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Marcelo G. Grecco EL GRAN DESPERTAR - DIVULGACIÓN y RESISTENCIA.

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Divulgación sobre el Ser - Humano y sus Dimensiones Naturales, los Cuerpos Solares y el Nacimiento Segundo; los Misterios de la Vida en el Cosmos; la Espiritualidad profunda y el camino... Resistencia a la PLANDEMIA y el NOM.

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Foto de Marcelo Gómez Grecco
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hay detrás de todo esto. Volvamos a Cristo, Cristo quien es Rey de corazones, familias, sociedades y naciones. Proclamémoslo como Nuestro Rey y a María Santísima como Nuestra Reina. Solo de esa manera se podrá derrotar el malvado proyecto del Nuevo Orden Mundial. Solo así la Santa Iglesia podrá purificarse de traidores y renegados. Y que Dios escuche nuestra oración. + Carlo Maria Viganò, Arzobispo 28 de agosto del 2021 S. Augustini Episcopi et Confessoris et Ecclesiae Doctoris Fuente: https://www.lifesitenews.com/opinion/vigano-considerations-on-the-great-reset-and-the-new-world-order/ Categorías: Noticias Etiquetas: arzobispo, Carlo Maria vigano, Gran Reset, great reset

Los logros de la ciencia, las conquistas de naciones y las conquistas de territorios son todos indicativos del método de la Era de Piscis [la era de Cristo], con su idealismo, su militancia y su separatividad en todos los campos: religioso, político, y económico. Pero la era de la síntesis, la inclusión y la comprensión está sobre nosotros, y la nueva educación de la Era de Acuario [la era del Anticristo] debe comenzar a penetrar muy delicadamente en el aura humana. Hoy vemos cómo los métodos de enseñanza teorizados por Muller en el World Core Curriculum han sido adoptados por casi todas las naciones, incluida la ideología LGBT, la teoría de género y todas las demás formas de adoctrinamiento. Así lo confirma el exdirector de la OMS, Dr. Brock Chisolm, al explicar lo que a la política educativa de la ONU le gustaría lograr: Para lograr un gobierno mundial, es necesario quitar de la mente de los hombres su individualismo, la fidelidad a las tradiciones familiares, el patriotismo nacional y los dogmas religiosos (cf. Christian World Report, Marzo 1991, Vol. 3). He aquí una vez más el fil rouge que une no solo a Klaus Schwab con Hélder Câmara, sino también a Robert Muller y Alice A. Bailey a Pierre Theilard de Chardin y Emmanuel Saguez de Breuvery, siempre en clave globalista y bajo la nefasta inspiración de pensamiento luciferino. Un análisis en profundidad de estos aspectos inquietantes permitirá arrojar luz sobre la verdad y revelar la complicidad y traiciones de no pocos eclesiásticos esclavizados por el enemigo. Nuestra respuesta a la crisis de autoridad La corrupción de la autoridad es tal que es muy difícil – al menos en términos humanos – plantear la hipótesis de una salida pacífica. A lo largo de la historia, los regímenes totalitarios han sido derrocados por la fuerza. Es difícil pensar que la dictadura de la salud que se ha instaurado en los últimos meses se pueda combatir de manera diferente, ya que todos los poderes del Estado, todos los medios de información, todas las instituciones públicas y privadas internacionales, todos los potentados económicos y financieros son cómplices de este crimen. Ante este sombrío escenario de corrupción y conflicto de intereses, es indispensable que todos aquellos que no están subordinados al plan globalista se unan en un frente compacto y cohesionado, para defender sus derechos naturales y religiosos, su propia salud y la de sus seres queridos, su libertad y sus bienes. Donde la autoridad falla en sus deberes y de hecho traiciona el propósito para el cual ha sido establecida, la desobediencia no solo es legal sino obligatoria: desobediencia no violenta, al menos por ahora, pero decidida y valiente. Desobediencia a los dictados ilegítimos y tiránicos de la autoridad eclesiástica, dondequiera que se muestre cómplice del plan infernal del Nuevo Orden Mundial. Conclusión Permítanme concluir esta reflexión con un breve pensamiento espiritual. Todo lo que sabemos, descubrimos y entendemos sobre la conspiración global que se desarrolla actualmente nos muestra una tremenda realidad que también es al mismo tiempo nítida y claramente definida: hay dos