EDu ARdo☕️
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Trump’s post just put Stake in the spotlight (https://x.com/pubity/status/2042339265003340140)
A new promo shared by Donald Trump on Truth Social is going viral — and one small detail caught everyone’s eye: the Stake logo sitting right on the image.
Official partnership has been announced, the timing is loud. Trump, crypto betting, and Stake all in one frame — enough to make the gambling and crypto communities start asking questions.
Is this just a paid hint, or the beginning of something bigger?
The campaign page is already getting attention: stake-trump.com
P.S. Trump shared a promo code for a balance top-up : TRUMP
18+ only. Gamble responsibly. Terms apply.
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Cuando por fin despertó la mamá, le entregué a su muchacha. Apenas la vio, la abrazó así, toda pelona con su antena y su cara de cachapa. Fue una escena muy bonita. Apenas pudimos, salimos de ese hospital. Solo volvimos para unos chequeos.
Hoy, mi hija ya está grande y tiene un hijo, pero igual, cuando nos vemos, todavía me agarra el dedo índice y yo siento la misma conexión. Es tan formadora de peo como la mamá… pero baila como yo.
Un día de estos les cuento la primera vez que la llevé a un acto en la escuela.
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#HoyTeCuentoQue: Memorias de un Papá en Prácticas
Cuando mi hija estaba en preescolar, su mamá trabajaba muy temprano, así que yo me encargaba de vestirla y llevarla a la escuela. La maestra siempre me decía:
—Señor Eduardo, ¿usted no tiene a nadie que le haga un peinado normal a su hija? Si quiere, tráigame las cosas y yo la peino aquí.
Yo hacía mi mejor esfuerzo, pero ella casi no tenía pelo y, además, era demasiado finito. Era un lío hacerle lazos y colitas. No sé cómo hacía su mamá para ponerle esas cosas. Un día, descubrí una vaina que se llamaba Moco de Gorila y ¡listo!: le ponía eso, le peinaba todo el pelo liso para atrás y le pegaba su lazo. Quedaba linda.
Ese día, la mamá fue a buscarla y la maestra le contó que ella sabía cuándo era yo el que la vestía para ir a clases: porque llegaba casi envuelta en papel celofán y tiesa. Cuando esa mujer vio a la niña, sentí que tenía ganas de matar a alguien cuyo nombre empieza por "Edu" y termina en "ardo." Yo vi en sus ojos las llamas del infierno.
—Eduardo, ¿tú mandas a la niña así a clases? ¿Te cuesta mucho pararte más temprano y peinarla como una niña normal?
Una vecina se ofreció a venir temprano a la casa a “ayudarme” a vestir a la niña, pero mi "cuaima" es visionaria y captó las señales (además, la cara de puta de la vecina no ayudaba mucho). Así que habló en el trabajo y le dieron un horario más flexible. Igual, me tocó aprender a peinar carajitas y vestirla como gente.
Una vez, solo para joder a la maestra (que era muy pana), le puse una franela mía y una correa. Cuando la vio, respiró profundo y me dijo que me la llevara para la casa. Luego se dio cuenta de que era broma. Me explicó lo importante que es para los chamos de esa edad estar bien vestidos en la escuela, y lo de los piojos y esas vainas… aunque yo estoy seguro de que con esa cantidad de grasa que yo le ponía en la cabeza, ningún piojo sobrevivía.
Cuando mi hija nació, todo fue un peo. La jeva duró como ocho horas de parto, quizás más, y tuvieron que hacerle cesárea. A la chamita la metieron en una caja de cristal con respiradores porque sospechaban que había tragado líquido amniótico. Fue un lío grande.
Cuando la enfermera me mostró a mi chama recién nacida, pasé todo ese tiempo mirándole la cara para fijar su imagen en mi mente. No escuchaba a la enfermera, solo miraba esa carita para que no se me olvidara, porque había el rumor de que cambiaban a los niños en el hospital. Mi esposa todavía estaba bajo los efectos de la anestesia y del cansancio, así que me tocó a mí estar pendiente de la menor. Tuve que ir a la casa (porque todo macho que se respeta no lleva las cosas que la mujer le dijo que llevara y que eran importantes tener a la mano).
