Lección de Escuela Sabática
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A diario podrás leer, escuchar y recordar las preciosas lecciones que Dios tiene para tu vida y ha dejado en su Palabra.
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Cualquiera que sea su pecado, si nos arrepentimos y creemos en la sangre expiatoria de Cristo, seremos perdonados… Solo tenemos un medio para acercarnos a Dios. Nuestras oraciones pueden llegar a él solo a través de un nombre: el del Señor Jesús, nuestro Abogado.
Se representa a Cristo inclinándose desde su trono y acercándose a la tierra para enviar ayuda a cada alma necesitada que se lo pide con fe (That I May Know Him, p. 260; parcialmente en A fin de conocerle, 11 de septiembre, p. 259).
La instrucción de Cristo en cuanto al trato con los que yerran repite en forma más específica la enseñanza dada a Israel por Moisés: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado”. Levítico 19:17. Es decir, que si uno descuida el deber que Cristo ordenó en cuanto a restaurar a quienes están en error y pecado, se hace partícipe del pecado. Somos tan responsables de los males que podríamos haber detenido como si los hubiésemos cometido nosotros mismos.
Pero debemos presentar el mal al que lo hace. No debemos hacer de ello un asunto de comentario y crítica entre nosotros mismos; ni siquiera después que haya sido expuesto a la iglesia nos es permitido repetirlo a otros. El conocimiento de las faltas de los cristianos será tan solo una piedra de tropiezo para el mundo incrédulo; y espaciándonos en estas cosas no podemos sino recibir daño nosotros mismos; porque contemplando es como somos transformados. Mientras tratamos de corregir los errores de un hermano, el Espíritu de Cristo nos inducirá a escudarle en lo posible de la crítica aun de sus propios hermanos, y tanto más de la censura del mundo incrédulo. Nosotros mismos erramos y necesitamos la compasión y el perdón de Cristo, y él nos invita a tratarnos mutuamente como deseamos que él nos trate (El Deseado de todas las gentes, p. 409).
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📖 Lección 4: "El pecado en la iglesia"
Lunes 20 de julio
■ Lidiando con escándalos
Tratar temas relacionados con la sexualidad siempre es difícil. Lo fue para Pablo y lo es para nosotros. En estas situaciones, debemos ser fieles a las Escrituras y abordar el tema con oración y amor. Nunca debemos olvidar que nuestro objetivo es la restauración.
Lee nuevamente 1 Corintios 5: 1-13. ¿Cómo les dice Pablo que deben abordar esta situación?
Pablo deja claro, en 1 Corintios 5, que los escándalos sexuales requieren disciplina eclesiástica. Dice que el hombre incestuoso debía ser expulsado (1 Cor. 5: 2), juzgado (1 Cor. 5: 3), entregado a Satanás (1 Cor. 5: 5) y «quitado» de entre ellos (1 Cor. 5: 13). A los miembros de la iglesia se les dijo que no se asociaran con él (1 Cor. 5: 9, 11) y que ni siquiera comieran con tal persona (1 Cor. 5: 11). Pablo emplea un lenguaje fuerte que puede sonar ofensivo para los oídos modernos, pero sus palabras deben entenderse en su contexto histórico. Además, hay que recordar que respondían a un estilo de vida abiertamente pecaminoso. Por lo general, en situaciones extremas, es necesario utilizar un lenguaje severo. En cualquier caso, resulta útil ofrecer una breve explicación de algunas expresiones.
«Quitado de entre ustedes» (1 Cor. 5: 2; ver también 1 Cor. 5: 13). Esto se refiere a la disciplina eclesiástica.
«Entreguen al tal a Satanás» (1 Cor. 5: 5). Debido a que este hombre no eligió estar bajo la protección de Dios viviendo en obediencia a él, se había hecho vulnerable a Satanás. Por lo tanto, esta expresión puede significar simplemente algo así como «permitan que coseche el fruto de sus decisiones».