lados, el lado de Dios y el lado de Satanás, el lado de los hijos de la luz y el lado de los hijos de las tinieblas. No es posible reconciliarse con el enemigo, ni servir a dos señores (Mt 6, 24). Las palabras de Nuestro Señor deben quedar grabadas en nuestra mente: “El que no está conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt 12:30). Esperar construir un gobierno mundial en el que el reinado divino de Jesucristo sea proscrito es una locura y una blasfemia, y nadie que tenga tal plan tendrá éxito jamás. Donde reina Cristo, reinan la paz, la armonía y la justicia; donde no reina Cristo, Satanás es un tirano. ¡Consideremos esto bien, siempre que tengamos que elegir si hacemos acuerdos con el adversario en nombre de una falsa convivencia pacífica! Y que también lo consideren bien aquellos prelados y dirigentes civiles que piensan que su complicidad solo afecta a temas económicos o de salud, pretendiendo no saber qué

El panteísmo globalista de Theilard de Chardin El ecumenismo es uno de los temas clave del pensamiento globalista. Esto es confirmado por Robert Muller, quien fue el Subsecretario General de las Naciones Unidas: «Debemos avanzar lo más rápido posible hacia un gobierno mundial, una religión mundial y un líder mundial único«. Antes que él, uno de los defensores de la Liga de las Naciones, Arthur Balfour, creó la «Sociedad Sintética«, que tenía como propósito la creación de la «religión mundial única». El propio Pierre Theilard de Chardin, hereje jesuita condenado por el Santo Oficio y hoy célebre teólogo del progresismo, consideraba a las Naciones Unidas como “la encarnación institucional progresista de su filosofía”, expresando su esperanza de que “una convergencia general de religiones en un Cristo universal, que cumple con todas… me parece sería la única conversión posible del mundo, y la única forma en que se puede concebir una religión del futuro” para “reducir la brecha entre panteísmo y cristianismo sacando a la luz lo que podría llamarse el alma cristiana del panteísmo o el aspecto panteísta del cristianismo«. No pasará desapercibido que la pachamama y la atribución de connotaciones marianas a la Madre Tierra convierte estos conceptos de Theilard de Chardin en una inquietante realidad. Y eso no es todo: Robert Muller, el teórico del gobierno mundial y también discípulo de la teósofa Alice A. Bailey, declara: “Teilhard de Chardin influyó en su compañero [el padre jesuita Emmanuel Saguez de Breuvery, quien ocupó cargos importantes en la ONU], quien a su vez inspiró a sus colegas, quienes a su vez iniciaron un rico proceso de pensamiento global y de largo plazo dentro de las Naciones Unidas, que ha afectado a muchas naciones y personas de todo el mundo. Teilhard me influenció profundamente«. En su libro The Future of Man (el futuro del hombre), Theilard escribe: «Incluso si su forma aún no es visible, mañana la humanidad se despertará en un mundo panorganizado». Muller fue el fundador del World Core Curriculum, que tenía como objetivo «orientar a nuestros hijos hacia la ciudadanía global, las creencias centradas en la tierra, los valores socialistas y la mentalidad colectiva, que se están convirtiendo en un requisito para la fuerza laboral del siglo XXI» (New Man Magazine). Y si afirma con orgullo a Alice A. Bailey entre sus inspiradoras, descubrimos que ella fue discípula del Movimiento Teosófico fundado por Helena Blavatsky, una declarada luciferina. Para comprender correctamente el carácter de Blavatsky, aquí hay algunas citas de sus escritos: Lucifer representa Vida, Pensamiento, Progreso, Civilización, Libertad, Independencia… Lucifer es el Logos, la Serpiente, el Salvador. Y, casi anticipando la pachamama: La Virgen Celestial se convierte así, al mismo tiempo, en Madre de Dioses y Demonios, porque ella es la Divinidad siempre amorosa y benéfica… Pero en la antigüedad y en realidad el nombre [de ese dios] es Lucifer. Lucifer es la Luz divina y terrenal, tanto el Espíritu Santo como Satanás al mismo tiempo ”. Y por último pero no menos importante: Satanás es el dios de nuestro planeta y el único dios. Fue Alice A. Bailey quien fundó Lucifer Publishing Company, que ahora se conoce como Lucis Publishing Company, estrechamente relacionada con Lucis Trust, anteriormente Lucifer Trust, reconocida como una ONG por las Naciones Unidas. Si a este montón de divagaciones infernales le sumamos las palabras de David Spangler, Director del Proyecto de Iniciativa Planetaria de las Naciones Unidas, nos daremos cuenta de lo terrible que es la amenaza que se cierne sobre todos nosotros: Nadie será parte del Nuevo Orden Mundial a menos que lleve a cabo un acto de adoración a Lucifer. Nadie entrará en la Nueva Era a menos que reciba una iniciación luciferina (Reflexiones sobre el Cristo, Findhorn, 1978). Alice A. Bailey escribe sobre la Nueva Era:

