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Marcelo G. Grecco EL GRAN DESPERTAR - DIVULGACIÓN y RESISTENCIA.

Marcelo G. Grecco EL GRAN DESPERTAR - DIVULGACIÓN y RESISTENCIA.

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Divulgación sobre el Ser - Humano y sus Dimensiones Naturales, los Cuerpos Solares y el Nacimiento Segundo; los Misterios de la Vida en el Cosmos; la Espiritualidad profunda y el camino... Resistencia a la PLANDEMIA y el NOM.

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El hombre y la mujer.   El hombre es la más elevada de las criaturas, La mujer el más sublime de los ideales.   El hombre es el cerebro, la mujer el corazón; el cerebro fabrica la luz, el corazón el amor; la luz fecunda, el amor resucita.   El hombre es fuerte por la razón, la mujer es invencible por las lágrimas; la razón convence, las lágrimas conmueven. El hombre es capaz de todos los heroísmos, la mujer de todos los martirios; el heroísmo ennoblece, el martirio sublima.   El hombre es un código, la mujer un evangelio; el código corrige, el evangelio perfecciona.   El hombre es un templo, la mujer es un santuario; ante el templo nos descubrimos, ante el santuario nos arrodillamos.   El hombre piensa, la mujer sueña; pensar es tener en el cráneo una larva, soñar es tener en la frente una aureola. El hombre es un océano, la mujer es un lago; el océano tiene la perla que adorna, el lago la poesía que deslumbra. El hombre es el águila que vuela, la mujer el ruiseñor que canta; volar es dominar el espacio, cantar es conquistar el alma.   En fin, El hombre está ubicado donde termina la tierra, la mujer donde comienza el cielo.   Víctor Hugo

Y así continúa... #ElMensajeEnterrado #PlanetaEncantado"

Duración: unos quince segundos. - 5 de mayo Decimosexta aparición: Hacia las 21 horas. Patio a cielo abierto en la casa de Nicodemo, en Jerusalén. Testigos: el anfitrión, los once discípulos y alrededor de setenta seguidores del Maestro. Un «Hombre» se presenta de improviso. Todos lo reconocen. Jesús les dice: «...He aquí el grupo más representativo de creyentes, embajadores del reino, discípulos, hombres y mujeres, al que he aparecido desde que me liberé de la carne. Os recuerdo ahora lo que os anuncié tiempo atrás: que mi estancia entre vosotros terminaría. Os manifesté que tenía que volver junto al Padre. También os expuse claramente cómo los sacerdotes principales y los líderes de los judíos me entregarían para ser condenado a muerte. Pero también os dije que me levantaría del sepulcro. Entonces, ¿cuál es la razón de vuestro desconcierto?... Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro padre y vosotros sus hijos...» El «Hombre» desaparece. Duración: cuatro minutos. - 13 de mayo Decimoséptima aparición: Hacia la «décima» (16 horas). Cerca del pozo de Jacob (ciudad de Sicar, en Samaria). Testigos: alrededor de setenta y cinco samaritanos, fieles seguidores del Maestro. Todos lo reconocen cuando se presenta ante ellos. «Ya no deberéis adorar a Dios -les dice­ en el monte Gerizim o en Jerusalén, sino allí donde os encontréis. Allí donde estéis...» Duración: tres minutos. - 16 de mayo Decimoctava aparición: Poco antes de las 21 horas. Ciudad de Tiro (costa de Fenicia: actual Líbano). Entre cincuenta y cien testigos, todos paganos y seguidores de las enseñanzas del Maestro. Se presenta un «Hombre» normal y corriente (de carne y hueso). Entre otras cosas, el Resucitado dice: «...No os confundáis. Que los muertos resuciten no constituye la buena nueva del reino. Estas cosas sólo son el resultado, una consecuencia más, de la fe en el mensaje. Forma parte de la buena nueva y de la sublime experiencia de aquellos que, por la fe, se convierten en hijos de Dios, pero, recordad, no es el mensaje». Duración: entre cuatro y cinco minutos. - 18 de mayo (jueves) Decimonovena aparición: 6.30 horas. Estancia superior de la casa de Elías Marcos (Jerusalén). Testigos: los once discípulos, María, Marcos y Rode (una sirvienta). Cuando se disponen a desayunar, un «Hombre» se presenta ante ellos. Es el Maestro. Jesús hace alusión a Judas: «...ya no está con vosotros porque su amor se enfrió y porque os negó su confianza. ¡Confiad, pues, los unos en los otros!» Acto seguido, camina hacia la salida, dirigiéndose con los once hacia la falda occidental del monte de los Olivos. Al cruzar las atestadas calles de Jerusalén, muchos vecinos lo reconocen. Poco después de las 7 horas, el Resucitado y los íntimos se detienen a medio camino de la cima. Jesús pronuncia sus últimas palabras en la Tierra: «...El hombre es un hijo de Dios y todos, por tanto, sois hermanos...» El Resucitado se despide y desaparece. Duración: una hora y veinte minutos. El primer cisma. Si esto fue así, salta a la vista que muchas de estas apariciones no fueron del agrado de la primitiva y naciente Iglesia. Pedro, como líder, no consintió que aquel «triunfo» (la resurrección del Maestro) se le fuera de las manos. ¿Igualar a judíos con gentiles? ¿Situar a las mujeres al mismo nivel que los varones? ¿Romper las barreras de la esclavitud en beneficio del revolucionario «mensaje» de Jesús? Nada de eso. Y tres de los discípulos -Bartolomé, Tomás y Simón el Zelota- se vieron empujados a salir de Jerusalén. Fue el primer cisma, del que, naturalmente, nadie habla. Fue el primer desacuerdo grave entre los seguidores del Hijo del Hombre. Bartolomé, Tomás y Simón el Zelota deseaban predicar la buena nueva: la paternidad de Dios y la correspondiente igualdad entre los humanos. Ése era el mensaje del Maestro. Pero la mayoría votó en contra y el mensaje fue enterrado.