«No se asocien» (1 Cor. 5: 9, 11), «ni aun coman» (1 Cor. 5: 11). La estrecha relación con personas sexualmente inmorales se consideraba peligrosa porque los tales podían influir en otros para que imitaran su conducta. En la antigüedad, compartir una comida podía significar también compartir valores. Todos somos susceptibles a las influencias que nos rodean y debemos protegernos tanto como sea posible, especialmente cuando se trata de algo así.
«A fin de que el espíritu sea salvo» (1 Cor. 5: 5). La disciplina eclesiástica tiene un carácter rehabilitador. Su objetivo es hacer que los pecadores recobren el sentido común y abandonen su estilo de vida pecaminoso. Es posible que esto sea lo que Pablo quiso decir con «destrucción de la carne» (1 Cor. 5: 5). También es posible que el hombre incestuoso de 1 Corintios 5 sea el hombre arrepentido al que se hace referencia más adelante (ver 2 Cor. 2: 5-10). La disciplina eclesiástica alcanza su propósito cuando el feligrés que ha errado se reintegra a la comunidad eclesiástica.
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Comentarios Elena G.W
Dios nos invita a acudir a él con nuestra carga de culpa y las aflicciones de nuestro corazón. El pecado nos llena de temor a Dios; cuando hemos pecado, procuramos ocultarnos de él. Pero no importa cuál haya sido nuestro pecado, Dios nos invita a acudir a él mediante Cristo. Podemos liberarnos de nuestros pecados únicamente llevándolos a Dios. Caín, reprochado por Dios, reconoció que era culpable de la muerte de Abel; pero huyó de Dios como si así hubiera podido escapar de su pecado. Si hubiera acudido a Dios con su carga de culpa, habría sido perdonado. El hijo pródigo, comprendiendo su culpabilidad y desgracia, dijo: “Me levantaré e iré a mi padre”. Lucas 15:18. Confesó su pecado y volvió junto al corazón de su padre.
Si queremos ofrecer oraciones aceptables, tenemos que realizar una obra de confesión mutua de nuestros pecados. Si he faltado contra mi vecino de palabra o acción, debo confesárselo. Si él me ha agraviado, debería confesármelo. Hasta donde sea posible, el que ha agraviado a otro debe hacer restitución. Luego, arrepentido, debe confesar su pecado a Dios, cuya ley ha transgredido. Al pecar contra nuestro hermano, pecamos contra Dios, y debemos buscar su perdón.
Al elegir pecar, niegan a Cristo; la iglesia debe mostrar que no sanciona sus acciones, o ella misma deshonra a su Señor. Debe decir acerca del pecado lo que Dios dice de él. Debe tratar con él como Dios lo indica, y su acción queda ratificada en el cielo. El que desprecia la autoridad de la iglesia desprecia la autoridad de Cristo mismo.
Pero el cuadro tiene un aspecto más halagüeño. “A los que remitiereis los pecados, les son remitidos”. Dad el mayor relieve a este pensamiento. Al trabajar por los que yerran, dirigid todo ojo a Cristo…
Sea el arrepentimiento del pecador aceptado por la iglesia con corazón agradecido. Condúzcase al arrepentido de las tinieblas de la incredulidad a la luz de la fe y de la justicia. Colóquese su mano temblorosa en la mano amante de Jesús. Una remisión tal es ratificada en el cielo (El Deseado de todas las gentes, pp. 745, 746).
La historia de Acán nos enseña la solemne lección de que por el pecado de un hombre el desagrado de Dios puede descansar sobre un pueblo o una nación, hasta que se descubre y castiga la transgresión. El pecado es corruptor por naturaleza. Un hombre infectado por esta lepra mortal puede comunicar la mancha a miles… Muchos no se atreven a condenar la iniquidad, no sea que debido a ello sacrifiquen su puesto o su popularidad. Y algunos consideran que no es caritativo reprender el pecado. El siervo de Dios… está bajo la solemne obligación de presentar la Palabra del Señor, sin temor o favoritismo. Debe dar al pecado el nombre que le corresponde…
El amor a Dios nunca debe inducirnos a empequeñecer el pecado; nunca debe encubrir ni excusar un mal inconfesado. Acán aprendió demasiado tarde que la ley de Dios, lo mismo que su Autor, es inmutable. Tiene que ver con todos nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Nos sigue, y alcanza cada impulso secreto. Al abandonarse al pecado, los hombres llegan a considerar livianamente la ley de Dios. Muchos ocultan las transgresiones de sus semejantes, y se consuelan diciéndose que Dios no será estricto para señalar la iniquidad. Pero su ley es la gran norma de la rectitud, y con ella será comparado todo acto de la vida en ese día cuando Dios traerá toda obra a juicio, y todo acto secreto, sea bueno o malo. La pureza de corazón, producirá pureza de vida. Todas las excusas en favor del pecado son vanas. ¿Quién podrá defender al pecador si Dios da testimonio contra él? (Hijos e hijas de Dios, 26 de julio, p. 216).