Ya en la casa, dormí un rato y fui donde mi mamá a avisarle del nacimiento de su nieta. Cuando decidí volver al hospital, ya eran como las seis y media de la tarde. Al llegar, la enfermera me llamó con desesperación y me cagué al ver su cara de preocupación. Me dijo que, ciertamente, había rastro de líquido amniótico en sus pulmones, pero que no era de riesgo porque era muy poco. Entonces le pregunté por qué estaba tan asustada y que no me mintiera. Me confesó que habían tenido que ponerle una vía a la chamita y no pudieron hacerlo en el brazo… tuvieron que ponérsela en la cabeza.
Cuando entré al área y vi a mi hija ahí, con la cabeza pelada y una vía que parecía una antena, lo primero que pensé fue: “Verga, tengo una hija con Wifi”. (En esa época todavía no se había inventado el wifi, pero la idea era la misma). La doctora le formó un peo a la enfermera porque se la podían haber puesto en el pie (pero ese es otro cuento).
Yo aún no había cargado a mi hija. Me acercué a su caja de cristal, metí la mano para tocarla… y ella me agarró el dedo meñique. Uno puede ser muy macho vergatario y cuatriboleao, pero en ese momento sientes unas ganas inmensas de llorar, te tiembla el bofe y la chinchurria. Es ahí cuando asumes de verdad que eres papá y que tienes que responder por una vida.
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#CuentosDeLaCasaGrande
La Casa Grande huele a mujer.
Las mujeres gobiernan en la Casa Grande.
Aunque parezca que los hombres mandan, en realidad no es así. Pero les dejan esa ilusión para que no peleen mucho.
En la Casa Grande, cuando hay un chisme y alguien lo comparte, la persona que lo escucha le agrega pedazos de historia según su punto de vista. Así va transformándose en otro cuento con más involucrados, hasta que un día alguien se arrecha y busca aclarar la situación.
Y cuando esto pasa, se hace una reunión con todos los involucrados, una olla de café y muchas tazas. En la reunión se habla de otras cosas, se ríen, toman más café y se generan otros chismes. El chisme anterior pierde importancia y todo termina en una jodedera.
Los domingos se juega bingo.
Hay una bolsita con los cartones numerados y otra bolsita con los números. Había uno que tenía como un bombo: le dabas vueltas y salían unas bolitas con los números. Pero ese se dañó cuando una de mis tías se lo lanzó al marido borracho.
Todos en la sala escogen sus cartones y se ponen las reglas: nadie puede meter las manos donde están los números, solo el que canta (así le dicen al que saca los números de la bolsita). No se pueden tener más de cuatro cartones.
Las formas de hacer bingo: Cruz grande, Cruz pequeña, Machetiao y otra ahí que no me acuerdo.
Mi tía, la que se parecía a doña Florinda, siempre que hacía bingo gritaba:
—¡Páralo ahí! ¡Páralo ahí!
Y empezaba el chalequeo. Mi tía se molestaba, pero igual seguía jugando.
Mi mamá siempre agarraba los mismos cartones, los soplaba, hasta les daba una charla tipo entrenador de fútbol. Pero no siempre resultaba.
—Estos cartones están empavados.
Si el que cantaba los números era mi tío, lo más seguro es que mi otro tío ganara, porque eran cómplices.
Mi abuela hacía el café y desde la cocina llevaba su cartón. Me ponía a llevárselo mientras ella estaba pendiente del agua hirviendo y el colador. Una vez hicimos bingo como tres veces seguidas y me jodí: me dejó de cuidador oficial de su cartón de bingo.
