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Flota –al menos hasta que Trump desbarató el acuerdo atacando militarmente a Irán y cerrando por completo el Estrecho de Hormuz–, compraron dólares y acumularon bonos del Tesoro, al igual que los exportadores asiáticos de productos manufacturados.
Sin duda, esta versión de la política mercantilista de los exportadores de petróleo nunca fue económicamente viable: en esencia, los productores del Golfo intercambiaban el valioso regalo de la naturaleza, enterrado bajo las arenas de su desierto, por el dudoso papel moneda de Washington. Sin embargo, sí tuvo la ventaja de mantener el precio del petróleo en dólares más bajo que lo que habría sido de otro modo, lo que frenó los incentivos para invertir en otras regiones petroleras del planeta o en energías alternativas.
En definitiva, los operadores de Wall Street y Washington parecen dormir tranquilos bajo la ilusión de que el actual mercado global de bonos del Tesoro estadounidense, improvisado y de mala calidad, es el orden natural y sostenible de los mercados. De hecho, deberían estar aterrorizados ante la perspectiva de que U$S 142 billones adicionales en bonos del Tesoro estadounidense se sumen al castillo de naipes en el que ya se encuentran. Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko
O post La verdad sobre el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU. apareceu primeiro em Instituto Rothbard Brasil.
| 2 | sólo 6% de los U$S 3,4 billones de deuda pública en circulación.
Sin embargo, 20 años después, en 2015, sus tenencias combinadas eran completamente diferentes. Las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense de Japón y China ascendían a U$S 1,25 billones cada una, lo que significa que el total de U$S 2,5 billones representaba 18,4% de la deuda pública total en manos del público a nivel mundial.
Huelga decir que, en el margen, la absorción de U$S 2,23 billones de la prodigiosa emisión de deuda estadounidense de U$S 10,2 billones durante ese período de 20 años, marcó una enorme diferencia en los rendimientos. Ésto se debe a que ni Japón ni China compraron deuda estadounidense en función de su precio durante ese intervalo, ni lo hacen ahora.
Por el contrario, ambos son mercantilistas clásicos dispuestos a hacer lo que sea necesario para promover las exportaciones y, por ende, su modelo de prosperidad interna. Terminaron con tenencias por U$S 2,5 billones de la deuda del Tío Sam para 2015, por lo tanto, como premio de consolación por las intervenciones en el mercado de divisas, no como consecuencia de estrategias de inversión acertadas. Y ciertamente no fue porque idolatraran el rotundo éxito de la economía estadounidense y quisieran participar en el negocio, como argumentan quienes niegan la importancia de los deficits.
Durante este período, los mercantilistas de la Cuenca del Pacífico fueron compradores voraces de dólares y vendedores de sus propias monedas, incluso mientras la Reserva Federal emitía pasivos en dólares sin control. En efecto, entre 1995 y 2015, el balance de la Reserva Federal creció en más de U$S 4 billones, lo que representa un aumento de casi 13% anual.
En igualdad de condiciones, las monedas de países exportadores con grandes superavits comerciales, como China y Japón, se habrían apreciado considerablemente frente a la avalancha de dólares estadounidenses y el consiguiente aumento exponencial del deficit de la balanza de pagos de Estados Unidos. A su vez, el costo en dólares de los productos manufacturados chinos y japoneses habría aumentado drásticamente, reduciendo así su ventaja competitiva en los estantes de Walmart, etc.
Sin embargo, en un mundo dominado por las monedas fiduciarias, los bancos centrales pueden fácilmente eludir las leyes de la economía. En este caso, el Banco de Japón y el Banco Popular de China compraron dólares estadounidenses a raudales, reduciendo así la apreciación de sus propias monedas frente al dólar. El resultado fue el bloqueo del impacto adverso que, de otro modo, habría tenido la debilidad del dólar en sus cuentas comerciales. Es decir, con su supuesta sabiduría (o no), intercambiaron el esfuerzo de sus trabajadores y el ingenio de sus fabricantes y empresarios, por una creciente montaña de bonos del Tesoro estadounidense.
Así, al comprar U$S 2,3 billones en emisiones de deuda estadounidense durante estas dos décadas, no actuaron como inversores dispuestos a basar sus decisiones en el precio de los bonos del Tesoro estadounidense, sino como mercantilistas mal encaminados. De esta forma, endeudaron a sus propios países con el dudoso papel que los políticos del Partido Unido emitían a un ritmo creciente a orillas del Potomac. Exportadores de petróleo del CCG
El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, etc.) destaca con una ganancia de más de U$S 340.000 millones en bonos del Tesoro estadounidense desde 2008. De esta cantidad, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos representan en conjunto aproximadamente 60-65% (entre U$S 200.000 y U$S 220.000 millones). En este caso, el mercantilismo exportador también explica esta situación.
Dados los grandes superavits comerciales de estos exportadores de petróleo, sus monedas tenderían a apreciarse considerablemente frente al dólar, en igualdad de condiciones. Por supuesto, no es así. A cambio de lo que las naciones del CCG consideraban la protección militar de las bases de Washington y la Quinta [...] | 2 |
| 3 | Instituto Rothbard
La verdad sobre el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU.
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/tesouro-americano.jpg
L
a idea implícita de que los actuales acuerdos de financiamiento para los U$S 31 billones en bonos del Tesoro estadounidense en manos del público, representan el orden natural de las cosas en los mercados financieros, es un completo disparate.
Y eso sin mencionar la gigantesca tarea que tenemos por delante: encontrar destino para otros U$S 142 billones en bonos del Tesoro estadounidense para mediados de siglo, con una rentabilidad sostenible que no provoque el colapso del mercado de bonos.
Lo cierto es que el actual mercado global de bonos del Tesoro estadounidense es una construcción totalmente artificial e improvisada, resultado de la impresión de dinero por parte de los bancos centrales del mundo, liderados por la Reserva Federal. Esta última ha generado tres formas de demanda artificial de bonos gubernamentales, que marcan la diferencia entre las rentabilidades ultrabajas e insostenibles de los bonos gubernamentales actuales, y los niveles mucho más altos que prevalecerían bajo un régimen de moneda sólida y precios justos basados en la oferta y la demanda.
Estas tres fuentes de demanda artificial de bonos del Tesoro estadounidense incluyen:
* El propio balance inflado de la Reserva Federal.
* Los bancos centrales de los países exportadores mercantilistas, y los países exportadores de petróleo del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).
* Las enormes tenencias de fondos de cobertura globales y otros inversores y especuladores centrados en el valor relativo.
Antes de profundizar en los detalles de estos tres factores artificiales de demanda, y el papel que desempeñaron en el financiamiento del aumento de más que nueve veces en la deuda pública federal, de U$S 3,4 billones en 1995 a U$S 31,3 billones en la actualidad, es necesario recordar que los rendimientos que prevalecieron durante este período de 30 años distaron mucho de ser naturales, racionales o sostenibles.
