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*yo con el cuello, espalda, y piernas fracturados*
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Repost from Harguzz ❤️ COMMISIONS OPEN
En el sofa haciendo nada ❤️🔥
Ganador de la encuesta 🦖
On the sofa doing absolutely nothing ❤️🔥
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• 🎨 Another963
Argentina vs. España — Una final digna de campeones
La final fue una batalla brutal. Argentina resistió con uñas y dientes, incluso con diez hombres durante gran parte del partido. Llevó todo a la prórroga, pero España, más fresca y precisa, encontró el gol que definió el 1-0. La Copa se iba para Europa. Argentina caía con la frente alta, pero caía.
En los vestuarios, la tensión explotó.
Sergio, un mediocampista español alto, piel blanca, pelo castaño y cuerpo fibroso, agarró por el cuello a Mateo, el argentino trigueño de culo firme y mirada furiosa, y lo empujó contra las taquillas.
—Se acabó, sudaca de mierda —le escupió Sergio en la cara—. Todo el torneo haciéndose los machos con remontadas y al final se la comieron como siempre. Ahora vas a pagar por haber hecho perder el tiempo a los blancos.
Mateo intentó empujarlo, pero Sergio era más fuerte y estaba lleno de rabia victoriosa. Lo tiró al piso frío del vestuario español.
—Arrodillate, negro sudaca. Los españoles somos superiores y hoy te lo voy a demostrar con tu boca de puto.
Mateo, humillado por la derrota, se arrodilló. Sergio se bajó el short y sacó una verga blanca, gruesa y venosa, todavía sudada del partido.
—Primero limpiame la pija, argentino de mierda. Lamé todo el sudor y la mugre.
Mateo sacó la lengua y empezó a lamer esa verga europea. Lamió el tronco salado, metió la lengua bajo el prepucio y limpió el esmegma blanco y espeso que se había acumulado.
—Así, puto mestizo… limpiame la chota de blanco. Sentí el sabor de quien te ganó la final.
Sergio le agarraba el pelo negro y le follaba la boca con fuerza, golpeándole la garganta.
—Mirá cómo tragás verga europea. En tu país son todos unos negros sucios y acá sos solo un agujero.
Después lo puso en cuatro patas, le bajó el short y le separó las nalgas trigueñas.
—Qué orto más oscuro y feo tenés, sudaca. Perfecto para que un español lo destroce.
Le escupió varias veces y le metió dos dedos con rudeza. Luego alineó su verga y lo penetró de una sola estocada brutal. Mateo soltó un gemido de dolor y placer mezclado.
— ¡Tomá, negro! Esto es por la final. Sentí cómo un blanco te rompe el culo.
Sergio lo cogía con odio, dándole nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en la piel morena.
—Decilo. Decí que los españoles somos superiores y que vos sos solo un sudaca perdedor.
—Los… españoles son superiores… soy un sudaca perdedor —gimió Mateo mientras su propia verga goteaba traicionera.
Sergio le tiró del pelo, lo arqueó y siguió taladrándolo sin piedad.
—Oliá mi sudor, mestizo de mierda.
Le frotó las axilas sudadas en la cara, luego le metió las bolas blancas y peludas en la boca para que las chupara mientras lo seguía cogiendo.
El español aceleró, lo insultaba sin parar: “negro”, “sudaca”, “indio”, “puto latino de mierda”, “perdedor de Malvinas y de la final”.
Finalmente Sergio gruñó y se corrió adentro, llenándole el orto con leche espesa y caliente. Cuando sacó la pija, el semen blanco chorreaba del culo oscuro y abierto de Mateo.
Sergio lo miró con desprecio y le escupió en la cara.
—Quedate ahí tirado, sucio. Que todo el equipo español te pase por encima si quieren. Esta noche los argentinos sirven solo para limpiar vergas y recibir corrida de blancos.
Mateo quedó en el piso, jadeando, el orto destruido, la cara y el cuerpo cubiertos de sudor, escupitajos y semen europeo, completamente degradado.
España había ganado en la cancha… y en el vestuario.
Argentina vs. Inglaterra — Una remontada de campeón
El partido fue una guerra. Parejo, tenso, con los ingleses mordiendo cada pelota. En la segunda mitad golpearon primero y se pusieron arriba. Pero Argentina no se quebró. Empujó, asedió y, en los minutos finales, igualó. Y cuando el reloj agonizaba, un gol en el descuento dio vuelta todo: 2-1. Otra remontada épica. Argentina a la final. Inglaterra, humillada otra vez.
En el pasillo que llevaba a los vestuarios, el ambiente estaba cargado de rabia y testosterona.
Liam, un defensor inglés rubio, alto, piel pálida y cuerpo marcado por el roce constante, caminaba todavía con la bronca en la cara cuando lo interceptó Diego, un delantero argentino de piel trigueña, barba crecida y mirada de puro odio y calentura.