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📖 Lección 4: "El pecado en la iglesia"
Domingo 19 de junio
■ Disonancia entre la fe y la práctica
A lo largo de la historia cristiana, teólogos, pastores y laicos han estudiado el Nuevo Testamento para determinar cómo debería ser la iglesia. Nos maravillamos, por ejemplo, ante la iglesia de los Hechos. Pero rápidamente perdemos de vista un elemento significativo: las personas tienen problemas. El Nuevo Testamento también revela lo que la Biblia dice acerca de cómo no debería ser una iglesia. Las Cartas de Pablo a los corintios son un buen punto de partida.
Lee 1 Corintios 5: 1-13. ¿Qué situación escandalosa describe Pablo en este pasaje y por qué es tan inquietante?
La expresión «la esposa de su padre» (1 Cor. 5: 1) sugiere que Pablo se refiere a la relación incestuosa entre un hombre y su madrastra. Probablemente esta situación fue denunciada «por los de Cloé» (1 Cor. 1: 11). El incesto tenía fama de ser un pecado tan terrible que «no se da ni entre los gentiles» (1 Cor. 5: 1). ¡Y ahora estaba ocurriendo en una iglesia cristiana de la era apostólica! Las palabras de Pablo en 1 Corintios 5: 1-2 muestran que estaba conmocionado por la noticia de que un miembro de la iglesia estaba cometiendo semejante pecado.
Sin embargo, esta mala situación empeora, ya que Pablo se sorprende aún más al darse cuenta de que, en lugar de sentir pena por la situación, los corintios estaban incluso orgullosos de sí mismos por tolerar tal pecado (1 Cor. 5: 1-2). Por lo tanto, tiene la intención de corregir no solo al hombre inmoral, sino también a la iglesia por su aparente disonancia entre la fe y la práctica. De hecho, Pablo deja claro constantemente que la actitud indulgente de la iglesia hacia el hombre incestuoso exigía una corrección. Pero ¿estar orgullosos de tal escándalo sexual, e incluso presumir de ello (1 Cor. 5: 2, 6)? Esto era demasiado para Pablo.
No tenemos una explicación de por qué la iglesia de Corinto era tan tolerante con aquel miembro incestuoso. ¿Quizás era un miembro rico del que se beneficiaba la iglesia? O tal vez, como «todo es permitido» (1 Cor. 6: 12), no evaluaban su conducta como debían. Simplemente, no lo sabemos.
Cualesquiera que fueran las verdaderas razones, se volvieron ciegos ante una violación flagrante de las Escrituras (Lev. 18: 7-8) y, además, parecen haber estado orgullosos de ello.
¿Qué conductas claramente condenadas en las Escrituras corremos el peligro de tolerar como iglesia en nombre del «amor» y la «aceptación»?
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Comentarios Elena G.W
El Espíritu Santo es el aliento de la vida espiritual. El impartimiento del Espíritu es el impartimiento de la vida de Cristo. Comunica al que lo recibe los atributos de Cristo. Únicamente aquellos que han sido así enseñados de Dios, los que experimentan la operación interna del Espíritu y en cuya vida se manifiesta la vida de Cristo, han de destacarse como hombres representativos, que ministren en favor de la iglesia.
