conocidas vuestras peticiones”. No acudan al hombre. Vayan únicamente a su Dios, el Padre de Jesús, que los ama en Él.
Esto les traerá la propia paz de Dios. Ustedes no podrán entender la paz que gozarán. Los envolverá en su abrazo infinito. El corazón y la mente se verán sumergidos en un mar de reposo por medio de Cristo Jesús. Venga vida o muerte, pobreza, dolor o calumnia, ustedes morarán en Jesús por encima de cualquier viento turbador o nube sombría. ¿No obedecerán este amable mandato?
Sí, Señor, yo en verdad te creo; pero te suplico que ayudes mi incredulidad.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
29 de Marzo
“Yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal.”
— Hechos 18:10.
Mientras el Señor tenía trabajo para Pablo en Corinto, la furia de la turba fue contenida. Los judíos se oponían y blasfemaban; pero no podían detener la predicación del Evangelio ni la conversión de los oyentes. Dios tiene poder sobre las mentes más violentas. Dios hace que la ira del hombre le alabe cuando irrumpe, pero manifiesta aún más Su bondad cuando la reprime; y puede reprimirla. “A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra; hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.”
Por tanto, no sientan ningún miedo del hombre si saben que están cumpliendo con su deber. Prosigan con firmeza, como Jesús lo habría hecho, y quienes se oponen serán como una caña cascada y como un pábilo que humea. Muchas veces los hombres han tenido motivo para tener miedo, porque ellos mismos estaban temerosos; pero una valiente fe en Dios aparta el miedo como son apartadas las telarañas en el sendero de un gigante. Nadie puede hacernos daño a menos que el Señor lo permita. El que hace que el demonio huya ante una palabra, puede en verdad controlar a los agentes del demonio. Tal vez ya estén más temerosos de ti de lo que tú estás de ellos. Por tanto, sigue adelante, y donde esperabas encontrar enemigos, encontrarás amigos.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
28 de Marzo
“Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola.”
— Deuteronomio 28:13.
Si obedecemos al Señor, Él forzará a nuestros adversarios a ver que Su bendición descansa en nosotros. Aunque esta sea una promesa de la ley, sigue siendo válida para el pueblo de Dios, pues Jesús ha quitado la maldición, pero ha establecido la bendición.
Corresponde a los santos mostrar a los hombres el camino mediante una santa influencia: no deben ser la cola, ni han de ser arrastrados por aquí y por allá por los demás. No debemos ceder al espíritu de la época, sino que hemos de forzar a la época ue rinda homenaje a Cristo. Si el Señor está con nosotros, no anhelaremos tolerancia para la religión, sino que buscaremos sentar a la religión en el trono de la sociedad. ¿No ha constituido el Señor a los miembros de Su pueblo como sacerdotes? En verdad ellos deben enseñar y no ser aprendices de las filosofías de los incrédulos. ¿No somos hechos reyes en Cristo para reinar sobre la tierra? ¿Cómo, entonces, podemos ser los siervos de la costumbre, los esclavos de la opinión humana?
¿Has tomado tú, querido amigo, tu verdadera posición por Jesús? Demasiadas personas están calladas porque son apocadas, si es que no son cobardes. ¿Hemos de permitir que el nombre del Señor Jesús sea mantenido en la oscuridad? ¿Acaso nuestra religión ha de ir rezagada como una cola? ¿No debería más bien guiar el camino y ser la fuerza gobernante en nosotros y en otros?
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
27 de Marzo
“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.”
— Santiago 4:8.
Entre más nos acerquemos a Dios, más misericordiosamente se revelará a nosotros. Cuando el hijo pródigo regresó a su padre, el padre corrió a recibirlo. Cuando la errante paloma regresó al arca, Noé extendió su mano y la hizo entrar consigo. Cuando la tierna esposa busca la compañía de su marido, él viene a ella sobre las alas del amor. Vamos, entonces, querido amigo, acerquémonos a Dios, que nos espera lleno de gracia, sí, y sale a recibirnos.
¿Advirtieron alguna vez ese pasaje en Isaías 58:9? Allí nos da la impresión de que el Señor se pone a la disposición de Su pueblo, diciéndole: “Heme aquí”. Equivale a decir: “¿qué tienes que decirme? ¿Qué puedo hacer por ti? Estoy esperándote para bendecirte.” ¿Cómo podríamos dudar en acudir a Él? Dios está cerca para perdonar, para bendecir, para consolar, para ayudar, para revivir y para liberar. Nuestro primer propósito debe ser acercarnos a Dios. Hecho esto, todo estará hecho. Si nos acercamos a otros, podrían cansarse de nosotros y dejarnos muy pronto; pero si buscamos solamente al Señor, Su mente no cambiará, sino que continuará acercándose más y aún más a nosotros mediante una comunión más plena y más gozosa.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
26 de Marzo
“Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor.”
