EL ESCUDO CATÓLICO
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Contenido católico de calidad. «Me he cansado ya de ser moderno, ahora quiero ser eterno»
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LA FELICIDAD
"[...] El instinto de conservación, propio de todo animal, es fuerte, predominante, a veces brutal, salvaje incluso: por conservar la propia vida, el hombre -mucho más el animal- puede llegar a matar. Pues bien, el instinto de eternidad -reverso racional de aquel instinto animal- no es menos fuerte, ni menos profundo... Desde lo más hondo de sus entrañas todo hombre grita angustiosamente, al igual que Unamuno: «¡No quiero morir, no quiero quererlo! ¡Quiero vivir siempre, siempre y para siempre! ¡Este es mi deseo: eternidad! Este, sí, es el deseo más fuerte y profundo, este es el instinto que domina mi vida». En realidad, el instinto de eternidad es más profundo que el instinto de conservación, ya que éste está referido a algo negativo y transitorio -no morir-, mientras que aquel apunta a algo positivo y permanente: vivir, y vivir para siempre.
Cuando algunos de los filósofos contemporáneos de «techos bajos», de «vuelo rastrero» -a quienes con tanto acierto se refiere Juan Pablo II en la Encíclica Fides et Ratio- consumen su energía racional en solucionar problemas de superficie, para volver más pragmática la vida, más amena, sin referirse nunca al problema fundamental del hombre -el sentido de su existencia- lo que en realidad hacen es silenciar algo que le es fundamental a la dignidad humana: el instinto de eternidad. (…) Y todo eso se hace, dicen, para volver más light la vida, para huir de su sentimiento trágico, de una visión agorera y negativa. Pero cuando ese problema aparece frente a sus ojos asustados, se encuentran indefensos, desesperados, dándole la razón a aquel otro filósofo ruso, Oreshenkov, recordado en el Pabellón de cancerosos: «el hombre moderno se ve del todo inerme ante la muerte, enteramente desarmado para enfrentarse a ella».
Hay, sin duda, una relación de proporcionalidad directa entre los estados de zozobra y angustia, por un lado, y los estados de indiferencia y frialdad religiosa, por otro; igual que existe también una proporcionalidad directa entre la falta de sentido a la hora de vivir y el apego al alcohol, a las drogas, a los desórdenes sexuales... que no son más que fugas, evasiones. El hombre, que siente fallido ese instinto de felicidad eterna, busca un refugio en esos momentos de euforia hormonal o glandular para consolar a esa pobre criatura -su pobre alma- que allí dentro de nosotros grita llena de miedo o vela desconsolada en la angustia y en el sufrimiento. [...] La pasión del hombre por la eternidad es demasiado fuerte para engañarla con sustitutivos. No existe la posibilidad de huir a través de puertas pintadas como trampantojos en el muro. No es factible una evasión definitiva, total. El hombre ya ha inventado muchas drogas: las que acertadamente reciben ese nombre -como la heroína o la cocaína- que nos hacen «viajar» por un mundo de fantasía, y otras que no llevan ese nombre, como el «narcótico» de la ignorancia buscada a propósito (la del avestruz), o la diversión alienante de ser un Don Juan, o el trabajo febril que nos impide pensar, o tantos otros subterfugios falsos que nos separan de la realidad de la vida y de Dios y que, en palabras de Pascal: «nos llevan imperceptiblemente a la muerte». (...)"
"Medicina de la personalidad" - Padre Melchor Escrivá Pellicer S. J.
#FELICIDAD
1 987
PADRE LEONARDO CASTELLANI
[...] Una escena de una universidad argentina. Histórico. El profesor acaba de explicar las "teorías" acerca de la existencia o no existencia de un derecho natural. Santo Tomás dice esto, Grotius dice estrotro, Kant dice aquello, Hegel dice pares y Carlos Schmitt nones...
Un muchacho se levanta y dice:
- Permiso, doctor: y nosotros ¿qué decimos?
Respuesta:
- La que usted prefiera de esas seis opiniones.
- ¿Cualquiera?
- Sí, señor: Siéntese.