De hecho, el gráfico del rendimiento ajustado a la inflación del bono de referencia del Tesoro estadounidense –T-bond a 10 años– habla por sí solo. Cuando la Reserva Federal finalmente redujo el rendimiento real del bono más importante de todo el mercado financiero global al nivel absurdamente bajo de -4,2% en Agosto de 2022, el rendimiento real ya llevaba casi tres décadas cayendo en picado, ¡acumulando una caída de más de 900 puntos base!
Exactamente. No existe la más mínima posibilidad de que un desplome de 30 años en los rendimientos de los bonos ajustados a la inflación, como se muestra a continuación, pudiera haberse producido en un mercado honesto, regido por la oferta y la demanda, y con una moneda sólida respaldada por oro.
En cambio, este es el sello distintivo del modelo keynesiano de los bancos centrales. Es decir, el modelo ilusorio que supone que la prosperidad es impulsada inundando la economía con deuda fácil, en lugar de fortalecer los verdaderos fundamentos de la prosperidad y la creación de riqueza: la generación de más empleos, capital, tecnología y espíritu emprendedor.
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/word-image-72718-1-600x313-1.png
Analizaremos el papel del propio balance de la Reserva Federal en la generación de esta distorsión insostenible de los mercados de bonos, pero primero revisaremos el papel de las tenencias internacionales de bonos del Tesoro estadounidense y el papel clave que desempeñan los exportadores mercantilistas.
Incluso en 1995, en el Capitolio cuando aún eran libradas batallas por la disciplina fiscal y la reducción del deficit, las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense de los dos principales exportadores mercantilistas –China y Japón– eran insignificantes. Sus U$S 205.000 millones en tenencias de bonos del Tesoro estadounidense representaban [...] | 1 |
| 4 | smo, el puritanismo de izquierda y la victimización acreditada.
Un análisis, pues, de quiénes son nuestros aliados naturales, política e intelectualmente, en la era venidera. Debe quedar meridianamente claro que se trata de los “paleoconservadores” o la derecha republicana, muchos de los cuales han redescubierto y abrazado sus raíces en la Vieja Derecha, en una política exterior “aislacionista” que se opone al expansionismo internacional y defiende la República Americana tradicional. Estos paleoconservadores son también nuestros aliados en la lucha contra la tiranía social del ecologismo, la corrección política y el multiculturalismo, que amenazan con destruir no sólo el libre mercado, sino la propia civilización occidental.
Por lo tanto, los libertarios que deseen ser políticamente eficaces, deben comprender que la pureza doctrinal, si bien es esencial para la identidad filosófica, es un lujo que no podemos permitirnos en la política de coalición. Debemos aprender a distinguir entre lo fundamental y lo accesorio, entre lo que es principio y lo que es táctica. Y, sobre todo, debemos tener el valor de reconocer que el enemigo de nuestro enemigo puede ser nuestro amigo, incluso si no comparte todos nuestros dogmas.
Por eso, en lugar de aislarnos en un partido sectario, deberíamos participar en el gran debate estadounidense, llevando nuestras ideas a donde realmente puedan influir en el curso de los acontecimientos. El Partido Republicano, con todos sus defectos, es actualmente el vehículo más prometedor para esta tarea. Y si somos lo suficientemente sabios como para abandonar el sectarismo y abrazar la coalición, no sólo podremos salvar la libertad, sino también restaurar la salud de nuestra república. Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko
O post Purismo y política libertaria apareceu primeiro em Instituto Rothbard Brasil. | 1 |
| 5 | Instituto Rothbard Purismo y política libertaria
Publicado en el Rothbard-Rockwell Report de Noviembre de 1990.
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/Partisan.jpeg
C
uando militaba en el Partido Libertario, era acérrimo defensor de principios y de candidatos puros y coherentes, y azotaba a cualquiera que se desviara de los mismos. Sin embargo, ahora que me inclino hacia el Partido Republicano, parece que menciono, e incluso insisto, en candidatos libertarios puros. ¿No es acaso una contradicción, o es que he “madurado” con la edad?
La respuesta: Por supuesto que no he madurado. La sola idea es un insulto. Tampoco es una contradicción si reflexionamos un momento sobre el propósito de la acción política. El objetivo principal de un Partido Libertario era promover las ideas libertarias en la esfera política. La pureza y la coherencia eran fundamentales, porque si uno ondea la bandera libertaria y comienza a abandonar o evadir los principios, resulta contraproducente y daña gravemente la doctrina libertaria, que es precisamente la razón de ser de un Partido Libertario. En definitiva, ¿qué sentido tiene tener un tercer partido tan extravagante, si simplemente va a ofrecer una versión modificada de la doctrina republicana, demócrata o conservadora, o de cualquier otra?
Como espero dejar claro en mi serie de artículos “¿Por qué Paleo?”, el Partido Libertario cumplió una función histórica: difundir el nombre y el concepto del libertarismo en los medios de comunicación y la sociedad, de modo que ahora todos conocen esta doctrina. Esta tarea ya ha sido cumplida, de hecho, desde la campaña de 1980, y el Partido Libertario, ahora en declive, debería tener la satisfacción de saber que ya ha desempeñado su papel en el escenario histórico. Ahora que el LP ha cumplido esta tarea y las condiciones han cambiado drásticamente con el fin de la Guerra Fría, el Partido Libertario sólo sirve como club social para sus miembros y para charlatanes. Parafraseando el inmortal consejo del senador Aiken sobre la Guerra de Vietnam, ya es hora de declarar la victoria y de retirarse. Es hora de seguir adelante y abandonar el Partido Libertario. Como dice el dicho, “dejarlo todo atrás”.
Pero si nos fijamos en el Partido Republicano, debemos entender que la política de los grandes partidos es diferente: siempre ha sido política de coaliciones. Esperar que un candidato republicano sea 100% libertario, o denunciar a cualquiera que no lo sea, es una especie de insensatez. Además, dado que el Partido Republicano no se autodenomina “libertario”, no tenemos la obligación moral de actuar como jueces de la pureza libertaria. En la política de coaliciones, es electo el mejor candidato posible y, en particular, se busca el consenso en aquellos temas o conjuntos de temas que se consideran más importantes.
Pero ésto significa que los libertarios, al igual que los republicanos, necesitan ejercer el juicio, una cualidad poco común en nuestro movimiento. ¿Qué temas, tanto de largo plazo como en este momento y lugar específicos, son los más importantes? En este ejercicio de juicio, la pureza doctrinal no ayuda. La valoración y el interés por el mundo real ocupan ahora un lugar destacado; y, lamentablemente, estas cualidades no son precisamente el sello distintivo de los libertarios, quienes suelen ser sólidos en la teoría pero débiles en la práctica. Para mí, las prioridades políticas siempre han sido claras: primero, la oposición a una política exterior estadounidense intervencionista y belicista; y segundo, la defensa del libre mercado y la propiedad privada, y la oposición al estatismo. En la actualidad, me resulta evidente que, más allá de la intervención extranjera y la globalización, el principal peligro para la libertad y los mercados libres proviene de la “tiranía social” que ha logrado ocupar la primera posición moral casi sin oposición en la última década: la constelación ideológica del ecologi[...] | 1 |
| 6 | ientalismo, do Puritanismo de Esquerda e da Vitimologia Credenciada.