La revolución de 1968 fue un triste ejemplo de esas ambiciones pacifistas y ecumenistas, en las que la “Era de Acuario” fue celebrada por el musical Hair (1969) y luego por John Lennon con Imagine (1971): Imagina que no hay cielo eterno. Es fácil si lo intentas. Ningún infierno bajo nosotros. Sobre nosotros sólo el cielo. Imagina a todas las personas viviendo por hoy. Imagina que no hay países. No es difícil de hacer. Nada por lo que matar o morir, y tampoco religión. Imagina toda la gente viviendo la vida en paz. Podrás decir que soy un soñador pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros y el mundo sea uno. Imagina no poseciones. Me pregunto si puedes. No hay necesidad de codicia o hambre, una hermandad de hombres. Imagina a toda la gente, compartiendo todo el mundo. Este manifiesto del nihilismo masónico puede considerarse el himno del globalismo y la nueva religión universal: no es casualidad que se haya utilizado como tema principal de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres y, más recientemente, de los de Tokio. Un alma que no se extravía solo puede sentir horror ante esas palabras blasfemas. Lo mismo ocurre con las palabras de la no menos blasfema canción God [Dios] (1970) de Lennon: Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor. […] Yo sólo creo en mí. Entiendo que para muchos es angustioso aceptar que la Jerarquía se haya dejado engañar por sus enemigos, haciendo suyas sus peticiones en cuestiones que tocan el alma misma de la Iglesia. Es cierto que hubo prelados masónicos que lograron introducir sus ideas en el Concilio disfrazándolas, pero con plena conciencia de que conducirían inexorablemente a la realización de esa demolición de la religión que es la premisa para el establecimiento de la Nueva Era – la Era de Acuario – en la que Nuestro Señor es desterrado de la sociedad para recibir al Anticristo. Se comprende entonces la indulgencia guiñada que muchas personalidades católicas han dado a la masonería -me refiero a los cardenales Martini y Ravasi, entre muchos- y su oposición a las excomuniones que los Papas renovaron contra la secta. También se comprende el motivo del entusiasmo de las Logias Masónicas por la elección de Bergoglio y, a la inversa, su odio mal disimulado hacia Benedicto XVI, considerado como el kathèkon [“el que restringe” (cfr. 2 Ts 6, 7)] para ser eliminado. También hay que recordar, con cierta vergüenza, que ciertas declaraciones de Ratzinger sugieren un intento de “cristianizar” el proyecto globalista, sin condenarlo como anticrístico y anticristiano: ¡Deja que el Niño de Belén te tome de la mano! No temas; ¡confía en él! El poder vivificante de su luz es un incentivo para construir un nuevo orden mundial (aquí). Estas palabras, lamentablemente, confirman la falacia del pensamiento hegeliano, que influyó en el profesor desde Tubinga hasta el Trono. Ciertamente, el hecho de que el Pontífice no tomara una posición le permitió ser considerado de alguna manera un aliado del plan globalista, si el presidente italiano Giorgio Napolitano pudo afirmar en su discurso de fin de año del 2006 al pueblo italiano: “Hay armonía entre El Papa Benedicto y yo en apoyar un Nuevo Orden Mundial”(31 de diciembre de 2006). Por otro lado, el proceso hegeliano de tesis-antítesis-síntesis se hace eco del lema de la alquimia, Solve et Coagula, que fue adoptado por la masonería y por el esoterismo luciferino. Es el lema que aparece en los brazos de Baphomet, el ídolo infernal adorado por los más altos niveles de la secta masónica, como lo admiten sus miembros más autorizados. En su ensayo Lucifer Rising [Licifer levantándose], Philip Jones especifica que la dialéctica hegeliana “combina una forma de cristianismo como tesis con un espiritualismo pagano como antítesis, con el resultado de una síntesis muy similar a las religiones misteriosas babilónicas”.

