Es verano de 2024, faltan dos días para emprender en familia a un largo viaje muy deseado y planeado con un año de antelación, a California. Ya tenemos todo pagado: vuelos, hoteles, Airbnb, renta de camioneta, entradas a Disney, Universal, Legoland, Sequoias, Yosemite, tours pagados en San Francisco, que es carísimo. Todo ya está pagado, con las tarifas más baratas que no cubren reembolso por cancelación. La salida es el sábado muy temprano, y resulta que el menor de mis hijos, de 5 años, empieza a sentirse muy mal el jueves en la tarde. De inmediato lo llevamos a consultar con el pediatra, quien dice que es influenza o covid. Receta lo que todos los doctores con mil títulos colgados en la pared, pero que no curan una chingada, recetan: cruzarse de brazos y encerrarse dos semanas.
¡¡¡¿Y el viaje?!!! No queremos perder ese viaje, y corren por la mente los miedos que todo padre tiene: si viajamos y se pone grave, ¿qué hago? Allá los hospitales son impagables. ¿Corremos pa Tijuana? ¿Y si nos contagia a todos? ¿Es irresponsable de mi parte, como jefe de familia, proseguir con el viaje? ¡Claro, debo cancelarlo, es lo que todo jefe de familia responsable haría! Pero ese viaje me costó un dineral y llevamos un año esperándolo. ¡¡¡¿Qué hago?!!!
El viernes a medio día al ver que sólo empeora, decido actuar. Preparo un protocolo F40 extrapolado a su peso. Discúlpenme los gradualistas, pero yo no me nado con fregaderas. Siendo tan noble el CDS y estando a años luz de las dosis potencialmente peligrosas a las que es imposible llegar porque antes lo vomitas, más vale echarle toda la carne al asador desde el principio. Más aún cuando tienes un viaje importante ya pagado, y el avión sale en menos de 24 horas. Sí, un F40, pero extrapolado a su peso. Es decir, si yo peso 85 kgs y él pesa 20, ¿cuántos mililitros equivaldrían en él a 40ml en mí? 40/85*20 = 9.4. Redondeé a 10ml. Más vale que sobre y no que falte. Ni que fueran quimios carajo, ¡es CDS, por Dios!
Siendo el protocolo F de ocho tomas, puse en un vasito 8 jeringazos de 20ml de agua, es decir, en total eran 160 ml. Y a eso le agregué 10ml de CDS puro (hecho por el método del ácido cítrico, que es mucho más potente que el hecho por el método del ácido clorhídrico). Más unos hielos para mantenerlo frío. Lo desperté cada 15 minutos para darle un jeringazo de 20ml del CDS ya preparado, con reloj en mano y disciplina militar. En total, en vez de ocho tomas, fueron 9, la última doble, por los hielos y el mismo CDS añadido a los 160ml de agua originales. Lo dejé dormir. Despertó a las dos horas de terminado el protocolo, totalmente resucitado. De inmediato se puso a correr y a jugar con sus hermanos, emocionadísimo por el viaje. Cuatro horas a partir de la primera toma, dos horas a partir de la última. Aquí no pasó nada, literal. La idea era seguir con el CDS el sábado, durante el viaje, pero la verdad es que, con tres niños, maletas, conexiones, y una llamada de trabajo que recibí en el aeropuerto de Guadalajara, ya no le dimos nada. Y no fue necesario. Con su protocolo F40 extrapolado a su peso, fue suficiente. Fue un viaje perfecto.
Desde entonces nosotros siempre siempre siempre de los siempres, viajamos con CDS. Lo llevo en dos botellas de vidrio ámbar de medio litro cada una, envueltas en calcetines a tres capas. O sea, meto cada botella en un calcetín de los gruesos, luego otro, luego otro. Y meto las dos botellas ya encalcetinadas adentro de una bolsa Ziploc. Los calcetines evitan que se golpeen entre ellas o con alguna otra cosa sólida que vaya en la maleta. Y la bolsa Ziploc es el plan B en caso de un derrame, que jamás ha sucedido. También llevamos CDS en botellitas con atomizador en el equipaje de mano. Con ese atomizador bañaba cada 30 minutos mi cubrebocas en un viaje a Madrid justo en el pico de la plandemia, como blindaje infalible a la infección por covid o por cualquier otro virus.
SAMUEL VALDÉS MONTEMAYOR
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