Uma análise, então, de quem são nossos aliados naturais, política e intelectualmente, na próxima era. Deveria ser cristalino que eles são os “paleoconservadores” ou a direita republicana, muitos dos quais redescobriram e abraçaram suas raízes na Velha Direita, em uma política externa “isolacionista” que se opõe opõe-se ao aventureirismo estrangeiro e defende a tradicional República Americana. Esses paleoconservadores são também nossos aliados na luta contra a tirania social do ambientalismo, do politicamente correto e do multiculturalismo, que ameaçam destruir não apenas o mercado livre, mas a própria civilização ocidental.
Portanto, os libertários que desejam ser politicamente eficazes devem compreender que a pureza doutrinária, embora essencial para a identidade filosófica, é um luxo que não podemos ostentar na política de coalizão. Devemos aprender a distinguir entre o que é fundamental e o que é acessório, entre o que é princípio e o que é tática. E, acima de tudo, devemos ter a coragem de reconhecer que o inimigo do nosso inimigo pode ser nosso amigo – mesmo que ele não compartilhe de todos os nossos dogmas.
É por isso que, ao invés de nos isolarmos em um partido de seita, devemos nos engajar no grande debate americano, levando nossas ideias para onde elas possam realmente influenciar o curso dos acontecimentos. O Partido Republicano, com todas as suas falhas, é atualmente o veículo mais promissor para essa tarefa. E se formos suficientemente sábios para abandonar o sectarismo e abraçar a coalizão, poderemos não apenas salvar a liberdade, mas também restaurar a saúde da nossa república. Artigo original aqui
O post Purismo e política libertária apareceu primeiro em Instituto Rothbard Brasil. | 1 |
| 7 | Instituto Rothbard
Purismo e política libertária
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/Partisan.jpeg [Publicado no Rothbard-Rockwell Report de novembro de 1990]
Quando eu era ativo no Partido Libertário, eu era um notório defensor de princípios e candidatos puros e consistentes, e era o flagelo de todos os que desviavam dos princípios. E, no entanto, agora que estou me movendo em direção ao Partido Republicano, pareço não estar mencionando, muito menos insistindo, em candidatos libertários puros. Isso não é uma contradição, ou será que eu “amadureci” com a idade?
A resposta: claro que não amadureci. A simples ideia é um insulto. Também não é uma contradição, se pensarmos por um momento sobre o propósito da ação política. O principal objetivo de ter um Partido Libertário era promover ideias libertárias na esfera política. Pureza e consistência eram extremamente importantes, porque se você está hasteando a bandeira libertária e começa a abandonar ou tergiversar sobre princípios, você é contraproducente e prejudica violentamente a doutrina libertária, que é exatamente a razão de ter um Partido Libertário em primeiro lugar. Afinal, qual é o sentido de ter um terceiro partido maluco, se você vai simplesmente oferecer uma doutrina republicana, democrata ou conservadora modificada, ou seja lá o que for?
Como espero deixar claro em minha série de artigos “Por que paleo?”, o Partido Libertário cumpriu uma função histórica: difundir o nome e o conceito de libertarianismo em toda a mídia e na sociedade, de modo que todos agora sabem do que se trata a doutrina. Essa tarefa já foi cumprida e, de fato, foi realizada desde a campanha de 1980, e o Partido Libertário, agora em decadência, deveria ter a satisfação de saber que já desempenhou seu papel designado no cenário histórico. Agora que o PL cumpriu essa tarefa e as condições mudaram drasticamente com o fim da Guerra Fria, o Partido Libertário serve apenas como um clube social para seus membros e artistas embusteiros. Já passou da hora, para parafrasear o imortal conselho do Senador Aiken sobre a Guerra do Vietnã, de declarar vitória e cair fora. É hora de seguir em frente e sair do PL. Partido Libertário: no clichê atual, “deixar tudo para trás”.
Mas se seguirmos para o Partido Republicano, devemos entender que a política de grandes partidos é diferente: ela é e sempre foi política de coalizão. Esperar que um candidato republicano seja 100% libertário, ou denunciar qualquer um que não o seja, é uma espécie de imbecilidade. Além disso, como o Partido Republicano não se autodenomina “libertário”, não temos obrigação moral de atuar como testadores da pureza libertária. Na política de coalizão, você pega o melhor candidato que pode conseguir e, em particular, busca concordância naquelas questões ou conjuntos de questões que você considera mais importantes.
Mas isso significa que os libertários, como republicanos, precisam exercer julgamento – uma qualidade rara em nosso movimento. Quais questões, tanto a longo prazo quanto neste momento e lugar específicos, são mais importantes? Em tal exercício de julgamento, a pureza da doutrina não ajuda. A avaliação do mundo real e o interesse por ele agora ocupam um lugar de destaque: e infelizmente essas qualidades não são exatamente a marca registrada dos libertários, que tendem a ser fortes em teoria pura, mas fracos em atravessar a rua.
Para mim, as prioridades políticas sempre foram claras: em primeiro lugar, a oposição a uma política externa intervencionista e pró-guerra dos EUA; e, em segundo lugar, a devoção ao livre mercado e à propriedade privada, e a oposição ao estatismo. No momento atual, está claro para mim que, além da intervenção estrangeira e da globalice, o principal perigo tanto para a liberdade quanto para os mercados livres vem da “tirania social” que conseguiu ocupar a primeira posição moral quase sem oposição na última década: a constelação ideológica do amb[...] | 1 |
| 8 | rados.
Sem dúvida, essa versão de política mercantilista dos exportadores de petróleo nunca foi economicamente sólida — essencialmente, os produtores do Golfo estavam trocando o valioso presente da Mãe Natureza, enterrado sob as areias do deserto, pelo pedaço de papel duvidoso de Washington. Mas isso teve a vantagem de manter o preço do petróleo em dólares mais baixo do que seria de outra forma, retardando assim os incentivos para investimentos em províncias petrolíferas em outras partes do planeta ou em formas alternativas de energia.
No fim das contas, os operadores de Wall Street e Washington parecem dormir tranquilos à noite, iludidos de que o atual mercado global improvisado de títulos do Tesouro americano representa a ordem natural e sustentável dos mercados. Na verdade, porém, eles deveriam estar apavorados com a perspectiva de US$ 142 trilhões em títulos adicionais entrando no mercado, que se somará ao castelo de cartas em que já vivem. Artigo original aqui
O post A verdade sobre o mercado de títulos do Tesouro dos EUA apareceu primeiro em Instituto Rothbard Brasil. | 1 |
| 9 | participações em títulos do Tesouro do Japão e da China totalizavam 1,250 biliões de dólares cada, o que significa que o total de 2,5 biliões de dólares representava 18,4% da dívida total do Tesouro detida pelo público a nível mundial.
É evidente que a absorção marginal de US$ 2,23 trilhões dos prodigiosos US$ 10,2 trilhões emitidos pelo governo americano durante esse período de 20 anos fez uma enorme diferença nos rendimentos. Isso porque nem o Japão nem a China compravam títulos da dívida americana com base no preço durante esse período, nem o fazem atualmente.