Instancia del muchacho: - Según eso, hay seis opiniones que son contrarias entre sí, y cualquiera de ellas es la verdad...
Réplica enfadada del profesor: - Señor, yo no estoy aquí para imponer dogmáticamente mis preferencias. Esto no es un colegio nacional (?). Yo le expongo a usted las opiniones de los filósofos. Yo no debo forzarlo a usted a elegir.
El muchacho se sienta por no pelear, pero musitando: - Creo que en el fondo usted es incapaz de elegir.
Y así es. No pueden elegir, por la sencilla razón de que no pueden reducir las tesis a los primeros principios, supuesto que carecen de principios. Saben el final de la ciencia y no saben el principio, al revés de los muchachos que se estudian el principio de cada una de las seis primeras bolillas. Rehuyen la discusión -y a veces le tienen verdadero pavor- porque para discutir hay que encontrarse con el adversario, o sea reducirse a un denominador común (el principio), percibir la idea, el argumento y el problema detrás del fárrago de las diversas terminologías que lo revisten; en una palabra, filosofar. No enseñan a filosofar, enseñan filosofía, o mejor dicho, filosofías. En una época que adolece de un exceso de "educación común" ¡en qué estado monstruoso, cautivo y en todo caso indigno, se halla la más certera de todas las ciencias, esa divinidad casta y desnuda, la filosofía! [...]
"Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI" - Juan Manuel de Prada/Padre Leonardo Castellani
#CHESTERTONCASTELLANIYJMPRADA
1 987
ARTÍCULOS VARIOS
“Immanuel Kant es probablemente el autor que más ha influido en la cultura de [la] Edad Moderna (…) y que ha llevado a una radicalización de la concepción de la razón humana. [Dice Kant:] «La razón pura [...] debe poder determinar la voluntad [...] sin presuponer sentimiento alguno». Para Kant existe un (…) abismo insalvable entre la razón y el sentimiento. El sentimiento —es decir, las pasiones, en el lenguaje tradicional— siempre se opone a la razón. Por tanto, no debe tenerse en cuenta en las decisiones (la voluntad). Al contrario, hay que seguir la razón pura, es decir, una inteligencia no contaminada por los afectos. Dado que el hombre posee sentimientos que lo llevan a elegir irracionalmente, se necesitan reglas férreas y rigurosas para impedir que la persona siga las emociones en lugar de la cabeza.
Esta perspectiva moral ha tenido un peso decisivo en la forma de concebir la educación. En una sociedad profundamente impregnada por la tradición cristiana, muchas madres transmitieron a sus hijos una religión que se confundía con la observancia rigurosa de un conjunto de reglas positivas (mandatos) y, sobre todo, negativas (prohibiciones). Además, toda la sociedad vigilaba su cumplimiento, al que todos estaban estrictamente obligados bajo pena de marginación.
Para la modernidad —y el kantismo en particular— la virtud se convierte así en idolatría del deber, en deberismo o voluntarismo, que se opone al placer y pretende combatirlo, al considerarlo siempre negativo por tratarse de un deseo emocional. Virtuoso es quien hace el bien sin placer, es decir, por puro sentido del deber. La danza —metáfora de la virtud en la concepción tradicional— se transforma entonces en una marcha militar, donde se obedece ciegamente y sin libertad a órdenes impuestas desde fuera. No hay originalidad, no hay gracia; los gestos son rígidos y antinaturales. Virtuoso es quien obedece las reglas sin creatividad, sin pasión. Sin embargo, si se alimenta la percepción de estar en una cárcel, las personas desarrollarán una tendencia a escapar. Y eso es precisamente lo que ocurre en el siglo XX, cuando la modernidad es reemplazada por lo que todos llamamos ya posmodernidad.
El padre de la posmodernidad es sin duda Friedrich Nietzsche, quien consideraba la virtud solo una forma violenta de coerción. Para huir de la cárcel —que Nietzsche identificaba con el cristianismo, aunque un cristianismo kantianizado o moralizado— había que invocar a Dioniso, el dios griego del placer sensual, que Nietzsche contrapone al dios Apolo, rey de la razón mesurada. Siguiendo la enseñanza disolutiva de Dioniso, el hombre se convertirá en un superhombre (Übermensch), es decir, una criatura que, por la propia satisfacción del placer, irá «más allá del bien y del mal».