A veces se llenaba la casa de gente y tenían que usar dos bingos. Vecinos, familiares y otros que no eran ni vecinos ni familiares. De hecho, una vez descubrimos a una señora que venía a jugar bingo de vez en cuando y se daba besos con otro señor que era amigo de mi tío.
Era su sitio de encuentro. El señor era casado. Eso fue un chisme que luego se corrió y cada quien hacía una versión libre de lo que escuchaba. Era El Cadáver Exquisito. (El cuento y el señor, porque después se murió… pero no ese día, se murió después, de otra cosa).
En la Casa Grande, no importa el motivo de la reunión ni la gravedad del problema: siempre termina en una jodedera. Tienen el súper poder de hablar todos al mismo tiempo y entender cada conversación.
Cuando una de mis tías está brava con la otra, toda la familia busca que se reconcilien, pero no lo hacen de forma directa. Hacen una reunión con algún motivo diferente, una sopa o algún almuerzo, y en esa reunión empiezan a chismear de alguien y se ríen.
En ese compartir van juntando a las que están bravas y, a punta de risas, chisme y café, las contentan de nuevo. Y todo bien.
La familia es familia.
Mi abuela hace el café en un colador de tela que pone en una cosa de aluminio, con café en polvo adentro. Le echa agua hirviendo y sale el café que deja el olor regado por toda la casa. Todos empiezan a dar vueltas por la cocina a buscar su taza.
En la Casa Grande mandan las mujeres.
Ellas hacen el café y saben los chismes. No son chismosas, ellas solo están enteradas, que es otra cosa.
Una vez en una reunión de esas supe que mi mamá…
¿Yo quedé así como que “What’s?”?
Pero ese es otro cuento…
Chao.
Sean felices.
Autoquiéranse.
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Si tuviera una máquina del tiempo que me llevara al pasado, buscaría al Eduardo chamo de 12 años, me sentaría a su lado y le diría:—Hola, soy tu yo del futuro.Seguramente el chamo Eduardo se burlaría de mí, pero igual hablaría con él:Chamo, no comas tan rápido. Quédate más tiempo en la mesa, disfruta de la comida de tu abuela, de la bulla de tus primos y tus tíos… porque en esa mesa cada vez habrá menos gente y los vas a extrañar.No tengas miedo. Las cosas son más feas en tu mente de lo que realmente son. No eres tan feo como piensas. Cada quien es como es y eso tiene su propia belleza.Dile a esa chama que te gusta que es hermosa. A lo mejor no te va a parar bolas, pero créeme, le va a gustar y estarás abonando terreno para el futuro.Los hombres sí lloran. No reprimas tus sentimientos, esa vaina engorda. Ríete como siempre lo has hecho. La risa es analgésica contra los odios de los demás, la risa cura y aleja las malas vibras.No te tomes las cosas personales. No supongas nada. A veces entendemos mal las cosas, a veces estamos en lo cierto, pero es mejor hacerse el pendejo.Baila. Baila como loco, baila como quieras. Baila salsa, merengue, bolero, house… todo lo que quieras bailar. Eso será tu superpoder.No le creas a Ramón, él nunca se besó con Mariana. De hecho, pasará mucho tiempo para que beses a alguien. Todos tus amigos tendrán novia y tú también, pero aún no. Déjale tiempo al amor, aún no lo necesitas.Repara la bicicleta o no la uses. Esa marca aún la tengo. Tu mamá es feliz así como es. Tu abuela hace las mejores caraotas, aún lo sigo pensando. No, aún no somos millonarios. No, ella no será tu esposa. De hecho, te falta mucho tiempo para conocer a tu esposa y créeme, mejor así.No vamos a tener un tigre, pero tendremos muchos gatos en el camino. Abraza a tu abuelo, él parece un tipo duro y de mal carácter, pero es más bueno que el pan. Disfruta de cada conversación