Pelo contrário, ambos são mercantilistas clássicos, dispostos a tudo para promover as exportações e, assim, seu modelo de prosperidade interna. Acabaram devendo US$ 2,5 trilhões da dívida do Tio Sam em 2015, portanto, como prêmio de consolação pelas intervenções no mercado cambial, e não como consequência de estratégias de investimento sagazes. E certamente não foi porque idolatravam o sucesso estrondoso da economia americana e queriam uma fatia do bolo — como argumentam aqueles que dizem que o déficit não importa.
Durante esse período, os mercantilistas da região do Pacífico foram compradores vorazes de dólares e vendedores de suas próprias moedas — mesmo enquanto o Fed emitia passivos em dólares como se não houvesse amanhã. Para ilustrar, entre 1995 e 2015, o balanço patrimonial do Fed cresceu em mais de US$ 4 trilhões, representando um aumento de quase 13% ao ano. Em condições normais, as moedas de grandes exportadores com superávit comercial, como a China e o Japão, teriam se valorizado fortemente diante da entrada maciça de dólares americanos e da consequente explosão do déficit na balança de pagamentos dos EUA. Por sua vez, o custo em dólares dos produtos manufaturados chineses e japoneses teria aumentado drasticamente, reduzindo assim sua vantagem competitiva nas prateleiras de grandes redes varejistas, como o Walmart.
No entanto, em um mundo dominado por moedas fiduciárias, as leis da economia podem ser facilmente ignoradas pelos bancos centrais. Nesse caso, o Banco do Japão (BOJ) e o Banco Popular da China (PBOC) compraram dólares americanos em larga escala, reduzindo assim a valorização de suas próprias moedas em relação ao dólar. O resultado foi o bloqueio do que teria sido o impacto negativo da desvalorização do dólar em suas contas comerciais. Ou seja, em sua sabedoria (ou falta dela), eles trocaram o suor de seus trabalhadores e o gênio de seus fabricantes e empreendedores por uma montanha crescente de títulos do Tesouro dos EUA.
Assim, ao comprarem US$ 2,3 trilhões em emissões da dívida do Tio Sam durante esse período de duas décadas, eles não agiram como investidores dispostos a investir em títulos do Tesouro dos EUA com base no preço, mas como mercantilistas equivocados. Ao fazerem isso, deixaram seus próprios países com o papel duvidoso que estava sendo emitido em taxas crescentes pelos políticos do Partido Único às margens do Potomac. Exportadores de petróleo do CCG O Conselho de Cooperação do Golfo (Arábia Saudita, Emirados Árabes Unidos, Kuwait, Catar, etc.) destaca-se com um ganho de mais de US$ 340 bilhões em títulos do Tesouro dos EUA desde 2008. Desse total, a Arábia Saudita e os Emirados Árabes Unidos juntos representam cerca de 60 a 65% (aproximadamente US$ 200 a 220 bilhões combinados). Nesse caso também, o mercantilismo de exportação fornece a explicação.
Considerando os grandes superávits comerciais desses exportadores de petróleo, suas moedas tenderiam a se valorizar acentuadamente em relação ao dólar, tudo o mais constante. Claro que não é o caso. Em troca do que as nações do Conselho de Cooperação do Golfo (CCG) consideravam a proteção militar das bases de Washington e da Quinta Frota — pelo menos até Trump desmantelar o acordo ao atacar militarmente o Irã e fechar completamente o Estreito de Ormuz — elas compraram dólares e acumularam títulos do Tesouro, assim como os exportadores asiáticos de produtos manufatu[...] | 1 |
| 10 | Instituto Rothbard
A verdade sobre o mercado de títulos do Tesouro dos EUA
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/tesouro-americano.jpg A noção implícita de que os atuais acordos de financiamento para os US$ 31 trilhões em títulos do Tesouro dos EUA detidos pelo público representam a ordem natural das coisas nos mercados financeiros é um completo absurdo.
E isso sem falar da tarefa gigantesca que temos pela frente: encontrar um destino para outros US$ 142 trilhões em títulos do Tesouro americano até meados do século, com um rendimento sustentável que não leve os mercados de títulos ao colapso.
O fato é que o mercado global atual de títulos do Tesouro dos EUA é uma construção totalmente artificial e improvisada, resultante da impressão de dinheiro pelos bancos centrais do mundo, liderados pelo Fed. Este último gerou três formas de demanda artificial por títulos do governo que fazem toda a diferença entre os rendimentos ultrabaixos e insustentáveis dos títulos do governo de hoje e os níveis muito, muito mais altos que prevaleceriam sob um regime de moeda sólida e preços honestos baseados na oferta e na demanda.
Essas três fontes de demanda artificial por de títulos do Tesouro americano incluem:
* O próprio balanço patrimonial inchado do Fed.
* Os bancos centrais dos países exportadores mercantilistas e dos países exportadores de petróleo do Conselho de Cooperação do Golfo (CCG).
* As enormes participações de fundos de hedge globais e outros investidores e especuladores focados em valor relativo.
Antes de nos aprofundarmos nos detalhes desses três fatores de demanda artificiais e no papel que desempenharam no financiamento de um aumento de nove vezes na dívida federal pública, de US$ 3,4 trilhões em 1995 para US$ 31,3 trilhões atualmente, é preciso lembrar que os rendimentos que prevaleceram durante esse período de 30 anos foram tudo menos naturais, racionais ou sustentáveis.
De fato, o gráfico do rendimento ajustado pela inflação do título do Tesouro americano de referência — o título de 10 anos — fala por si só. Quando o Fed finalmente levou o rendimento real do título mais importante de todo o mercado financeiro global ao nível absurdamente baixo de -4,2% em agosto de 2022, o rendimento real já vinha caindo vertiginosamente há quase três décadas, acumulando uma queda de mais de 900 pontos-base!
Exatamente. Não há a mínima chance de que um colapso de 30 anos nos rendimentos dos títulos ajustados pela inflação, como o mostrado abaixo, pudesse ter ocorrido em um mercado honesto, regido pela oferta e demanda e operando com moeda sólida lastreada em ouro.
Em vez disso, esta é a marca registrada do modelo keynesiano de bancos centrais. Ou seja, o modelo ilusório que pressupõe que a prosperidade é impulsionada pela inundação da economia com dívidas fáceis, em vez de fortalecer os verdadeiros alicerces da prosperidade e do aumento da riqueza — a saber, a geração de mais trabalho, capital, tecnologia e empreendedorismo.
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Abordaremos o papel do próprio balanço patrimonial do Fed na geração dessa distorção insustentável dos mercados de títulos, mas primeiro analisaremos o papel das participações internacionais em títulos do Tesouro dos EUA e o papel fundamental desempenhado pelos exportadores mercantilistas.
Mesmo em 1995 — quando ainda havia batalhas em curso em Washington por disciplina fiscal e redução do déficit — as participações em títulos do Tesouro dos EUA dos dois principais exportadores mercantilistas — China e Japão — eram insignificantes. Seus US$ 205 bilhões em títulos do Tesouro dos EUA representavam apenas 6% dos US$ 3,4 trilhões da dívida pública do Tesouro.