luciferinas. Sus escritos, publicados desde finales del siglo XIX, son bastante reveladores. Albert Pike, amigo de Mazzini y compañero masón, pronunció un discurso en 1889 en Francia a los más altos niveles de la masonería, que luego fue reimpreso el 19 de enero de 1935 por la revista inglesa The Freemason. Pike declaró: Lo que debemos decir a la multitud es, adoramos a un dios, pero es el dios que uno adora sin superstición […]. La religión masónica debería ser mantenida en la pureza de la doctrina luciferina por todos los que somos iniciados de los más altos grados. Si Lucifer no fuera Dios, ¿Adonay [sic] [el Dios de los cristianos] cuyas acciones prueban su crueldad, perfidia y odio al hombre, barbarie y repulsión de la ciencia, Adonay y su sacerdote lo calumniarían? “Sí, Lucifer es Dios y, lamentablemente, Adonay también es Dios. Porque la ley eterna es que no hay luz sin sombra, no hay belleza sin fealdad, no hay blanco sin negro, porque lo absoluto sólo puede existir como dos dioses: la oscuridad es necesaria para que la luz sirva como su contraste como el pedestal es necesario para la estatua, y el freno a la locomotora… la doctrina del satanismo es una herejía; y la verdadera y pura religión filosófica es la creencia en Lucifer, el igual de Adonay; pero Lucifer, Dios de la Luz y Dios del Bien, está luchando por la humanidad contra Adonay, el Dios de las Tinieblas y el Mal. Esta profesión de fe en la divinidad de Satanás no es solo una admisión de quién es el verdadero Gran Arquitecto al que adora la masonería, sino también un proyecto político blasfemo que atraviesa el ecumenismo del Vaticano II, cuyo primer teórico fue la masonería: El cristiano, el judío, el musulmán, el budista, el seguidor de Confucio y Zoroastro pueden unirse como hermanos y unirse en oración al único dios que está por encima de todos los demás dioses (cf. Albert Pike, Morals and Dogma, ed. Bastogi, Foggia 1984, vol. VI, p. 153). Y la identidad del «único dios que está por encima de todos los demás dioses» ha sido bien explicada en la cita anterior. En otra carta, Pike le escribió a Mazzini: Desencadenaremos a los nihilistas y ateos y provocaremos un formidable cataclismo social que demostrará claramente a las naciones, en todo su horror, el efecto del ateísmo absoluto, origen de la barbarie y la subversión sangrienta. Entonces los ciudadanos de todas partes, obligados a defenderse de una minoría mundial de revolucionarios, […] recibirán la verdadera luz a través de la manifestación universal de la pura doctrina de Lucifer, finalmente revelada a la vista del público; una manifestación que será seguida por la destrucción del cristianismo y también del ateísmo, que será conquistado y aplastado al mismo tiempo. (cf. Carta del 15 de agosto de 1871 a Giuseppe Mazzini, Biblioteca del Museo Británico, Londres). No pasará desapercibido que la “gran herejía de la separatividad” suena curiosamente en concordancia con el ecumenismo condenado por Pío XI en su Encíclica Mortalium Animos, un ecumenismo que fue adoptado por la Declaración Dignitatis Humanae y recientemente fusionado con la doctrina de la “inclusividad” formulado por quienes permitieron que se ofreciera el culto idólatra a la pachamama en la Basílica de San Pedro. Es claro que el término “separatividad” pretende designar en clave negativa la necesaria separación entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo correcto y lo incorrecto lo que constituye el criterio del juicio moral de la conducta humana. La “inclusividad” se opone a esta distinción, dejándose deliberadamente contaminar por el mal para adulterar el bien, equiparando lo verdadero y lo falso para corromper al primero y legitimar al segundo. Las raíces ideológicas compartidas del ecumenismo Si uno no comprende que las raíces ideológicas del ecumenismo están intrínsecamente ligadas al esoterismo luciferino masónico, no podrá captar la conexión que vincula las desviaciones doctrinales del Vaticano II con el plan del Nuevo Orden Mundial.