Vuestra misión en el mundo se basa en lo que he vivido con vosotros: una vida revelando a Dios y en torno a la verdad de que sois hijos del Padre, al igual que todos los hombres. Esta misión se concretará en la vida que haréis entre los hombres, en la experiencia afectiva y viviente del amor a todos ellos, tal y como yo os he amado y servido. Que la fe ilumine el mundo y que la revelación de la verdad abra los ojos cegados por la tradición. Que vuestro amor destruya los prejuicios engendrados por la ignorancia. Al acercaros a vuestros contemporáneos con simpatía comprensiva y una entrega desinteresada, los conduciréis a la salvación por el conocimiento del amor del Padre. Los judíos han exaltado la bondad. Los griegos, la belleza. Los hindúes, la devoción. Los lejanos ascetas, el respeto. Los romanos, la fidelidad. Pero yo pido la vida de mis discípulos. Una vida de amor al servicio de sus hermanos encarnados.» El Resucitado alza los brazos. Las mangas de la túnica resbalan y muestra a Tomás la piel tersa, sin huella de las heridas. Y le dice: «A pesar de que no veas ninguna señal de clavos, ya que ahora vivo bajo una forma que tú también tendrás cuando dejes este mundo, ¿qué les dirás a tus herrnanos?» El «Hombre» se distancia, camina hacia uno de los muros y desaparece. Duración: cuatro minutos. - 18 de abril Duodécima aparición: Poco después de las 20 horas. Residencia de Rodán, en Alejandría (Egipto). Otro de los seguidores de Jesús. Testigos: ochenta griegos y judíos. Un «Hombre» aparece ante los allí reunidos y les dice: «...El Padre me ha enviado para establecer algo que no es propiedad de ninguna raza, nación, ni tampoco de ningún grupo especial de educadores o predicadores. El mensaje del reino pertenece a judíos y gentiles, a ricos y pobres, a hombres libres y esclavos, a mujeres y varones e, incluso, a los niños... »iPrestad atención! Esta buena nueva no debe ser confiada exclusivamente a los sacerdotes. »...Id, pues, y predicad esta gran noticia.» El «Hombre» se esfuma. Dos días después (20 de abril, jueves), un «correo» llega a Alejandría con la noticia de la resurrección. Rodán y su gente ya lo sabían. Duración de la «presencia»: dos minutos. - 21 de abril Decimotercera aparición: Poco después del amanecer (6 horas). Playa de Saidan, en el lago de Tiberíades. Testigos: diez de los discípulos (faltaba Simón el Zelota) y el joven Juan Marcos. Un «Hombre» se presenta en la orilla del lago. Las embarcaciones tripuladas por los discípulos se aproximan a la costa. El «Hombre» indica a los pescadores la presencia de un banco de peces (tilapias). Llenan las redes y regresan. Muy cerca, Juan Zebedeo intuye que aquel «Hombre» es el Maestro. Simón Pedro se lanza al agua y nada hasta la orilla. El «Hombre» los invita a comer algunos de los pescados. Todos lo reconocen. El «Hombre» se niega a comer. Pasea con los discípulos por la playa. Lo hace con una pareja cada vez. Al caminar junto a Andrés, el Resucitado, sutilmente, le anuncia la muerte de Santiago (hermano de Jesús): «...Cuando tus hermanos se dispersen como consecuencia de las persecuciones, sé un sabio y previsor consejero para Santiago, mi hermano por la sangre, ya que tendrá que soportar una pesada carga, que su experiencia no le permite llevar». La muerte de Santiago, según parece, se produjo treinta y dos años después (62 de nuestra era). Santiago de Zebedeo, hermano de Juan y David, moriría en el 44. Duración: cuatro horas. - 22 de abril Decimocuarta aparición: Hora «sexta» (mediodía). Monte de la Ordenación (hoy llamado de las Bienaventuranzas), al norte del mar de Tiberíades. Testigos: los once discípulos. Un «Hombre» surge de pronto en la cima. Es Jesús de Nazaret. Impone las manos sobre las cabezas de sus íntimos y conversa con ellos. Duración: una hora. - Decimoquinta aparición: Hora «nona» (15 horas). Playa de Saidan. Testigos: los once discípulos, el joven Juan Marcos, María (madre de Jesús), parte de la familia de los Zebedeo y alrededor de quinientos vecinos de las aldeas próximas. El Resucitado aparece. La gente retrocede, asustada.