Contudo, 20 anos depois, em 2015, as suas participações combinadas ocupavam um lugar completamente diferente. As [...] | 1 |
| 11 | cilitar la transferencia de poder civil, el gabinete de seguridad política israelí ha rechazado por completo la transición. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, calificó abiertamente la medida como “engaño”, argumentando que una administración tecnocrática estaría limitada a realizar tareas municipales como la recogida de basura, permitiendo así la persistencia de las redes de resistencia.
Por el contrario, la estrategia militar israelí sigue alimentando las condiciones que socavan cualquier posibilidad de estabilizar la devastada Franja. Su objetivo no es simplemente rechazar una administración palestina alternativa, sino asegurar que no pueda surgir ninguna autoridad gubernamental palestina funcional. Al hacerlo, Tel Aviv pretende crear un permanente vacío de gobierno, sembrando aún más caos y fragmentación.
Si no es permitido que ningún órgano político palestino alternativo estabilice Gaza, el colapso inevitable obligará a las facciones locales a recuperar el control sobre la supervivencia diaria, lo que dará a Israel aún más pretextos para infligir mayor castigo a una población indefensa.
Tras la maniobra política de Hamas, Israel respondió con su táctica habitual: violencia inmediata. Ésto quedó claramente demostrado el 9 de Julio, cuando las fuerzas israelíes llevaron a cabo un ataque aéreo selectivo contra un vehículo en la ciudad de Gaza en un intento fallido por asesinar al portavoz de Hamas, Hazem Qassem. Si bien el atentado fracasó, el ataque envió un mensaje claro: Israel no tiene intenciones de respetar las transformaciones políticas ni los altos el fuego.
Mientras no son construidas casas, ni escuelas, ni son reabiertos hospitales, las únicas cifras que siguen aumentando son las de muertos y heridos. El costo humano ha alcanzado proporciones incalculables: el número de palestinos muertos en Gaza ha superado los 73.000, y el de heridos, los 173.200. Trágicamente, estas cifras siguen aumentando a diario: más de 1.100 palestinos han muerto desde que fue inicialmente acordado el supuesto alto el fuego, lo que demuestra que la tregua sólo existe en la retórica mediática, no en la realidad.
Ésto nos lleva a una única e ineludible conclusión: la vía política destinada a reconstruir Gaza y poner fin a la presencia militar israelí, tiene poca o ninguna repercusión en la cruda realidad que se vive sobre el terreno.
La única salida es una voluntad internacional más fuerte e independiente, que arrebate el futuro de Gaza al control de Netanyahu, traduciendo los acuerdos políticos en resultados humanitarios inmediatos, y el fin definitivo de la ocupación israelí.
Mientras Israel no se vea obligado a renunciar a su control militar sobre Gaza, todo nuevo comité, mecanismo de reconstrucción o iniciativa diplomática corre el riesgo de convertirse en poco más que teatro político. Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko
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Estrategia israelí no tan secreta: el verdadero plan para Gaza
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/Netanyahu-Gaza.jpg En resumen: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no tiene intención de abandonar Gaza, ni antes de las elecciones generales israelíes –que posiblemente tengan lugar en Octubre– ni después. Ceder un ápice del aproximadamente 70% del territorio que su ejército ocupa actualmente en Gaza, sería considerado una debilidad por la mayoría de los votantes israelíes, y provocaría una revuelta abierta dentro de su coalición extremista.
En repetidas ocasiones ha dejado claras sus intenciones. Las recientes declaraciones de la cúpula política israelí no han hecho sino reforzar esta realidad, con funcionarios que insisten en que Israel debe mantener dominio militar indefinido sobre la Franja, y rechazan explícitamente cualquier acuerdo que exija la retirada total de las tropas. Para Netanyahu, la presencia militar en Gaza es permanente, no una moneda de cambio temporal.
Algunos podrían argumentar que las declaraciones de Netanyahu son simplemente propaganda política destinada a prolongar su carrera y evitar las desastrosas consecuencias que le esperan –en términos de investigaciones estatales y juicios– si fuera destituido del poder. Sin embargo, sus políticas extremistas a lo largo de toda su trayectoria al frente de la política israelí demuestran lo contrario. Nunca ha habido un momento en la historia de Netanyahu en el que haya mostrado genuina voluntad de llegar a un compromiso o participar en un proceso político auténtico con los palestinos.
Ésto reduce prácticamente a la irrelevancia la función de la Junta de Paz liderada por Washington y sus subsiguientes órganos administrativos. Estas entidades –incluido el Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG) y la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) multinacional– fueron creadas supuestamente con el único objetivo de gestionar una fase de transición, proporcionar ayuda humanitaria, y desplegar una zona de amortiguación para el mantenimiento de la paz que facilitara una retirada militar israelí gradual.
Parece que se están configurando dos caminos distintos e irreconciliables. Uno es el camino israelí de guerra continua, ocupación militar arraigada, y genocidio prolongado. El otro es un camino internacional, firmemente controlado por Washington, cuyo objetivo principal es encontrar formas alternativas de gestionar Gaza en nombre de Israel.
Aun con sus evidentes limitaciones, la primera fase del plan para Gaza promete teóricamente un reposicionamiento militar israelí gradual, un alto el fuego sostenible, una afluencia masiva de ayuda para la reconstrucción, y la transferencia progresiva de la administración civil a una autoridad palestina no faccional.
En la práctica, poco de ésto ha sido cumplido. Si bien Estados Unidos y los enviados internacionales afirman que el alto el fuego depende del desarme, Israel ha aprovechado el estancamiento diplomático para avanzar sus tropas hacia la Franja, en lugar de retirarlas. La ayuda sigue bloqueada en las fronteras, y la prometida reconstrucción ni siquiera ha comenzado.
Se están llevando a cabo conversaciones indirectas en El Cairo, aunque parece que sólo es exigida responsabilidad a los palestinos, o se espera que hagan grandes concesiones. Además, tras 19 años de gobierno de Hamas en Gaza, el movimiento anunció el 6 de Julio la disolución oficial del Comité de Emergencia que administraba la Franja. El movimiento declaró su plena disposición a transferir el gobierno al Comité Nacional, destinado a administrar Gaza en el marco del plan mediado por Estados Unidos.
En teoría, ésto sugiere que finalmente se está produciendo una transición política. En realidad, no está ocurriendo tal cosa.