El cierre de iglesias a principios de 2020, incluso antes de que las autoridades civiles impusieran los cierres; la prohibición de la celebración de misas y la administración de los sacramentos durante la emergencia pandémica; la grotesca ceremonia realizada el 27 de marzo de 2020 en la Plaza de San Pedro (aquí); la insistencia en las vacunas y su promoción como moralmente legítimas a pesar de haber sido producidas con líneas celulares originadas en fetos abortados; Las declaraciones de Bergoglio de que el suero genético representa un «deber moral» para todo cristiano; la introducción del pasaporte sanitario “Green Pass” en el Vaticano y más recientemente en las escuelas católicas y en algunos seminarios; el que la Santa Sede prohíba a los obispos anunciar que están en contra de la obligación de vacunación, prontamente respaldada por ciertas Conferencias Episcopales: todos estos son elementos que demuestran la subordinación de la iglesia profunda a las órdenes del estado profundo, y la forma en que la iglesia Bergogliana es una parte integral del plan globalista. Si combinamos todo esto con el culto idólatra de la pachamama justo debajo de los arcos de la Basílica de San Pedro; la insistencia en el ecumenismo, el pacifismo y el pauperismo irenistas; el aval de la ética situacional y la sustancial legitimación del adulterio y el concubinato en Amoris Laetitia; la declaración de que la pena de muerte es moralmente ilícita; el respaldo a políticos de izquierda, líderes revolucionarios y activistas del aborto; las palabras de entendimiento para temas LGBT, homosexuales y transexuales; el silencio sobre la legitimación de las uniones homosexuales y el silencio aún más desconcertante sobre la bendición de parejas sodomíticas por parte de obispos y sacerdotes alemanes; y la prohibición de la Misa Tridentina con la abolición del Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, nos damos cuenta de que Jorge Mario Bergoglio está cumpliendo la tarea que le ha encomendado la élite globalista, la cual quiere que él sea el liquidador de la Iglesia Católica y el fundador de una secta filantrópica y ecuménica de inspiración masónica que tiene la intención de constituir la Religión Universal en apoyo del Nuevo Orden. Ya sea que esta acción se lleve a cabo con plena conciencia, por miedo o bajo chantaje, nada resta a la gravedad de lo que está sucediendo, ni a la responsabilidad moral de quienes la promueven. La matrix luciferina del Nuevo Orden Mundial En este punto, es necesario aclarar qué se entiende por “Nuevo Orden Mundial”, o más bien qué quieren decir sus creadores, independientemente de lo que digan públicamente. Porque por un lado, es cierto que hay un proyecto, que ciertas personas concibieron y se encargan de llevarlo a cabo; pero por otro lado también es cierto que los principios inspiradores del proyecto no siempre se dan a conocer, o al menos no se puede admitir abiertamente que estén estrechamente relacionados con lo que está sucediendo hoy, ya que tal admisión suscitaría oposición incluso de quienes son los más pacíficos y moderados. Una cosa es imponer el “Pase Verde” con la excusa de la pandemia; pero otra muy distinta es reconocer que la finalidad del pasaporte es acostumbrarnos a que nos rastreen; y otra más es decir que este control total es la “marca de la Bestia” de la que habla el Libro del Apocalipsis (Ap 13, 16-18). El lector me perdonará si, para demostrar mi argumento, debo recurrir a citas de tal gravedad y maldad que despiertan desconcierto y horror, pero esto es necesario si queremos comprender cuáles son las verdaderas intenciones de los arquitectos de esta trama realmente, y la verdadera naturaleza de la batalla de época que están librando contra Cristo y Su Iglesia. Para comprender las raíces esotéricas del pensamiento que yace en la fundación de las Naciones Unidas, alguna vez anheladas por [el activista político italiano del siglo XIX] Giuseppe Mazzini, no podemos dejar de considerar personajes como Albert Pike, Eliphas Levi, Helena Blavatsky, Alice Ann Bailey u otros discípulos de sectas