— Salmo 41:3.
Recuerden que esta es una promesa para el hombre que considera al pobre. ¿Eres tú uno de ellos? Entonces puedes apropiarte del texto, pero nadie más puede hacerlo.
¡Vean cómo en la hora de la enfermedad, el Dios de los pobres bendice al hombre que se preocupa por los pobres!
Los brazos eternos sustentarán su alma así como las manos amigas y la blanda almohada sustentan el cuerpo del enfermo. ¡Cuán tierna y condescendiente es esta imagen; cuán cerca de nuestras debilidades y de nuestras enfermedades trae a nuestro Dios! ¿Quién oyó decir lo mismo del antiguo Júpiter pagano, o de los dioses de la India o de China? Este es un lenguaje peculiar al Dios de Israel; Él es quien se digna volverse enfermero y asistente de los hombres buenos. Si golpea con una mano, Él sustenta con la otra. ¡Oh, es un bendito desfallecimiento cuando uno cae sobre el propio pecho del Señor y es sustentado allí! La gracia es el mejor de los reconstituyentes; el amor divino es el más seguro estimulante para un paciente que languidece; vuelve al alma fuerte como un gigante, aun cuando los huesos se estén quebrando a través de la piel. No hay ningún médico como el Señor, ningún tónico como Su promesa, ningún vino como Su amor.
Si el lector ha incumplido su deber para con los pobres, ha de ver lo que está perdiendo y de inmediato debe volverse el amigo y ayudador de los pobres.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
25 de Marzo
“Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás, y tu sueño será grato.”
— Proverbios 3:24.
¿Es el lector una persona propensa a quedar confinada por un tiempo en el lecho de la enfermedad? Que suba a su aposento sin zozobra con esta promesa en su corazón: “Cuando te acuestes, no tendrás temor.”
Cuando nos retiramos a la cama en la noche, esta palabra ha de suavizar nuestra almohada. Nosotros no podemos vigilarnos en el sueño, pero el Señor nos guardará durante la noche. Quienes se acuestan bajo la protección del Señor están tan seguros como los reyes y las reinas en sus palacios, y todavía mucho más seguros. Si cuando nos acostamos también se acuestan con nosotros todos los cuidados y las ambiciones, obtendremos en nuestras camas un descanso de naturaleza tal que ni los ansiosos ni los ambiciosos pueden encontrar en las suyas. Los malos sueños serán desterrados, o aun si vinieran, borraremos la impresión que nos dejen, sabiendo que son únicamente sueños.
Si dormimos así, estaremos bien. Cuán dulcemente durmió Pedro cuando ni siquiera la luz del ángel lo despertó, y requirió de una fuerte sacudida en su costado para que se despertara. Y, sin embargo, estaba sentenciado a morir en la mañana. Así han dormido los mártires antes de ser incinerados. “Pues que a su amado dará Dios el sueño.”
Para tener un dulce sueño debemos tener vidas dulces, temperamentos dulces, meditaciones dulces y un dulce amor.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román¡.
24 de Marzo
“Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.”
— 2 Tesalonicenses 3:3.
Los hombres a menudo están tan desprovistos de razón como de fe. Todavía hay entre nosotros “hombres perversos y malos”. No sirve de nada argumentar con ellos o procurar tener paz con ellos: tienen un corazón falso y su conversación es engañosa. Bien, ¿qué haremos? ¿Acaso nos preocuparemos por ellos? No; volvámonos al Señor, pues Él es fiel. Ninguna promesa de Su palabra será incumplida jamás. Él no es irrazonable en Sus exigencias para con nosotros, ni es infiel a nuestros argumentos relacionados con Él. Tenemos un Dios fiel. Esto ha de ser nuestro gozo.
Él nos confirmará de tal manera que los hombres perversos no ocasionarán nuestra caída, y Él nos guardará de tal manera que ninguno de los males que ahora nos asedian, nos hará realmente ningún daño. Qué bendición es para nosotros que no tengamos que contender con los hombres, y más bien que se nos permita abrigarnos en el Señor Jesús, que se identifica verdaderamente con nosotros. Hay un corazón sincero, una mente fiel, un Amor inmutable; descansemos allí. El Señor cumplirá el propósito de Su gracia para con nosotros, Sus siervos, y no debemos permitir que ni una sombra de duda caiga sobre nuestros espíritus. Todo lo que los hombres o los demonios puedan hacer, no puede impedir que gocemos de la protección y la provisión divinas. Oremos en este día pidiéndole al Señor que nos afirme y nos guarde.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
23 de Marzo
“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían.”