Israel impide activamente que este gobierno tecnocrático asuma funciones reales. En lugar de fa[...] | 1 |
| 13 | roductores y consumidores, presentan ahora profundas distorsiones que perturban los procesos de cálculo, planificación y responsabilidad económica. La orientación a corto plazo de las políticas gubernamentales impregna la estructura de incentivos y, en consecuencia, la forma en que los individuos perciben su entorno material. Como resultado, la producción se orienta cada vez más hacia el corto plazo, priorizando la inmediatez y lo desechable frente a la durabilidad y la calidad. Esto no se debe a un declive moral espontáneo, sino más bien a un marco institucional que penaliza sistemáticamente la prudencia, la acumulación paciente y la responsabilidad intertemporal. Conclusión
Nuestro orden económico actual presenta patrones comúnmente asociados con el consumismo, la erosión moral y la inseguridad generalizada. Esto no es el resultado de una transformación de la naturaleza humana, sino de un marco institucional que distorsiona sistemáticamente la estructura de incentivos, reasignando la responsabilidad y el riesgo a favor de intereses privados concentrados a través del Estado. En el proceso de expansión política, las instituciones construidas ladrillo a ladrillo son pisoteadas, mientras que la imposición se presenta retóricamente como una fuente de prosperidad.
Superar este problema, al igual que todos los asuntos relacionados con las estructuras sociales, no se consigue mediante elecciones ni guerras, sino mediante la victoria en el ámbito ideológico. Lo que hoy llamamos «capitalismo» es, en gran medida, la negación institucional de las mismas condiciones que lo hicieron posible. Sin sorpresas.
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| 14 | es ideológicas que tuvieron lugar a partir del siglo XVI, incluyendo rupturas religiosas, éticas, políticas y jurídicas que configuraron la idea del monopolio gubernamental como algo inevitable.
Uno de los precursores intelectuales de esta concepción fue el liberalismo político. En su intento por racionalizar y limitar el poder político, el liberalismo introdujo categorías como la soberanía, el legalismo y el contractualismo. Aunque su intención era limitar el gobierno arbitrario, estas categorías contribuyeron en última instancia a la formalización y legitimación del propio monopolio político. En lugar de resolver el problema de la autoridad centralizada, el liberalismo le proporcionó un sólido marco conceptual, que más tarde sería reinterpretado, radicalizado y ampliado de manera instrumental por el socialismo.
Desde entonces, el discurso político ha quedado atrapado en la dicotomía «capitalismo versus socialismo», una oposición que —en lugar de cuestionar el monopolio estatal como tal— da por sentada su existencia como un hecho incuestionable y limita el debate a la forma en que dicho monopolio debe intervenir, regular o redistribuir dentro del orden social. Es en este marco ideológico donde toma forma el capitalismo histórico. Capitalismo por decreto
El marco institucional del capitalismo contemporáneo responde principalmente a las condiciones impuestas por el poder político, que a su vez se entrelaza estructuralmente con el poder económico, dando lugar a lo que comúnmente se describe como «capitalismo de amiguismo». Aunque conserva las formas externas del capitalismo natural —la propiedad privada, el dinero, el capital, la empresa—, este capitalismo de carácter arbitrario, o basado en decretos, representa una profunda degeneración cualitativa.
Como explica Hans-Hermann Hoppe, bajo un régimen de propiedad fiduciaria y banca centralizada, el marco de incentivos al que se enfrenta el empresario se ve radicalmente alterado. Mientras que, en un mercado libre, la rentabilidad depende de la capacidad de anticipar y satisfacer las preferencias de los consumidores, bajo el estatismo, el éxito empresarial depende cada vez más de la relación con el poder político. El resultado no es una distorsión marginal del capitalismo, sino una transformación cualitativa del papel del empresario: de coordinador de recursos a buscador de privilegios.
La propiedad privada, los precios y la iniciativa privada siguen existiendo; sin embargo, lo que se transforma de manera decisiva es el marco de incentivos que guía la actividad económica, alterando así los mecanismos de responsabilidad, cálculo y coordinación que caracterizan a un orden genuinamente capitalista. Esta transformación no es uniforme en todos los sectores de la sociedad: cuanto mayor es la importancia económica y política de una empresa, más expuesta está a la influencia del poder político. Naturalmente, no podemos poner en la misma categoría a alguien que se gana la vida vendiendo queso que a alguien que se gana la vida vendiendo armamento militar.
En este contexto, el dinero deja de ser una mera señal y se convierte también en una forma encubierta de redistribución monetaria. El crédito deja de reflejar el ahorro real y pasa a representar una expansión inducida políticamente. El tipo de interés deja de reflejar las preferencias temporales de los individuos y se fija políticamente. Los salarios dejan de reflejar la productividad marginal y se convierten en objeto de negociación política. Los beneficios empresariales dejan de ser gradualmente un símbolo de la satisfacción preferencial del consumidor y pasan a sustentarse en licencias, subvenciones, contratos estatales y protecciones normativas. Por último, la deuda deja de constituir una restricción económica efectiva y el financiamiento del déficit público pasa a desempeñar un papel funcional dentro del sistema, transfiriendo sus costes al resto de la sociedad.
Todas estas señales, que en un principio desempeñaban una función natural de coordinación entre p[...] | 1 |
| 15 | mantenidos que requieren una transmisión continua. En este sentido, pueden entenderse como tecnologías mentales, siempre sujetas a una evaluación ideológica.
Así, de la autodeterminación, la cooperación y el lenguaje surge la propiedad privada, y a partir de ella se desarrollan otras tecnologías institucionales. Ninguna de estas instituciones surgió por decreto; son el producto de la cooperación espontánea de innumerables individuos, a lo largo del tiempo, cada uno persiguiendo sus propios objetivos. Capitalismo natural
El capitalismo empieza a tomar forma de manera natural cuando la planificación y las expectativas individuales dejan de estar dominadas por lo inmediato y se orientan cada vez más hacia el medio y largo plazo.
La ampliación de los horizontes productivos tiene por objeto alcanzar una mayor cantidad y calidad de objetivos a un coste relativo cada vez menor. Sin embargo, cuanto más amplio es este horizonte, mayor es la profundidad que se requiere en términos de cálculo económico. Es en este punto donde surge la categoría definitoria del capitalismo —el capital, entendido como una categoría de cálculo a través de la cual el agente valora y conserva los bienes producidos anteriormente como medios destinados a futuros procesos productivos.
El capitalismo, en sentido estricto, no constituye una institución social única, sino más bien un marco institucional que articula la propiedad privada de los medios de producción, el dinero como señal coordinadora y la planificación intertemporal de la acción a través del capital. En este sentido, el capitalismo no es ni un hecho dado ni una construcción deliberada, sino un orden institucional complejo cuya aparición depende de la conjunción de instituciones coordinadoras estables. Por consiguiente, la calidad del capitalismo depende por completo de la calidad de las instituciones que lo componen.
¿Qué es lo que determina, entonces, la calidad de las instituciones? Si bien las estructuras sociales se basan, en última instancia, en las categorías lógicas invariables de la acción humana, sus expresiones institucionales concretas están condicionadas ideológicamente. Así, los distintos compromisos normativos dan lugar a distintos órdenes sociales. Cuando dichos compromisos obstaculizan el funcionamiento o la lógica interna de determinadas instituciones, el propio capitalismo se ve necesariamente afectado.
Si las ideas dominantes empiezan a tolerar el robo, a normalizar la agresión o a presentar el ahorro y la moderación intertemporal como algo irracional, las tecnologías institucionales de las que dependen el progreso y el orden social se deteriorarán progresivamente. El ejemplo histórico paradigmático de ese condicionamiento ideológico es el Estado. ¿Qué salió mal?