El «Hombre» les habla, recordándoles que «el reino anunciado por Jesús no era de este mundo y que todos los humanos son hijos de Dios». El «Hombre» entra en la casa de los pastores, se sienta a la mesa y trocea el pan. Tras bendecirlos, desaparece. Duración: una hora y media, aproximadamente. - Octava aparición: 20.30 horas. Patio a cielo abierto en el hogar de los Marcos, en Jerusalén. Testigo: Simón Pedro. Un «Hombre» se presenta de pronto junto al desmoralizado discípulo. El pescador no lo reconoce, pero sí su voz. El Resucitado, entre otras cosas, le dice: « Prepárate a llevar la buena nueva a aquellos que se encuentran en las tinieblas.» Pasean recordando el pasado y hablando del presente y del futuro. Desaparición igualmente súbita. Duración: más de cinco minutos. - Novena aparición: 21.30 horas. Planta superior de la casa de Elías Marcos, en Jerusalén. Testigos: el cabeza de familia, José de Arimatea y diez de los once discípulos (faltaba Tomás). Puertas cerradas y atrancadas. Aparece un «Hombre luminoso». Nadie reconoce al Maestro. Duración: segundos. - 11 de abril Décima aparición: Poco antes de las 8 horas. Interior de una de las sinagogas de Filadelfia (actual ciudad de Ammán). Testigos: Lázaro y más de ciento cincuenta seguidores del Maestro. La reunión tenía por objeto difundir la última noticia procedente de Jerusalén sobre la resurrección de Jesús. Cuando Lázaro y Abner, el jefe de aquellos creyentes, se disponían a hablar, un «Hombre» surgió de la «nada», a escasos pasos de los oradores. Tampoco lo reconocieron. El Resucitado dijo: «La paz sea con vosotros... Ya sabéis que tenéis un solo Padre en el cielo y que únicamente existe un "evangelio" [mensaje] del reino: la buena nueva del regalo de la vida eterna que los hombres reciben por la fe. Al gozar de vuestra fidelidad al mensaje, rogad a Dios para que la verdad se extienda en vuestros corazones con un nuevo y más bello amor hacia vuestros hermanos. Amad a todos los hombres como yo os he amado y servidles como yo os he servido. »Recibid en vuestra comunidad, con agradable comprensión y afecto fraternal, a todos los hermanos consagrados a la divulgación de la buena nueva. Sean judíos o gentiles. Griegos o romanos. Persas o etíopes. Juan predicó el reino por adelantado. Vosotros, la fuerza del mensaje. Los griegos anuncian ya la buena nueva y yo, en breve, voy a enviar al Espíritu de la Verdad al alma de todos estos hombres, mis hermanos, que tan generosamente han consagrado sus vidas a la iluminación de sus semejantes, hundidos en las tinieblas espirituales. Todos sois hijos de la luz. No tropecéis en el error de la desconfianza y la intolerancia. Si, gracias a la fe, os habéis elevado hasta amar a los no creyentes, ¿no deberíais igualmente amar a vuestros compañeros creyentes de la gran familia de la fe? Recordad que, según améis, todos los hombres reconocerán que sois mis discípulos. Marchad, pues, por todo el mundo, anunciando la buena nueva de la paternidad de Dios y de la hermandad de los hombres. Hacedlo con todas las razas y naciones. Sed prudentes al escoger los métodos para la divulgación de estas verdades. Habéis recibido gratuitamente este mensaje del reino y gratuitamente lo entregaréis. No temáis. Yo estaré siempre con vosotros, hasta el fin de los tiempos. Os dejo mi paz...» Dicho esto, el «Hombre» desaparece. Duración: alrededor de tres minutos. - 16 de abril Undécima aparición, 18 horas. Casa de los Marcos, en Jerusalén. Piso superior. Puertas atrancadas. Testigos: los once discípulos. Como salido de uno de los muros se presenta un «Hombre de carne y hueso». Todos lo reconocen. Es Jesús de Nazaret. El Resucitado ordena que salgan al mundo y anuncien la buena nueva: «Os envío, no para amar las almas de los hombres, sino para amar a los hombres. Sabéis por la fe que la vida eterna es un don de Dios. Cuando tengáis más fe y el poder de arriba haya penetrado en vosotros, no ocultaréis vuestra luz.

"Si uno consulta los textos sagrados observará que las referencias a dichas apariciones son cuatro. Según mis informaciones, después de muerto, el Maestro se presentó en un total de diecinueve oportunidades. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué los evangelistas sólo citan cuatro de estas misteriosas «presencias»? La respuesta es muy simple: las palabras del Resucitado en esas manifestaciones no fueron cómodas. No interesaban a la filosofía y al rumbo que estaba tomando la primitiva y naciente Iglesia. Los hechos, sencillamente, fueron censurados. He aquí una síntesis de lo ocurrido. Que cada cual saque sus propias conclusiones. - 9 de abril (año 30) Primera aparición: Poco antes del alba. Huerto de José de Arimatea (proximidades de Jerusalén). Testigos: María, la de Magdala, y otras cuatro mujeres. Observan a un «hombre con ropas nevadas y el rostro, los cabellos y los pies como el cristal». Reconocen la voz del Maestro. Cuando la Magdalena intenta abrazarlo, el Resucitado se lo impide y le dice: «No soy el que has conocido en la carne.» Duración: alrededor de cinco minutos. - Segunda aparición: Hacia las 9.35 horas. También en la plantación del anciano de Arimatea. Único testigo: María, la de Magdala. Describe al Resucitado como un «extranjero con túnica y mantos nevados». Reconoce la voz de Jesús. Duración: segundos. - Tercera aparición: Hora «sexta» (mediodía). Betania, muy cerca de Jerusalén. Jardín de la hacienda de la familia de Lázaro. El Resucitado se presenta ante Santiago, su hermano. El testigo no reconoce al Maestro, pero sí su voz. El «Hombre» le habla de ciertos hechos que debían producirse, pero Santiago se niega a desvelarlos. Años más tarde, algunos asocian esa revelación con la muerte de Santiago, ocurrida en el año 62 de nuestra era. El Resucitado desaparece súbitamente. Duración: de tres a cuatro minutos. - Cuarta aparición: Hora «nona» (15 horas). También en la aldea de Betania. Umbral de una de las estancias de la casa de Lázaro. Veinte testigos. Entre otros, la familia de Lázaro, David Zebedeo (hermano de los Zebedeo), Salomé (madre de los Zebedeo), María (madre de Jesús), Santiago (hermano del Resucitado) y la Magdalena. Esta vez, los testigos reconocen al Resucitado. Se trata -dicen- de un hombre de carne y hueso. Desaparece súbitamente. Duración: segundos. - Quinta aparición: 16.15 horas, aproximadamente. Interior de la casa de José de Arimatea (Jerusalén). Testigos: María, la de Magdala, y veinticuatro mujeres. Sienten primero una clara sensación de frío. «Como una corriente de viento helado». El Maestro aparece de pronto en el centro del corro que forman las hebreas. Es un hombre de carne y hueso. El Resucitado reivindica el papel de la mujer en la difusión de la buena nueva. «Vosotras -dice- también estáis llamadas a proclamar la liberación de la Humanidad por la buena nueva de la unión con Dios... Id por el mundo entero anunciando este mensaje y confirmad a los creyentes en la fe.» La «presencia» se extingue. ¿Mujeres proclamando la buena nueva? ¿Mujeres al mismo nivel que los hombres? Pedro y el resto -inmersos en una sociedad machista, en la que la mujer quedaba relegada a un segundo plano- no podían aceptarlo. El suceso fue censurado. Duración: entre uno y dos minutos. - Sexta aparición: 16.30 horas. Jerusalén. Interior de la casa de Flavio, antiguo conocido de Jesús. Testigos: más de cuarenta griegos, seguidores de las enseñanzas de Maestro. Aparición repentina. El «Hombre» les pide igualmente que salgan al mundo y que proclamen la buena nueva. «Dentro del reino de mi Padre -les comunica- no hay ni habrá judíos ni gentiles. Aun cuando el Hijo del Hombre haya aparecido en la Tierra entre judíos, traía su ministerio para todos los hombres.» Desaparición fulminante. Duración: poco más de un minuto. - Séptima aparición: Alrededor de las 18 horas. En el camino de Jerusalén a Ammaus (entre cinco y seis kilómetros de la Ciudad Santa). Testigos: los hermanos Cleofás y Jacobo, pastores. Un «Hombre» les sale al encuentro. No reconocen al Maestro. Tampoco su voz.