Hoy es uno de los accionistas del grupo Black Rock que financia a las empresas farmacéuticas que producen las vacunas, uno de los principales patrocinadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y también de una miríada de entidades públicas y privadas vinculadas a la salud. A su lado encontramos curiosamente a George Soros, el “filántropo” de la Open Society, que junto con la Fundación Bill y Melinda Gates invirtieron recientemente en una empresa británica que produce hisopos para pruebas de Covid (aquí). Y ya que hablamos de cuestiones económicas, me gustaría recordar que la Santa Sede ha mantenido acciones por valor de unos 20 millones de euros en dos empresas farmacéuticas que han producido un medicamento anticonceptivo (aquí), y más recientemente invirtió en un fondo que garantizaba ganancias muy elevadas en caso de crisis geopolítica o pandémica gracias a la especulación con las divisas internacionales, el fondo “Geo-Risk” gestionado por el banco de inversión Merrill Lynch, el cual tuvo que cerrar debido a sus rendimientos disparados tras los primeros meses de la pandemia (aquí). Otro capital, proveniente de la colección «Peter’s Pence», se había utilizado para financiar varias otras iniciativas, incluso colaborando con [el empresario italiano] Lapo Elkann, cuyos esfuerzos incluyen Rocketman, la película autobiográfica de Elton John. Por no hablar de las especulaciones inmobiliarias y la compra del edificio londinense en el 60 de Sloane Avenue del que nos ha informado ampliamente la cobertura de noticias, una compra que sé, de una fuente confiable, fue decidida por el propio Bergoglio. Y luego está China: siempre en nombre de la «coherencia» y de la «iglesia de los pobres para los pobres» que tanto ama a Bergoglio, hay quienes creen que el Acuerdo secreto preparado por los jesuitas y el excardenal Theodore McCarrick pudo haber obtenido fondos sustanciales del régimen comunista en Beijing a cambio del silencio del Vaticano sobre la persecución de los católicos y la violación de los derechos humanos (aquí). Interferencia del estado profundo Ha habido múltiples ejemplos de interferencia del estado profundo en la vida de la Iglesia. No podemos olvidar los correos electrónicos de John Podesta y Hillary Clinton, que muestran la intención de expulsar a Benedicto XVI del papado y así iniciar una nueva “primavera de la Iglesia” que sería progresista y globalista, lo cual luego se produjo con la renuncia de Benedicto y la elección del argentino. Tampoco podemos pasar por alto la injerencia de entidades e instituciones que son cualquier cosa menos cercanas a la religión, como los B’nai B’rith, al dictar la dirección de la “renovación” de la Iglesia después del Vaticano II y sobre todo bajo este Pontificado. . Finalmente, deberíamos recordar, por un lado, las desdeñosas negativas a conceder audiencias a personalidades políticas e institucionales conservadoras, y por otro, los apasionados y sonrientes encuentros con líderes de izquierda y del progresismo, junto con expresiones de entusiasta satisfacción con motivo de su elección. Muchos de ellos deben su éxito a haber asistido a universidades dirigidas por la Compañía de Jesús o círculos del catolicismo que en Italia se llamarían dossettianos, donde la red de relaciones sociales y políticas constituye una especie de masonería progresista y asegura carreras deslumbrantes para algunos llamados «católicos adultos», aquellos que usan el nombre «cristiano» sin comportarse de manera consistente con la fe y la moral cristianas en su servicio de los asuntos públicos: Joe Biden y Nancy Pelosi; Romano Prodi, Mario Monti, Giuseppe Conte y Mario Draghi; por nombrar solo algunos. Como podemos ver, la cooperación entre el Estado Profundo y la Iglesia Profunda es de larga data y ahora ha producido los resultados esperados por sus partidarios, con un daño muy grave tanto para el Estado como para la religión.