en familia, no hay otra igual en la vida.Dios no está afuera. Eso lo entenderás después, pero vete haciendo la idea. Porque muchas veces pondrás las esperanzas en cosas que no van a funcionar y pensarás que Dios no te escucha, pero entenderás con el tiempo que tus oraciones solo estaban apuntando mal.No dejes el liceo. Esa es una de las mejores experiencias del hombre. Nada sustituye esa etapa de compartir, joder y sufrir la adolescencia. Y si te toca, nunca dejes de ser chamo. Ya vendrá el tiempo de las responsabilidades y las deudas.La música que estás escuchando hoy es mucho mejor que la que yo estoy escuchando ahora, pero seguro esta será mejor que la que escuchará mi nieto. Sí, tenemos un nieto y se parece a ti pero mejorado… pero no te hagas mente con eso, que aún falta mucho tiempo.Chamo, te extraño. Qué bueno fue vivir esta época, pero tampoco me arrepiento de crecer. También la pasaremos bien.Perdona. El perdón no es exculpar a alguien, el perdón es liberarse del peso del rencor. El perdón aplica más a uno que al agresor. No vale la pena odiar.Come hamburguesas, empanadas, pizza, tortas, dulces, toma refresco, chucherías… porque cuando creces toda esa vaina hace daño, se pone cara o la jeva se pone a hacer dieta y tienes que ser solidario. Haz ejercicio, a las jevas les gusta.Chao, chamo Eduardo.
Toma café, sé feliz y autoquiérete.
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Las risas se escucharon por todos lados. Estrella también se reía; era una forma de drenar su guayabo.—Ustedes hablan de mí y resulta que tienen sus cuentos. Tú, Lilita, no pelaste al señor ese que vivía cerca de la plaza y todavía estaba vivo el difunto José. Yo me acuerdo. Y después, ¿qué religiosa con tu pañuelo, hecha la pendeja?—Y tú, negra tetona, mejor no digo nada porque tus hijos están ahí cerca —la señora Madre interrumpe la escena—.
—Ya va, aquí se chismea del que no está. Si quieres, te esperas a que yo vaya a buscar más café o una cerveza y aprovechas. De todas maneras, yo te quiero igual.Las risas y el silencio volvieron un rato mientras recargaban el refrigerio y las bebidas.
—¿Sabes quién está preñada?
—¿Quién?
—La hija de Rosa Montilla.
—¿Cuál es esa?
—Verga, ustedes sí son pérdidas, caídas de la mata.—Rosa Montilla, vale, la que era la mujer de Ramón Querales, el tuerto.
—Ahhh, tú dices la Renca que grita como una loca llamando a la hija —respondió Lilita—.
—Ahhh, sí, coño. El tuerto Ramón ese quería conmigo, pero yo le huía a ese tipo. El olía a caucho quemado —dijo Estrella.La señora Madre hizo una pausa para que las otras panelistas entraran en el cuento y recordaran los personajes.
—¿Ya saben de quién estoy hablando, verdad?
—Sí, termina de contar la vaina.
—Bueno, parece que la hija estaba estudiando música y le dieron maraca… jajajaja.Las risas volvieron a regarse por el patio y la sala.
—Mana, ¿y esa es una niña? ¿Qué edad puede tener esa carajita? —preguntó Lilita—.
—No sé, pero se ve carajita. Negra, ¿a qué edad pariste tú? —preguntó Estrella.
Mi mamá se le queda viendo.
—En mil novecientos… ¡no te importa!—Ahh, tú pariste también muy joven. Tú me dijiste la otra vez, yo me acuerdo —Lilita y sus comentarios—.
—¿Me van a dejar contar el chisme o le busco la partida de nacimiento de los chamos y nos vamos a la jefatura de San Juan?—Porque yo estoy aquí contando una vaina y ustedes me interrumpen.
—Dale, negra, termina de contar pues.
—Ya se me olvidó qué era lo que estaba contando.
—Coño, de la mujer del renco y la carajita.
—Bueno, que la preñó un compañero de clase y la mamá se llevó pal coño al chamito.—Verciale, ¿y qué va a hacer esa señora ahora?