— Isaías 42:16.
¡Piensen que el infinitamente glorioso Jehová actúa como Guía de los ciegos! ¡Qué condescendencia ilimitada implica esto! Un ciego no puede encontrar un camino que no conozca. Incluso cuando conoce el camino, le resulta difícil recorrerlo; pero un camino que no hubiera conocido sería una aventura imposible para sus pies si estuvieran desprovistos de un guía. Ahora, nosotros somos ciegos por naturaleza en lo relativo al camino de la salvación, y, sin embargo, el Señor nos introduce en él, y nos lleva hasta Él, y luego abre nuestros ojos. Todos nosotros somos ciegos en cuanto al futuro, y no podemos ver la siguiente hora, pero el Señor Jesús nos guiará hasta el final de nuestro viaje. ¡Bendito sea Su nombre!
No podemos adivinar de qué manera nos llegará la liberación, pero el Señor lo sabe, y Él nos guiará hasta que hayamos escapado de todo peligro. Bienaventurados los que ponen su mano sobre ese grandioso Guía, y confían su camino a Él y se entregan ellos mismos a Él. Él los guiará a lo largo de todo el camino; y cuando los haya llevado a casa, a la gloria, y haya abierto sus ojos para que vean el camino por el que los condujo, ¡qué cántico de gratitud cantarán a su grandioso Benefactor! ¡Señor, guía a tu pobre hijo ciego en este día, pues no conozco mi camino!
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
22 de Marzo
“Da gracia a los humildes.”
— Santiago 4:6.
Los corazones humildes buscan la gracia, y, por tanto, la obtienen. Los corazones humildes se someten a las dulces influencias de la gracia, y, así, la gracia es prodigada sobre ellos más y más abundantemente. Los corazones humildes permanecen en los valles donde fluyen los arroyos de la gracia, y, así, beben de ellos. Los corazones humildes están agradecidos por la gracia y dan al Señor la gloria de ello, y, por esto, es consistente con Su honor que Él les proporcione gracia.
Vamos, querido lector, ocupa un lugar humilde. Sé pequeño en tu propia estimación, para que el Señor haga mucho de ti. Tal vez irrumpa el suspiro: “me temo que no soy humilde”. Tal vez este sea el lenguaje de la verdadera humildad. Algunos están orgullosos de ser humildes, y este es uno de los peores tipos de orgullo. Nosotros somos criaturas necesitadas, desvalidas, indignas, merecedoras del infierno, y si no somos humildes, deberíamos serlo. Hemos de humillarnos por causa de nuestros pecados contra la humildad, y entonces el Señor nos dará a probar Su favor. La gracia nos hace humildes y la gracia encuentra una oportunidad en esta humildad para derramar mayor gracia. Hemos de descender para que podamos ascender. Hemos de ser pobres en espíritu para que Dios nos haga ricos. Seamos humildes para que no necesitemos ser humillados, para que seamos exaltados por la gracia de Dios.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
21 de Marzo
“Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará.”
— Proverbios 3:23.
Es decir, si seguimos los caminos de la sabiduría y de la santidad, seremos preservados en ellos. El que viaja a la luz del día por la calzada, está bajo la protección del rey. Hay un camino para cada persona, es decir, su propio llamamiento en la vida, y si nosotros caminamos en él, en el temor de Dios, Él nos preservará del mal. Tal vez no viajemos lujosamente, pero caminaremos con seguridad. Tal vez ya no podamos correr como lo hacen los jóvenes, pero podremos caminar como hombres buenos.
Nuestro mayor peligro está en nosotros mismos: nuestro débil pie es muy tristemente propenso al tropiezo. Pidamos una mayor fortaleza moral, para que nuestra tendencia a resbalar pueda ser dominada. Algunos tropiezan porque no ven la piedra en el camino: la gracia divina nos capacita para ver el pecado, y así evitarlo. Hemos de argumentar esta promesa, y hemos de confiar en Aquel, que sostiene a Sus elegidos.
¡Ay!, nuestro peor peligro es nuestra propia negligencia, pero el Señor nos ha puesto en guardia contra esto, diciendo: “Velad y orad.”
¡Oh, pidamos gracia para caminar hoy sin un solo tropiezo! No basta que no caigamos de hecho; nuestro clamor ha de ser que no experimentemos el menor resbalón con nuestro pie, sino que al fin adoremos a Quien es poderoso para protegernos de cualquier tropiezo.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