—Esta vez no se nos escapan, inglés hijo de puta —gruñó Diego, empujándolo contra la pared—. Por las Malvinas y por el partido… te voy a cobrar todo.
Lo arrastró hasta el vestuario argentino. Cerró la puerta con llave. El resto del plantel ya estaba ahí, sudados, con las vergas medio duras por la adrenalina de la victoria.
—Arrodillate, gringo de mierda —ordenó Diego.
Liam, rojo de furia y vergüenza, se arrodilló. Diego se bajó el short y sacó su pija morocha, gruesa, venosa y todavía sudada del partido. Tenía un poco de esmegma blanco acumulado bajo el prepucio.
—Primero limpiame la ñonga, inglés. Con la lengua. Quiero que me lamas todo el sudor y la mugre del partido.
Liam dudó un segundo. Diego le agarró el pelo rubio y le estampó la cara contra su verga.
—Lame, puto colonialista. Esto es por Malvinas.
El inglés sacó la lengua y empezó a lamer. Lamió el sudor salado que bajaba por el tronco, metió la lengua bajo el prepucio y limpió el esmegma espeso con asco y excitación. Diego gemía de placer.
—Así, gringo… limpiame bien la poronga sudaca. Sentí el sabor de quien te ganó.
Después Diego se dio vuelta, se agachó y separó sus nalgas trigueñas.
—Ahora el orto. Lameme el culo sudado, inglés. Bien profundo.
Liam hundió la cara entre esas nalgas morenas y calientes. Lamió el sudor acumulado, metiendo la lengua en el agujero apretado mientras Diego se movía frotándole el orto contra toda la cara.
—Más adentro, hijo de puta. Comeme el orto que te va a romper.
Después de varios minutos de humillación, Diego lo tiró sobre un banco, le levantó las piernas y le escupió en el orto pálido.
—Ahora te voy a dar lo que te merecés.
Metió la pija de una estocada brutal. Liam soltó un gemido ahogado. Diego empezó a cogérselo con furia, golpeando fuerte.
—Tomá, inglés de mierda. Esto es por las Malvinas. Sentí cómo te reviento el orto un sudaca.
Mientras lo taladraba sin piedad, le frotaba las bolas peludas y sudadas por toda la cara.
—Oliá mis huevos, gringo. Oliá el sudor de un argentino que te está dominando.
Liam gemía como una puta, la verga dura goteando. Diego le escupía en la cara mientras lo reventaba.
—Decilo. Decí que querés que todo el equipo te use como venganza.
—Quiero… que todo el equipo me use… —balbuceó Liam, roto.
Diego aceleró, le metió la pija hasta el fondo y se corrió con un gruñido animal, llenándole el orto de leche espesa y caliente. Cuando la sacó, el semen blanco chorreaba del culo abierto del inglés.
Diego se levantó, todavía con la verga sucia, y miró al resto del plantel argentino que ya se estaba pajeando.
—Este puto inglés está listo. Por Malvinas y por la remontada… que le pasen todos.
Los jugadores se acercaron. Uno tras otro empezaron a usar al inglés: vergas morochas entrando en su boca y en su orto ya lleno de semen, frotándole bolas sudadas en la cara, obligándolo a limpiar pijas sucias con la lengua, escupiéndole, nalgueándolo fuerte mientras lo cogían sin parar.
Liam quedó convertido en el centro de una orgía salvaje de venganza: sudado, cubierto de semen, el orto destruido y la cara llena de olor a verga y sudor argentino, gimiendo mientras lo pasaban de uno en uno.
Diego lo miró desde un costado, sonriendo satisfecho.
—Bienvenido a la final, gringo. Acá siempre terminamos cobrando todo.
Repost from Nanoff's art pit
🇦🇷 vs 🇨🇭
Made it to semifinals!
(sorry it's not accurate swiss german, i only speak hochdeutsch)
Thiago sonrió satisfecho y aceleró. Lo cogía con ritmo salvaje, sacándola casi toda y volviéndola a clavar. La verga de Lukas goteaba contra el banco, sin que nadie la tocara.
Cuando sintió que estaba cerca, Thiago lo dio vuelta, le levantó las piernas y lo penetró de frente, mirándolo a los ojos.
—Mirame, rubio. Quiero verte la cara mientras te lleno.
Lukas gemía sin control, la verga blanca palpitando. Thiago le metió la mano y lo pajeó fuerte mientras lo taladraba.
—Corréte, suizo. Corrété mientras un argentino te domina el culo.
Lukas soltó un gemido largo y se corrió con fuerza, disparando leche espesa sobre su propio abdomen pálido. El orgasmo hizo que su orto se apretara más alrededor de la verga de Thiago, que no aguantó más y se descargó adentro, inundando ese culo blanco con chorros calientes y abundantes.