Una de las muchas repercusiones de esta concepción —que sin duda domina nuestra cultura al menos en los últimos veinte años— es el emotivismo ético: son las emociones las que nos indican lo que está bien o mal. Hemos pasado de la razón pura a la emoción pura. Ahora es la inteligencia la enemiga: el bien y la verdad son indicados por los sentimientos (que, por tanto, los confundirán con el placer, la comodidad, la utilidad, etc.). Pero como las pasiones cambian frecuentemente de signo e intensidad, los juicios morales también serán provisionales, mutables y subjetivos. Hemos llegado así al relativismo que todo lo justifica y todo impone: «lo importante es que te haga sentir bien». Del baile y el desfile militar pasamos, entonces, al caos: un movimiento sin reglas, discontinuo, informe (…) No hay orden ni gracia; se producen choques, se causan daños, todo es confuso, todo es distinto y a la vez igual. Virtuoso es quien hace lo que le place, generalmente desafiando alguna norma que se percibe como un límite a la propia expresión. Esta es la concepción en la que estamos inmersos (…)”
“Sobre hombros de gigantes – Psicoterapia desde la perspectiva de Santo Tomás de Aquino" - Stefano Parenti
#ARTÍCULOSVARIOS
1 987
📚 LIBRO RECOMENDADO: Los orígenes históricos del cristianismo del Padre José Miguel García, una investigación rigurosa sobre el nacimiento de la fe cristiana y la figura de Jesús de Nazaret.
¿Qué encontrarás en esta lectura?
🔍 Investigación histórica: Análisis serio sobre la figura de Jesús, contrastando fuentes cristianas, judías y paganas del siglo I.
📖 Fiabilidad de las Fuentes: Evaluación crítica de los Evangelios, superando el escepticismo académico para recuperar su valor histórico real.
💡 Contra el mito: Argumentación sólida frente a quienes pretenden reducir la figura de Jesús a una invención o un mito posterior.
🤝 Identidad Unitaria: Clarificación sobre la unidad de la fe desde sus orígenes, frente a tesis de una supuesta pluralidad sincretista.
📖 Ideal para quienes buscan una base histórica sólida y razonada sobre la identidad y el origen del cristianismo primitivo.
#LIBROS
1 987
CASTIDAD Y MATRIMONIO
“La diferencia entre el amor a los seres humanos y el amor a Dios es que en el amor humano el éxtasis se produce al principio, en tanto que en el amor a Dios se produce al final, después que se ha pasado por muchos sufrimientos y angustias del alma. La carne empieza por la fiesta; luego viene el ayuno y, a veces, el dolor de cabeza. El espíritu comienza por el ayuno, y luego viene la fiesta. Los placeres extáticos del matrimonio tienen la naturaleza de un «señuelo» que tienta a los amantes a cumplir su misión, y sirve también como un crédito Divino extendido a aquellos que tendrán después la carga de educar una familia.
No hay éxtasis grande, de la carne o del espíritu, aunque permanente, que no sea a costa de algo. Todo éxtasis tiene su precio marcado. La gloria de un Domingo de Resurrección costó un Viernes Santo. El privilegio de la Inmaculada Concepción fue un éxtasis concedido por anticipado, porque María debió pagar por ello al pie de la Cruz. Nuestro Señor concedió un «crédito»; pero ella, después, pagó la deuda.
Las jóvenes parejas que equiparan el matrimonio con la emoción, a menudo se niegan a dar hijos para reintegrar a la naturaleza, y así pierden el amor, tal como pierde el don de la música el violinista que poseyéndolo no lo practica: «Quitadle el talento» (Mt 25, 28). El primer amor no es necesariamente el último amor. La emoción del joven sacerdote en su primera Misa solemne y el casi éxtasis de la monja en su toma de hábito son como un «bombón» que Dios les da para impulsarlos a ascender espiritualmente. Más adelante desaparece la dulzura y se precisa un gran esfuerzo de voluntad para ser como se debe ser. Así es la luna de miel del matrimonio; el mismo término indica que al principio el amor es miel, pero después es tan variable como la luna.