El [Concilio] Vaticano II representó dentro del cuerpo eclesial lo que fue el Juramento de la Cancha de Tenis [de la Revolución Francesa] para la sociedad civil: el comienzo de la Revolución. Y si en muchas ocasiones he llamado la atención sobre el carácter subversivo del Concilio, hoy creo que merece atención un análisis histórico en el cual hechos aparentemente inconexos adquieren una trascendencia inquietante, explicando muchas cosas. Enlaces Peligrosos Como ha reportado Michael J. Matt en un video reciente en The Remnant (aquí), hoy estamos comenzando a juntar todas las piezas del mosaico, y descubrimos -por la misma admisión de uno de los protagonistas- que Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de Olinda y Recife en Brasil, tuvo un encuentro en esos años con el joven Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial y teórico del Gran Reset. Una vez que Schwab reconoció a Câmara por su oposición a la Iglesia tradicional y sus teorías revolucionarias y pauperistas, lo invitó al Foro de Davos, considerando su participación en este evento como de suma importancia en vista del proyecto del Nuevo Orden. Sabemos que Hélder Câmara estuvo entre los organizadores del “Pacto de las Catacumbas”, el cual fue firmado por unos cuarenta obispos ultraprogresistas el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio. Entre las tesis heréticas de ese documento, también está la colaboración en el establecimiento de “otro nuevo orden social” (aquí, n. 9) basado en la justicia y la igualdad. Y no nos sorprende enterarnos que entre los firmantes también estaba Monseñor Enrique Angelelli, obispo auxiliar de Córdoba en Argentina, “[un] punto de referencia para el entonces padre Jorge Mario Bergoglio” (aquí). El propio Bergoglio declaró desde el comienzo de su pontificado que estaba de acuerdo con las exigencias del Pacto de las Catacumbas. El 20 de octubre de 2019, durante el Sínodo sobre la Amazonía, se repitió la celebración del pacto entre los conspiradores en las Catacumbas de Santa Domitilla (aquí), confirmando que el plan iniciado en el Concilio había encontrado cumplimiento precisamente en Jorge Mario Bergoglio. Lejos de distanciarse de los ultraprogresistas que lo apoyan y que determinaron su elección en el último Cónclave, Bergoglio no pierde nunca la oportunidad de dar prueba de su perfecta coherencia con el plan del Nuevo Orden Mundial, comenzando por la colaboración de las comisiones vaticanas. y dicasterios con ambientalismo de matrix maltusiana y su participación en el Council for Inclusive Capitalism [Consejo para el capitalismo inclusivo], una alianza global con los Rothschild, la Fundación Rockefeller y los grandes bancos. Entonces, por un lado tenemos a David Rockefeller con la Comisión Trilateral, y por el otro tenemos a Klaus Schwab, quien está relacionado por matrimonio con los Rothschild, con el Foro Económico Mundial, y ambos están del brazo con la cabeza de la Iglesia Católica para establecer el Nuevo Orden por medio del Gran Reset, como se ha planeado desde la década de 1950. El plan mundial de despoblación Entre los asociados de ese pactum sceleris hay que contar también algunos miembros de la Pontificia Academia para la Vida, cuya estructura organizativa fue recientemente cambiada por el propio Bergoglio al destituir a los miembros más fieles al Magisterio, sustituyéndolos por partidarios de la despoblación, anticoncepción y el aborto. No debería sorprendernos el apoyo de la Santa Sede a las vacunas: en junio de 2011, el Sovereign Independent publicó este titular en la portada: «Despoblación a través de vacunación forzada: ¡La solución de cero carbono!» (aquí). Junto al titular, una fotografía de Bill Gates iba acompañada de una cita suya: “El mundo actual tiene 6,800 millones de personas. Esto va camino a unos 9 mil millones. Ahora, si hacemos realmente un gran trabajo con las nuevas vacunas, atención médica, servicios reproductivos [aborto y anticoncepción], lo reducimos quizás en un 10 o 15 por ciento”. Esto es lo que dijo Bill Gates hace once años.