Un querido amigo ruso me paso este video en apoyo a los libertadores Z!

Repost from CANAL 5TV INFORMA
Están saliendo a la luz vídeos muy duros del portátil de Hunter Biden, que también implican a su padre, Joe Biden, actual presidente de EEUU. En este aparece desnudo, azotando a una niña atada, también desnuda.. Al tiempo, parece que los grandes medios empiezan a hablar de ello cada día más, y prescinden de guardar silencio como han hecho durante más de dos años...

Y no nos conduzcas a la tentación sino líbranos del Maligno. Pues tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre. Amén'." "Y orad del siguiente modo a vuestra Madre Naturaleza: 'Madre Nuestra que estás en la Tierra, bendito sea Tu Nombre. Venga a nosotros Tu Reino y hágase Tu Voluntad en nosotros así como en Ti se hace. Igual que envías cada día a Tus Ángeles, envíalos también a nosotros. Perdónanos nuestros pecados, porque todos los expiamos en Ti. No nos conduzcas a la enfermedad, sino líbranos del mal, pues tuya es la tierra, el cuerpo y la salud. Amén'." Y todos rezaron junto a Jesús al Padre Celestial y a la Madre Naturaleza. Y después Jesús les habló así: "Igual que vuestros cuerpos han renacido por medio de los Ángeles de la Madre Naturaleza, que vuestro espíritu renazca de igual modo por medio de los Ángeles del Padre Celestial. Convertios, pues, en verdaderos hijos de vuestro Padre y de vuestra Madre, y en verdaderos hermanos de los hijos de los hombres”. “Hasta ahora estuvisteis en guerra con vuestro Padre, con vuestra Madre y con vuestros hermanos. Y habéis servido a Satán. Vivid a partir de hoy en paz con vuestro Padre Celestial, con vuestra Madre Naturaleza y con vuestros hermanos, los hijos de los hombres. Y luchad únicamente en contra de Satán, para que no os robe vuestra paz”. “A vuestro cuerpo doy la Paz de vuestra Madre Naturaleza, y la Paz de vuestro Padre Celestial a vuestro espíritu. Y que la Paz de ambos reine entre los hijos de los hombres. "Venid a mí cuántos os sintáis hastiados y cuantos padezcáis los conflictos y las aflicciones! Pues Mi Paz os fortalecerá y confortará. Porque Mi Paz rebosa de dicha. Por eso os saludo siempre de este modo: ¡LA PAZ SEA CON VOSOTROS! “Saludaos siempre por tanto entre vosotros de igual manera, para que a vuestro cuerpo descienda la Paz de vuestra Madre Terrenal y a vuestro espíritu la Paz de vuestro Padre Celestial. Y entonces hallaréis la paz también entre vosotros, pues el Reino de Dios estará en vuestro interior”. “Y ahora regresad entre vuestros hermanos, con quienes hasta ahora estuvisteis en guerra, y dadles a ellos también vuestra paz. Pues felices son quienes luchan por la paz, porque hallarán la Paz de Dios”. “Id y no pequéis más. Y dad a todos vuestra paz, igual que yo os he dado la mía. Pues Mi Paz es la de Dios”. ¡La Paz sea con vosotros!". Y les dejó. “Y Su Paz descendió sobre ellos; y con el Ángel del Amor en su corazón, con la Sabiduría de la Ley en su cabeza y con el Poder del Renacimiento en sus manos, se dispersaron entre los hijos de los hombres para llevar la Luz de la Paz a aquellos que luchaban en la oscuridad”. “Y se separaron, deseándose unos a otros: "LA PAZ SEA CONTIGO."