(…) Muchos casados esperan que su compañero les dé lo que solo Dios puede dar, es decir, un éxtasis eterno. Si el hombre o la mujer pudieran dar lo que el corazón desea, él o ella serían Dios. Anhelar el éxtasis del amor está bien, pero esperarlo en la carne, si no va hacia Dios, está mal. El éxtasis no es una ilusión; no obstante, es solo el «folleto de viajes» con numerosas ilustraciones que animan al cuerpo y al alma a emprender la travesía a la eternidad. Cuando el primer éxtasis alcanza su culminación, surge la invitación no a amar a otro, sino a amar de otro modo, y tal modo es el modo de Cristo.”
“Son tres los que se casan” – Beato Monseñor Fulton Sheen
#CASTIDADYMATRIMONIO
1 987
PERFECCIÓN ESPIRITUAL
“Santo Tomás de Aquino, muy niño aún, hostigaba continuamente a los monjes de Montecasino sus preceptores, preguntándoles: «¿Quién es Dios? ... ¿Pero no me dicen más de quién es Dios...?» Es la incontinencia, inmoderada al parecer, cuando se ven desde fuera las cosas, con que las almas que comienzan a marchar por las vías del espíritu buscan incansables la palabra divina. Es la prisa con que corrió Magdalena a postrarse a los pies de Jesús, cuando indiferente a todo lo demás, oyó que le decían: «Ahí está el Maestro», Magíster adest. Es ya un poco, si queréis, de la precipitación con que la Esposa de los Cantares sale por las calles y plazas buscando desolada las huellas de su Amado...
El pensamiento (…) sigue a la voluntad como la llama al fuego; y la voluntad anda por donde anda el objeto de su amor; porque «el alma está más donde ama que donde anima». Cuando Dios es el objeto de nuestro amor, sentimos esa especie de atracción hacia Él, una especie de imantación, una como polarización de todas las potencias hacia Él, como la brújula hacia el polo; un ansia, un hambre, una sed irresistible, un interés creciente por todo lo divino.
¿Sentís de esta manera el amor de Dios o no lo sentís?...
(…) Suele decirse y con razón que «al corazón no se le manda» ... despóticamente. No basta que queramos amar para que por eso nuestro amor sea un hecho. El amor es el movimiento de la voluntad, que se nos va hacia el bien que la inteligencia le muestra. Por eso Santa Teresa decía: «Todo este negocio es amor; pero yo no sé por dónde nos ha de venir ese amor si no es por el camino del pensamiento.»
Todo cuanto hay en Dios es infinitamente bueno y hermoso; es decir, infinitamente amable. ¿Qué necesitará, pues, nuestra voluntad para irle amando de veras sino conocerle, conocerle más y más, por cuantos medios en este mundo sea posible, conocerle y acercarse a Él e ir probando poco a poco las mieles de su trato y las embriagueces amorosas de sus infinitas dulzuras?
Una vez que ha prendido en el alma el amor, tiene que ver todas las cosas en Dios y como alumbradas por el resplandor de Dios. El tender a Dios y buscar a Dios forma ante nuestra vista como una lente, que nos hace ver coloreadas de Dios todas las cosas y descubrir por todas partes su huella.
El amor que comienza a poner a Dios en nuestro pensamiento, lo pone también en nuestra pupila, y todo lo que vemos lo vemos a través de Dios; y lo pone en nuestro oído, y nada queremos oír y entender si no se refiere a Dios; y lo va poniendo poco a poco en nuestros gustos, injertando sobre nuestros sentidos naturales otros sentidos nuevos sobrenaturales; de modo que ya nada nos deleita ni nos sabe bien si con salsa de Dios no viene aderezado. Es algo así como cuando miramos al sol unos instantes, que de tal manera nos ciega y nos cautiva, que ya después, hacia cualquier parte que miremos, descubrimos su disco rutilante entre las sombras.