—No lo sé. Dicen por ahí que el renco Querales se la va a llevar para Valencia.
—¿Y el renco está vivo? Yo pensé que se había muerto —preguntó Estrella—.
—¿Qué? ¿Te emocionaste? ¿Ahora sí quieres a tu caucho quemao?—No, coño, con ustedes no se puede hablar.
—Jajajaja, sí está vivo y viene a buscar a su hija, así que aprovecha y te vas con él y te olvidas el guayabo.
—Tú eres loca, negra. No señor, yo mi guayabo lo paso esta noche con alguien que tenga plata.
—Pide pa’ las tres.
—¿Machete?—No, eso no. Pide plata pa’ comprar más café y pancito dulce.
—Ustedes deberían venirse conmigo un día.
—No, porque nosotras tenemos el corazón en el pecho.
—Jajajaja.
—Jajajaja, dame más café, negra.
—Eduuu, tráete lo que queda ahí en el termo.Y deja de comerte las galletas que ya te vimos —Lilita me echó paja—.Ahí se quedaron esas mujeres dándole al cotorreo y desollando a cuanta persona conocida pasara por su mente.Gracias por leerme.
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#DeEsosCuentos
#EsteCuentoAntes no había WhatsApp, chat ni redes sociales.
Antes, si tú querías chismear y darle duro al cotilleo, tenías que visitar a tu vecina o a tu compadre, reunirse con los panas, tomarse un café o tu bebida alcohólica de preferencia y ¡vengase el chisme!El teléfono era de disco y no todo el mundo tenía uno. Las reuniones eran lo más efectivo para actualizar la información, intercambiar versiones o, como se decía en forma coloquial, «rajarle el pellejo a alguien».
Vamos con el cuento.Están en el patio de la casa la señora Madre y su pana la señora Lilita. Una mesa con dos tazas de café y unas palmeritas. Las víctimas de esa conversación eran aleatorias. A medida que se iban acordando, las verdugas iban destrozando la reputación de sus conocidas y familiares.—¿Sabes quién está despechada y llorando por ahí?
—¿Quién?
—Estrella.
—¿Estrella? —Lilita siempre era más perdida que mi mamá—.
—Sí, mana, Estrella está por ahí toda despechada y llorona.
—¿Y esa vaina?—Coño, Lilita, tú sí eres despistada. Estrella se enamoró de un tipo y parece que el tipo no le para, y bueno, ella tiene su corazón y esas cosas duelen.
—¿Pero ella no es puta?
—¿Y tú crees que las putas no se enamoran?
—Sí, ¡pero no deberían!
—¿Por qué? ¿No tienen derecho?—Sí, pero se les jode el negocio. Puta enamorada no cobra.
—Tienes razón, pero ella ha levantado a sus hijos a punta de eso.
—Yo no sirvo para eso.
—¿Para qué? ¿Para puta o para cobrar?
—Para puta, a mí me da miedo, no sé.
—Pero tú tienes tu…
—Ay, cállate, que tú también…La señora Madre y su compinche siguen dándole a la sin hueso y el café va y viene. Las risas se escuchan en la sala donde estaba yo con mi álbum de barajitas y mis hermanos jugando.—Edu, ¿tú puedes traerme más galletas de esas que están en la cocina?
—¿Me das una?
—¡No!(Igual agarré unas y me las comí).—¿El tipo es conocido? —preguntó Lilita.
La señora Madre apuntó con la boca a la casa del frente. Lilita abrió los ojos con admiración.
—¡No puede ser!
—Pues fíjate que sí.
—Verciale, mira la Estrellita, caramba, se quiere comer al portu.—Yo creo que ya se lo comió, pero el tipo no quiere más.
—Qué vaina, vale, ¿y a ti no te gustaba ese portu hace tiempo?
—Estamos hablando de Estrella, no de mí.
—Jajajaja, ¡echa tu cuento, zorronga!
—¿Tú no quieres más café, verdad?