En el imaginario político actual, la afirmación de que las instituciones sociales surgen de forma espontánea es muy controvertida. Esto se debe a que el Estado ha pasado de ser una forma histórica de organización a convertirse en el horizonte ideológico a través del cual se concibe el propio orden social. En consecuencia, se suele dar por sentado que, sin la soberanía estatal, no pueden existir normas, propiedad ni cooperación, cuando en realidad estas instituciones preceden, tanto lógicamente como históricamente, a cualquier autoridad centralizada.
El Estado es una forma históricamente específica de comunidad política que surgió en la Edad Moderna, cuya característica definitoria es la institucionalización de la centralización política y la correspondiente reivindicación de una soberanía totalizadora. En la práctica, esto se traduce en un monopolio jurisdiccional que absorbe y centraliza funciones que originalmente desempeñaban instituciones naturales, como formas de comunidad (familia, Iglesia, universidad) y formas de coordinación intertemporal (propiedad, derecho, mercado, dinero). Lo importante aquí es descubrir que la expansión de este monopolio no fue un proceso puramente técnico, sino uno condicionado por transformacion[...] | 1 |
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El capitalismo natural y su degeneración
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/03/capitalismo-degenerado.jpg El capitalismo actual refleja una realidad trágica: empresas de dimensiones desmesuradas de forma artificial; sistemas monetarios diseñados para la expansión del crédito; rescates financieros recurrentes; conflictos armados financiados por el Estado; y subvenciones selectivas concedidas a sectores favorecidos. En lugar de promover la prosperidad general, el orden imperante tiende a garantizar beneficios recurrentes a un grupo reducido, al tiempo que transfiere sus costes al resto de la sociedad. No se trata de un exceso del capitalismo, sino de su degeneración: la inversión de un orden institucional destinado originalmente a coordinar el conocimiento, la responsabilidad y la producción.
Para comprender por qué estos fenómenos son incompatibles con el capitalismo, entendido en su sentido estricto, es necesario, en primer lugar, aclarar los fundamentos lógicos que hacen posibles las instituciones capitalistas. Si bien un orden como el capitalismo natural puede describirse empíricamente, su validación teórica no puede basarse en contingencias históricas. Solo puede establecerse mediante la reconstrucción conceptual de las categorías que permiten la elección, la coordinación y el orden social.
El estudio sistemático de estas categorías pertenece al ámbito de la praxeología. A partir de ellas pueden derivarse lógicamente instituciones y marcos institucionales «naturales» u «orgánicos» —no en un sentido biológico, sino como respuestas lógicas necesarias a los problemas de coordinación inherentes a la interacción social—. La praxeología detrás de las instituciones
El método praxeológico se basa en una premisa fundamental: la acción humana es la conducta intencionada orientada a la consecución de fines. Esto no implica un conocimiento perfecto, sino más bien que, al actuar, los individuos emplean necesariamente una estructura lógica de medios y fines. A partir de esta estructura, tanto las condiciones como las implicaciones lógicas de la acción pueden deducirse a priori, es decir, sin recurrir a la verificación empírica para comprobar su validez.
La idea fundamental de la acción humana es que los individuos pretenden sustituir una situación menos satisfactoria por otra más satisfactoria. No se trata de una afirmación psicológica o empírica, sino de una categoría lógica inherente al propio concepto de acción. La acción implica escasez, y de ahí surgen categorías económicas como los medios y los fines, la elección y la renuncia, la preferencia ordinal, el costo de oportunidad, así como la noción de tiempo e incertidumbre.
Dado que múltiples actores actúan en condiciones de escasez, surgen varios problemas: conflictos por el uso de los recursos, incertidumbre respecto a las acciones de los demás y un aumento de los costos de coordinación. En este punto, comienzan a surgir las instituciones sociales.
Las instituciones sociales pueden entenderse como patrones estructurados y duraderos de normas, conductas y relaciones que coordinan la acción humana, permitiendo tanto la consecución de objetivos individuales como la cohesión del orden social. Su origen radica en el reconocimiento práctico de que la cooperación basada en la división del trabajo produce resultados más favorables que el trabajo aislado. En condiciones de escasez e incertidumbre, ciertos modos de conducta demuestran ser capaces de mantener la coordinación a lo largo del tiempo, mientras que otros no lo consiguen. De este modo, toman forma instituciones estables como el lenguaje, la propiedad, el capital, los contratos, el dinero, el mercado y el derecho.
Una vez interiorizadas en el conocimiento humano, estas instituciones ponen en marcha los procesos de prosperidad y civilización. Sin embargo, no son instintivas, sino patrones aprendidos y [...] | 1 |
| 17 | o. Las absorbe, las regula o las suprime. Cualquier descentralización dentro del Estado es, en sentido estricto, una mera desconcentración administrativa, revocable y sin ninguna transferencia real de autoridad. Los límites del Estado
A pesar de carecer de restricciones institucionales externas, y a pesar de que sus controles internos funcionan según su propia lógica soberana, el Estado se enfrenta a límites en cuanto a su legitimidad. Al absorber funciones de las comunidades intermedias, genera dependencias que se convierten en expectativas, y cualquier cambio brusco conlleva el riesgo de una pérdida de legitimidad. Son esas expectativas las que definen el margen de lo políticamente concebible.
Sin embargo, este límite es transitorio. Al controlar la función, el Estado puede desmantelar progresivamente las comunidades que antes la sustentaban sin que la población pierda inmediatamente el acceso al servicio; y cuando una crisis, una catástrofe o una guerra lo exigen, no hay instituciones intermedias a las que recurrir. El Estado no crea necesariamente la situación de emergencia, pero su posición estructural garantiza que será la respuesta más relevante disponible.
Un ejemplo claro es el sector bancario y el dinero: el Estado monopoliza la acuñación de moneda, impone la moneda de curso legal, crea un banco central y abandona el patrón oro. Unas décadas más tarde, la inflación es una realidad cotidiana, se pone en marcha la moneda digital del banco central y el oro solo sobrevive en las historias de piratas.
De todo ello se deriva una consecuencia directa. Si el fundamento del Estado no radica en el tamaño de su aparato, sino en el principio que lo constituye —la soberanía como fuente autorreferencial del derecho—, la cuestión pertinente no es cuánto Estado, sino qué principio sustenta el orden jurídico. Reducir el Estado sin cuestionar ese principio no conduce a su desmantelamiento; simplemente reproduce la misma lógica en una forma más reducida. Es más, una reducción que deje intactos los supuestos de la soberanía puede incluso reforzar la legitimidad del Estado, en la medida en que este parezca eficaz al tiempo que se vuelve menos visible.
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| 18 | do gradualmente la política en una técnica de poder desnudo, sin ninguna referencia moral externa. Jean Bodin parte de este punto y lo teoriza desde el punto de vista jurídico, convirtiendo el poder autorreferencial en un principio jurídico que Hobbes llevaría a su conclusión más radical: no existe ningún orden jurídico posible fuera del Estado, ya que es el Estado el que produce el orden jurídico.