(…) Y como Dios es dulzura infinita, a medida que nuestros sentidos y potencias se van hacia Él levantando (…) vanse también engolosinando; de modo que ya nada, fuera de Él, bien les sabe. A esto nos invita el Profeta cuando dice: «Gustad y veréis cuán suave es el Señor.» Y esto es lo que con Santo Tomás en el Adoro te le pedimos: «Haz que sólo de Ti viva mi alma y en Ti tan sólo encuentre sus dulzuras.»”
“La ciencia del Amor” - Monseñor Menéndez Reigada O. P.
#PERFECCIÓNESPIRITUAL
1 987
EL PROBLEMA DEL MAL
"(...) «Para divisar a Dios, el ojo necesita a menudo la lente de las lágrimas». Guardémonos de la retórica actual, teológicamente correcta, con su rechazo de aquello a lo que Dietrich Bonhóffer llamaba «el Dios tapa-agujeros». Si los agujeros no los tapa él, ¿quién los va a tapar? El lecho del agonizante, la habitación en el hospital, la celda de la prisión, los horrores de la guerra, la miseria, la vejez, la soledad, la traición, el abandono, la desilusión, el fracaso, la decadencia, la humillación: en suma, en una palabra, el sufrimiento, físico y moral, nuestro, de nuestros familiares, amigos, de todos nuestros compañeros en esta vida, que, antes o después, demuestra ser no sólo, pero también, un «valle de lágrimas». Son justo las situaciones límite, son precisamente estos «agujeros», los que nunca conseguiremos tapar con la pillería de los políticos o con la ciencia de los «expertos», o con las chácharas de presuntos «especialistas» en criaturas a cuyo Creador ignoran; son estas limitaciones las que pueden remitirnos a una Realidad que es la única en la que el dolor se puede transformar de escándalo en misterio. Cualquier capellán de hospital o de prisiones, como cualquier psiquiatra serio, puede atestiguar lo que ocurre -cuando se da uno de bruces contra el muro del dolor y de la desgracia- en cabezas y corazones que parecían absolutamente refractarios a cualquier cosa más allá de lo que se ve y se siente (...) para despertarnos del sopor y de la inconsciencia, es necesario a menudo ese pedagogo arisco que es el mal, que es el lado oscuro de la vida, de toda vida. Un tal Feuerbach creía desacreditar al cristianismo con su demasiado famosa frase: «La fe es como las luciérnagas, necesita de la oscuridad para resplandecer». Sí, así es: a menudo es necesario conocer lo oscuro para saber que existe una Luz, y que esa Luz es capaz de dar consuelo auténtico, y no porque sea una ilusión, sino porque es verdadera. (...)"
"¿Por qué creo?" - Vittorio Messori
#PROBLEMAMAL
1 987
La resurrección desde el punto de vista de la física - Padre Manuel Carreira (astrofísico)
LEER LIBRO RECOMENDADO: Ciencia y fe: ¿Relaciones de complementariedad? del Padre Manuel Carreira, S. J.
#CIENCIAYFE #VÍDEOS
1 987
CASTIDAD Y MATRIMONIO
“(…) Lo que se debe pedir al joven que desea casarse, si no ha logrado ya una situación sólida, es que, por sus dotes de inteligencia, su buena disposición para saber componérselas, su ánimo esforzado ante la vida y otras cualidades semejantes, ofrezca una garantía suficiente de que, llegado el momento, logrará esa situación a que tiene derecho. Eso es lo que hay que pedirle (…).
En 1849 llega Luis Pasteur a Estrasburgo. De familia modesta, había tenido que dedicarse a dar lecciones o a repetirlas a sus condiscípulos para poder proseguir sus estudios. Nombrado catedrático suplente de la Facultad, visita al Rector en su domicilio, y allí se enamora de una de sus hijas. En su petición de matrimonio, no pretende ocultar su escasez de recursos: "Mi padre es curtidor... Yo no tengo fortuna. Todo lo que poseo es una salud excelente, un corazón sano y mi posición en la Universidad".