“A los que remitiereis los pecados —dijo Cristo—, les son remitidos: a quienes los retuviereis, serán retenidos”. Cristo no da aquí a nadie libertad para juzgar a los demás. En el sermón del monte, lo prohibió. Es prerrogativa de Dios. Pero coloca sobre la iglesia organizada una responsabilidad por sus miembros individuales. La iglesia tiene el deber de amonestar, instruir y si es posible restaurar a aquellos que caigan en el pecado. “Redarguye, reprende, exhorta —dice el Señor—, con toda paciencia y doctrina”. 2 Timoteo 4:2. Obrad fielmente con los que hacen mal. Amonestad a toda alma que está en peligro. No dejéis que nadie se engañe. Llamad al pecado por su nombre. Declarad lo que Dios ha dicho respecto de la mentira, la violación del sábado, el robo, la idolatría y todo otro mal: “Los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Gálatas 5:21. Si persisten en el pecado, el juicio que habéis declarado por la Palabra de Dios es pronunciado sobre ellos en el cielo.
El Señor nos invita a realizar una reforma en nuestras vidas… Cuando la iglesia despierte se harán cambios decididos. Los hombres y las mujeres se convertirán y estarán de tal manera llenos del Espíritu de Dios que irán de país en país, de ciudad en ciudad, proclamando el mensaje de verdad. Con los corazones rebosando de ferviente amor por las almas abrirán sus Biblias y presentarán la Palabra, el “escrito está” (Alza tus ojos, 2 de enero, p. 14).
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📖 Lección 4: "El pecado en la iglesia"
Sábado 18 de julio
■ Lee para el estudio de esta semana
1 Corintios 5: 1-13; 2 Corintios 2: 5-10; 1 Corintios 6: 1-13; 1 Tesalonicenses 4: 1-8; 1 Corintios 6: 19-7: 9.
*Para memorizar*
_*«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son sus propios dueños? Porque han sido comprados por precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios» (1 Cor. 6: 19-20).*_
Nuestro cerebro es como una esponja: todo lo que le llega a través de nuestros sentidos permanece en él. Puede que no seamos conscientes de la mayor parte de lo que ingresa en nuestra mente (sería imposible pensar con claridad si recordáramos todo), pero todo está allí e influye en cierta medida en lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Por eso somos tan vulnerables a la influencia de todo lo malo que nos rodea. La iglesia cristiana ha luchado desde sus inicios con este problema. Por ejemplo, ¿de dónde procede la observancia del domingo? ¿Se originó en la iglesia? No, sino que provino de la cultura circundante.
Podemos ver cómo se manifestó este principio en Corinto. Después de una apelación contra las divisiones internas (1 Cor. 1-4), Pablo pasa ahora a cuestiones relacionadas con la inmoralidad sexual, los pleitos, la prostitución, el matrimonio y la soltería (1 Cor. 5-7). Las normas del mundo les afectaban enormemente. El sectarismo descrito en 1 Corintios 1-4 abrió la puerta al comportamiento inmoral denunciado en los capítulos siguientes. ¿Cómo trata Pablo este pecado en la iglesia y qué lecciones podemos extraer de lo que escribió?
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Comentarios Elena G.W
Pablo sintió que los requisitos del Señor deben ser obedecidos y sus juicios evitados. Como él, debemos esforzamos al máximo para tener la corona de la vida, que dará eterno honor a cada vencedor. No debemos contentamos con vivir vidas inútiles.