Y trabajad durante todo el día con los Ángeles de la Madre Naturaleza para que lleguéis a conocerlos a ellos y a sus obras cada vez más y mejor”. “Mas cuando el Sol se ponga y vuestro Padre Celestial os envíe su ángel más preciado, el Sueño, id a descansar y permaneced toda la noche con el Ángel del Sueño. Y entonces os enviará el Padre Celestial sus ángeles desconocidos para que permanezcan junto a vosotros a lo largo de la noche. Y los ángeles desconocidos del Padre Celestial os enseñarán muchas cosas sobre el Reino de Dios, así como los ángeles que conocéis de la Madre Naturaleza os instruyen en las cosas de su reino”. “Pues en verdad os digo que seréis cada noche los invitados del reino de vuestro Padre Celestial si cumplís Sus Mandamientos. Y cuando os despertéis por la mañana, sentiréis en vosotros el poder de los ángeles desconocidos. Y vuestro Padre Celestial, os los enviará cada noche para que enriquezcan vuestro espíritu, igual que la Madre Naturaleza os envía sus ángeles para que construyan vuestro cuerpo”. “Pues en verdad os digo que si durante el día os acoge en sus brazos vuestra Madre Naturaleza, y si durante la noche os respira su beso el Padre Celestial, entonces los hijos de los hombres os convertiréis en los Hijos de Dios". "Resistid de día y de noche las tentaciones de Satán. No os despertéis de noche ni durmáis de día, para que no os abandonen los Ángeles de Dios". "Ni tampoco os deleitéis con ninguna bebida, ni en ningún humo de Satán, que os despertarán por la noche y os harán dormir de día. Pues en verdad os digo que todas las bebidas y humos de Satán son abominaciones a los ojos de vuestro Dios". "Seguid el ejemplo de todos los ángeles del Padre Celestial y de la Madre Naturaleza, que trabajan día y noche sin cesar en los reinos de los Cielos y de la Tierra. Por tanto, recibid también en vosotros mismos a los más poderosos de todos los ángeles de Dios, los Ángeles de los Actos, y trabajad enjuntos sobre el Reino de Dios”. “Seguid el ejemplo del agua cuando corre, del viento cuando sopla, del Sol naciente y poniente, de las plantas y árboles en su crecer, de los animales cuando corren y retozan, de la Luna Creciente y Menguante, de las estrellas en su ir y venir; todas esas cosas se mueven y realizan sus tareas. Porque cuanto tiene vida se mueve, y sólo lo que está muerto permanece quieto. Y Dios es el Dios de lo vivo, y Satán es el de lo muerto”. “Servid, pues, al Dios Vivo, para que el Movimiento Eterno de la vida os mantenga y para que escapéis de la eterna inmovilidad de la muerte”. “Trabajad, pues, sin cesar para levantar el Reino de Dios, de modo que no seáis arrojados al Reino de Satán. Pues una alegría eterna abunda en el Reino Vivo de Dios, mientras que una quieta tristeza oscurece el Reino de Satán”. “Sed pues, verdaderos hijos de vuestra Madre Naturaleza y de vuestro Padre Celestial, para que no caigáis en esclavos de Satán. Y vuestra Madre Naturaleza y vuestro Padre Celestial os enviarán sus ángeles, para que os enseñen, os amen y os sirvan. Y sus ángeles escribirán los Mandamientos de Dios en vuestra cabeza, en vuestro corazón y en vuestras manos, para que conozcáis, sintáis y cumpláis los Mandamientos de Dios". "Y orad todos los días a vuestro Padre Celestial y a vuestra Madre Terrenal, para que vuestra alma se vuelva tan perfecta como el Santo Espíritu de vuestro Padre Celestial y para que vuestro cuerpo se vuelva tan perfecto como el cuerpo de vuestra Madre Terrenal. Pues si entendéis, sentís y cumplís los mandamientos, entonces todo cuanto pidáis a vuestro Padre Celestial y a vuestra Madre Terrenal os será concedido. Porque la sabiduría, el amor y el poder de Dios están por encima de todo". "Orad por tanto, del siguiente modo, a vuestro Padre Celestial: ' Padre nuestro, que estás en los Cielos, bendito sea Tu Nombre. Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu Voluntad como en los Cielos así en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Comed siempre cuando sea servida ante vosotros la mesa de Dios, y comed siempre de aquello que halléis sobre la mesa de Dios. Pues en verdad os digo que Dios sabe bien lo que vuestro cuerpo necesita y cuándo lo necesita. "Pues en verdad os digo que felices son aquellos que comen sólo en la mesa de Dios, y renuncian a todas las abominaciones de Satán. No comáis alimentos impuros traídos de países lejanos, sino comed siempre cuanto produzcan vuestros árboles. Pues vuestro Dios sabe bien lo que os es necesario y donde y cuándo. Y Él da a todos los pueblos de todos los reinos los alimentos mejores para cada uno de ellos. No comáis como los paganos, que se atiborran con prisa, profanando sus cuerpos con todo tipo de abominaciones. "Pues el poder de los Ángeles de Dios penetra en vosotros con el alimento vivo que el Señor os proporciona de su Mesa Real. Y cuando comáis, tened sobre vosotros al Ángel del Aire, y bajo vosotros al Ángel del Agua. Respirad larga y profundamente en todas vuestras comidas para que el Ángel del Aire bendiga vuestro alimento. Y masticadlo bien con vuestros dientes, para que se vuelva agua y que el Ángel del Agua lo convierta dentro de vuestro cuerpo en sangre. Y comed lentamente, como si fuese una oración que hicieseis al Señor. Pues en verdad os digo que el poder de Dios penetra en vosotros, si coméis de tal modo en Su Mesa”. “Mientras que Satán convierte en ciénaga humeante el cuerpo de aquel a quien no descienden los Ángeles del Aire y del Agua en sus comidas. Y el Señor no le permite permanecer por más tiempo en Su Mesa. Pues la Mesa del Señor es como un altar y quien come en la Mesa de Dios, se halla en un templo”. “Pues en verdad os digo que el cuerpo de los hijos del hombre se convierte en un templo, y sus entrañas en un altar, si cumplen los Mandamientos de Dios. Por tanto, no pongáis nada sobre el altar del Señor cuando vuestro espíritu esté irritado, ni penséis de alguien con ira en el Templo de Dios. Y entrad solamente en el Santuario del Señor cuando sintáis en vosotros la llamada de sus ángeles, pues cuando coméis con tristeza, o con ira, o sin deseo, se convierte en veneno en vuestro cuerpo. Pues el aliento de Satán lo corrompe todo”. “Poned con alegría vuestras ofrendas sobre el altar de vuestro cuerpo y dejad que todos vuestros malos pensamientos se alejen de vosotros al recibir en vuestro cuerpo el Poder de Dios, proveniente de su mesa. Y nunca os sentéis a la Mesa de Dios antes de que él os llame por medio del Ángel del Apetito". "Regocijaos, pues, siempre con los Ángeles de Dios, en su Mesa Real, pues esto complace al corazón del Señor. Y vuestra vida será larga sobre la Tierra, pues el más valioso de los sirvientes de Dios os servirá todos los días: el Ángel de la Alegría". "Y no olvidéis que cada séptimo día es santo y está consagrado a Dios. Durante seis días alimentad vuestro cuerpo con los Dones de la Madre Naturaleza, mas en el séptimo día, santificad vuestro cuerpo para vuestro Padre Celestial. Y en el séptimo día no comáis ningún alimento terrenal, sino vivid tan sólo de las Palabras de Dios.” “Y estad todo el día con los Ángeles del Señor en el Reino del Padre Celestial. Y en el séptimo día dejad que los ángeles de Dios levanten el Reino de los Cielos en vuestro cuerpo, ya que trabajasteis durante seis días en el Reino de la Madre Naturaleza. Y no dejéis que ningún alimento entorpezca la obra de los ángeles en vuestro cuerpo a lo largo del séptimo día. Y Dios os concederá larga vida sobre la Tierra, para que tengáis vida eterna en el Reino de los Cielos. Pues en verdad os digo que si no conocéis más enfermedades sobre la Tierra, viviréis por siempre en el Reino de los Cielos." "Y Dios os enviará cada mañana el Ángel de la Luz del Sol para despertaros de vuestro sueño. Obedeced, por tanto, la llamada de vuestro Padre Celestial y no permanezcáis ociosos en vuestros lechos, pues los Ángeles del Aire y del Agua ya os aguardan afuera.