¿No es esto un buen capital? Prosigue: "Salí hace dos años de la Escuela Normal, para venir como agregado a la Facultad de Ciencias Físicas. Soy doctor desde hace dieciocho meses, y he presentado a la Academia de Ciencias algunos trabajos que han tenido buena acogida... M. Biot me ha hablado muchas veces de que debía ir pensando en el Instituto. Dentro de diez o quince años podré tal vez aspirar a ello, si continúo trabajando con asiduidad. Este sueño o ilusión se desvanece, con todo, frecuentemente, como el viento: no es él, ni mucho menos, el que me hace amar la ciencia por la ciencia" (1).
Evidentemente, hay que precaverse contra la temeridad, pero hay que tener una bella confianza en la vida, un gran espíritu de generosidad recíproca, del uno para con el otro: si los comienzos del matrimonio han de exigir algo de austeridad, ¿se han de espantar, por eso, los esposos? De ningún modo. ¡Ánimo y adelante, con el corazón en Dios!
Cuando la joven esposa sabe lo que es ahorro y se ha preparado bien para ser buena ama de casa, y conoce el modo de hacer mil pequeñas cosas por sus propias manos; cuando el joven marido tiene ánimos, y se esfuerza por ir adelante, y trabaja con talento, y se comporta con lealtad y desarrolla sus cualidades de modo que puede ir conquistándose concursos útiles, y con todo ello puede concebir esperanzas seguras de una situación no muy lejana, ¿por qué no correr el riesgo, o mejor dicho: por qué no esperar serenamente en la ayuda de Dios? ¡Prudencia, sí! Pero también ¡alegre confianza!”
(1) Como Pasteur teme que su amada pueda sentir celos, si la ciencia ocupa demasiado lugar en su corazón, sobre todo porque cierta timidez natural le cohíbe en sus demostraciones exteriores de afecto, le pide con enternecedora torpeza que tenga confianza en él: a pesar de sus microscopios y de sus cristales, él sabrá amar a su prometida ¡y con cuán profundo y tierno amor! Osa esperar que ella también le corresponderá. "Mis recuerdos me dicen que, cuando he llegado a ser conocido de las personas, he sido amado". Digamos que la esposa del gran hombre fue digna en absoluto de quien la amó.
“Hacia el matrimonio” – Padre Raúl Plus
#CASTIDADYMATRIMONIO
1 987
ARTÍCULOS RELIGIOSOS
"Un día, en un banco sale un anuncio que dice: El Banco Tal, en atención a sus clientes y amigos, pagará las deudas de todo el que lo solicite≫ ¡La que se arma en la ciudad! ¡Todo el mundo a la cola!
— ¿Usted cuánto debe?
—Treinta mil pesetas.
—Tranquilo, el banco paga.
Otro.
—¿Usted cuánto debe?
—Trescientas mil pesetas.
—Tranquilo, el banco paga.
Cuando se entera la gente de que basta con decirle las trampas al de la ventanilla y el banco paga, todos a la cola. El banco paga y yo quedo libre.
Pero llega el listillo:
—¿Y yo por qué tengo que decir mis trampas al de la ventanilla? ¿Al de la ventanilla que le importan mis trampas? Mis trampas son cosa mía. Yo no se las digo al de la ventanilla.
Es tonto. ¿Por no decir sus trampas al de la ventanilla se queda con sus trampas? Es tonto. ¡Que le diga sus trampas al de la ventanilla, que paga el banco y se queda limpio! Pues esto es la confesión. Así de fácil. Sin embargo, algunos tienen alergia a la confesión.
¿Que se pide? Decir los pecados. No se pide más. Y viene el listillo:
—¿Yo por qué tengo que decirle mis pecados al cura? Mis pecados son cosa mía. Y al cura ¿qué le importan? Mis pecados no se los digo al cura.
¡Tonto! Por no decirle al sacerdote tus pecados, ¿te quedas con tus pecados? ¿Puede ser más fácil la confesión? Lo único que se pide es decir los pecados con sinceridad y arrepentimiento."
"Motivos para creer" - Padre Jorge Loring S. J.
LEER LIBRO RECOMENDADO: Para Salvarte - Padre Jorge Loring S. J.