—Jajajaja, no te molestes.Esas mujeres seguían ahí desbaratando reputaciones y cuestionando egos. Yo seguía buscando café y galletas y, obviamente, cobrando mi comisión por los servicios. La señora Madre me dice que traiga otra silla, ya que se une otra persona al panel de inquisidoras.Llegó la mismísima Estrella, con su culote, tetotas y guayabo.
—Hola, ¿cómo están? Yo me voy a sentar aquí con ustedes.
La señora Lilita ve a mi mamá como el catcher ve al pitcher para cambiar de lanzamiento. Mi mamá le sirve café a su pana Estrella.—¿Y de qué están hablando? —preguntó Estrella.
Lilita ve a mi mamá. La señora Madre le devuelve la mirada y responde:
—De ti.
¡Pum! Lilita casi se cae de la silla.
Estrella se ríe.
—Coño, vale, ustedes… No joda, tanta gente que conocen y me van a coser a mí.—Es que empezamos por ti porque tú no estabas, pero ya estábamos terminando y le íbamos a meter a la mujer del barbero, pero tú llegaste.
—¿Y qué hablaron de mí?
—Que estás por ahí llorando toda triste, despechada y perdida.
—Sí, pero ya se me pasó. Eso fue solo un rato.Hubo silencio por unos segundos y Lilita preguntó:
—¿Por qué las putas se enamoran?
Mi mamá y la señora Estrella la ven como si fuera una cosa rara.
—¡Porque tenemos corazón! —respondió Estrella como algo obvio.—Las putas deberían tener el corazón en la poncha —dice mi mamá mientras se toma el café—.
—Y que orinen sus penas —responde Lilita.
—Jajajaja.
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#HoyTeCuentoQueEstaba hablando con la señora madre mamá sobre las cosas de mi abuelo. Entre risas y recuerdos, llegó un repentino silencio.Mi mamá me miró con preocupación por la expresión de asombro que tenía en mi rostro.—¿Qué te pasa?—¡Mamá, soy abuelo!No había caído en cuenta. Yo asumí mi rol de padre y todas esas cosas, pero no había reflexionado en que también soy abuelo. Y uno tiene una imagen diferente de los abuelos… de los buenos abuelos (porque hay abuelos que es mejor tenerlos lejos).Los abuelos son los sabios de la tribu. Son los que tienen la experiencia de los tiempos que no vuelven. Es su responsabilidad comunicar a la familia los secretos aprendidos, los consejos y algunos trucos para sanar heridas… y las recetas de los guarapos.Los abuelos lo saben todo. Inclusive el tiempo necesario para que no se te quemen las arepas. Los datos de la lotería. Mi abuelo me enseñó que los Yankees y los Leones del Caracas son sagrados. Que el Real Madrid es el mejor equipo. Que el arroz chino que vendían por donde estaba RCTV era el mejor de Caracas.Que una cosa es saber leer y otra cosa es comprender lo que se lee. Que siempre hay que dudar de los políticos. Que nunca hay que ignorar los instintos.También me enseñó cosas que mi abuela y mi mamá me dijeron que no hiciera por mi bien físico.El asunto es que ahora yo soy el abuelo. Mi nieto apenas está empezando la escuela. Voy a escribir un libro. Se llamará Manual para mi nieto: Cosas de la vida.Porque uno nunca sabe, a lo mejor se me olvidan las cosas y queda todo por escrito. Cuando esté listo se los muestro.Mi abuelo nunca escribió nada. Solo datos de caballo y lotería. Pero sabía muchas cosas. Yo no sé muchas cosas… pero ahí veremos cómo sale.Saluden y respeten a sus abuelos, aunque no estén. Estamos en tiempos donde todo va más rápido y están sustituyendo los recuerdos por cosas que se adapten a una generación más manipulable. Pero eso es otro cuento y no vamos a cambiar la intención de este relato.Sean felices. Tomen agua. Sonrían aunque no quieran.Chao.Autoquíéranse.
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