“Pues yo os digo que es mejor que el hijo obedezca a su padre y vigile a los sirvientes de su padre en el campo, a que se convierta en deudor del malvado acreedor, y fatigarse y sudar en la servidumbre para restituir todas sus deudas”. “De igual modo, es mejor que los hijos del hombre obedezcan también las Leyes de su Padre Celestial y que trabajen con sus ángeles en su reino, a convertirse en deudores de Satán, el señor de la muerte, de todos los pecados y todas las enfermedades, a sufrir con dolores y sudor hasta haber reparado todos sus pecados”. “En verdad os digo, que grandes y muchos son vuestros pecados. Durante muchas vidas habéis cedido a las tentaciones de Satán. Habéis sido glotones, bebedores y fornicadores, y vuestras antiguas deudas se han multiplicado. Y ahora debéis repararlas, y el pago es duro y difícil. No os impacientéis por tanto, ya al tercer día, como el hijo pródigo, sino esperad pacientemente al séptimo día, que está santificado por Dios, y entonces acudid con corazón humilde y obediente ante el rostro de vuestro Padre Celestial, para que os perdone vuestros pecados y todas vuestras antiguas deudas. En verdad os digo que vuestro Padre Celestial os ama infinitamente, pues también Él os permite pagar en siete días las deudas de siete años”. “Quienes le deban los pecados y enfermedades de siete años, pero le paguen honestamente y perseveren hasta el séptimo día, a ellos perdonará nuestro Padre Celestial las deudas de los siete años completos". ** "Comed, pues, siempre de la mesa de Dios: los frutos de los árboles, el grano, las hierbas del campo, la leche de los animales, y la miel de las abejas. Pues todo más allá de esto que es de Satán y por los caminos del pecado y la enfermedad conduce hacia la muerte. Mientras que los alimentos que coméis de la abundante Mesa de Dios dan fortaleza y juventud a vuestro cuerpo, y nunca conoceréis la enfermedad. Pues la Mesa de Dios alimentó a Matusalén, el viejo, y en verdad os digo que si vivís igual como él vivió, también el Dios de lo Vivo os dará una larga vida sobre la Tierra, como la suya." "Pues en verdad os digo que el Dios de lo Vivo es más rico que todos los ricos de la Tierra y su abundante mesa es más rica que la más rica de las mesas de festín de todos los ricos de la Tierra. Comed pues, durante toda vuestra vida en la Mesa de nuestra Madre Naturaleza, y nunca conoceréis la necesidad. Y cuando comáis en su mesa, comedlo todo tal como se halle en la Mesa de la Madre Naturaleza. No cocinéis ni mezcléis todas las cosas unas con otras, o vuestros intestinos se convertirán en ciénagas humeantes. Pues en verdad os digo que esto es abominable a los Ojos del Señor." "Y no seáis como el sirviente avaro que comía siempre de la mesa de su señor la ración de otros. Y todo lo devoraba y lo mezclaba en su glotonería. Y viendo aquello, su señor se encolerizó con él y le expulsó de la mesa. Y cuando todos acabaron su comida, mezcló cuanto quedó en la mesa y llamó al glotón sirviente, y le dijo: "Toma y come esto junto a los cerdos, pues tu lugar está entre ellos, y no en mi mesa." "Tenedlo en cuenta por tanto, y no profanéis con todo tipo de abominaciones el templo de vuestros cuerpos. Contentaos con dos o tres tipos de alimento, que siempre hallaréis en la Mesa de nuestra Madre Naturaleza. Y no deseéis devorar todo cuanto veáis en derredor vuestro. Pues en verdad os digo que si mezcláis en vuestro cuerpo todo tipo de alimentos, entonces cesará la paz en vuestro cuerpo y se desatará en vosotros una guerra interminable. Y se aniquilará vuestro cuerpo como los hogares y los reinos divididos entre sí aseguran su propia destrucción. Pues vuestro Dios es el Dios de la Paz, y nunca de la división. "Y cuando comáis, no comáis hasta no poder más. Huid de las tentaciones de Satán y escuchad la voz de los ángeles de Dios. Pues Satán y su poder os tentarán siempre a que comáis más y más. Pero vivid por el espíritu y resistid los deseos del cuerpo.