La novedad histórica introducida por el Estado no es, por lo tanto, una mayor centralización política, sino la pretensión de erigirlo como principio autorreferencial del derecho, expresado en la noción moderna de soberanía. No inventa la justificación jurídica del poder, sino que la monopoliza, convirtiéndose en su única fuente legítima.
Su consecuencia más directa es la elevación del Estado a árbitro supremo de toda controversia a través del monopolio territorial de la jurisdicción. Al no existir instancias externas capaces de regular su conducta con autoridad vinculante, cualquier recurso a una ley externa —natural, divina o consuetudinaria— es mediado por el propio Estado, que decide qué constituye un fundamento legítimo. Al hacerlo, lo absorbe gradualmente dentro de su propio marco jurídico. El Estado se constituye así como juez y parte. Un Estado para gobernarlos a todos
Detrás de este monopolio se esconde algo considerablemente preocupante desde un punto de vista institucional. Si la soberanía estatal es un principio autofundante, entonces cualquier ámbito del orden social que requiera coordinación o resolución de conflictos se convierte potencialmente en competencia del Estado, ya que negarle ese papel equivaldría a negar el principio mismo que hace posible su existencia. Y, dado que ese principio no reconoce límites externos, su expansión no es accidental, sino una consecuencia lógica de su propia estructura. En ese sentido, el Estado es, en esencia, una institución depredadora cuya tendencia estructural es la absorción del orden social.
Esto nos lleva al núcleo de la cuestión: el monopolio de la jurisdicción no puede coexistir con formas intermedias de autoridad. No importa si hablamos de derecho, educación, propiedad, dinero, banca, sanidad, la Iglesia, seguros, la familia, matrimonio, bienestar social, gremios, arbitraje o milicias: todas ellas acabarán entrando en conflicto con el Estado, y la solución de este es la absorción total o parcial. La absorción es total cuando la institución intermedia supone una amenaza latente para la supervivencia del Estado —como ocurre con la elaboración de leyes— y parcial cuando al Estado solo le basta con tener la última palabra para mantener su estatus, como en el caso de la educación: incluso cuando es privada, el Estado garantiza su supervisión.
La historia moderna, en este sentido, no es más que el registro progresivo de esa transferencia de autoridad desde las diversas formas de comunidad hacia el Estado; o lo que viene a ser lo mismo, la transición de un orden más o menos orgánico a otro plenamente basado en la coacción, en el que cualquier alternativa que surja será tachada de ilegal, de instrumento de intereses extranjeros, de terrorismo o de sectas extremistas. Cada absorción tiene su justificación: el bien común, la seguridad nacional, la protección de los más débiles.
Esto no quiere decir que en el pasado no hubiera problemas relacionados con la autoridad política, pero hay un contraste que merece la pena señalar. Incluso la denominada monarquía «absoluta» —en la que no existían constituciones nacionales, separación de poderes ni derechos codificados— es, sin lugar a dudas, menos «absoluta» que el Estado, ya sea monárquico o democrático.
Mientras que en el orden monárquico anterior al Estado existían comunidades consolidadas de regulación externa —la familia, la Iglesia, las ciudades libres, las comunidades rurales, los gremios, las universidades— a las que el gobierno estaba sujeto, y viceversa, el Estado no reconoce a ninguna de estas instancias como fuente independiente de derech[...] | 1 |
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La lógica depredadora del estado
https://rothbardbrasil.com/wp-content/uploads/2026/07/estado-monopolio.jpg La gobernanza —entendida como el conjunto de mecanismos destinados a coordinar la vida social y a regular los conflictos— ha sido una característica constante de la existencia humana desde el momento en que las personas comenzaron a convivir unas junto a otras. Lejos de ser una categoría abstracta, es una herramienta para la paz y la prosperidad.
Sin embargo, esto no implica que la centralización política —tan extendida hoy en día— sea inherente a todas las formas de gobernanza. La centralización política no es nueva; el Estado, en cambio, sí lo es.
El Estado, como institución, no representa una continuación de formas anteriores de organización política, sino una nueva forma histórica que surgió de una serie de transformaciones ideológicas en Europa a partir del siglo XVI.
La reflexión sobre el Estado suele centrarse en su capacidad de coacción, pero lo que resulta verdaderamente problemático —y lo que explica esa capacidad— es su autonomía institucional: la pretensión de constituirse como la fuente última del derecho sin reconocer ninguna autoridad superior a sí mismo. Esta cualidad no se limita al ámbito jurídico; a través de la elaboración de leyes, se expande gradualmente al resto de la sociedad, erosionando todas las instituciones a su paso, ya sea la propiedad, el dinero, la familia, la Iglesia o la educación. La supuesta continuidad del Estado
Antes de abordar cualquier reflexión sobre el Estado, es esencial distinguir dos acepciones del término. En su uso genérico, «Estado» designa cualquier forma de comunidad política organizada; en ese sentido, se habla del Estado griego, romano o feudal. En su uso específico, designa una forma histórica concreta de comunidad política con características que la hacen irreductible a cualquier forma anterior.
El problema surge cuando el uso genérico se mezcla con el específico y viceversa. En otras palabras, el «Estado» se presenta como sinónimo de orden y vida comunitaria —apropiándose de conceptos clásicos como polis o regnum—, de modo que el «Estado» como monopolio de la ley y el orden acaba dándose por sentado.
Proyectar retroactivamente sobre realidades institucionales anteriores las características definitorias del Estado como institución —características que constituyen una diferencia no de grado, sino de naturaleza— es un anacronismo.
Esta distorsión no es inocente; cumple un propósito ideológico fundamental. Otorga legitimidad retroactiva: si el Estado siempre ha existido, cuestionarlo equivale a cuestionar el propio orden social. Además, se apodera del lenguaje político, proyectando términos como «política», «gobierno», «público» y «ley» sobre un marco estatista que se da por sentado. Al hacerlo, se erige como el horizonte incuestionable en el que debe concebirse toda forma de gobierno, lo que hace que cualquier alternativa no estatal resulte directamente incomprensible.
La existencia y la justificación del Estado han dejado de cuestionarse por completo —y eso es precisamente lo que lo convierte en un aparato ideológico tan poderoso. El Estado soberano: juez y parte
Entre los procesos que contribuyeron de manera decisiva al surgimiento del Estado, destaca la ruptura de la unidad religiosa occidental durante el siglo XVI. Si bien la Iglesia había actuado como fuente de autoridad capaz de impugnar las pretensiones de supremacía de los poderes temporales, su debilitamiento favoreció la consolidación de una nueva concepción política: la idea de que en cada territorio debía existir una autoridad máxima que no estuviera sujeta a ninguna instancia superior. Esta lógica —inicialmente ligada a la cuestión religiosa— acabaría extendiéndose a la totalidad del orden jurídico y político.
Este vacío desplazó la cuestión política central de la justicia al poder, transforman[...] | 1 |
| 20 | rcitos del Estado, sino contra sus ideas; revisar la historia y recuperar el lenguaje será nuestro gran primer paso.
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