Cuando salió, un hilo blanco grueso le chorreaba del orto entreabierto.
Thiago le dio una palmada en el culo y sonrió.
—Buena batalla, rubio. Pero al final… siempre ganamos nosotros.
Lukas, exhausto y marcado, solo pudo respirar agitado, con una mezcla de humillación y placer en la mirada.
Argentina vs. Suiza — Una batalla de paciencia
El partido fue una guerra de nervios. Argentina salió enchufada y metió el primero rápido, pero los suizos, fríos y ordenados como siempre, fueron creciendo. Igualaron en la segunda mitad y, aunque se quedaron con uno menos por la expulsión, armaron un muro imposible. Llevaron el partido a la prórroga.
Todo olía a penales… hasta que Argentina, con paciencia y un toque de magia, clavó un golazo en el suplementario. Y después, ya con Suiza desesperada, llegó el tercero. 3-1. Otra vez la Albiceleste a semis.
En el túnel de vestuarios, el calor y la tensión todavía flotaban en el aire.
Lukas, el defensor central suizo, era un rubio alto, de piel muy blanca, ojos azules y cuerpo esculpido como una estatua germánica. Sudado, con el short pegado al culo firme y la cara todavía roja de esfuerzo, caminaba hacia su sector cuando lo interceptó Thiago, el mediocampista argentino de piel trigueña, pelo negro revuelto y mirada de fuego.
— ¿Qué pasó, rubio helado? —le dijo Thiago con una sonrisa burlona, bloqueándole el paso—. Resististe como un hijo de puta… pero al final te rompimos igual.
Lukas lo miró con orgullo herido.
—Fuimos mejores casi todo el partido, sudaca. Solo tuviste suerte en la prórroga.
Thiago lo empujó suavemente contra la pared del pasillo desierto. El contraste de pieles era brutal: el trigueño caliente contra el blanco impecable del suizo.
—Suerte, decís… —murmuró Thiago mientras le metía la mano dentro del short sin pedir permiso—. Yo creo que tu culo europeo ya sabía cómo terminaba esto.
Lukas respiró fuerte cuando sintió los dedos fuertes apretándole la verga, que empezaba a endurecerse a pesar suyo.
—Qué pija más linda tenés, suizo —se rio Thiago bajito—. Gruesa, blanca, recta… perfecta para que un latino la domine.
Lo arrastró hasta el vestuario argentino vacío. Cerró la puerta y lo tiró contra uno de los bancos.
—Sacate todo, rubio. Quiero verte desnudo.
Lukas, todavía con el orgullo hecho mierda por la derrota, obedeció. Se quitó la camiseta, dejando al descubierto un torso pálido, marcado por las venas y los músculos del esfuerzo. Cuando bajó el short, su verga gruesa y su culo blanco y redondo quedaron expuestos.
Thiago se sacó la ropa con rapidez. Su pija morocha, más oscura y venosa, ya estaba completamente dura.
—Mirá cómo se te para la chota, europeo de mierda. Todo el partido haciendote el serio y ahora estás duro como un perro.
Lo puso de rodillas. Lukas miró esa verga latina gruesa y oscura frente a su cara.
—Chupá, suizo. Demostrame esa famosa disciplina.
Lukas abrió la boca y la tragó. Thiago le agarró el pelo rubio y le folló la boca con ritmo lento pero profundo, disfrutando ver cómo ese rostro pálido se ponía rojo.
—Así, rubiecito… mamame la pija sudaca que te ganó.
Después lo levantó, lo dobló sobre el banco y le separó las nalgas blancas y firmes. El orto rosado y apretado quedó expuesto. Thiago escupió generosamente y frotó su verga morocha entre ellas.
—Todo el partido resistiendo… ahora vas a resistir mi verga hasta el fondo.
Empujó. Lukas soltó un gemido ronco cuando la cabeza gruesa entró en su culo. Poco a poco Thiago se la metió toda, hasta que sus huevos chocaron contra esa piel blanca.
—Qué orto más apretado, hijo de puta… parece que nunca te cogieron como se debe.
Empezó a bombearlo con fuerza. Cada embestida hacía que el cuerpo pálido de Lukas se sacudiera. Thiago le agarraba las caderas con fuerza, dejando marcas de dedos.
—Decime cómo se siente que un argentino te esté rompiendo el culo después de ganarte en la cancha.
—Joder… se siente… profundo —jadeó Lukas, la voz entrecortada.
Thiago le dio una nalgada fuerte que dejó la marca roja en la nalga blanca.
—Más fuerte. Decilo bien.
— ¡Me estás rompiendo el orto, sudaca! ¡Me ganaste y ahora me estás cogiendo!