“Apiadaos de mi, pues todos miembros me duelen y me abrasan". Y el malvado acreedor le gritó: "Sigue con tu trabajo! Si pudiste dedicar tus días y tus noches al desenfreno durante siete años, tendrás que trabajar ahora durante siete años. No te perdonaré hasta que me hayas pagado todas tus deudas hasta el último dracma*". “ Y el hijo regresó desesperado a los campos, con sus miembros atormentados por el dolor, para seguir con su trabajo. Ya difícilmente podía tenerse en pie debido al cansancio y a los dolores, cuando llegó el séptimo día, el día del Sabat, en el cual nadie trabaja en el campo”. “Reunió el hijo entonces el resto de sus fuerzas y se arrastró hasta la casa de su padre. Y echándose a los pies de su padre, le dijo: "Padre, créeme, por última vez y perdóname todas mis ofensas contra ti. Te juro que nunca más volveré a vivir desenfrenadamente y te obedeceré en todo. Libérame de las manos de mi opresor. Padre, mírame y contempla mis miembros enfermos y no endurezcas tu corazón". “Entonces brotaron lágrimas de los ojos del padre, que tomando a su hijo en brazos dijo: "Alegrémonos, porque hoy se me ha dado una gran alegría, pues he recuperado a mi amado hijo, que estaba perdido". Le vistió con sus mejores ropas, y durante todo el día hicieron fiesta”. “Y a la mañana siguiente, dio a su hijo una bolsa de plata para que pagase a sus acreedores cuanto les debía. Y cuando su hijo regresó, le dijo: "Ya ves, hijo mío, lo fácil que es con una vida desenfrenada contraer deudas por siete años, pero es difícil pagarlas con el trabajo de siete años". "Padre, es verdaderamente duro pagarlas incluso durante sólo siete días". “Y el padre le advirtió diciéndole: "Sólo por esta vez se te ha permitido pagar tus deudas en siete días en lugar de en siete años, el resto te está perdonado. Pero cuida de no contraer más deudas en el tiempo venidero. Pues en verdad te digo que nadie más que tu padre perdona tus deudas por ser su hijo. Porque de haber sido con cualquier otro, habrías tenido que trabajar duramente durante siete años, como está ordenado en nuestras leyes". "Padre, a partir de ahora seré tu hijo amante y obediente, y nunca más contraeré deudas, pues sé que pagarlas en duro". “Y fue al campo de su padre y todos los días vigilaba el trabajo de los labradores de su padre. Y nunca les hizo trabajar demasiado duro, pues recordaba su propio trabajo pesado. Y pasaron los años y las posesiones de su padre aumentaron más y más bajo su mano, pues su tarea contaba con la bendición de su padre. Y lentamente devolvió a su padre diez veces más de cuanto había derrochado durante aquellos siete años”. “Y cuando el padre vio que el hijo trataba bien a sus sirvientes y todas sus posesiones, le dijo: "Hijo mío, veo que mis posesiones están en buenas manos. Te doy todo mi ganado, mi casa, mis tierras y mis tesoros. Que todo esto sea tu herencia; continúa aumentándola para que goce en ti". Y cuando el hijo hubo recibido la herencia de su padre, perdonó las deudas a todos sus deudores que no podían pagarle; pues no olvidó que su deuda había sido también perdonada cuando no podía pagarla. Y Dios le bendijo con una vida larga, con muchos hijos y con muchas riquezas, pues era amable con todos sus sirvientes y con todo su ganado". “Jesús se volvió entonces al pueblo y les dijo: "Os hablo en parábolas para que entendáis mejor la Palabra de Dios. Los siete años de comer y beber y de vida desenfrenada son los pecados del pasado. El malvado acreedor es Satanás. Las deudas, son las enfermedades. El trabajo duro son los dolores. El hijo pródigo, sois vosotros mismos. El pago de las deudas, es la expulsión de vosotros de los demonios y de las enfermedades y la curación de vuestro cuerpo. La bolsa de plata recibida del padre es el poder libertador de los ángeles. El padre es Dios. Las posesiones del padre son el cielo y la tierra. Los sirvientes del padre son los ángeles. El campo del padre es el mundo, que se convierte en el Reino de los Cielos, si los hijos de los hombres, trabajan en él, junto a los Ángeles del Padre Celestial”.

"Amaos los unos a los otros, pues Dios es amor, y así sabrán los ángeles que vais por sus caminos. Y entonces acudirán todos los ángeles ante vuestro rostro y os servirán. Y Satán partirá de vuestro cuerpo con todos sus pecados, enfermedades e inmundicias. Id, renunciad a vuestros pecados; arrepentios vosotros mismos; y bautizaos vosotros mismos; para que nazcáis de nuevo y no pequéis más." “Entonces Jesús se levantó. Pero todos los demás permanecieron sentados, pues cada hombre sentía el poder de sus palabras. Y entonces apareció la Luna Llena entre las nubes desgarradas y envolvió a Jesús en su resplandor. De su cabello ascendían destellos, y permaneció erguido entre ellos en la luz de la Luna, como si flotase en el aire. Y nadie se movió, ni tampoco se oyó la voz de nadie. Y nadie supo cuanto tiempo había pasado, pues el tiempo parecía parado. Entonces Jesús tendió sus manos hacia ellos y dijo: "La Paz sea con vosotros". Y de este modo, partió como la brisa que mece las hojas de los árboles. “Y aún durante un buen rato permaneció el grupo sentado sin moverse, y luego fueron saliendo del silencio, uno tras otro, como tras un largo sueño. Pero nadie deseaba irse, como si las palabras de quien les había dejado, aún sonasen en sus oídos. Y permanecieron sentados, como si escuchasen alguna música maravillosa”. “Pues todos sentían que las palabras de quien se había ido unían al pequeño grupo con hilos invisibles. Y todos sentían que habían nacido de nuevo. Veían ante sí un mundo luminoso, incluso cuando la Luna se ocultó en las nubes. Y en los corazones de todos se abrieron flores maravillosas, de una belleza maravillosa: las flores de la alegría”. “Y cuando los brillantes rayos del Sol aparecieron sobre el horizonte, todos sintieron que aquel era el Sol del Reino de Dios que venía. Y con semblantes alegres se adelantaron a encontrar a los ángeles de Dios”. * “Les dijo entonces Jesús: “He venido porque me necesitáis”. Y uno dijo: “Maestro, verdaderamente te necesitamos. Ven y líbranos de nuestros sufrimientos”. “Y Jesús les habló en parábolas: "Sois como el hijo pródigo, quien durante muchos años comió y bebió, pasó sus días con sus amigos en el desenfreno y la lascivia. Y cada semana, sin que su padre lo supiese, contraía nuevas deudas, malgastando cuanto tenía en pocos días. Y los prestamistas siempre le prestaban, pues su padre poseía grandes riquezas y siempre pagaba pacientemente las deudas de su hijo.” “Y en vano amonestaba a su hijo con buenas palabras, porque nunca escuchaba las advertencias de su padre, quien le suplicaba en vano que renunciase a sus vicios sin fin, y que fuera a sus campos a vigilar el trabajo de sus sirvientes. Y el hijo le prometía siempre todo, si el padre le pagaba sus antiguas deudas, mas al día siguiente, empezaba todo de nuevo. Y durante más de siete años, el hijo continuó en su vida licenciosa”. “Pero, al fin, su padre perdió la paciencia y no pagó más a los prestamistas las deudas de su hijo. "Si sigo pagándolas siempre –dijo- no acabarán los pecados de mi hijo". “Entonces, los prestamistas, que se vieron engañados, en su cólera, se llevaron al hijo como esclavo, para que con su trabajo diario, les pagase el dinero que habían tomado prestado. Y entonces se acabó el comer, el beber y todos los excesos diarios. De la mañana a la noche, mojaba los campos con el sudor de su frente, y con el trabajo desacostumbrado todos sus miembros le dolían. Y vivía de pan seco, no teniendo más que sus propias lágrimas para humedecerlo”. “Al tercer día había sufrido tanto por el calor y el cansancio, que le dijo a su dueño: "No puedo trabajar más porque me duelen todos mis miembros. ¿Por cuánto tiempo más me atormentarás?" Y este le dijo: "Hasta el día en que por el trabajo de tus manos me hayas pagado todas tus deudas, y cuando hayan pasado siete años, serás libre". Y el hijo desesperado, respondió llorando: "¡Pero si no puedo soportarlo ni siquiera durante siete días”