que los gobiernos utilicen el estado de emergencia para legislar en derogación de la ley e imponer las llamadas vacunas en la población entera, haciendo que los ciudadanos sean rastreables en todos sus movimientos y sean enfermos crónicos o estériles. Todo lo que la élite quería hacer, lo ha hecho. Y lo incomprensible es que ante la evidencia de la premeditación de este terrible crimen de lesa humanidad, la cual ve a los dirigentes de casi todo el mundo como cómplices y traidores, no haya un solo magistrado que abra un expediente en su contra para esclarecer. la verdad y condenar a los culpables y cómplices. Quienes no están de acuerdo no solo son censurados sino señalados como enemigos públicos, como infectores, como no-personas a las que no se les reconocen derechos. Estado Profundo e Iglesia Profunda Ahora bien, al enfrentar un plan criminal sería al menos lógico denunciarlo y darlo a conocer, para luego poder desviarlo y juzgar a los culpables. La lista de traidores debe comenzar con los jefes de gobierno, con los miembros de gabinete y los funcionarios electos, para luego continuar con los virólogos y médicos corruptos, los funcionarios cómplices, los líderes de las fuerzas armadas incapaces de oponerse a la violación de la Constitución, los periodistas vendidos, los jueces cobardes y los sindicatos serviles. En esa larga lista que quizás algún día se confeccione, también deberían figurar los líderes de la Iglesia católica, empezando por Bergoglio y no pocos de los obispos, quienes se han convertido en celosos ejecutores de la voluntad del príncipe [lucifer] contra el mandato recibido de Cristo. Y ciertamente, en esa lista, uno conocería el alcance de la conspiración y el número de conspiradores, confirmando la crisis de autoridad y la perversión del poder civil y religioso. En resumen, se entendería que la parte corrupta de la autoridad civil – el estado profundo – y la parte corrupta de la autoridad eclesiástica – la iglesia profunda – son dos caras de la misma moneda, ambas fundamentales para el establecimiento del Nuevo Orden Mundial. . Sin embargo, para entender esa alianza entre el poder civil y religioso, es necesario reconocer la dimensión espiritual y escatológica del presente conflicto, enmarcándolo en el contexto de la guerra que Lucifer, desde su caída, ha librado contra Dios. Esa guerra, cuyos desenlaces se han decidido ab æterno con la inexorable derrota de Satanás y el Anticristo y la abrumadora victoria de la Mujer rodeada de estrellas, se acerca ahora a su conclusión. Es por eso que las fuerzas de las tinieblas son tan salvajes en la actualidad, tan impacientes por cancelar el nombre de Nuestro Señor de la tierra, no solo para destruir su presencia tangible en nuestras ciudades derribando iglesias, demoliendo cruces y suprimiendo las fiestas cristianas; pero también eliminando la memoria, cancelando la civilización cristiana, adulterando su enseñanza y degradando su culto. Y para ello, la presencia de una Jerarquía fiel y valiente, dispuesta a sufrir el martirio para defender la fe cristiana y la doctrina moral, es ciertamente un obstáculo. por eso, desde la fase inicial del plan globalista, [les] fue esencial corromper a la Jerarquía en moral y doctrina, infiltrarla con quintas columnas y células durmientes, privarla de cualquier anhelo sobrenatural y hacerla vulnerable a chantaje gracias a escándalos financieros y sexuales; todo con el propósito de excluirla y eliminarla una vez logrado su propósito, de acuerdo con la práctica establecida. Esa operación de infiltración comenzó a fines de la década de 1950, cuando el proyecto del Nuevo Orden Mundial estaba tomando forma. Empezó su propia obra de subversión unos años más tarde, con el Segundo Concilio Ecuménico Vaticano, ante el cual la elección de Roncalli y la expulsión del cardenal Siri, el “delfín” de Pacelli o probable sucesor como Papa, supuso un motivo de entusiasmo tanto para el elemento progresista y modernista dentro de la Iglesia, así como para el elemento comunista, liberal y masónico del mundo civil.