#ARTÍCULOSRELIGIOSOS
1 987
ARTÍCULOS VARIOS
"(...) una de las mayores ingenuidades del hombre de hoy (...) es la cándida pretensión de que "si algo es verdad «tiene necesariamente» que convencerme" y, viceversa, "que si no me convence puedo estar seguro de que no es verdad". (...) hay muchos motivos —algunos de ellos difíciles de reconocer por la persona a la que afectan— capaces de provocar que lo verdadero, incluso acertadamente expuesto, no logre ser captado como tal por la mente humana. (…) la verdad particular que se nos ofrece puede no ser advertida por la falta de estudio o de preparación intelectual y moral imprescindibles para apreciarla, ya deriven aquéllos de un déficit individual o de una suerte de privación social compartida. Kierkegaard (...) pregunta: «Vosotros (...) ¿os atreveríais a sostener que los hombres considerados como multitud están igualmente dispuestos para la verdad como para la mentira, siendo la primera muchas veces de mal sabor, y estando la segunda preparada siempre de modo muy delicado?». (...) «¿O es que quizá osáis sostener también que la “verdad” puede ser entendida con la misma rapidez que la falsedad, la cual no requiere conocimiento preliminar, ni enseñanza, ni disciplina, ni abstinencia, ni abnegación, ni honesta preocupación sobre uno mismo, ni labor paciente?» (...) en el fondo de muchos rechazos de verdades prácticamente indudables para quien ha meditado sin prejuicios sobre ellas se encuentra, por ejemplo, la ausencia de un «conocimiento preliminar» incluso de los propios términos que se utilizan para exponerlas; o la resistencia de ciertas personas o de un entero clima social a ser enseñados, a admitir la verdad que proviene de otro; o la falta de disciplina intelectual o de simple capacidad de estudio, emparentados no raramente con una pereza casi ingénita para reflexionar a fondo sobre los problemas; o la frivolidad cognoscitiva, el afán de novedades a que apelaba San Pablo, que agota todos los recursos del entendimiento en un pretendido estar al día de cuestiones triviales, y deja sin fuerzas y sin tiempo para la reflexión reposada sobre las verdades trascendentes, que exigirían mayor esfuerzo (…)”.
Semejante insuficiencia, la mayoría de nuestros conciudadanos está dispuesta a aceptarla cuando se trata de ciencias experimentales o estudios especializados: teorías físico-químicas de alta especulación, últimos avances en matemáticas, descubrimientos genéticos avanzados... Pero se repudia casi en bloque si la cuestión propuesta pertenece, (...) a la filosofía: condición espiritual de nuestra alma, existencia de Dios, auténtica naturaleza de la libertad o de la sexualidad humana, etc. En tales casos, parece como si el vigor de nuestro entendimiento nos concediera el «derecho absoluto», «cuasi innato» a comprender esas verdades... de manera intuitiva, sin apenas esfuerzo; y si no se las entiende al instante, con una evidencia palmaria que excluya toda vacilación y duda, se declara con toda tranquilidad que «aquello» no es verdadero. (...)
(...) Agustín de Hipona: de tal manera la verdad es amada (...) que los que aman otra cosa quieren que aquello que aman sea la verdad; y así como no querrían ser engañados, no quieren ser convencidos de su engaño. Por amor de lo que toman por verdad, odian ellos la verdad. A lo que el Diario de Kierkegaard añade (...): los hombres tienen más miedo a la verdad que a la muerte (...) Carlos Cardona: "(...) la verdad nos asusta siempre un poco porque compromete personalmente, la verdad tiene consecuencias “prácticas”, y eso da miedo, porque no se sabe bien a dónde me puede llevar, qué sacrificios me puede exigir, qué renuncias me puede imponer. Para cerrar el paso a la verdad hay “motivos”, nunca razones. Pero como los “motivos” desnudan, manifiestan lo que uno realmente es y rasgan las máscaras, la astucia humana los disfraza pudorosamente de “razones" (...)"
"Introducción a la Filosofía" - Tomás Melendo
#ARTÍCULOSVARIOS