“Y entonces los hijos de los hombres se darán amor unos a otros como verdaderos hermanos, el amor que recibieron de su Padre Celestial y de su Madre Naturaleza; y todos se convertirán en consoladores unos de otros. Y desaparecerá entonces de la Tierra, todo mal y toda tristeza, y habrá amor y alegría sobre la Tierra. Y será entonces la Tierra, como los Cielos, y vendrá el reino de Dios”. “Y entonces vendrá el Hijo del Hombre en toda su gloria, para heredar el Reino de Dios. Y entonces los hijos de los hombres dividirán su divina herencia, el Reino de Dios. Pues los Hijos del Hombre, viven en el Padre Celestial y en la Madre Naturaleza y el Padre Celestial y la Madre Naturaleza viven en ellos. Y entonces con el Reino de Dios llegará el Fin de los Tiempos. Pues el Amor del Padre Celestial da vida eterna a todo lo que está en el Reino de Dios. Pues el Amor es eterno. El Amor es más fuerte que la Muerte". **** "Aunque hable con las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, mis palabras son como el sonido del latón o como el tintineo de un platillo. Aunque diga lo que ha de venir y conozca todos los secretos y toda sabiduría; y aunque tenga una fe tan fuerte como la tormenta que mueve las montañas de su sitio, si no tengo amor no soy nada. Y aunque dé todos mis bienes para alimentar al pobre y le ofrezca todo el fuego que he recibido de mi Padre, si no tengo amor, no hallaré en ello provecho alguno”. “El amor es paciente y el amor es amable. El amor no es envidioso, no hace el mal, no conoce el orgullo; no es rudo ni egoísta. Es ecuánime, no cree en la malicia; no se regocija en la injusticia, sino que se deleita en la justicia. El amor lo defiende todo, el amor lo cree todo, el amor lo espera todo, y el amor lo soporta todo; nunca se agota; pero en cuanto a las lenguas, cesarán, y en cuanto al conocimiento, se desvanecerá. Pues poseemos en parte la verdad y en parte el error, mas cuando venga la plenitud de la perfección, lo parcial será aniquilado”. “Cuando el hombre era niño, hablaba como un niño, entendía como un niño, pensaba como un niño; pero cuando se hizo hombre abandonó las cosas de los niños. Porque nosotros vemos ahora, a través de un cristal y a través de dichos oscuros. Ahora conocemos parcialmente, más cuando hayamos acudido ante el rostro de Dios, ya no conoceremos en parte, pues nosotros mismos seremos enseñados por Él. Y ahora nos quedan tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de ellas es el amor. "Y ahora os hablo en la Lengua Viva del Dios Vivo, por medio del Santo Espíritu de nuestro Padre Celestial. No hay ninguno de entre vosotros que pueda entender todo cuanto os digo. Quien os comenta las escrituras, os habla en una lengua muerta de hombres muertos, a través de su cuerpo enfermo y mortal. Por lo tanto a él le pueden entender todos los hombres, pues todos los hombres están enfermos y todos están en la muerte. Nadie ve la Luz de la Vida. El ciego guía a los ciegos en el oscuro sendero de los pecados, las enfermedades y sufrimientos, y al final se precipitan todos en la fosa de la muerte. "Yo he sido enviado por el Padre para que haga brillar la Luz de la Vida entre vosotros. La Luz se ilumina a sí misma y a la oscuridad, mas la oscuridad se conoce sólo a sí misma y no conoce la Luz. Aún tengo que deciros muchas cosas, mas aún no podéis comprenderlas. Pues vuestros ojos están acostumbrados a la oscuridad, y la plena Luz del Padre Celestial os cegaría. Por eso no podéis entender aún cuando os hablo acerca del Padre Celestial, quien me envió a vosotros”. “Seguid pues primero sólo las Leyes de vuestra Madre Naturaleza, de quien os he contado. Y cuando sus ángeles hayan lavado y renovado vuestros cuerpos y fortalecido vuestros ojos, seréis capaces de soportar la Luz de Nuestro Padre Celestial.