¿Qué es la humildad? Es ese sentimiento de pecaminosidad e indignidad que nos conduce al arrepentimiento. Necesitamos estar convencidos de la malignidad de una enfermedad antes de sentir la necesidad de ser curados. Aquellos que no captan la pecaminosidad del pecado no están en condiciones de apreciar el valor de la expiación y la necesidad de ser limpiados de todo pecado. El pecador se mide a sí mismo por sí mismo y por aquellos que, como él, son pecadores. No contempla la pureza y la santidad de Cristo. Pero, cuando la ley de Dios impone convicción a su corazón, dice con Pablo: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”. Romanos 7:9…
Dios creó al hombre para su gloria. No soportará, no puede soportar la presencia del pecado en su dominio. Si en la iglesia hay individuos que están pecando voluntariamente contra Dios, hay que echar mano de todo medio posible para llevarlos al arrepentimiento. Si no se hace esto se deshonra el nombre de Dios. Él es demasiado puro para aprobar la iniquidad…
El pecado de Adán podría ser considerado por las iglesias de hoy como un simple error, que debería ser perdonado inmediatamente y no pensarse más en él. Pero la norma de Dios es elevada y su Palabra inmutable, y por eso todas las prácticas egoístas y codiciosas son una abominación ante su vista. Los corazones de los creyentes necesitan ser purificados, santificados, refinados, ennoblecidos…
Miren hacia arriba, mis hermanos. ¿Ha perdido el evangelio su poder para impresionar los corazones? ¿Es debido a que la influencia regeneradora del Espíritu de Cristo ha muerto, que los corazones no son purificados, santificados y preparados por el Espíritu Santo? No, la espada del Espíritu, la Palabra del Dios viviente, está todavía con nosotros; pero debe ser esgrimida con ahínco. Usémosla como lo hicieron antaño los santos de Dios. Mediante su poder viviente y vivificante se abrirá camino a los corazones…
✒ Lecciones de vida
#3 Unidad en Cristo
https://youtu.be/bLtBQYV-y3c?si=d3eiShxY4tUJoVkY
Pr. Robert Costa - Escrito Está
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📖 Lección 3: "Unidad en Cristo"
Viernes 17 de julio
■ Para Estudiar y Meditar
Lee el capítulo «La preparación de los doce», en Los hechos de los apóstoles (pp. 15-20), de Elena G. de White.
«La unidad del pueblo remanente que cree en Dios produce una poderosa convicción en el mundo de que tiene la verdad y de que es un pueblo diferente, elegido por Dios. Esta unidad desconcierta al enemigo, por lo que está decidido a eliminar su existencia. La verdad presente, creída en el corazón y puesta en práctica en la vida, proporciona unidad al pueblo de Dios y le da una poderosa influencia» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 294).
«Dios está conduciendo a un pueblo para que se coloque en perfecta unidad sobre la plataforma de la verdad eterna. Cristo se dio a sí mismo al mundo para que pudiese “limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2: 14). Este proceso de refinamiento está destinado a purificar a la iglesia de toda injusticia y del espíritu de discordia y contención, para que sus miembros edifiquen en vez de derribar y concentren sus energías en la gran obra que está delante de ellos. Dios quiere que sus hijos lleguen todos a la unidad de la fe. La oración de Cristo, precisamente antes de su crucifixión, pedía que sus discípulos fuesen uno, como él era uno con el Padre, para que el mundo creyese que el Padre lo había enviado. En esta, la más conmovedora y admirable oración, extendida a través de los siglos hasta nuestros días, sus palabras son: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17: 20)» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 21).
Preguntas para dialogar:
Hacia el final de su ministerio terrenal, Jesús oró por la unidad: «Para que todos sean uno [...] para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17: 21-23). ¿Por qué la unidad en Cristo es un argumento poderoso en favor de la verdad de que Dios envió a su Hijo para salvar al mundo? En relación con esto, ¿por qué la falta de unidad es un obstáculo para la misión de la iglesia?
Lee 1 Corintios 4: 9-13 y presta mucha atención a cómo son descritos los apóstoles en este pasaje. ¿Cómo contrasta esta descripción de los apóstoles con las características del liderazgo valoradas en nuestro mundo? ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de cuánto pueden diferir los estándares de Dios y los de este mundo?
En 1 Corintios 4: 16, Pablo exhorta a los corintios a imitarlo. ¿Estarías dispuesto a imitar a los líderes humanos? ¿Qué diferencia existe entre imitar a un líder y exaltarlo indebidamente, incluso peligrosamente?
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Comentarios Elena G.W
Maranata: el Señor viene, “La mayor obra del mundo”, 1o de abril, p. 102.
La maravillosa gracia de Dios, “Revelada por el amor”, 17 de agosto, p. 237.
